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Archive for 24/04/17

La poderosa Karime

La poderosa Karime

 

Raymundo Riva Palacio

En la carrera de derecho en la Universidad Iberoamericana, Javier Duarte no era el estudiante mejor visto en la comunidad. Le decían “el apestosito”, por su poca proclividad a la higiene. Tampoco le veían grandes luces, que era una de las razones por las cuales su compañera de clase, Karime Macías, no le hacía caso. Fue el trabajo celestino del amigo de ambos, Moisés Mansur Reynoso, el que persuadió a Karime que Javier era un buen partido. La relación que iniciaron en la universidad se convirtió en matrimonio y años después, en el gobierno de Veracruz, se transformó probablemente en complicidad. Karime huyó con su esposo en octubre, cuando se giró una orden de aprehensión en su contra, y sacó pasaportes falsos y entró subrepticiamente a varias naciones de América Central junto con Duarte. Pero cuando lo apresaron el sábado pasado en Guatemala y a ella no le presentaron cargos, ni hubo petición de captura por parte de las autoridades mexicanas, la opinión pública se incendió. ¿Por qué no se pidió también su detención y extradición?

El subprocurador de Asuntos Jurídicos de la PGR, Alberto Elías Beltrán, dice que por el momento no se tiene comprobado que hubiera sido beneficiaria de recursos públicos desviados por su esposo, pero que se tienen abiertas líneas de investigación para determinar si en la red de complicidades de Duarte también se encuentra su esposa. A Karime Macías no la pueden acusar de encubrimiento por haber acompañado a su esposo en la fuga de México, porque al ser familiar de primer grado ese delito no se le aplica. Pero si encuentran que ella recibió recursos de los 35 mil millones del erario, por los cuales se está acusando al exgobernador, el proceso tendría que ser inmediato.

El caso de Duarte está lleno de opacidad y contradicciones. El subprocurador Beltrán aseguró que si descubrieran que algún familiar participó en la red de corrupción de Duarte, se iniciaría una investigación en su contra. Omitió, o quizás olvidó, que esa averiguación sí existe en su contra, sobre sus padres y su hermana. Es la carpeta de investigación FED/SEIDF/UEIDFF/VER/001653/2016.

La PGR, además, lleva meses filtrando a la prensa información sobre los abusos que cometió la pareja Duarte-Macías. Por ejemplo, divulgó declaraciones ministeriales de escoltas del exgobernador, donde se mencionó que la señora realizó decenas de viajes a la Ciudad de México en aviones del gobierno del estado –pagados por los veracruzanos– sólo para ir al salón de belleza, y de las joyas y relojes que compraba en los mejores establecimientos de la capital federal, con dinero que no podía haber salido de los ingresos de Duarte.

Hay información adicional. Alfonso Ortega López, un abogado amigo de la infancia de Mansur Reynoso, a quien conoció Duarte en sus tiempos universitarios, creó en febrero de 2011, dos meses después de asumir la gubernatura, una sociedad para un negocio inmobiliario. Los propietarios eran Duarte y su esposa Karime, pero utilizaron testaferros para constituir la Inmobiliaria Roor, a través de la cual compraron una residencia de 47 millones de pesos en las Lomas de Chapultepec, donde el exgobernador decía que “era la residencia para su retiro”. Ortega López también constituyó una sociedad en Estados Unidos, la Siamese Twin, Inc., a través de la cual se adquirieron tres condominios en el elegante hotel St. Regis en Nueva York, por un total de un millón 200 mil dólares, pagados a través del despacho de Juan José Janeiro Rodríguez, a quien Duarte y Mansur Reynoso utilizaron, además, como testaferro. Karime recibió regalos en joyas y propiedades en México y Estados Unidos, que fueron adquiridas presumiblemente con dinero que desvió el exgobernador de los recursos de Veracruz.

Karime Macías no jugaba sólo el papel de la primera dama veracruzana, que vestía y vivía del dinero de los contribuyentes. Durante toda su vida con Duarte fue una pieza fundamental en su estabilidad y acción. Si bien Mansur Cisneros era el operador de Duarte, Karime se involucraba en acciones de gobierno, llegando a darse el caso de encabezar reuniones de gabinete. “Ella lo manipulaba”, dijo una persona que los conoce y vio cómo se comportaban. “Se sentía su estratega”. De esta forma le llevó a Rubén Aguilar, quien fue vocero del presidente Vicente Fox, como su asesor en comunicación. La comunicación nunca se le dio a Duarte, por lo que Karime, en plena función política, le pidió a su prima Córsica Ramírez Tubilla, que vivía en Barcelona, integrara un equipo de comunicación y redes sociales para hacer la defensa de su esposo, desde una oficina especial instalada dentro de la Casa de Gobierno de Xalapa.

La intervención de la primera dama veracruzana en el gobierno era amplia.

Nombró como subsecretario de Ingresos al hermano de Córsica, su primo, Jorge Fernando Ramírez Tubilla, con una encomienda: amedrentar a los enemigos de Duarte. De esa forma, Ramírez Macías ordenó interminables auditorías con aquellos empresarios que estaban inconformes con lo que era, en ese momento, el gobierno entrante, y “sensibilizarlos”, como describió uno de ellos, que era mejor que aceptaran las nuevas reglas del juego.

Karime Macías no fue nunca una figura pasiva en el gobierno. Ella era quien mantenía la vertical atrás de Duarte, discreta en público, pero enérgica e impulsiva en privado. Sus atribuciones, extralegales, son una parte de la historia que falta por contar de Duarte, aunque quizás menos graves si se comprueba que formó parte central en las actividades de su esposo.

Twitter: @rivapa

http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/la-poderosa-karime.html

 

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Denise Dresser

 

Salsa picante

“Ningún chile les embona”, lamentó el Presidente. De esa manera Peña Nieto subestimó nuestra indignación. De esa forma el primer mandatario trivializó nuestro descontento. Porque en su perspectiva deberíamos ponernos de pie, vitorear, hacer caravanas, y reconocer que su gobierno haya aprehendido a Javier Duarte. Lo que nos toca es aplaudir y agradecer que el facilitador del pillaje haya arrestado a un pillo. El gobierno que engendró al monstruo ahora nos pide celebrar que lo atrapó. Difícil aceptar que se coja un solo chile y que eso sea señal de la nueva cocina mexicana, cuando cuelgan tantos más en el huerto. Difícil festejar que se ase, se pique, se muela, se desvene, y se le quiten las semillas a Javidú cuando tantos que se le parecen son ingredientes de la salsa mexicana. La salsa picante. La salsa que encubre el mal sabor de instituciones y prácticas que huelen a podrido, que saben a rancio.

Esa salsa que todos los días se prepara en el Poder Ejecutivo con chiles tradicionales, sazonador esencial del recetario priista. El chile habanero, Emilio Lozoya, acusado de pedir un soborno de 5 millones de dólares a Odebrecht. El chile ancho, Gerardo Ruiz Esparza, cuestionado por la protección que le ha provisto a OHL. El chile jalapeño, Tarek Abdalá, ex tesorero de Javier Duarte y diputado federal a quien el PRI no quiere tocar. El chile piquín, Juan Armando Hinojosa, y la vasta red que Grupo Higa ha tejido con concesiones y licitaciones por todo el país. O tantos chiles pasilla, cascabel, costeños, coras y guajillos aderezando el paladar del patrimonialismo a lo largo del país. Curiosa dieta mexicana en la cual se retiran unos cuantos chiles ya clasificados como indigeribles, pero otros siguen allí. Curiosa dieta blanda en la cual todos los indiciados e investigados son ex gobernadores y ningún funcionario federal.

Sobre todo cuando la planta más prominente y más picante está a la vista de todos, con raíces profundas y ramas extensas. Odebrecht y su red de sobornos. Odebrecht y sus proyectos en Veracruz y otros estados. Odebrecht y sus contratos con Pemex. Odebrecht y los permisos otorgados por la Comisión Reguladora de Energía en el 2013, en este sexenio. Odebrecht investigada y multada en Brasil, en Perú, en Estados Unidos. Y aquí, el personaje central -Emilio Lozoya- protegido, cuidado, inmune. En diciembre de 2016, ejecutivos de Odebrecht confesaron en la Corte en Nueva York haber entregado sobornos en México por 10.5 millones de dólares. Hace unos días, Lozoya fue señalado ante el Tribunal Supremo de Brasil por las relaciones turbias que estableció con la empresa vía su director en México. Lo mismo con OHL. Acusaciones desde hace años por la expoliación a los usuarios en el Circuito Exterior Mexiquense. Acusaciones desde hace días sobre cómo la filial mexicana sobornó a miembros del Partido Popular español. Indicios importantes como para que comenzara una investigación; señales suficientes como para que hubiera más que una simple negación.

Pero para los cuenta chiles que nos regañan desde Los Pinos, basta con el arresto de Duarte. Basta con la extradición de Yarrington. Basta con un par de chiles selectos que no forman parte del equipo cercano del Presidente. Basta con dar sendos discursos sobre cómo -ahora sí- se combate la impunidad, cuando se siguen trastocando las reglas para asegurarla. La misma semana en la cual la PGR presume el arresto de Duarte, sabotea al Sistema Nacional Anticorrupción. Tramposamente el Fiscal Carnal, Raúl Cervantes, publica un acuerdo sobre la Fiscalía Anticorrupción que mina su autonomía y asegura su subordinación. El Fiscal Anticorrupción, que muchos se empeñan en elegir al vapor, llegaría con una mano atada detrás de la espalda. No podría designar a su propio personal, no podría realizar sus propios peritajes, no podría investigar a miembros de la PGR. No podría hurgar en la canasta de chiles secos, esos que siempre son de utilidad culinaria para quien los sembró.

Un ecosistema de corrupción con tierra fértil para el crecimiento de chiles de todos los colores, sabores, texturas e intensidad de picor. Duarte es solo uno de ellos y su singular huida y arresto solo demuestra cuán podrido está el vergel donde crecen y se reproducen. No, nos “embona” el sacrificio ceremonial de un solo chile cuando el molcajete sigue siendo el mismo, y la salsa de impunidad también.

http://www.elsiglodedurango.com.mx/noticia/733471.salsa-picante.html

 

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Jesús Silva-Herzog Márquez

 

El llamado a robar

J Avier Duarte es la rutina de la corrupción llevada hasta el delirio, decía Héctor Aguilar Camín hace unos días. Un monstruo ordinario. Lo único que lo separa de otros sátrapas locales es la dimensión de su locura, la magnitud de su torpeza. Las reglas de nuestro federalismo están hechas para la arbitrariedad: disponer fortunas sin rendir cuentas. Duarte siguió la norma para llevarla a su extremo. Se ha dicho muchas veces: el fin del viejo centralismo no dio origen a un equilibrado régimen federal, sino a la proliferación de autoritarismos regionales. Las autonomías se estrenaron despóticamente. Dejaron de rendirle cuentas al centro, es cierto. Pero no encontraron, en su entorno, límites firmes. Surgieron así autocracias locales que hicieron y deshicieron a su antojo. Fueron bautizadas por un caudal de recursos. Los estados nunca habían tenido tantos recursos como los que recibió de la segunda bonanza petrolera. La dilapidación de esa abundancia es uno de los crímenes económicos más graves que ha sufrido el país.

Los recursos que los estados recibían desde principios de siglo se multiplicaron significativamente. Entraron a una bolsa oscura de cuyo destino apenas podíamos enterarnos. Los dos gobiernos panistas fueron incapaces de detener el desfalco rutinario. Alegaban que las leyes les impedían actuar para detener el latrocinio. En la medida en que los gobernadores controlaban los poderes locales, no había manera de disciplinarlos y, menos aún, de castigarlos. Pero en esta corta historia de emancipaciones pervertidas debe advertirse un cambio relevante Tuvo lugar en la segunda alternancia, en el momento en que el PRI recuperó la presidencia de la república, a fines de 2012. El gobierno de Javier Duarte parece el símbolo perfecto del mensaje que la victoria de Enrique Peña Nieto envió a los priistas.

Los extraordinarios reportajes de Animal político revelaron que, desde su llegada al gobierno de Veracruz, Javier Duarte diseñó una compleja ingeniería de simulaciones para enriquecerse. Vistos a la distancia, estos artilugios eran maquinaciones recatadas. Después de todo, el engaño suponía algún cuidado de las apariencias. Pero, cuando el candidato del PRI ganó la presidencia, terminó el disimulo. ¡A robar! fue el mensaje que proyectó la victoria de Enrique Peña Nieto. La elección del priista fue un llamado a la rapiña. Quien fue presentado como uno de los ejemplos del nuevo priismo por el candidato Peña Nieto lo asumió a cabalidad.

Leonardo Nuñez González, quien ha estudiado a fondo la manera en que se ejercen los recursos públicos en el país, analizó las observaciones que la Auditoría Superior de la Federación hizo al gobierno de Duarte. Carlos Puig las recogió en un artículo publicado la semana pasada en Milenio. Vale la pena detenerse en estos hallazgos. De acuerdo a la información pública puede verse que la Auditoría hizo en 2011 observaciones sobre el destino de 46 millones de pesos; al año siguiente, en 2012 lo hizo por un poco más de 9 millones. En 2013, cuando Enrique Peña Nieto ya era presidente de México, las observaciones se dispararon a más de 9 mil millones de pesos. Eso: de 9 a 9 mil en un año. ¡En 12 meses, casi 100 mil por ciento de incremento! Es imposible disociar este disparo del abuso con el cambio presidencial. Lo es aún menos si se advierte la complicidad del gobierno federal con el latrocinio desenfrenado. Naturalmente, el gobierno de Peña Nieto conocía de las tropelías en Veracruz. No fueron pocos los medios que denunciaron los abusos de Duarte. Pero, más allá de los dichos de la prensa, las mismas instituciones de la federación tuvieron conocimiento de la rapiña. La Procuraduría General de la República recibió una denuncia formal de la Auditoria desde 2013. No hizo nada. Javier Duarte tuvo que perder unas elecciones, tuvo que renunciar a la gubernatura de Veracruz y tuvo que darse a la fuga para que la Procuraduría girara una orden de aprehensión en su contra.

Dijo el presidente que la captura de Duarte era un mensaje contundente contra la impunidad. Dudo que alguien lo crea. La victoria de Peña Nieto fue un llamado a robar.

http://www.reforma.com/blogs/

Silvaherzog/

Twitter: @jshm00

http://www.elsiglodedurango.com.mx/noticia/733473.el-llamado-a-robar.html

 

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