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Archive for 8/03/17

Breve guía para no dar otro pésimo discurso en el Día Internacional de la Mujer

No nos hablen de lo convencidos que están de la igualdad de género, si en sus gabinetes no ocupan puestos relevantes más de 3 mujeres y si no organizan eventos en donde las conferencistas sean mujeres

05 de Marzo de 2017

Por Jaina Pereyra*

Todavía faltan tres días y ya estoy anticipando una catástrofe. Se acerca peligrosamente un día que, año con año, logra restarme otro pedacito de esperanza en la humanidad. Se anuncia con bombo y platillo, en carteles con tipografía cursiva y rosa. El día con los PEORES discursos del año está a la vuelta de la esquina: demos la bienvenida al Día Internacional de la Mujer.

Todos los años parece un replay del Día de la Marmota. Siempre es lo mismo. Me despierto y no tardo en ponerme de malas. En el noticiero o por whatsapp ya alguien me está felicitando “por ser mujer” (¿?). Los más educados en la materia, medio felicitan, pero reconocen, pero conmemoran.

Muchos se emocionan porque las mujeres somos hermosas (¿eh?) y trabajadoras (ah). Algunos, incluso, me han dado una flor o un chocolate, como si fuera una reedición de San Valentín.

Luego los debates interminables en Facebook, que si dónde está el día del hombre, que si no que queríamos igualdad, que si ya estuvo bueno de quejarnos tanto. Y mi momento favorito (not) del día: los discursos de los actos oficiales, en la oficina o en las noticias. Mi presidente, sus secretarios, mis senadores y diputados (todos esos plurales incluyen, lamentablemente, también al componente femenino), todos decepcionándome como sólo ellos destacan en hacerlo.

Por eso, este año decidí adelantármele a la frustración y tratar de evitarla. Me he dado a la tarea de integrar una breve guía para evitar los despropósitos anuales. Sé que la tentación es grande, pero por favor, orador querido, discursero respetado, evite tropezar, escuche estos consejos:

1.- No feliciten. No feliciten. No feliciten. No hay nada por qué felicitar. No hagan de un discurso que debe denunciar la discriminación uno que enaltezca la condición.

2.- No presenten un rosario de cifras que no le significan nada a nadie. Las hemos repetido tanto, que las hemos vaciado de significado. Traten de entenderlas. Traten de conocer la historia de una de las mujeres que los rodea y repítanla en público. Si son mujeres y “no han vivido nunca la discriminación” (really?), traten de entender de dónde viene la denuncia. Existe fundamento: se los juro.

3.- No caigan en estereotipos. No le hagan caso a la senadora que preside la Comisión de Igualdad de Género, cuando dice que “las mujeres mexicanas, lo que nos proponemos, lo logramos”, ni escuchen a mi presidente Peña, que, en 2015 dijo “aquello que más preocupa a las mujeres en general, es, precisamente, sus hogares y sus hijos”. No es cierto. No es cierto para todas las mujeres. No insistan.

4.- No citen las leyes para presumir avances. La “igualdad sustantiva” (Raúl Cervantes dixit siempre que habla del tema) está muy bien en la Constitución, pero mientras yo no pueda caminar por la calle con una falda, sin que eso legitime el acoso sexual, me sirve de muy poco y francamente no revela igualdad alguna en ningún ámbito de desarrollo.

5.- Traten de no ser cursis. Las mujeres podemos ser más sensibles que los hombres. O no. De verdad, no hace falta adornar el lenguaje con imágenes de flores, mariposas y corazones. Y aquí cito a la senadora Yolanda de la Torre que en la ceremonia de entrega del Premio Elvia Carrillo del año pasado exhortaba a la condecorada diciendo que “nuestras madres, mujeres como tú, son seres de luz que iluminan nuestra vida y nos orientan en el devenir en el mundo entero”. ¿Seres de luz? No.

6.- No propongan soluciones a la discriminación si nos las van a enjaretar a las mujeres. No es cierto- cito otra vez a mi presidente- que “juntos, mujeres y hombres, tenemos que ser parte de este cambio para bien de nuestro país”. Perdón, pero ni la violencia de género, ni las prácticas de exclusión son algo que tengamos que trabajar “todos juntos”.

Y, finalmente:

7.- Por favor, no finjan. No nos hablen de lo convencidos que están de la igualdad de género, si en sus gabinetes no ocupan puestos relevantes más de 3 mujeres y si no organizan eventos en donde las conferencistas sean mujeres, si sus paneles no son plurales. ¿Qué tal que predicamos con ejemplo y consistencia? En fin, espero les (nos) sea de utilidad. Quedo de ustedes…

*Economista y Politóloga.
Directora de Discurseros SC

http://www.excelsior.com.mx/opinion/opinion-del-experto-nacional/2017/03/05/1150195

 

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La prensa no es el enemigo

JORGE RAMOS

 

Miércoles 8 de mar 2017, 3:53am

 

Soy un inmigrante y soy un periodista: Esas dos cosas me definen y marcan mi trabajo. Por eso, cuando Trump lanzó su campaña presidencial en junio de 2015 y les llamó criminales y violadores a los inmigrantes mexicanos, yo sabía que él estaba equivocado y había que denunciarlo.

Trump criminalizó a los inmigrantes durante la campaña, y lo sigue haciendo en la Casa Blanca. Si uno escucha sus discursos – como el que dio al Congreso este mes – uno pudiera creer que todos los inmigrantes son “miembros de pandillas, narcotraficantes o criminales”. Esas palabras usó.

Pero eso es falso. De hecho, los estadounidenses cometen, en promedio, más crímenes que los inmigrantes y terminan con más frecuencia en la cárcel, según un estudio del American Immigration Council. Hay muchos más buenoshombres que “badhombres” entre los inmigrantes en Estados Unidos.

También es mentira que los inmigrantes les quiten los trabajos a los estadounidenses, y que sean una carga para la economía de Estados Unidos, como lo sugiere Trump. Los inmigrantes aportan mucho más de lo que toman en servicios públicos; unos 54,000 millones de dólares de ganancia neta desde 1994 a 2013, de acuerdo con la Academia Nacional de las Ciencias.

Trump, que tanto se queja de las noticias falsas, es el rey del “fake news” por sus frecuentes mentiras sobre los indocumentados.

Ante las falsedades que dice Trump, ¿qué debemos hacer como reporteros?

Primero, somos obligados a informar sobre la realidad como es, no como quisiéramos que fuera. Pero nuestro trabajo debe ir mucho más allá de la simple recolección de datos. No somos grabadoras.

Nuestra principal función social como periodistas es cuestionar a los que tienen el poder. Y cuando alguien como Trump hace comentarios racistas y antiinmigrantes, es preciso tomar una postura y denunciarlo.

Pero es imposible denunciar a políticos como Trump si estamos metidos en la cama con ellos. Tiene que haber una clara distancia entre el periodista y el político. Trump aparentemente cree que sólo los periodistas que simpatizan con él o que son sus amiguitos pueden cubrir con imparcialidad su presidencia. Se vuelve a equivocar. Los periodistas independientes nunca quieren ser amigos de los presidentes.

Hay una palabra que define perfectamente nuestra función periodística: contrapoder. Debemos siempre estar del otro lado del poder, independientemente de si un demócrata o un republicano está en la Casa Blanca.

El principal estratega de Trump, Steve Bannon, dijo hace poco que la prensa es “el partido de oposición”. Y Trump fue aún más lejos cuando dijo en un tuit que los medios de comunicación “no eran enemigos de él sino del pueblo estadounidense”. Trump tiene la piel muy delgada y no le gusta que lo critiquen. Pero no entiende que la labor de la prensa es, precisamente, hacerlo responsable de sus palabras y acciones.

Debido a sus comentarios racistas, sexistas, xenófobos y en contra de los musulmanes, mucha gente no respeta al presidente. Trump es, por lo tanto, un presidente que busca desesperadamente validación y respeto. El respeto se gana no lo da ningún puesto.

Si Trump ataca a la prensa y a la primera enmienda de la constitución, no me importa que me vea como su enemigo. (Yo, mientras tanto, seguiré defendiendo la libertad de prensa.) Si Trump ataca el sistema democrático y a los jueces, me tiene sin cuidado si cree que soy el enemigo. (Es falso que 3 millones de indocumentados hayan votado en la pasada elección, como dijo el ahora presidente.) Y si Trump insiste en culpar falsamente a los inmigrantes y a los extranjeros de los principales problemas económicos y de seguridad nacional, me vale si me identifica como el enemigo. Ese es su problema. Yo sólo estoy haciendo mi trabajo.

No, señor Trump, no soy enemigo de usted, ni de su gobierno. Pero, la verdad, tampoco quiero ser su amigo.

 

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1319473.la-prensa-no-es-el-enemigo.html

 

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Sobre la guerra

SERGIO AGUAYO

Miércoles 8 de mar 2017, 3:53am

Hay tres novedades sobre la guerra contra el crimen organizado: 1) se libra simultáneamente en centenares de frentes; 2) crece la autonomía del ejército que exige una ley y presiona replegándose en algunas entidades; y, 3) hay condiciones para mejorar el trato dado a las víctimas del conflicto.

Hace unos meses, Miguel Ángel Osorio Chong presumía que el gobierno había neutralizado a “cien de los 122 [líderes del crimen organizado] identificados como prioritarios”. Para el titular de Gobernación ello significaba que “todos los cárteles habían sido golpeados estructuralmente”. Con este criterio la política de descabezamiento y fragmentación es un éxito.

Cuando inició la guerra hace una década, había nueve organizaciones criminales; en la actualidad sobreviven el Cártel del Pacífico (Sinaloa) y el Cártel Jalisco Nueva Generación que disputan a sangre y fuego el control de diversas plazas. Las otras organizaciones se han atomizado en pequeñas bandas. De acuerdo con Lantia Consultores en enero de 2017 había 249 grupos dedicados al crimen organizado. Por ejemplo, Los Zeta se han escindido en 36 grupos que buscan distinguirse y adoptan nombres convencionales: Hijos del Diablo; descriptivos: Los Negros o enigmáticos: Néctar Lima. La violencia no ha desaparecido; se ha desperdigado afectando amplias regiones.

Ni el Estado mexicano ni Washington parecen tener la estrategia para un escenario de esta naturaleza. Una consecuencia es que los protagonistas están preparándose para guerras irregulares de larga duración. El caso más llamativo es el ejército que exige certidumbre jurídica (el general secretario Salvador Cienfuegos lo expresó con gran claridad). Como el Congreso tiene a la Ley de Seguridad Interior en la indefinición están presionando con una novedosa política de rifles guardados. En una reunión con la Junta de Coordinación Política de los diputados, Osorio Chong comentó que las fuerzas armadas están replegándose en algunos estados (Claudia Salazar, Reforma, 6 de marzo de 2017). En otra ocasión daré una interpretación sobre la trascendencia e implicaciones de la creciente autonomía de las fuerzas armadas.

La incertidumbre no debe ser motivo para que siga regateándose la atención a las víctimas y la protección a los grupos vulnerables. Las víctimas viven una paradoja: pasaron de la marginalidad a un protagonismo irrelevante. Me explico. Cuando fue imposible ignorar el costo humano, quienes gobiernan crearon instituciones y les asignaron generosos presupuestos. Fuego fatuo. Bien pronto se hizo evidente que sigue imperando la improvisación, las ocurrencias y los golpes de timón. En 2013 el gobierno de Enrique Peña Nieto presumió de la creación de la Subsecretaría de Participación Ciudadana y Prevención del Delito. A los dos años puso a un inepto para dirigirla y para 2017 la dejaron sin presupuesto.

Algo similar ocurre con dos gremios amenazados. Para protegerlos crearon en 2012 el Mecanismo de Protección de Defensores de Derechos Humanos y Periodistas que depende de Gobernación. El pasado enero visitó México un relator especial de Naciones Unidas; Michel Forst detectó carencias en el Mecanismo, lo consideró tan útil (“crucial” fue el adjetivo que empleó) que recomendó se garantizara su “presupuesto” y “sustentabilidad financiera”. Nadie explicó al relator que para 2017 el presupuesto del Mecanismo también es de cero pesos (está funcionando con recursos que tenía guardados en un fideicomiso).

Se antoja difícil que en los próximos dos años se hagan ajustes de fondo a la política de seguridad; la clase política anda encandilada con las elecciones de 2018. Pese a ello hay un par de instituciones que no dependen del desenlace electoral de 2018 y pueden hacer bastante por las víctimas. En los próximos días saldrá del taller la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas; le cambiaron motor, hojalatería y sistema de dirección. Si se confirma su renacimiento debería hacer mancuerna con la Comisión Nacional de los Derechos Humanos que va saliendo de la irrelevancia. Esa alianza podría arrastrar a otras instituciones a dar un trato diferente a las víctimas. Es indispensable que se atienda este ángulo porque si se mantiene el repliegue de las fuerzas armadas crecerá la letalidad de la violencia criminal. La guerra sigue.

 

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1319472.sobre-la-guerra.html

 

 

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