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Archive for 26/04/17

Juegos de poder

Leo Zuckermann

Gutierritos electorales

Son miles de funcionarios que cobran quincenalmente su sueldo, pero que no resuelven una creciente multiplicación de trampas y simulaciones electorales. Los partidos políticos se han salido con la suya: lograron que los reguladores se transformaran en árbitros pusilánimes, sin voluntad ni peso para castigarlos.

25 de Abril de 2017

Triste ver lo que está pasando con las autoridades electorales en México: cada vez cuestan más dinero y cada vez son más irrelevantes. Se han convertido en una bola de burócratas onerosos. Miles de funcionarios que cobran quincenalmente su sueldo, pero que no resuelven una creciente multiplicación de trampas y simulaciones electorales. Los partidos políticos se han salido con la suya: lograron que los reguladores se transformaran en árbitros pusilánimes, sin voluntad ni peso para castigarlos.

Es una pena. Las primeras instituciones electorales fueron motivo de orgullo mexicano. Con una buena dosis de voluntad política y recursos económicos, demostramos que era posible tener elecciones limpias en el país. Gracias al Instituto Federal Electoral (IFE) y el primer Tribunal Federal Electoral, se dio la anhelada transición a la democracia. El reconocimiento incluso fue internacional: pocos años después de su creación, las Naciones Unidas le pediría al IFE ayuda para organizar las elecciones en un Irak devastado por la guerra.

Ese primer IFE autónomo, el presidido por José Woldenberg, se tomó muy en serio su papel de árbitro dispuesto a castigar las trampas de los partidos. Recordemos que impusieron multas multimillonarias al PRI por el Pemexgate y al PAN y al Verde por los Amigos de Fox. Todos los partidos tomaron nota y, como suele ocurrir en estos casos, los entes regulados quisieron apropiarse del ente regulador. Les disgustaba un árbitro molón. Comenzó, así, el debilitamiento de las instituciones electorales.

Lo hicieron, primero, nombrando consejeros y magistrados de menor reputación y más identificados con los partidos. Segundo, a partir de la reforma de 2007, atiborraron al árbitro con todo tipo de regulaciones estúpidas. Un paraíso burocrático: reglas y más reglas, muchas de ellas inaplicables.

De esta forma, hoy estamos en el peor de los mundos. Por un lado, vemos cada vez más historias de trampas y simulaciones electorales. Gobiernos desbocados en la repartición de bienes pagados por los contribuyentes para conseguir, sin pudor, el apoyo ciudadano en las urnas. Presuntos casos de compra de votos: dinero en efectivo a cambio de fotos en celulares para comprobar que se ha sufragado en favor de un partido o para retener credenciales de elector. Candidatos que utilizan la propaganda gratuita en televisión para promoverse, en claros actos anticipados de campaña.

Por otro lado, los árbitros no ven nada, no investigan nada y no dicen nada. Parece que calladitos se ven más bonitos. Burócratas llenando informes que nadie lee por intrascendentes. Maratónicas sesiones de consejos donde no sale ni una noticia relevante. Vaya, hasta en el sitio de internet del nuevo IFE, ahora renombrado INE, se ha vuelto una monserga conseguir información que antes se obtenía con un par de teclazos. Ni hablar de los tribunales electorales donde se resuelven cientos de casos sin importancia alguna. Todo, claro está, con cargo a los contribuyentes que, con nuestros impuestos, pagamos miles de millones de pesos al año por instituciones cada vez más irrelevantes.

Hay que reconocer, eso sí, que el INE sigue haciendo bien una cosa: organizar las elecciones. Sortean a los funcionarios de casilla, los capacitan y proveen todo el material. Miles de mexicanos, escogidos al azar, se encargan de la jornada electoral. El problema está en las trampas y simulaciones antes y después de los comicios. Por ejemplo, en la gran cantidad de dinero que anda suelto alrededor de los procesos electorales. Se suponía que el INE establecería un sofisticadísimo sistema de fiscalización en tiempo real para detectar sobregastos o irregularidades. Pues ahí andan cientos de contadores con computadoras sin encontrar ni un céntimo de dinero de más o ilegal. ¡Por favor!

El INE, el TEPJF, los Oples y los tribunales locales, tristemente, se han convertido en nuestros Gutierritos electorales. Trabajan muchas horas al día para no hacer nada. Antes, consejeros y magistrados activamente participaban en interesantes debates sobre la calidad de la democracia mexicana. Hoy no dicen nada porque, como buenos burócratas, no están entrenados para pensar. Lo importante es llenar la hoja de Excel, firmar el oficio o redactar una sentencia farragosa para irse lo más rápido a cenar a casa. Eso sí, no hay que molestar a los partidos porque, en el fondo, son los jefes de los jefes. Mejor sellar el documento y cobrar la quincena. Así nuestros Gutierritos electorales que nos cuestan miles de millones de pesos al año para la muy noble tarea de no hacer nada.

                Twitter: @leozuckermann

 

 

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Silenciadores

 

SERGIO AGUAYO Miércoles 26 de abr 2017, 3:53am

L A noticia mala: en los Estados Unidos quieren legalizar los silenciadores; la buena: hay una iniciativa en su Congreso para frenar el contrabando de armas a México; la habitual: el gobierno de Enrique Peña Nieto se desentiende.

Los silenciadores son adminículos cilíndricos que se ponen en armas de fuego (pistolas, rifles de asalto, etcétera) para reducir el estruendo causado por la explosión que impulsa el proyectil. Se les asocia justificadamente con asesinos profesionales al servicio de gobiernos o capos. Dada la notoriedad que adquirieron durante la época dorada de los gangsters estadounidenses, una ley de 1934 impuso severos controles a quienes deseen adquirirlo. Tuvieron éxito porque en 2015 hay casi un millón de instrumentos de este tipo autorizados, sólo se utilizaron 125 en crímenes.

En México es raro encontrarlos, me comentaron policías federales que pidieron el anonimato. Eso podría cambiar pronto gracias a la industria armamentista estadounidense y sus aliados. Resulta que se les saturó el mercado privado; hay 300 millones de armas en manos de particulares y caen las ventas. En aritmética elemental: si sólo un millón de esos instrumentos tienen silenciadores, hay un mercado potencial para los 299 millones restantes.

En consecuencia, están buscando flexibilizar los férreos controles impuestos a la adquisición de estos objetos. Se sacaron de la manga una retorcida propuesta de ley: con la “Hearing Protection Act of 2015” quieren proteger los tímpanos de los tiradores… vendiendo silenciadores. Tienen buenas posibilidades de éxito porque cuentan con la simpatía de Donald Trump y su gobierno. El funcionario que ocupa el segundo nivel en el Departamento de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF, por sus siglas en inglés), Ronald B. Turk, escribió un memorando el 20 de enero proponiendo lo mismo.

De eliminarse las restricciones, México se verá invadido de silenciadores para las bandas de asesinos que pululan libremente por todo el país. Hay un precedente. En 2004 se levantó en los Estados Unidos el veto a la venta de rifles de asalto y las consecuencias en México se resumen en el título de un buen ensayo, de David Pérez Esparza y Eugenio Weigend Vargas, “Más armas, más delitos, más homicidios” (Nexos, 1 septiembre de 2013).

México se ha convertido en un lucrativo mercado desde que los cárteles decidieron militarizarse. Estados Unidos es el proveedor lógico porque hay una inmensa frontera que carece de vigilancia. La dependencia que debería frenar ese contrabando, la ATF, tiene menos de 500 agentes para vigilar tres mil kilómetros. Sobre la aduana mexicana ¿qué se puede decir? Es una institución irrelevante por su corrupción y desorganización; el gobierno de Enrique Peña Nieto se hace el desentendido y el Congreso mexicano también.

Un ángulo que realza el desdén oficial mexicano es que sean algunos congresistas demócratas de los Estados Unidos los que nos estén defendiendo. El 22 de marzo de este año tres congresistas demócratas (Norma J. Torres, Eliot L. Engel e Yvette D. Clarke) presentaron una iniciativa de ley para frenar el contrabando de armas a México y corregir absurdos como el que esos delitos estén fuera de la competencia federal. Y los estados oscilan; en el caso de los rifles de asalto, California tiene buenos controles y Texas es particularmente laxa.

Durante los diez años que llevan las guerras el gobierno panista sí enarboló ese tema. Felipe Calderón, Eduardo Medina Mora (procurador) y Arturo Sarukhán (embajador ante los Estados Unidos) lo condenaban con frecuencia. Washington los ignoró, pero al menos hicieron el esfuerzo. El gobierno de Enrique Peña Nieto ni protesta ni opina sobre el tema de las armas en general y el de los silenciadores en particular. Se han concentrado en el Tratado de Libre Comercio y han descuidado dar protección a la seguridad de los mexicanos.

Entre la sociedad informada ha ido creciendo la conciencia sobre este problema y hay varias organizaciones dedicadas a combatir el contrabando. Faltan las voces del ejército, la marina y la policía federal. Ellos libran la guerra contra un enemigo bien pertrechado. Si quieren ganar esas guerras tendrán que preocuparse por cerrar los conductos de suministros bélicos que por ahora llegan sin interferencias desde los Estados Unidos.

 

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1335007.silenciadores.html

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Cómo robarse 3,500 millones de dólares

JORGE RAMOS Miércoles 26 de abr 2017

 

El presidente de México, Enrique Peña Nieto, está muy frustrado. Aparentemente nada de lo que hace es aplaudido o reconocido. Se acabó de dar el crédito por el arresto de dos gobernadores que estaban prófugos y, aun así, las redes sociales estaban llenas de sospechas, memes y críticas.

Ante la frustración, Peña Nieto se refugió en el albur y el machismo. “No hay chile que les embone. Si no los agarramos, porque no los agarramos; si los agarramos, porque los agarramos”, dijo a un grupo de reporteros tras un acto público.

No hay duda que los arrestos del exgobernador de Tamaulipas, Tomás Yarrington, y del exgobernador de Veracruz, Javier Duarte, son buenas noticias. Están acusados de robarse millones de dólares y de múltiples actos de corrupción. Pero el crédito de su detención hay que dárselo a los gobiernos de Italia y Guatemala, respectivamente.

En el caso concreto de Duarte, Peña Nieto lo pudo arrestar antes de que se escapara de México, y ni siquiera trató. Por eso las sospechas y las burlas al mandatario.

Las acusaciones de corrupción contra Duarte eran parte de un largo expediente creado desde 2010. ¿Qué estaba esperando Peña Nieto?

El primer problema es de imagen. Hay una fotografía que muestra a Peña Nieto y a Javier Duarte, ambos priistas, abrazados y muertos de la risa. Parece que son de esos amigos que se pican el ombligo. Además, Duarte apoyó abiertamente la candidatura presidencial de Peña Nieto en 2012 y el presidente, recíproco, alabó a Duarte en una entrevista de televisión, diciendo que era parte de una nueva generación de políticos. O sea, eran cuatachos o aparentaban serlo.

El segundo problema es más grave. Sugiere complicidad, tolerancia o total ineptitud y negligencia por parte del gobierno de Peña Nieto.

El actual gobernador de Veracruz, Miguel Ángel Yunes, me hizo las cuentas de lo supuestamente robado por Duarte. “Lo que ha acreditado la Auditoría Superior de la Federación es que fueron desviados en todo el período aproximadamente 2,500 millones de dólares”, me dijo Yunes en una entrevista. “Y de recursos estatales, la Auditoría Superior del Estado ha considerado que fueron 1,000 millones de dólares más”.

Pregunta: ¿Cómo te robas 3,500 millones de dólares sin que se entere el presidente? El gobierno de Peña Nieto le envió un dineral al de Duarte para salud, educación y seguridad pública. Y Peña Nieto nunca le preguntó a Duarte, “Oye, ¿cómo te gastaste el billete que te envié?”

Lo menos que podemos esperar de un presidente es que vigile que los gobernadores no se roben el dinero de los mexicanos. ¿Acaso no es ese parte del trabajo del presidente? Si no lo es, que por favor nos avise.

El tercer problema es de credibilidad. Ya pocos le creen a Peña Nieto, y mucho menos si se trata de asuntos de corrupción.

¿El mismo presidente que permitió que su esposa adquiriera una casa de siete millones de dólares de un contratista de su propio gobierno es el que ahora se quiere presentar como el zar anticorrupción?

El mismo presidente que, en un discurso, dijo que los arrestos de Yarrington y Duarte son una muestra de su compromiso contra la impunidad puso a uno de sus subordinados, Virgilio Andrade, a que investigara el asunto de la “Casa Blanca”. El salario y el puesto del investigador dependía de la voluntad del investigado. Claro, el presidente y su esposa fueron exonerados.

Por eso nadie le aplaude.

Antes de dejar Los Pinos, el presidente José López Portillo se construía una horrenda mansión conocida por los mexicanos como “la colina del perro”. Su costo excedía por mucho la suma de salarios de toda una vida como funcionario público. Entonces creí que nunca más se repetiría en México un abuso tan burdo y de esas dimensiones.

Bueno, con lo que supuestamente se han robado Duarte y otros gobernadores se podrían construir cientos de “colinas del perro”. Es una jauría y el impacto se verá pronto. El voto antisistema en Gran Bretaña, Estados Unidos, Filipinas y Colombia podría tener su versión mexicana en las elecciones presidenciales de 2018.

¿Cómo se roban 3,500 millones de dólares en México? Muy fácil: frente a los ojos entreabiertos del gobierno de Peña Nieto.

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1335004.como-robarse-3500-millones-de-dolares.html

 

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