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Archive for 1/03/17

Porqué no todos son México

Pese a la ancestral relación, algo parece haber cambiado en los centroamericanos que no ven en México el vecino cercano del pasado

Hace pocos días publiqué en una red social unas breves pero sentidas líneas expresando mi indignación por la concreción de parte del Presidente Donald Trump -mediante la firma de decretos ejecutivos-, de sus amenazas en contra de México sustentadas en los prejuicios y la xenofobia.

Grande fue mi sorpresa, cuando de manera casi unánime quienes comentaron mi publicación, rechazaron el llamado de apoyo hacia México, especialmente aquellos de Centroamérica. Al mismo tiempo me percaté, de que las manifestaciones de solidaridad con esa nación de parte de líderes políticos, empresariales y sociales de estos países han sido más bien escasas.

Esta actitud, es relativamente nueva. Los vínculos entre México y Centroamérica son más antiguos que nuestras naciones. Formamos parte de Mesoamérica, tierra de civilizaciones milenarias prehispánicas, habitada por mujeres y hombres de maíz, como les llamó el escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias, adonde se extendió la civilización Anáhuac y la lengua náhuatl.

Fuimos también parte del Virreinato de Nueva España y nos llegaron los ecos de la gesta de Hidalgo y del visionario heroísmo de Morelos. Nuestra independencia de la monarquía española se hizo como fruto del Plan de Iguala y bajo la bandera verde, blanco y rojo.

Ya en el siglo XX, con la figura de Madero en la revolución y con la constitucionalización de los derechos de los trabajadores, México volvió a ser referente e inspiración para las naciones de Centroamérica. El protagonismo de México durante los conflictos armados que golpearon a algunos países de esta región, durante los años setenta y ochenta, fue evidente y en muchas ocasiones a contrapelo de las políticas impulsadas por Washington.

Esta larga historia de relaciones arraigó en el alma de los centroamericanos en donde ha sido común encontrar en cada recodo hombres y mujeres que, aun sin conocerlo, se sienten cercanos a México desde la infancia y la juventud. Le rezan a la Virgen de Guadalupe; con música mexicana serenatean y lloran sus penas de amor; en las aulas o fuera de ella leen a los grandes escritores de esa tierra; y convierten a los personajes de la televisión en verdaderos héroes del imaginario popular, como el recordado Mario Moreno –Cantinflas- o el recientemente fallecido Roberto Gómez –Chespirito-.

Sin embargo, pese a esta ancestral relación, algo parece haber cambiado que hoy los centroamericanos no ven en México al vecino cercano del pasado. Y es que a partir de los años noventa, el NAFTA obligó a México a destinar la mayor parte de sus esfuerzos de política comercial y de política exterior a administrar sus relaciones con el vecino del norte. A pesar del reiterado interés que cada gobierno de México manifiesta por sus vecinos del sur, y de los mecanismos de cooperación que se han sucedido tales como el Mecanismo de Tuxla, el Plan Puebla Panamá y el Proyecto Mesoamérica, o los acuerdos comerciales que se han negociado, la naturaleza de esa relación se ha venido modificando.

Muchas de las acciones de cooperación han enfrentado dificultadas para su ejecución y la agenda entre México y Centroamérica se ha concentrado en los temas comerciales, de seguridad y migración, la misma agenda que prioriza Estados Unidos hacia México. Si bien resulta innegable la intensificación de los intercambios comerciales y de los flujos de inversión entre México y Centroamérica, no se percibe la misma fluidez que en el pasado en lo relativo a la movilidad de personas.

La ampliación de las zonas sensibles para la seguridad de Estados Unidos, hacia México y el norte de Centroamérica, ha condicionado la cooperacón entre estos dos últimos en temas de narcotráfico y crimen organizado lo que ha llevado a intensificar los mecanismos de control fronterizo.

Los acuerdos para la “repatriación digna y segura” que México ha suscrito con Guatemala, Honduras y El Salvador en los últimos años, emulan los acuerdos que en este área ha suscrito México con Estados Unidos. Es así como la frontera sur de México se ha acabado convirtiendo en el primer punto de contención de la migración hacia los Estados Unidos, afectando los flujos que sí son legítimos y que, a lo largo de la historia de relaciones entre México y Centroamérica, contribuyeron al desarrollo económico de ese país y a las relaciones de amistad y armonía entre nuestras naciones.

México creó, en el año 2014, el Programa Frontera Sur para contener los flujos migratorios desde Centroamérica hacia Estados Unidos. Así, el número de detenciones en la frontera sur con México pasó de 46.969, entre julio 2013 y junio 2014, a 93.613, entre julio 2014 y junio 2015, según datos recabados por el Observatorio de Legislación y Política Migratoria provenientes del Instituto Nacional de Migración de México.

Será por esto que, en medio de la tensiones generadas por el gobierno de Trump con México, el tema de los inmigrantes centroamericanos ha estado sobre la mesa. Algunas voces de destacados políticos y analistas mexicanos sugirieron responder a Trump con la amenaza de no ayudar en la contención de la migración centroamericana.

También, en el reciente encuentro entre los Secretarios de Estado y de Seguridad de ambos países, las dos partes coincidieron en indicar que el problema de la migración ilegal tiene su origen en Centroamérica, a la vez que el Ministro del Interior de México reiteró su compromiso a “detener el paso de personas de México hacia Estados Unidos.”

Será por eso que muy pocos lectores se identificaron con mi llamado al #TodosSomosMéxico, y más bien alguno de ellos, haciéndose eco de la preocupación de muchos, invocó la frase que hizo famosa el recientemente desaparecido humorista mexicano: ¿Y ahora quien podrá defendernos?

Laura Chinchilla. expresidenta de Costa Rica 2010-2014

http://internacional.elpais.com/internacional/2017/03/01/america/1488336559_008370.html

 

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Conan en México

Jorge Ramos

Conan en México

El comediante estadounidense, Conan O’Brien, se burla de las celebridades que tratan de salvar al mundo. “No me gustan”, me dijo en una entrevista, “Lo veo muy sospechoso”.

Pero irónicamente, en esta época de Donald Trump, Conan se ha convertido en el mejor embajador de Estados Unidos en México.

Los mexicanos tienen un pésima imagen de Trump. El 86 % de los mexicanos tienen una opinión “desfavorable” del presidente estadounidense, de acuerdo con una encuesta realizada en enero por el diario Reforma. Y se nota.

En México hay piñatas con la forma de Trump (listas para ser golpeadas) y “memes” con pelo de elote en las redes sociales. Las pláticas de los mexicanos están salpicadas con ingeniosos juegos de palabras que incluyen “trompadas”, “trompetazos” y “trompudos”.

El portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, dijo que la relación entre Estados Unidos y México es “fenomenal”. Eso es falso. Además del rechazo generalizado de los mexicanos a Trump en las encuestas, el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto se opone al muro en la frontera (y a pagar por él), a la deportación masiva de mexicanos y a la terminación del Tratado de Libre Comercio.

No hay nada fenomenal en esto. Es el peor momento de la relación entre ambos países desde la invasión estadounidense a Veracruz en 1914. También reaviva los resentimientos creados por la guerra de 1846-1848 en que México perdió la mitad de su territorio. ¿Y qué debe hacer un buen comediante ante un evento de esta magnitud? Tirarse un clavado en el tema. No evitarlo.

Por eso Conan se fue a México a grabar un programa especial para la cadena TBS. Antes ya había viajado a Cuba – cuando se abrieron las relaciones diplomáticas con Estados Unidos – y también estuvo en Corea del Sur, Qatar y Armenia. Me lo encontré frente al Ángel de la Independencia, comimos papitas con salsa Valentina y luego nos echamos unos tacos al pastor con un par de chelas. Conan insistió en ponerle la salsa más picosa (de chile habanero) a los tacos … y yo lo dejé.

Pero, más que de tacos, había que hablar de Trump. “Lo más triste que he encontrado aquí”, me dijo con los ojos llorosos, la boca encendida por la salsa picante y un tupido copete pelirrojo, “es que los mexicanos creen que las palabras de Trump reflejan el sentimiento de los estadounidenses hacia México, y eso no es cierto”.

Trump dijo el 16 de junio de 2015, cuando lanzó su campaña presidencial, que los inmigrantes mexicanos eran criminales, narcotraficantes y violadores. Pero Trump no habla por todos los 323 millones de estadounidenses.

“Este concepto de que los estadounidenses tienen una opinión negativa de los mexicanos, no es cierto”, me aclaró Conan. “Yo vivo en Los Ángeles y los mexicanos son parte de nuestra vida. Trabajan increíblemente duro, son chistosos, son magníficos y aportan muchísimo a nuestra cultura. Ellos son la cultura de California”.

Dejé a Conan en la ciudad de México y me fui a la hermosísima población de San Miguel de Allende para participar en un evento de la organización PEN, dedicada a la defensa de la libertad de expresión.

Durante el invierno, San Miguel está repleto de expatriados estadounidenses y canadienses, y el “espanglish” se cuela por todos los rincones de la bien llamada Plaza de la Conspiración, en el centro del pueblo. Y el evento – sobre periodismo en la era de Trump – demostró una extraordinaria solidaridad e integración entre los asistentes mexicanos y estadounidenses. Trump separa, pero la gente une.

Mi conclusión, después de entrevistar a Conan y de pasar tres maravillosos días en San Miguel de Allende, es que Trump, afortunadamente, no refleja a todo Estados Unidos. Sus ofensas, sus amenazas y sus maniobras del “bully” pueden tener graves consecuencias en la relación bilateral, sobre todo separando familias. Nos esperan cuatro años muy difíciles. Pero por cada grosería presidencial hay varios gestos de resistencia.

Dudo que Trump se vaya a reír con el programa de TV de Conan desde México. Lo más preocupante de la personalidad de Trump es su incapacidad para reírse. Nunca le he escuchado una carcajada. Por eso, en esta época de sombras y peleas, siempre es bienvenido un chiste de Conan.

Para los mexicanos, él es el anti Trump.

 

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1317221.conan-en-mexico.html

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Sergio Aguayo

Los cívicos

E L domingo se presentó Ahora, un movimiento cívico-político, que está siendo juzgado con el prisma de las elecciones presidenciales de 2018. Es mucho más que eso. De hecho hay que buscar sus antecedentes en el Movimiento del 68.

Los marcados por aquel evento seguimos varias sendas. Algunos tomaron las armas y fueron aplastados con tanta brutalidad que germinaron un movimiento moderno de derechos humanos y una reforma electoral, la de 1977, que abrió las compuertas del poder a la izquierda, a la competencia política. Otro segmento del movimiento se lanzó a construir partidos y conquistar cargos.

Los que optamos por la tercera vía nos dedicamos a fortalecer a la sociedad civil amparándonos en el frondoso árbol de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Una corriente ha sido en ocasiones identificada como los cívicos porque su expresión más acabada, Alianza Cívica, tuvo su etapa de mayor influencia entre 1994 y 2000, años clave de la alternancia. Los alianzos se distinguieron por impulsar elecciones limpias y confiables, transparencia y rendición de cuentas.

Los políticos de izquierda difícilmente hubieran llegado al poder sin el sacrificio de los guerrilleros y los esfuerzos de los cívicos y otras corrientes de la sociedad civil; fuimos la retaguardia estratégica de la alternancia. También fuimos ingenuos porque les ensillamos los caballos a los políticos creyendo que cuando llegaran al poder transformarían nuestras causas a políticas públicas. Nos equivocamos.

El balance es lamentable. Es claro que no debe generalizarse y que algunos de ellos son mejores que otros, pero observando el México actual puede concluirse que traicionaron los principios básicos de la democracia. Están anquilosados y, lo peor de todo, no se les advierte propósito de enmienda. Tomemos como ejemplo la capital: aquí, desde 1997, gobierna la izquierda nacida en 1968. Sin negar los avances en algunos derechos entristece lo generalizado de la corrupción, la ineficacia y el deterioro en la calidad de vida.

La reacción más fuerte contra Ahora ha venido de simpatizantes de Morena. Que Emilio Álvarez Icaza exprese su deseo de ser candidato independiente a la presidencia es visto como una maniobra de la derecha para quitarle votos a Andrés Manuel López Obrador. Respeto profundamente la honestidad de Andrés Mánuel y lo he apoyado en algunas de sus luchas. No me siento representado por su desdén hacia la sociedad civil y sus aportes y porque siga manteniendo o incorporando a su equipo a gente curtida en el arte del cobro de moches y la exigencia de cuotas.

Al día de hoy, el candidato de Morena gobernará México a partir de 2018. De ser el caso, Andrés Manuel pondrá en práctica su tesis de que la corrupción se barre de arriba hacia abajo. Como es discutible esa creencia por la gran fragmentación del poder, considero indispensable la limpieza de abajo hacia arriba y, en este terreno, los cívicos tenemos muchos años de trabajo con las comunidades.

Me invitaron a participar en Ahora. En otra etapa de mi vida me hubiera sumado porque tengo decenas de años participando en organizaciones horizontales y porque conozco la fibra ética y la capacidad organizativa de sus núcleos directivos. Soy académico y analista por convicción y mi proyecto para las próximas décadas está en la comprensión de la violencia criminal y en la elaboración de un modelo mexicano de cultura de paz desde mi institución, El Colegio de México. Colaboraré, por tanto, desde la independencia y presidiré el Comité de Ética Pública y Anticorrupción de Ahora que tendrá una integración y una vida autónoma.

La tarea de este Comité será frenar el acceso y evitar la permanencia de los corruptos y garantizar que el movimiento se apegue a los principios de transparencia y rendición de cuentas. Me cuidaré de mantener la objetividad y la independencia de mis análisis. Y si no lo hago, estoy seguro que me lo reclamarán.

En el México acosado por la violencia, la corrupción, la desigualdad y el gobierno de Trump es saludable el regreso de los cívicos como una organización nacional sustentada en luchas locales. Podría ser un espacio atractivo para quienes no encuentran cabida en las opciones existentes y desean zarandear una alternancia que no está funcionando. El paso está dado; que la historia ponga a cada cual en el lugar que le corresponda.

 

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1317219.los-civicos.html

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