Pero quiero insistir, en Sinaloa habita una violencia diferente. Su modelo evolucionó del crimen organizado tradicional al modelo mafioso. El narco se comió a autoridades, a empresarios, a amplios sectores de la sociedad.

En muchas zonas de Sinaloa, especialmente rurales y de difícil acceso, el capo en turno se convirtió en el Estado, para bien y para mal. Lo mismo podía remodelar escuelas, embellecer la capilla, que asesinar y desplazar a familias completas para proteger sus negocios y garantizar su permanencia.

Eso explica las marchas para exigir la no extradición de Joaquín Guzmán durante 2014. Por eso, cada vez que la violencia arrecia, surge el clamor por el hombre fuerte que ponga orden de nuevo. O peor aún, la sugerencia velada al Gobierno para que “pacte” de nuevo. Es tanto el miedo, que preferimos la pax narca que el caos y la violencia.

Esta semana, el nuevo secretario de Seguridad de Sinaloa, Genaro Robles Casillas compareció ante el Congreso para explicar sus acciones frente a la epidemia violenta.

El diagnóstico es desolador: el Gobierno de Mario López Valdez gastó 17 mil 828 millones 404 mil 863 pesos en seguridad en vano. Entregó mil muertos más que el sexenio anterior y una policía con dos características: elementos desactualizados en uso de armas, derechos humanos y otras materias, y más del 50 por ciento de los 5 mil 598 policías policías activos reprobados en control y confianza.

Además, hay un déficit de al menos 5 mil 236 policías para cumplir con las buenas prácticas que sugieren organismos civiles como Causa En Común, el CIDAC y hasta el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

El Gobernador Quirino Ordaz Coppel hereda un gobierno desmantelado en materia de seguridad, un estado que ha normalizado la violencia y aculturado su modelo mafioso y un crimen organizado crecido y poderoso. Una receta para salir corriendo.

No es fácil, pero el pacto no puede ser otra vez la alternativa. Tampoco creo que la militarización sea la respuesta: llevamos diez años en esa guerra sin avance alguno. Habrá que pensar en nuevas soluciones, nuevos abordajes, intentos más innovadores.

Porque tanto muerto no es normal, porque el miedo no es normal. O porque simplemente, ya no queda de otra.