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Archive for 26/07/10

Sara Sefchovich

Lo mismo no es igual

25 de julio de 2010

El diario español El país, publicó el pasado 30 de mayo dos notas sobre lo mismo. En una, da cuenta de un libro llamado Tráfico sexual. El negocio de la esclavitud moderna, investigado y escrito por Siddhart Kara, un estadounidense que se desempeñaba como consultor en inversiones pero dejó su lucrativo empleo para irse a recorrer el mundo buscando el tráfico sexual de mujeres y niñas.

Y lo encontró: en los prostíbulos gigantescos de Bombay y los sucios tugurios de Bangkok donde niñas y adolescentes atienden hasta 20 clientes por día, en los clubes y calles en Italia donde se explota a las jóvenes de Europa del este, en los cortijos de Almería donde son retenidas chicas nigerianas, en India, Nepal, Burma, Tailandia, Laos, Vietnam, Inglaterra, Holanda, Dinamarca, Albania, Moldova, EU y México.

La otra nota da cuenta de un libro llamado Esclavas del poder, investigado y escrito por Lydia Cacho. Una mexicana, periodista y activa defensora de los derechos humanos, fundadora de un centro especializado de atención a mujeres, niños y niñas víctimas de violencia doméstica y sexual, que se lanzó a viajar por medio planeta para documentar la explotación sexual.

Y la encontró. En los prostíbulos, calles y bares de Camboya, Tailandia, Birmania, Japón, Turquía, Marruecos, Rusia, Kirguistán, Afganistán, Uzbekistán, Turkmenistán, China, India, Sri Lanka, Inglaterra, Francia, Italia, España, Canadá, Estados Unidos y México.

Los resultados de las dos investigaciones llegan a la misma conclusión: que se trata de un comercio que deja millones de euros a los explotadores y nada a quienes fueron raptadas o sacadas de sus casas con engaños. Son más de un millón de personas sometidas a la esclavitud sexual. “El mundo experimenta una explosión de las redes que roban, compran y esclavizan a niñas y mujeres”, afirma Cacho.

Dos libros que hablan de lo mismo, investigados con gran valentía y riesgo personal, para hacer que el mundo abra los ojos ante ese horror y actúe.

Y, sin embargo, lo mismo no es igual. Mientras Kara recibe honores por ésta que es su primera incursión en el mundo del tráfico sexual y la Universidad de Harvard le otorga un nombramiento para legitimar su trabajo, a Cacho, que lleva años investigando, escribiendo y ayudando a las personas y que incluso ha abierto el Centro Integral de Atención a la Mujer (CIAM) en Cancún, la persiguen y acosan aquellos a quienes expone y acusa. Ya le pasó cuando denunció a una red de pederastas que contaban con protección oficial y ahora le está sucediendo de nuevo. En un comunicado de fecha 31 de mayo, firmado por Enoé Uranga, secretaria de la Comisión de Derechos Humanos de la LXI legislatura, se relata que “A las 11:20 hrs., hombres vestidos de civil y cinco vestidos de policías, uniformados con camisa negra y pantalón negro, botas militares y gorra negra, cada uno en motopatrullas oficiales y armados, rodearon las puertas del refugio para mujeres y niños víctimas de violencia extrema. Sin identificarse, los policías estaban ostensiblemente armados, permanecieron afuera de las instalaciones del Centro, profirieron amenazas de muerte contra el equipo y advirtieron a las defensoras de derechos humanos que la policía tomaría el refugio de no obedecer a sus amenazas. Posteriormente, en las mismas instalaciones del CIAM, Cancún, a las 17:00 hrs., dos sujetos que aseguraron pertenecer a la PGJQROO en calidad de Ministerio Público y que se negaron a identificarse oficialmente amenazaron con hacer un cateo del refugio y arrestarían a su directora, Lydia Cacho.”

¿Por qué la diferencia? La respuesta la dieron las organizaciones Católicas por el Derecho a Decidir y Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, en un desplegado publicado el 15 de junio pasado en el que denuncian esas irrupciones como “un abuso de autoridad y una seria incongruencia por parte de quienes tienen como deber proteger la seguridad de las mujeres”.

Una vez más, se hace evidente que vivimos en un país donde florecen la corrupción policial y judicial, eso que es, precisamente, la materia de las denuncias de Lydia Cacho.

sarasef@prodigy.net.mx

Escritora e investigadora en la UNAM

http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/49171.html

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Plan B | Lydia Cacho

Esclavas en México

Lunes 26 de julio de 2010

Cristina y Dora tenían once años cuando Domingo fue por ellas a la Mixteca en Oaxaca. Don José Ernesto, un militar de la Capital, le encargó un par de muchachitas para el trabajo doméstico. La madre pensó que si sus niñas trabajaban en con “gente decente” tendrían una vida libre, de estudiar y alimentarse, tres opciones que ella jamás podría darles por su pobreza extrema.

Cristina y Dora vivieron en el sótano, oscuro y húmedo, con un baño improvisado en una mansión construida durante el Porfiriato, cuyos jardines y ventanales hablan de lujos y riqueza. Las niñas aprendieron a cocinar como al patrón le gustaba. A lo largo de 40 años no tuvieron acceso a la escuela ni al seguro social, una de las hermanas prohijó un bebé producto de la violación del hijo del patrón. Les permitían salir unas horas algunos sábados, porque el domingo había comidas familiares. Sólo tres veces en cuatro décadas les dieron vacaciones, siendo adultas, para visitar a su madre enferma.

Actualmente hay registradas 1 millón 800 mil trabajadoras domésticas en México, el 93% no tiene acceso a servicios de salud y el 79% no recibe ni recibirá prestaciones. El salario promedio es de 1,112 pesos mensuales. Poco más del 8% del total no recibe sueldo porque sus empleadoras consideran que darles alimento y un sitio para dormir es pago suficiente. Un 60% de trabajadoras domésticas son indígenas y comenzaron a trabajar desde los 13 años. Entre estas cifras no están las niñas y mujeres que viven encerradas en condiciones de esclavitud doméstica extrema.

El trabajo doméstico pone a niñas y mujeres en gran vulnerabilidad de violencia sexual, embarazos no deseados, explotación, racismo y malos tratos.

Durante mi investigación sobre trata en el mundo encontré a mujeres de Kuwait que mandan comprar niñas esclavas domésticas en Uzbequistán. El Parlamento europeo recientemente admitió que aumenta el problema de la trata doméstica de mujeres ilegales. En México la mayoría de esclavas domésticas son mexicanas, se calcula que un 15% son originarias de Guatemala y el Salvador y su condición de ilegales permite a quienes la explotan impedir que salgan de casa, estudien o tengan vida propia. Lo mismo sucede con latinas ilegales en Estados Unidos y Canadá.

Durante siglos nos acostumbramos a mirar la esclavitud doméstica como algo normal para “ayudar” a niñas y mujeres indígenas. Bajo el hipócrita argumento de que explotándolas se les saca de la pobreza extrema, millones de mujeres, adolescentes y niñas viven sometidas a condiciones de trabajo humillantes y violentas que les impiden tener educación, salud y goce de vida social. Todas y todos somos corresponsables de avalar esta forma de esclavitud, de utilizar un lenguaje despectivo para referirnos a las trabajadoras domésticas. Al igual que otras formas de trata de personas, la esclavitud doméstica es un producto cultural.

Este oficio es indispensable para que millones de mujeres puedan trabajar. Debemos mejorar las condiciones del trabajo doméstico reconocido legalmente y asegurar que en nuestro entorno no haya explotación disfrazada de rescate de la pobreza. Lavar, planchar, cocinar y cuidar niñas son trabajos tan dignos como cualquiera; reivindicar esa dignidad y el acceso a una vida mejor es el primer paso para erradicar la trata doméstica. La mejor manera de cambiar al mundo, es cambiándolo en nuestra propia casa.

http://www.eluniversal.com.mx/columnas/85089.html

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Chamberlainistas

Denise Dresser
26 Jul. 10

Sorprendente que haya tan pocos preocupados ante el posible retorno del PRI a Los Pinos. Curioso que sólo a una minoría de mexicanos les quite el sueño esa posibilidad. Más bien predominan los argumentos justificando un desenlace así como producto de la normalidad democrática. Como testimonio de la alternancia deseable. Como señal de una maduración política que el país debe aplaudir. Pero hay algo en estas posturas que se parece al acomodamiento, a la resignación, a la claudicación. A la política del “appeasement”, instrumentada por el primer ministro inglés Neville Chamberlain cuando firmó el Pacto de Munich con Adolf Hitler. Y no es que la intención de esta columna sea equiparar al priismo con el fascismo. Pero el objetivo explícito que la anima es señalar la aceptación extendida al regreso priista y cuántos posicionamientos surgen para justificar su restauración.

México no es el mismo, ni el país es el mismo, dicen. Las instituciones son un contrapeso real al poder presidencial del pasado, argumentan. Las instituciones hacen imposible el fraude de antes, insisten. La voz de los ciudadanos ahora sí cuenta, reiteran. En pocas palabras, la democracia en México funciona y una regresión es impensable. Tenemos prácticas y leyes que pueden perdurar; elecciones y autoridades electorales que pueden aguantar; una Suprema Corte y un IFAI que pueden resistir; una libertad de expresión y una participación ciudadana que nadie podrá coartar. La monarquía embozada se ha convertido en una democracia consolidada.

El problema con esta visión es que asume un funcionamiento institucional que francamente no existe, o sólo lo hace de manera parcial. México es un democracia electoral, pero las elecciones recientes demuestran un deterioro importante en cuanto a limpieza, equidad e imparcialidad de los árbitros a nivel local. México es una democracia plural, pero la pluralidad se da en la oferta ideológica más no en el comportamiento gubernamental, donde prevalece la lógica de “reparto del botín” entre los partidos. México cuenta con el IFAI, pero sirve de poco cuando todas las instancias gubernamentales a las cuales se les exige información se amparan para evitar otorgarla. México cuenta con un grado aceptable de participación, pero en la medida en la que no hay otros instrumentos -como las candidaturas ciudadanas, las iniciativas ciudadanas, el referéndum, el plebiscito- la participación ciudadana se vuelve muy limitada y con poca incidencia más allá del ámbito electoral. México puede ser visto como una democracia formal, pero en la cual los poderes fácticos e informales tienen más peso que los poderes electos e institucionales.

México ha cambiado pero no lo suficiente como para celebrar la solidez de una democracia que es a claras luces intermitente. Capturada. Caciquil en algunos estados y feudal en otros. Una democracia “iliberal” como la calificaría Fareed Zakaria, porque la forma en la cual se usa y se comparte y se administra el poder sigue siendo profundamente corporativa. Y ése es el problema que presenta para el país el retorno del PRI. No es que el priismo pueda resucitar a la Presidencia imperial o controlar al Congreso o reinstituir el fraude electoral o restablecer el sistema de partido hegemónico. Pero lo que sí puede hacer -y sin duda lo intentará- es mantener el sistema de cotos corporativos, repartición de prebendas, extracción de rentas, derechos adquiridos e intereses establecidos que creó. Será tan estatista y tan dirigiste como siempre lo ha sido y basta con escuchar cualquier discurso de Beatriz Paredes o leer cualquier artículo de Enrique Peña Nieto para constatarlo. El PRI no regresa para modernizar a México sino para momificarlo.

Y quienes no entienden eso pecan de una gran ingenuidad que acaba legitimando al PRI que no cambia ni se define. Le reclaman -como lo hace Claudio X. González Guajardo- a Felipe Calderón su “obsesión por evitar que el PRI regrese al poder” que “deja en el limbo las reformas que como Presidente debería encabezar”. Sentencian que, ante las alianzas electorales que agreden al PRI y sabotean su colaboración legislativa será necesario esperar al 2012 para ver las reformas indispensables. Pero esas posturas presuponen que el PRI encabezará las reformas; que Enrique Peña Nieto las hará suyas; que el priismo empujará cambios estructurales aunque afecten los intereses que protege. Presupone que los ciudadanos sin representación política real lograrán que a partir del 2012 el sistema funcione para ellos en lugar de hacerlo fundamentalmente para las élites corporativas.

Pero ambas suposiciones son un acto de fe; son un ejemplo de la política de apaciguamiento ante el adversario que llevó a Neville Chamberlain a afirmar que “debemos buscar todas las maneras de evitar la guerra”. Pero para México habría pocas cosas peores que allanar -de manera conciliadora- el retorno de la fuerza política responsable de los usos y costumbres que la democracia necesita erradicar. Sería equiparable a dormir con el enemigo y hacerlo voluntariamente.

http://www.reforma.com/editoriales/nacional/567/1132936/default.shtm

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