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Archive for 10/03/17

Josefina y la Auditoría, verdades a medias

 

Salvador Camarena

El pasado 27 de febrero, en entrevista televisiva, Paola Rojas cuestionó a Josefina Vázquez Mota por los fondos de Juntos Podemos.

La hoy candidata panista al gobierno del Estado de México contestó que “afortunadamente hoy la Auditoría Superior de la Federación, y ahí está a la vista de todos los mexicanos en internet, que pueden leer este dictamen, donde se reconoce como un buen modelo de gestión, con cero observaciones. Qué quiere decir esto. Que se está validando este manejo transparente de los recursos”. (http://bit.ly/2lsc1ha)

Esa frase coincide con otras que voceros del Partido Acción Nacional han venido repitiendo en los últimos días, en el sentido de que la ASF en su informe 2015, entregado a la Cámara de Diputados a mediados de febrero, habría dado el visto bueno al manejo de los mil millones de pesos del erario que fueron destinados a Juntos Podemos.

En este asunto Josefina y los panistas dicen verdades a medias, o mienten completamente. Juzguen ustedes.

Es cierto que la Auditoría Superior de la Federación hizo una auditoría, de desempeño, al Instituto de los Mexicanos en el Exterior. Es la 15-5-05J00-0034, 34-GB. Con algunos resultados de la misma, Juntos Podemos hizo circular una tarjeta informativa engañabobos, en donde apuntaban que la ASF había auditado los recursos del IME, incluidos los de “las organizaciones que forman parte de la red de la iniciativa Juntos Podemos”. En la tarjeta aseguran que “el resultado de la revisión es un dictamen positivo”.

Pero, ¿qué es lo que en verdad dice esa auditoría? ¿Hubo “cero observaciones”, como dijo Josefina? No hubo cero, hubo diez. Y nada menores, pues en pocas palabras no presentaron padrones de beneficiarios, ni recibos de las organizaciones beneficiadas, ni registros de resultados, etcétera. Por todo ello la ASF recomendó al IME, entre otras cosas, que considere:

–“Investigar las causas por las cuales no cumplió la meta comprometida de cursos y talleres de capacitación a la población de origen mexicano.

–“Investigar las causas por las que cumplió en 54.8 por ciento la meta de beneficiar a 230 instituciones educativas por medio del Programa IME BECAS.

–“Investigar las causas por las cuales no dispuso de la totalidad de recibos mediante los cuales las instituciones educativas acreditan la recepción de recursos por parte de los consulados y, con base en los resultados que obtenga, implemente las estrategias necesarias para disponer de todos los recibos que permitan acreditar su recepción, en términos de lo señalado en las Reglas Generales de Operación del Programa IME-BECAS; e informe a la Auditoría Superior de la Federación de los resultados del análisis y de las acciones emprendidas para corregir la deficiencia detectada.

–“Investigar las causas por las cuales no sistematizó en una base de datos a los estudiantes beneficiados por el Programa IME-BECAS.

–“Investigar las causas por las cuales no dio seguimiento a las memorandas de entendimiento, en las cuales se establecieron las responsabilidades y compromisos tanto del consulado como de la institución educativa signante.

–“Investigar las causas que originaron las deficiencias en el diseño e integración de la Matriz de Indicadores para Resultados.

–“Investigar las causas que generaron deficiencias en su sistema de control interno”.

Josefina ya debía explicaciones sobre el destino de mil millones de pesos para las actividades de Juntos Podemos, fondos que recibió entre 2014 y 2016. Ahora tendrá que explicar por qué ella, dos veces secretaria de Estado, no quiso vigilar que, ya que iban a usar su nombre, al menos se armara un programa medianamente profesional, uno que cuidara debidamente el dinero de los mexicanos.

Twitter: @SalCamarena

 

http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/josefina-y-la-auditoria-verdades-a-medias.html

 

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Narro al rescate, el priista que no lo parece

El secretario de Salud y exrector de la UNAM podría ser el as bajo la manga para el partido

Si vas a perder el poder es mejor entregarlo a un conocido que a un enemigo. Esa parecería ser la consigna que se está abriendo paso en Los Pinos de cara a las elecciones presidenciales de México el próximo año. El PRI de Enrique Peña Nieto no tiene un precandidato con posibilidades de competir en las urnas ante Andrés Manuel López Obrador, el líder de la izquierda. Los sondeos de intención de voto, incluso, delegan al partido en el poder al tercer sitio en las preferencias electorales.

Las fichas que Los Pinos puso sobre la mesa para perfilar como posibles candidatos, simplemente no cuajaron o resultaron fusibles quemados. Luis Videgaray (exsecretario de Hacienda y ahora poderoso canciller), Aurelio Nuño (secretario de Educación) y José Antonio Meade (actual secretario de Hacienda) fueron perdiendo posibilidades por una razón u otra. Todos ellos serían hoy una fórmula condenada a la derrota en una boleta electoral.

El mejor situado de los precandidatos originales es Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación y gran rival de Luis Videgaray en el Gabinete. Ambos arrancaron el sexenio como los dos delfines de Peña Nieto, brazo izquierdo y brazo derecho. Pero Videgaray terminó ganando esa contienda. Con el pretexto de encabezar los esfuerzos del Gobierno para negociar y enfrentar a Donald Trump, el canciller funge prácticamente como vicepresidente y ha logrado alejar a Osorio del corazón y del oído de Peña Nieto. Y, por lo demás, tampoco es que Osorio sea un contendiente al que se le den posibilidades de vencer a los candidatos de la oposición.

Pero la rivalidad y el encono nunca deben ser subestimados. Bajo la consigna de hacer cualquier cosa antes que entregar el poder a Osorio o a López Obrador, Videgaray ha encontrado una opción fresca: José Narro, secretario de Salud y exrector de la UNAM.

Si bien el doctor no forma parte del primer círculo que rodea a Peña Nieto y se integró al Gabinete apenas en enero de 2016, Narro podría ser el as bajo la manga para el partido en el poder. En condiciones normales nunca sería un candidato del PRI a la presidencia. Por un lado, por cuestiones de edad. En caso de triunfar, tomaría posesión justo al cumplir 70 años y su apariencia ciertamente no es la de un hombre joven. Desde Adolfo Ruiz Cortines en 1952, que juró a los 62 años de edad, México no ha tenido un presidente que supere los 58 de Vicente Fox. Y desde Porfirio Díaz, hace más de un siglo, nadie mayor de 70 ha gobernado el país.

Pero el triunfo de Donald Trump, septuagenario, cambia todos los parámetros. Narro es seis meses más joven que el republicano. Y si el PRI se decanta por el exacadémico para competir en las urnas, la maquinaria electoral seguramente esgrimirá el argumento de que el país necesita un hombre maduro y sabio para enfrentar a su contraparte.

Ciertamente Narro no forma parte de la cúpula, pero tiene una virtud insuperable. Es el miembro del Gabinete con más popularidad en 2017. Es al único al que no se identifica con la fracción en el poder y con las prácticas de corrupción asociadas a ella. Y eso es oro molido para la lucha electoral que se avecina. Su nombre, incluso, había sido incluido en la lista informal de posibles candidatos ciudadanos para las próximas elecciones.

Narro ha logrado forjarse una imagen de académico gracias a su larga trayectoria en la UNAM, pero en realidad es un político de oficio. En el pasado fue subsecretario en Gobernación y en Salud, y fungió como presidente de la Fundación Siglo XXI del PRI, instituto ideológico del partido. En suma, Narro es un priista para los priistas, pero no lo es para la población abierta. La mejor de las virtudes, en este momento. Y en el Gobierno esperan que la siga siendo dentro de nueve meses, cuando tenga que ser tomada la decisión de la candidatura oficial. Por lo pronto, una corriente de optimismo vuelve a circular en Los Pinos. Mejor perder el poder ante manos amigas que ante la oposición o un exaliado resentido.

@jorgezepedap

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El muro y sus cimientos

LORENZO MEYER Jueves 9 de mar 2017, 8:21am

Jesús Silva-Herzog Flores y su padre fueron excepciones a la regla dentro del régimen de su época.

“Las razones formales de Trump para construir el muro en la frontera con México tienen poca base objetiva. Los motivos de fondo son subjetivos e inaceptables”.

El muro de 3,143 kilómetros de longitud y 9.1 metros de altura con el que el presidente norteamericano, Donald Trump, se propone alterar físicamente la geografía política de la América del Norte, quizá llegue a tener unos sólidos cimientos materiales, pero no morales.

Desde 2015, el discurso de Trump ha insistido en la necesidad de un gran muro que divida efectivamente a Estados Unidos de México como elemento para reafirmar la soberanía de su país. Oficialmente, se trata de un “muro cortafuegos” social y se justifica con los argumentos contenidos en la orden ejecutiva del 25 de enero pasado.

Ese documento sostiene que los individuos que ingresan a Estados Unidos sin autorización, representan un riesgo para la seguridad del país. Alega que ha habido un aumento de este tipo de migración (a surge) que constituye una carga tanto para las autoridades como para las comunidades donde se asienta. Para cumplir con su responsabilidad, Trump ordenó a la gama de autoridades federales y locales, asegurar esa frontera sur a fin de prevenir la entrada de nuevos ilegales, el tráfico de drogas y de personas, el ingreso de terroristas y, además, capturar y deportar sin dilación, de manera “humanitaria”, a prácticamente todos los extranjeros ilegales. Como broche de oro, el presidente ordenó en ese documento que se construya un muro a lo largo de toda la frontera sur más centros de detención temporal de indocumentados. Finalmente, y como colofón, se pidió a todas las agencias federales, un reporte del monto y objetivos de todas las ayudadas dadas a México en los últimos cinco años, (whitehouse.gov/the-press-office/2017/01/25/executive-order-border-security-and-immigration-enforcement-improvements).

Esta orden ejecutiva, con su lenguaje burocrático, no pide a México costear el muro y vela un tanto el crudo argumento del trumpismo para hacer de México the enemy of choise. Sin embargo, esta crudeza se encuentra en el discurso del junio de 2015, al postularse como candidato presidencial. Ahí Trump fue muy claro: “Cuando México nos manda a su gente, no nos manda a los mejores, no manda a gente como ustedes (los de la audiencia). Envía a personas llenas de problemas y los traen acá. Traen drogas. Traen crimen. Son violadores. Aunque, supongo, algunos serán buenas personas, (http://time.com/3923128/donald-trump-announcement-speech/).

Respuesta. Para empezar, el tal surge es falso, no hay un incremento en la migración indocumentada de mexicanos al país del norte, todo lo contrario, lo que hay un auténtico “crecimiento negativo” de esa migración a raíz de la crisis económica de 2008, y eso se explica por una combinación de las deportaciones ordenadas por la administración anterior y por el retorno voluntario ante la disminución del empleo, (Gandini, Luciana et. al., El retorno en el nuevo escenario de la migración entre México y Estados Unidos, [Conapo, 2015]).

Un artículo reciente, publicado por Vivian Yee, Kenan Davis y Jugal K. Patel el 6 de marzo en The New York Times, – ese “enemigo del pueblo” según Trump-, desmonta, con cifras, otros argumentos del presidente norteamericano. El punto de partida son las cifras: el total de indocumentados en Estados Unidos ronda los 11 millones, de los cuales 6.2 son mexicanos y un millón 532 mil son nacionales de Guatemala, El Salvador y Honduras. El 60 % de ellos ha vivido en Estados Unidos por 10 años o más y una tercera parte de los mayores de 15 años ha adquirido ya una casa y tiene hijos con nacionalidad americana, así que la deportación va a separar a familias que ya echaron raíces en ese país.

Por lo que se refiere a “criminales, narcotraficantes y violadores”, resulta que apenas el 7.5 % ha sido acusado de un “crimen” y que básicamente consiste en faltas de tránsito o por haber entrado ilegalmente. En realidad, apenas el 2.7 % tiene cargos por una transgresión seria (felony), lo que contrasta con el grueso de la población norteamericana, donde el porcentaje es de 6 % (dato de 2010). De ser el caso, quienes deben cuidarse de los criminales en Estados Unidos, son los indocumentados.

Finalmente, si hasta 2008 la mayoría de los indocumentados llegaba a Estados Unidos cruzando la frontera por tierra, a partir de entonces la mayoría llega con visa de turista y se queda tras expirar el plazo de su visita. Así pues, el pretendido muro de 20 mil millones de dólares o más, será obstáculo para la minoría, no para la mayoría.

La Razón de Fondo. Objetivamente, la muralla que Estados Unidos va a construir en su frontera sur representa un gasto cuantioso para enfrentar de manera ineficiente un problema que va disminuyendo. Por tanto, la verdadera razón debe ser una que no se encuentra en la exposición de motivos de la orden ejecutiva del 25 de enero, quizá por no ser políticamente correcta, pero muy real y profundamente arraigada en quienes votaron por Trump: la racial y cultural.

Hay motivos para suponer que el trumpismo pretende hacer con su muralla lo que la naturaleza no hizo: separar físicamente las dos Américas: la aun predominantemente blanca y de tradición cultural anglosajona -Estados Unidos y Canadá- y la otra, la mestiza, que se inicia en México y El Caribe y se extiende hasta Tierra del Fuego.

No son sólo a los indocumentados a los que quiere expulsar Trump, de Estados Unidos, es a México de su América del Norte.

http://www.lorenzomeyer.com.mx

agenda_ciudadana@hotmail.com

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1319800.el-muro-y-sus-cimientos.html

 

 

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