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Archive for 3/05/17

¿Cómo explicarnos esta corrupción?

El fenómeno se da en variados regímenes y culturas, y tiene formas semejantes

La corrupción es un fenómeno que ocupa parte del imaginario crítico de nuestro tiempo. Algo ha empezado a moverse para enfrentar a lo que se ha ido de las manos, inclusive para quienes aceptaban sus márgenes. Estamos en el periodo de diagnóstico y las causas se buscan en variados elementos. La idiosincrasia nacional, la herencia hispánica o los virreinatos neo-federalistas, por ejemplo, han sido considerados. Estas explicaciones son contextuales, cuando no francamente anecdóticas. Teniendo en cuenta a nuestros gobernadores, campañas y cotidianos escándalos, consideremos lo publicado o dicho por cualquier medio extranjero en un día reciente cualquiera. Se mencionarán compañías constructoras o financieras, diputados de partidos vinculados con las más diversas ideologías, concesiones o desvíos de recursos para fiestas o campañas. Al igual que nosotros, en los países de los hechos quiere encontrarse en lo local la causa de los propios males.

Unos dicen que el sistema federal permite la corrupción al no controlarse a los gobiernos locales, y otros estiman que el centralizado lo propicia por falta de accountability. Pasa lo mismo con la forma de gobierno. Se dice que los males son del sistema presidencial y su consabida concentración de poder, o del parlamentario y sus latentes riesgos de disolución. Otros más ven el origen corruptor en el financiamiento estatal a los partidos, y otros en el privado. Quiere explicarse lo vivido aduciendo ideologías, géneros, imprevisiones normativas deliberadas o hasta genéticas partidistas. Los arbustos nos distraen del bosque. Si el fenómeno de la corrupción se da en variados regímenes, culturas y órdenes jurídicos y tiene formas semejantes de realización e impunidad, ¿por qué no buscar explicaciones a lo que hay en común? ¿Por qué no considerar la mecánica general de la política de nuestro tiempo? Más allá de países y niveles de democracia o desarrollo, puede ser una explicación plausible de la virulenta presencia de la corrupción. Veamos.

La obtención del poder político por la participación en procesos electorales, pasa por el gasto de enormes cantidades de dinero. La necesaria visibilidad y presencia en un electorado concebido y asumido como consumidor, exige pagos prontos, contantes y no controlables. ¿De dónde se obtienen los recursos? Una fuente menor son los presupuestos estatales. No es difícil identificar la desviación de lo así entregado. Hay otro proceder. Esencialmente, la entrega de recursos privados a partidos, gobernantes y candidatos. El circulante requerido se proporciona mediante complejas ingenierías financieras con organismos, prestanombres, asesores, lobistas e intermediarios incluidos. Lo entregado no es a fondo perdido. No se origina en simpatías políticas o personales. Es un negocio. Quien aspira o tiene el poder, resarcirá lo que le permitió conseguirlo o mantenerlo. Licitaciones y asignaciones para levantar o mantener la obra o la actividad pública, son las vías usuales de pago. El circulante se entrega y administra también mediante ingenierías financieras en que participan instituciones, autoridades y funcionarios.

El mecanismo es simple. Está a la vista desde hace años. Únicamente ha cambiado su escala. No se le ve porque ideológicamente se ha dicho y tristemente acreditado, que el Gobierno es intrínsecamente corrupto e ineficiente y que la salvación radica solo en la empresa privada. No se le ve, porque al electorado no le interesa la cosa pública. No se le ve, porque la ocupación del poder para terminar con la corrupción, pareciera pasar por ella. Sigamos apelando al ADN, a la cultura o al mal derecho. Quienes están en el poder o lo pretenden, y sus financiadores presentes y potenciales, encontrarán muy divertidas nuestras explicaciones.

@JRCossio

http://internacional.elpais.com/internacional/2017/05/02/mexico/1493756375_785819.html?id_externo_rsoc=TW_CC

 

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EL CHAPO Act

 

SERGIO AGUAYO Miércoles 3 de may 2017, 3:53am

E L crimen organizado es arcilla propicia para tallar fantasías. Una bastante nociva es el mito sobre las inmensas fortunas de los grandes capos del narcotráfico.

Cuando el financiamiento del muro de Trump enfrentó resistencias, al senador Ted Cruz se le ocurrió proponer la Ley EL CHAPO (Ensuring Lawful Collection of Hidden Assets to Provide Order (EL CHAPO) Act). Cruz dio por buena la estimación hecha por la justicia estadounidense de que El Chapo tiene bienes por 14 mil millones de dólares y propuso incautarlos para construir el “muro que dará seguridad a los estadounidenses e impedirá el flujo ilegal de drogas, armas e individuos” que cruzan su frontera sur.

Hay una fascinación mediática con las grandes fortunas criminales. Sobre Meyer Lansky -uno de los grandes arquitectos de la mafia- se decía que tenía el equivalente de mil millones de dólares (mmd) actuales. La revista Forbes incluyó al colombiano Pablo Escobar Gaviria en su lista de potentados durante siete años (de 1987 a 1993) y le asignó tres mmd. Joaquín “El Chapo” Guzmán estuvo en la misma lista entre 2009 y 2012 con mil md. Los aludidos guardan silencio por cautela o porque disfrutan del reconocimiento público; en Sinaloa, por ejemplo, se puso de moda el número 701, ese era el lugar dado al Chapo en la lista de Forbes.

Las cifras sobre Lansky y Escobar Gaviria son invenciones. En una espléndida biografia sobre el gángster estadounidense, el británico Robert Lacey demostró que la fortuna era un mito inventado por un periodista de Miami; tenía 500 mil dólares. En 2011 el hijo de Escobar Gaviria, Sebastián Marroquín aseguró “Forbes miente” sobre el monto. La justicia en los Estados Unidos tampoco explica cómo calculó los 14 mmd de “El Chapo”; cuando Ted Cruz lanzó su iniciativa Dolia Estévez publicó en Forbes un texto sobre los 14 mmd y todos los entrevistados expresaron su escepticismo.

Cuando piensen en delincuencia organizada tengan cautela con las cifras. Al incluir al “Chapo” en su lista, Forbes explicó que calcula las fortunas de los capos con la metodología empleada con los empresarios: entrevistan a “expertos, funcionarios y académicos que tienen los conocimientos para hacer estimaciones”. Es un error porque las empresas legales sí proporcionan evidencia sobre la composición de la fortuna y porque quienes hacen negocios en la clandestinidad carecen de contabilidad y usan prestanombres para ocultar propiedad. Sí, como Javier Duarte.

Los criminales que han hablado sobre dinero coinciden en que ganan y gastan fortunas porque gustan de la ostentación y el lujo y porque la corrupción de funcionarios de todos los niveles cuesta tanto como los elaborados sistemas para protegerse o asesinar a sus enemigos. Cuando son detenidos tienen que pagar honorarios de abogados durante largas temporadas.

Las fantasías tienen consecuencias. La más medible es el riesgo en que se pone a la familia del presunto potentado. El hijo de Escobar Gaviria asegura haber sufrido diez intentos de secuestro de los cazadores de la mítica fortuna. Un efecto más corrosivo es que se convierte a los capos en modelo a ser emulado en un momento de la historia en el cual uno de los principales indicadores de éxito es la acumulación y ostentación de la riqueza.

El otro gran arquitecto de la mafia estadounidense, Charles “Lucky” Luciano, terminó sus días desterrado en Nápoles, Italia. En el libro donde relata su vida incluye una reveladora anécdota. Un periodista le pregunta si elegiría la misma vida en caso de poder empezar de nuevo. Respondió que “lo haría de manera legal. Aprendí demasiado tarde que se necesita el mismo cerebro para hacer un millón sucio que un millón honesto”. Además, dijo, en esta “época tú puedes obtener una licencia para robar a la gente. Si tuviera la oportunidad de repetir mi vida, me aseguraría de ser el primero en obtener una de esas licencias”. La amarga reflexión tal vez se debía a que en el momento de su muerte en 1962, sólo tenía 16 mil dólares en el Banco Americano de Nápoles.

“Lucky” Luciano pasó por México en 1946. De haberse quedado y naturalizado mexicano no hubiera necesitado de ninguna licencia. Para hacer fortuna le hubiera bastado con entrar en la política.

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1337083.el-chapo-act.html

 

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Cien días de miedo

JORGE RAMOS Miércoles 3 de may 2017, 3:53am

E L miedo se puede medir. Desde que Donald Trump llegó a la Casa Blanca, ha arrestado a por lo menos 5,441 inmigrantes indocumentados sin historial criminal, más del doble de los que deportó Barack Obama en el mismo período el año anterior, según reportó The Washington Post.

Aclaración: estas son personas cuyo único delito fue entrar a Estados Unidos ilegalmente. Nada más. Entraron para hacer los trabajos que nadie más quiere hacer. Todos los estadounidenses somos cómplices de los indocumentados. Vinieron a Estados Unidos por nosotros, nos beneficiamos de su trabajo y miles de empresas los contratan.

No vinieron de paseo a Disneylandia. No han matado ni herido a nadie; no han robado, violado, traído drogas y no los han detenido manejando en estado de ebriedad.

El miedo no anda en burro. Esa es una frase mexicana que se aplica perfectamente a las nuevas políticas migratorias del joven gobierno de Trump. Trump y su secretario de seguridad interna, John Kelly, dicen que se quieren concentrar en arrestar y deportar a los “badhombres”, es decir, criminales y pandilleros como los de la Mara Salvatrucha. Pero la verdad es otra: están agarrando al que se les cruce.

Las cifras no mienten. Trump arrestó a 21,362 indocumentados del 20 de enero al 13 de marzo de este año. En ese mismo período en 2016, Obama solo había deportado a 16,104 personas. Este es un aumento del 32 %.

Además, Trump intentó prohibir la entrada a personas de seis países mayoritariamente musulmanes y castigar a las ciudades santuario que protegen a los indocumentados. Los jueces han bloqueado esas medidas, pero el espíritu antiinmigrante de Trump está muy presente.

Por eso hay tanto miedo. Los primeros cien días de Trump en la presidencia han sido marcados por el terror que ha generado entre los once millones de indocumentados que viven en Estados Unidos, en su mayoría de origen latinoamericano.

Cada día hay nuevas razones para el temor: Un “Dreamer” de 23 años de edad que llegó a Estados Unidos cuando tenía 9 fue deportado recientemente a México, un país que ni siquiera recuerda. Un padre en California fue arrestado mientras llevaba a su hija a la escuela. Una madre de dos hijos fue detenida en Arizona durante una cita con funcionarios de la oficina del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas. Ya nadie se siente seguro. Y ese es el gran cambio.

Pero hay que ser honestos. Barack Obama deportó a más de 2 millones y medio de indocumentados, más que cualquier otro presidente. Entre los deportados hubo cientos de miles que tampoco tenían un historial criminal. La diferencia es que Obama apoyaba una reforma migratoria y le dio protección legal a más de 750 mil Dreamers. Trump se opone a legalizar a indocumentados y, aunque ha dicho que los Dreamers no tienen de qué preocuparse, nadie sabe qué va a hacer.

Trump tiene una grave problema de credibilidad. Ha mentido tanto que su palabra vale muy poco. Pero lo que sí está claro es que ha criminalizado y ha dado una imagen muy negativa a los inmigrantes indocumentados. De hecho lanzó su candidatura presidencial en junio de 2015 acusando, falsamente, a los inmigrantes mexicanos de ser criminales, narcotraficantes y violadores. La realidad es muy distinta.

Menos de 300 mil indocumentados han cometido un delito grave, según un reciente estudio del Migration Policy Institute. Esto es menos del 3 % de la población indocumentada. En comparación, el 6 % de los estadounidenses comete crímenes serios. Conclusión: los indocumentados se comportan mejor que los estadounidenses.

A pesar de esto, si la administración Trump quiere concentrar sus arrestos en indocumentados que realmente son criminales y peligrosos, nadie se va a oponer. Pero es muy importante aclarar que se trata de un grupo sumamente reducido y que no refleja a la mayoría de los extranjeros que viven en Estados Unidos.

Trump abrió la caja de los prejuicios, y el resultado es el miedo. En más de 30 años en este país, nunca he visto un clima antiinmigrante tan nocivo como éste. Lo políticamente incorrecto se ha vuelto aceptable en Trumplandia. Muchos confunden el ser sincero con ser abiertamente racista.

Hay muchas maneras de juzgar los primeros cien días de Trump. Para mí y para muchos inmigrantes, han sido cien días de miedo. Y prepárense: aún faltan más de 1,300.

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1337081.cien-dias-de-miedo.html

 

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