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Archive for 28 abril 2017

40 de casi 500 años

LORENZO MEYER Jueves 27 de abr 2017, 9:46am

 

Agenda ciudadana

“Hace cuarenta años que México dio por terminada su relación con la segunda república española. Fue un final, no el mejor, de un estupendo capítulo de la política exterior mexicana” — Lorenzo Meyer

En estos días se conmemora que hace 40 años el gobierno mexicano “canceló” su relación con la Segunda República Española-era la relación no con un país sino con una idea nacida en 1931: la de sustituir a la España monárquica por una republicana y democrática- y la reinició con la España existente, con la que va a cumplir 500 años.

Esa relación hispanomexicana ha sido todo, menos armónica, sobre todo tras la independencia y la dura guerra que le precedió. Hasta 1836, Madrid se negó a reconocer la separación de su colonia americana (en teoría la Nueva España era reino, no colonia) e intentó reconquistarla en 1829. Fracasó. Más tarde, en 1861, fue parte de la alianza tripartita que tomó Veracruz para exigir el pago de deudas y luego apostó por el II Imperio contra la república; otro fracaso.

Fue con la pax porfírica (1877-1911) que la relación de México con su exmetrópoli se normalizó. La colonia española en nuestro país prosperó y en las “Fiestas del Centenario” de 1910 España participó ya sin rencor. El ministro español de la época vio en Díaz a un “modelo de gobernantes, de patriotas”

La Revolución volvió a cambiar el tablero. A raíz del golpe militar contra el presidente Madero en 1913, la España oficial y la colonia española tomaron partido, reconocieron y aplaudieron al asesino de Madero y volvieron a perder. Los zapatistas chocaron con los terratenientes españoles. Villa, ordenó su expulsión de Chihuahua y Carranza echó del país a José Caro, un enviado de Madrid. El sentimiento antiespañol en los sectores populares mexicanos tuvo contraparte: en 1914 el agente español, Manuel Walls y Merino, informó a sus superiores: “…[México] es el [país] más despreciable de la tierra y donde no hay que buscar honradez, ni pundonor, ni patriotismo, ni virilidad: con decirle que a los huevos les llaman ‘blanquillos’ está dicho todo”.

La situación cambió dramáticamente en 1931 con la caída de la monarquía y la instauración de la Segunda República en España. México encontró en los nuevos gobiernos españoles un proyecto similar al suyo – reforma agraria, enfrentamiento con la Iglesia, política obrera- y un aliado en el plano internacional. Pese a la pobreza del fisco, el gobierno de México, a instancias de Plutarco Elías Calles adquirió en España algo que no necesitaba, pero que fue una buena noticia en Madrid: buques guardacosta, lo que dio un buen respiro a los astilleros españoles y a sus obreros.

Con la guerra civil que estalló en 1936, la revolución social afloró en España y el gobierno de Lázaro Cárdenas respondió estrechando aún más la relación política y económica con la República. Esta historia ya se ha contado de varias maneras, (Mario Ojeda Revha, México y la guerra civil española, Madrid: Turner, 2004). Cárdenas la defendió en los foros internacionales, le envió armas, municiones y alimentos; un contingente de mexicanos se unió a sus ejércitos. Cuando la república pereció, México recibió a los republicanos que pudo.

Al concluir el sexenio cardenista, Madrid hizo varios esfuerzos por lograr el reconocimiento mexicano. Franco cultivó la relación con Maximino Ávila Camacho, pero la repentina muerte de éste en 1945 echó por tierra lo que era de por sí un proyecto dudoso. La sombra de Cárdenas también impidió que Miguel Alemán contemplara establecer relaciones con Franco.

Lo que se institucionalizó entonces fue una representación oficiosa de cada gobierno en la capital del otro. Y no sin dificultades, porque el primer representante oficioso de Franco en México -José Gallostra- fue asesinado en 1950 por un anarquista al que había reclutado como espía.

Las relaciones informales hispanomexicanas se rutinizaron. En 1951 los dos países firmaron un convenio de pagos y un intercambio comercial modesto floreció. En México operó una embajada republicana que no representaba a un gobierno efectivo, pero en la embajada de Portugal había una oficina española que llevaba los asuntos sustantivos. Esta rutina se quebró cuando en 1975 el presidente Luis Echeverría pretendió reforzar su papel como figura de carácter internacional y pidió la expulsión de España de la ONU como respuesta a las que serían las cinco últimas ejecuciones del franquismo. La maniobra del corresponsable de la matanza del 2 de octubre fracasó y de manera rotunda.

La muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975 en el 65 aniversario de la Revolución Mexicana y el final del gobierno de Echeverría, abrieron las posibilidades en 1977 se empezaría a escribir otro capítulo de la relación hispanomexicana. Una relación básicamente positiva, aunque con algunas sombras por las prácticas corruptas de ciertas empresas, pero ahí la responsabilidad es más de México que de los inversionistas.

Hace 40 años, España se encaminaba al cambio político, pero el gobierno de José López Portillo no tuvo la sensibilidad para esperar a que tuvieran lugar las primeras elecciones libres españolas ni a que el rey fuese legitimado por la constitución de 1978. López Portillo, tenía prisa por presentarse en Caparroso, la tierra de sus antepasados, en calidad de presidente. El nuevo capítulo pudo iniciarse de manera más elegante, pero se descuidaron las formas, (Carlos Sola, El encuentro de las águilas, México: Porrúa, 2009, pp. 84-115, 167-177). Bueno, ahora lo importante, es cuidar el contenido de cara al futuro.

 

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1335348.40-de-casi-500-anos.html

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Carmen Aristegui

100 días

 

Mañana se cumplen los primeros 100 días del inenarrable Gobierno de Donald Trump.

Resulta difícil imaginar el tipo de memoria que se tendrá de él, al pasar de los años, una vez que concluya -cuando quiera que esto ocurra- el Gobierno que hoy encabeza.

El excéntrico magnate trepó con grandes zancadas los escalones del Partido Republicano para arrebatar candidatura y Presidencia en una jugada tan audaz como irresponsable. Hoy está al frente del Gobierno del país más poderoso de la Tierra un individuo impredecible, reactivo, caprichoso e irascible con un botón rojo al alcance de su mano.

En este primer corte de caja, el Presidente ya lanzó misiles en contra de Siria como respuesta a la utilización de armas químicas, aun sin tener certeza plena de quiénes fueron los autores de la atrocidad.

En este corto periodo enfiló baterías contra Corea del Norte, no sin antes cometer una pifia al anunciar eso antes de que realmente hubiera ocurrido. El mundo espera saber si ahí se detonará una nueva conflagración y si estamos o no ante el peligro de una escalada bélica mundial. Trump está decidido a fortalecer con un presupuesto millonario al Pentágono como nunca antes. El Presidente da señales de que quiere jugar a la guerra.

“Volver a hacer América grande” cruza por dejar clara la supremacía militar de la nación que gobierna. ¿Hasta dónde está dispuesto a usar sus juguetes bélicos y cuál es la ecuación geopolítica que tiene en la cabeza? Tal vez ni él lo sepa. Con Vladimir Putin ha pasado del elogio a la aparente distancia. Queda la duda abierta -como la gran marca de estos 100 días- sobre si intervino o no el Gobierno ruso en las elecciones que llevaron a Trump a la Presidencia. Insólito el solo hecho de que el FBI haya confirmado que el tema se investiga.

Durante la campaña el Sr. Trump mostró ser alguien a quien los valores ganados por la civilización y la democracia en materia de derechos humanos, tolerancia, libre expresión, equidad y respeto a las mujeres, es algo que le tiene, más o menos, sin cuidado. La imagen que proyecta en esa materia provocó que su hija Ivanka fuera abucheada en un foro de mujeres celebrado en Berlín apenas esta semana. La imagen de Trump, en algunos lugares, se asemeja a la de un troglodita. La imagen de Trump en el mundo, en tan corto tiempo, se ha hecho una caricatura.

En política interna ha desplegado esa habilidad suya de abrirse todo tipo de frentes. Su afición por lanzar tuits sin una valoración previa -sobre todo temprano por las mañanas- o de dar entrevistas a medios afines para atacar a los que no lo son, está dejando una estela de confrontaciones. Entre las de más alto impacto están los lances contra la poderosa prensa estadunidense. Esa que arremete contra él un día sí y otro también. El presidente Trump ha tildado a los periodistas de “mentirosos”, fabricantes de “noticias falsas” y, para acabar pronto, de ser “enemigos del pueblo”. No hay registro de un Presidente de Estados Unidos que haya llegado a estos extremos. Trump es un hombre testarudo y, en este tema, no sólo no parece entender que la prensa crítica y las investigaciones periodísticas son parte fundamental del andamiaje democrático. No parece entender tampoco que en una guerra frontal como esa, lleva todas las de perder.

Trump luce ansioso y, en alguna medida, desesperado en estos sus primeros 100 días. No es para menos. Ha recibido demasiados reveses y no parece tener paciencia y mucho menos humildad para procesarlos. El primer gran golpe fue no poder desmontar el Obamacare. Acciones ejecutivas se han caído ante decisiones judiciales que lo dejan descompuesto. No ha logrado, siquiera, los primeros mil 400 mdd para construir el muro con que pretende ser recordado y separarse físicamente de México. Sobre el TLC, veremos si lo que predominará será el pragmatismo o la balandronada. Cien días apenas, de una historia que apenas empieza.

 

http://www.zocalo.com.mx/opinion/opi-interna/100-dias2

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Retrato en familia

La foto se hizo viral en las redes sociales y había motivos. La imagen del presidente Enrique Peña Nieto rodeado de gobernadores priistas, tomada no hace mucho tiempo, podría hoy ser un póster colgado en la comisaría de la policía: buena parte de los rostros sonrientes que allí observamos pertenecen ahora a individuos prófugos, que están bajo investigación o se encuentran tras las rejas en distintas etapas de procesos judiciales relacionados con malversación de recursos públicos y lavado de dinero.

“200 años de cárcel los contemplan”, podría ser el título de la estampa. “Cómo desaparecer 12.000 millones de dólares sin perder la sonrisa”, podría ser otro. Sea cual sea la manera en que se le designe (y las redes no escatimaron ni ingenio ni desprecio), la imagen arroja un severo cuestionamiento a la clase política en su conjunto y nos hace preguntarnos si hemos por fin tocado fondo (una pregunta retórica, desde luego; nunca debemos subestimar la capacidad de los corruptos para descender otro escalón a la inmundicia). Cuando observo con detenimiento las caras recompensadas de la mayoría de esos que miran al lente de la cámara desde el pedestal de su éxito, trato de descubrir algún rasgo común, algún fenotipo gremial que permita advertir al corrupto que anida en el corazón de casi todos ellos. Y desde luego no es su físico lo que los delata: hay altos y bajos, gordos y esbeltos, feos y agraciados, morenos y pálidos.

Lo que tienen en común es la autosatisfacción en la mirada y el pavoneo en la pose. Hombres de poder que se sienten blindados por el escudo protector de la impunidad y, por qué no decirlo, por la figura presidencial tras la cual se agrupan. Que algunos de ellos hayan caído en desgracia obedece simplemente a la presión de la opinión pública y a la exhibición de abusos tales que otros cómplices en el poder se sintieron obligados a depurarlos para intentar salvar el propio pellejo (pero esa es otra historia).

El fin de semana pasado estuve en una reunión de escritores en Barcelona y en algún momento se sugirió una foto de grupo; alegres y disciplinados tomamos posición frente al lente, escalonados en una hermosa gradería. En ese instante no pude evitar el recuerdo de los gobernadores y preguntarme si a la posterior mirada del observador podría descubrirse la profesión de esos que ahora posábamos ante a la cámara.

Había africanos, asiáticos, latinoamericanos y europeos entre nosotros. El atuendo y los rasgos físicos no podían ser más distintos, pero todos escribimos novelas. ¿Habría algo específico que delatara nuestra inclinación a ensartar palabras y construir con ellas página tras página, a pasar cientos de horas en solitario aporreando un teclado? ¿Proyectaría una imagen distinta una reunión de matemáticos o de dentistas?

Supongo que no. Messi y Ronaldo no podrían ser más contrastantes en la actitud, ya no digamos en el porte físico. Y entre las personalidades de Andrés Iniesta y Zlatan Ibrahimovic hay una galaxia de diferencia y no sólo por los casi 30 centímetros de estatura que los separa. Los cuatro tienen poco en común salvo hacer con un balón lo que a escritores, matemáticos o dentistas nos está vedado.

Y, no obstante, regreso a la foto de los gobernadores y observo un rasgo invisible que los une, pese a todo. Me parece que unos y otros transpiran una misma manera de ocupar el espacio, como si el resto de las personas existieran para ser activados a su antojo. Eso es lo que provoca el poder, supongo; una disposición para usar a los demás como si todo no fuera más que una coreografía concebida para servirles.

En su libro De qué hablo cuando hablo de escribir, Haruki Murakami afirma que donde hay 100 escritores existirán 100 modos de escribir. Y lo mismo podría decirse de los cuatro futbolistas citados antes: sus pies hacen prodigios, pero cada uno los hace de distinta e inconfundible manera. En cambio, veo a Javier y a César Duarte, a Roberto Borge o a Rodrigo Medina y me parece que exudan prepotencia, cinismo e infamias de la misma y miserable manera. La corrupción es un feo bicho que hermana a unos con otros, supongo, y termina por ofrecernos un verdadero retrato en familia.

@jorgezepedap

http://internacional.elpais.com/internacional/2017/04/27/mexico/1493249742_494406.html

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Juegos de poder

Leo Zuckermann

Gutierritos electorales

Son miles de funcionarios que cobran quincenalmente su sueldo, pero que no resuelven una creciente multiplicación de trampas y simulaciones electorales. Los partidos políticos se han salido con la suya: lograron que los reguladores se transformaran en árbitros pusilánimes, sin voluntad ni peso para castigarlos.

25 de Abril de 2017

Triste ver lo que está pasando con las autoridades electorales en México: cada vez cuestan más dinero y cada vez son más irrelevantes. Se han convertido en una bola de burócratas onerosos. Miles de funcionarios que cobran quincenalmente su sueldo, pero que no resuelven una creciente multiplicación de trampas y simulaciones electorales. Los partidos políticos se han salido con la suya: lograron que los reguladores se transformaran en árbitros pusilánimes, sin voluntad ni peso para castigarlos.

Es una pena. Las primeras instituciones electorales fueron motivo de orgullo mexicano. Con una buena dosis de voluntad política y recursos económicos, demostramos que era posible tener elecciones limpias en el país. Gracias al Instituto Federal Electoral (IFE) y el primer Tribunal Federal Electoral, se dio la anhelada transición a la democracia. El reconocimiento incluso fue internacional: pocos años después de su creación, las Naciones Unidas le pediría al IFE ayuda para organizar las elecciones en un Irak devastado por la guerra.

Ese primer IFE autónomo, el presidido por José Woldenberg, se tomó muy en serio su papel de árbitro dispuesto a castigar las trampas de los partidos. Recordemos que impusieron multas multimillonarias al PRI por el Pemexgate y al PAN y al Verde por los Amigos de Fox. Todos los partidos tomaron nota y, como suele ocurrir en estos casos, los entes regulados quisieron apropiarse del ente regulador. Les disgustaba un árbitro molón. Comenzó, así, el debilitamiento de las instituciones electorales.

Lo hicieron, primero, nombrando consejeros y magistrados de menor reputación y más identificados con los partidos. Segundo, a partir de la reforma de 2007, atiborraron al árbitro con todo tipo de regulaciones estúpidas. Un paraíso burocrático: reglas y más reglas, muchas de ellas inaplicables.

De esta forma, hoy estamos en el peor de los mundos. Por un lado, vemos cada vez más historias de trampas y simulaciones electorales. Gobiernos desbocados en la repartición de bienes pagados por los contribuyentes para conseguir, sin pudor, el apoyo ciudadano en las urnas. Presuntos casos de compra de votos: dinero en efectivo a cambio de fotos en celulares para comprobar que se ha sufragado en favor de un partido o para retener credenciales de elector. Candidatos que utilizan la propaganda gratuita en televisión para promoverse, en claros actos anticipados de campaña.

Por otro lado, los árbitros no ven nada, no investigan nada y no dicen nada. Parece que calladitos se ven más bonitos. Burócratas llenando informes que nadie lee por intrascendentes. Maratónicas sesiones de consejos donde no sale ni una noticia relevante. Vaya, hasta en el sitio de internet del nuevo IFE, ahora renombrado INE, se ha vuelto una monserga conseguir información que antes se obtenía con un par de teclazos. Ni hablar de los tribunales electorales donde se resuelven cientos de casos sin importancia alguna. Todo, claro está, con cargo a los contribuyentes que, con nuestros impuestos, pagamos miles de millones de pesos al año por instituciones cada vez más irrelevantes.

Hay que reconocer, eso sí, que el INE sigue haciendo bien una cosa: organizar las elecciones. Sortean a los funcionarios de casilla, los capacitan y proveen todo el material. Miles de mexicanos, escogidos al azar, se encargan de la jornada electoral. El problema está en las trampas y simulaciones antes y después de los comicios. Por ejemplo, en la gran cantidad de dinero que anda suelto alrededor de los procesos electorales. Se suponía que el INE establecería un sofisticadísimo sistema de fiscalización en tiempo real para detectar sobregastos o irregularidades. Pues ahí andan cientos de contadores con computadoras sin encontrar ni un céntimo de dinero de más o ilegal. ¡Por favor!

El INE, el TEPJF, los Oples y los tribunales locales, tristemente, se han convertido en nuestros Gutierritos electorales. Trabajan muchas horas al día para no hacer nada. Antes, consejeros y magistrados activamente participaban en interesantes debates sobre la calidad de la democracia mexicana. Hoy no dicen nada porque, como buenos burócratas, no están entrenados para pensar. Lo importante es llenar la hoja de Excel, firmar el oficio o redactar una sentencia farragosa para irse lo más rápido a cenar a casa. Eso sí, no hay que molestar a los partidos porque, en el fondo, son los jefes de los jefes. Mejor sellar el documento y cobrar la quincena. Así nuestros Gutierritos electorales que nos cuestan miles de millones de pesos al año para la muy noble tarea de no hacer nada.

                Twitter: @leozuckermann

 

 

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Silenciadores

 

SERGIO AGUAYO Miércoles 26 de abr 2017, 3:53am

L A noticia mala: en los Estados Unidos quieren legalizar los silenciadores; la buena: hay una iniciativa en su Congreso para frenar el contrabando de armas a México; la habitual: el gobierno de Enrique Peña Nieto se desentiende.

Los silenciadores son adminículos cilíndricos que se ponen en armas de fuego (pistolas, rifles de asalto, etcétera) para reducir el estruendo causado por la explosión que impulsa el proyectil. Se les asocia justificadamente con asesinos profesionales al servicio de gobiernos o capos. Dada la notoriedad que adquirieron durante la época dorada de los gangsters estadounidenses, una ley de 1934 impuso severos controles a quienes deseen adquirirlo. Tuvieron éxito porque en 2015 hay casi un millón de instrumentos de este tipo autorizados, sólo se utilizaron 125 en crímenes.

En México es raro encontrarlos, me comentaron policías federales que pidieron el anonimato. Eso podría cambiar pronto gracias a la industria armamentista estadounidense y sus aliados. Resulta que se les saturó el mercado privado; hay 300 millones de armas en manos de particulares y caen las ventas. En aritmética elemental: si sólo un millón de esos instrumentos tienen silenciadores, hay un mercado potencial para los 299 millones restantes.

En consecuencia, están buscando flexibilizar los férreos controles impuestos a la adquisición de estos objetos. Se sacaron de la manga una retorcida propuesta de ley: con la “Hearing Protection Act of 2015” quieren proteger los tímpanos de los tiradores… vendiendo silenciadores. Tienen buenas posibilidades de éxito porque cuentan con la simpatía de Donald Trump y su gobierno. El funcionario que ocupa el segundo nivel en el Departamento de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF, por sus siglas en inglés), Ronald B. Turk, escribió un memorando el 20 de enero proponiendo lo mismo.

De eliminarse las restricciones, México se verá invadido de silenciadores para las bandas de asesinos que pululan libremente por todo el país. Hay un precedente. En 2004 se levantó en los Estados Unidos el veto a la venta de rifles de asalto y las consecuencias en México se resumen en el título de un buen ensayo, de David Pérez Esparza y Eugenio Weigend Vargas, “Más armas, más delitos, más homicidios” (Nexos, 1 septiembre de 2013).

México se ha convertido en un lucrativo mercado desde que los cárteles decidieron militarizarse. Estados Unidos es el proveedor lógico porque hay una inmensa frontera que carece de vigilancia. La dependencia que debería frenar ese contrabando, la ATF, tiene menos de 500 agentes para vigilar tres mil kilómetros. Sobre la aduana mexicana ¿qué se puede decir? Es una institución irrelevante por su corrupción y desorganización; el gobierno de Enrique Peña Nieto se hace el desentendido y el Congreso mexicano también.

Un ángulo que realza el desdén oficial mexicano es que sean algunos congresistas demócratas de los Estados Unidos los que nos estén defendiendo. El 22 de marzo de este año tres congresistas demócratas (Norma J. Torres, Eliot L. Engel e Yvette D. Clarke) presentaron una iniciativa de ley para frenar el contrabando de armas a México y corregir absurdos como el que esos delitos estén fuera de la competencia federal. Y los estados oscilan; en el caso de los rifles de asalto, California tiene buenos controles y Texas es particularmente laxa.

Durante los diez años que llevan las guerras el gobierno panista sí enarboló ese tema. Felipe Calderón, Eduardo Medina Mora (procurador) y Arturo Sarukhán (embajador ante los Estados Unidos) lo condenaban con frecuencia. Washington los ignoró, pero al menos hicieron el esfuerzo. El gobierno de Enrique Peña Nieto ni protesta ni opina sobre el tema de las armas en general y el de los silenciadores en particular. Se han concentrado en el Tratado de Libre Comercio y han descuidado dar protección a la seguridad de los mexicanos.

Entre la sociedad informada ha ido creciendo la conciencia sobre este problema y hay varias organizaciones dedicadas a combatir el contrabando. Faltan las voces del ejército, la marina y la policía federal. Ellos libran la guerra contra un enemigo bien pertrechado. Si quieren ganar esas guerras tendrán que preocuparse por cerrar los conductos de suministros bélicos que por ahora llegan sin interferencias desde los Estados Unidos.

 

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1335007.silenciadores.html

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Cómo robarse 3,500 millones de dólares

JORGE RAMOS Miércoles 26 de abr 2017

 

El presidente de México, Enrique Peña Nieto, está muy frustrado. Aparentemente nada de lo que hace es aplaudido o reconocido. Se acabó de dar el crédito por el arresto de dos gobernadores que estaban prófugos y, aun así, las redes sociales estaban llenas de sospechas, memes y críticas.

Ante la frustración, Peña Nieto se refugió en el albur y el machismo. “No hay chile que les embone. Si no los agarramos, porque no los agarramos; si los agarramos, porque los agarramos”, dijo a un grupo de reporteros tras un acto público.

No hay duda que los arrestos del exgobernador de Tamaulipas, Tomás Yarrington, y del exgobernador de Veracruz, Javier Duarte, son buenas noticias. Están acusados de robarse millones de dólares y de múltiples actos de corrupción. Pero el crédito de su detención hay que dárselo a los gobiernos de Italia y Guatemala, respectivamente.

En el caso concreto de Duarte, Peña Nieto lo pudo arrestar antes de que se escapara de México, y ni siquiera trató. Por eso las sospechas y las burlas al mandatario.

Las acusaciones de corrupción contra Duarte eran parte de un largo expediente creado desde 2010. ¿Qué estaba esperando Peña Nieto?

El primer problema es de imagen. Hay una fotografía que muestra a Peña Nieto y a Javier Duarte, ambos priistas, abrazados y muertos de la risa. Parece que son de esos amigos que se pican el ombligo. Además, Duarte apoyó abiertamente la candidatura presidencial de Peña Nieto en 2012 y el presidente, recíproco, alabó a Duarte en una entrevista de televisión, diciendo que era parte de una nueva generación de políticos. O sea, eran cuatachos o aparentaban serlo.

El segundo problema es más grave. Sugiere complicidad, tolerancia o total ineptitud y negligencia por parte del gobierno de Peña Nieto.

El actual gobernador de Veracruz, Miguel Ángel Yunes, me hizo las cuentas de lo supuestamente robado por Duarte. “Lo que ha acreditado la Auditoría Superior de la Federación es que fueron desviados en todo el período aproximadamente 2,500 millones de dólares”, me dijo Yunes en una entrevista. “Y de recursos estatales, la Auditoría Superior del Estado ha considerado que fueron 1,000 millones de dólares más”.

Pregunta: ¿Cómo te robas 3,500 millones de dólares sin que se entere el presidente? El gobierno de Peña Nieto le envió un dineral al de Duarte para salud, educación y seguridad pública. Y Peña Nieto nunca le preguntó a Duarte, “Oye, ¿cómo te gastaste el billete que te envié?”

Lo menos que podemos esperar de un presidente es que vigile que los gobernadores no se roben el dinero de los mexicanos. ¿Acaso no es ese parte del trabajo del presidente? Si no lo es, que por favor nos avise.

El tercer problema es de credibilidad. Ya pocos le creen a Peña Nieto, y mucho menos si se trata de asuntos de corrupción.

¿El mismo presidente que permitió que su esposa adquiriera una casa de siete millones de dólares de un contratista de su propio gobierno es el que ahora se quiere presentar como el zar anticorrupción?

El mismo presidente que, en un discurso, dijo que los arrestos de Yarrington y Duarte son una muestra de su compromiso contra la impunidad puso a uno de sus subordinados, Virgilio Andrade, a que investigara el asunto de la “Casa Blanca”. El salario y el puesto del investigador dependía de la voluntad del investigado. Claro, el presidente y su esposa fueron exonerados.

Por eso nadie le aplaude.

Antes de dejar Los Pinos, el presidente José López Portillo se construía una horrenda mansión conocida por los mexicanos como “la colina del perro”. Su costo excedía por mucho la suma de salarios de toda una vida como funcionario público. Entonces creí que nunca más se repetiría en México un abuso tan burdo y de esas dimensiones.

Bueno, con lo que supuestamente se han robado Duarte y otros gobernadores se podrían construir cientos de “colinas del perro”. Es una jauría y el impacto se verá pronto. El voto antisistema en Gran Bretaña, Estados Unidos, Filipinas y Colombia podría tener su versión mexicana en las elecciones presidenciales de 2018.

¿Cómo se roban 3,500 millones de dólares en México? Muy fácil: frente a los ojos entreabiertos del gobierno de Peña Nieto.

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1335004.como-robarse-3500-millones-de-dolares.html

 

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La poderosa Karime

La poderosa Karime

 

Raymundo Riva Palacio

En la carrera de derecho en la Universidad Iberoamericana, Javier Duarte no era el estudiante mejor visto en la comunidad. Le decían “el apestosito”, por su poca proclividad a la higiene. Tampoco le veían grandes luces, que era una de las razones por las cuales su compañera de clase, Karime Macías, no le hacía caso. Fue el trabajo celestino del amigo de ambos, Moisés Mansur Reynoso, el que persuadió a Karime que Javier era un buen partido. La relación que iniciaron en la universidad se convirtió en matrimonio y años después, en el gobierno de Veracruz, se transformó probablemente en complicidad. Karime huyó con su esposo en octubre, cuando se giró una orden de aprehensión en su contra, y sacó pasaportes falsos y entró subrepticiamente a varias naciones de América Central junto con Duarte. Pero cuando lo apresaron el sábado pasado en Guatemala y a ella no le presentaron cargos, ni hubo petición de captura por parte de las autoridades mexicanas, la opinión pública se incendió. ¿Por qué no se pidió también su detención y extradición?

El subprocurador de Asuntos Jurídicos de la PGR, Alberto Elías Beltrán, dice que por el momento no se tiene comprobado que hubiera sido beneficiaria de recursos públicos desviados por su esposo, pero que se tienen abiertas líneas de investigación para determinar si en la red de complicidades de Duarte también se encuentra su esposa. A Karime Macías no la pueden acusar de encubrimiento por haber acompañado a su esposo en la fuga de México, porque al ser familiar de primer grado ese delito no se le aplica. Pero si encuentran que ella recibió recursos de los 35 mil millones del erario, por los cuales se está acusando al exgobernador, el proceso tendría que ser inmediato.

El caso de Duarte está lleno de opacidad y contradicciones. El subprocurador Beltrán aseguró que si descubrieran que algún familiar participó en la red de corrupción de Duarte, se iniciaría una investigación en su contra. Omitió, o quizás olvidó, que esa averiguación sí existe en su contra, sobre sus padres y su hermana. Es la carpeta de investigación FED/SEIDF/UEIDFF/VER/001653/2016.

La PGR, además, lleva meses filtrando a la prensa información sobre los abusos que cometió la pareja Duarte-Macías. Por ejemplo, divulgó declaraciones ministeriales de escoltas del exgobernador, donde se mencionó que la señora realizó decenas de viajes a la Ciudad de México en aviones del gobierno del estado –pagados por los veracruzanos– sólo para ir al salón de belleza, y de las joyas y relojes que compraba en los mejores establecimientos de la capital federal, con dinero que no podía haber salido de los ingresos de Duarte.

Hay información adicional. Alfonso Ortega López, un abogado amigo de la infancia de Mansur Reynoso, a quien conoció Duarte en sus tiempos universitarios, creó en febrero de 2011, dos meses después de asumir la gubernatura, una sociedad para un negocio inmobiliario. Los propietarios eran Duarte y su esposa Karime, pero utilizaron testaferros para constituir la Inmobiliaria Roor, a través de la cual compraron una residencia de 47 millones de pesos en las Lomas de Chapultepec, donde el exgobernador decía que “era la residencia para su retiro”. Ortega López también constituyó una sociedad en Estados Unidos, la Siamese Twin, Inc., a través de la cual se adquirieron tres condominios en el elegante hotel St. Regis en Nueva York, por un total de un millón 200 mil dólares, pagados a través del despacho de Juan José Janeiro Rodríguez, a quien Duarte y Mansur Reynoso utilizaron, además, como testaferro. Karime recibió regalos en joyas y propiedades en México y Estados Unidos, que fueron adquiridas presumiblemente con dinero que desvió el exgobernador de los recursos de Veracruz.

Karime Macías no jugaba sólo el papel de la primera dama veracruzana, que vestía y vivía del dinero de los contribuyentes. Durante toda su vida con Duarte fue una pieza fundamental en su estabilidad y acción. Si bien Mansur Cisneros era el operador de Duarte, Karime se involucraba en acciones de gobierno, llegando a darse el caso de encabezar reuniones de gabinete. “Ella lo manipulaba”, dijo una persona que los conoce y vio cómo se comportaban. “Se sentía su estratega”. De esta forma le llevó a Rubén Aguilar, quien fue vocero del presidente Vicente Fox, como su asesor en comunicación. La comunicación nunca se le dio a Duarte, por lo que Karime, en plena función política, le pidió a su prima Córsica Ramírez Tubilla, que vivía en Barcelona, integrara un equipo de comunicación y redes sociales para hacer la defensa de su esposo, desde una oficina especial instalada dentro de la Casa de Gobierno de Xalapa.

La intervención de la primera dama veracruzana en el gobierno era amplia.

Nombró como subsecretario de Ingresos al hermano de Córsica, su primo, Jorge Fernando Ramírez Tubilla, con una encomienda: amedrentar a los enemigos de Duarte. De esa forma, Ramírez Macías ordenó interminables auditorías con aquellos empresarios que estaban inconformes con lo que era, en ese momento, el gobierno entrante, y “sensibilizarlos”, como describió uno de ellos, que era mejor que aceptaran las nuevas reglas del juego.

Karime Macías no fue nunca una figura pasiva en el gobierno. Ella era quien mantenía la vertical atrás de Duarte, discreta en público, pero enérgica e impulsiva en privado. Sus atribuciones, extralegales, son una parte de la historia que falta por contar de Duarte, aunque quizás menos graves si se comprueba que formó parte central en las actividades de su esposo.

Twitter: @rivapa

http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/la-poderosa-karime.html

 

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