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Archive for 5/05/17

El Licenciado y El Chómpiras

Javier Solórzano Zinser

La detención de dos importantes personajes del narcotráfico no debe soslayarse. Lo que sí hay que hacer es otorgarle su justa dimensión, en función del hecho mismo y también de lo que a partir de ahora hagan las autoridades.

El Gobierno se propuso capturar a poco más de 120 personajes centrales de la delincuencia organizada al inicio del sexenio, hasta ahora lleva más de 100. El problema es que a pesar de las aprehensiones, a lo que hay que agregar la muerte de algunos de ellos y ellas, la violencia no ha cedido por más que se haya terminado con un buen número de “objetivos”, como los llama el Gobierno.

Queda claro que el narcotráfico se reinventa cada vez que uno de los líderes es detenido o muere. No pasan más de 24 horas para que aparezca el “nuevo jefe”. Las estructuras se reacomodan de inmediato.

Todos lo saben, empezando por los propios narcos, es una regla ineludible. Las autoridades por supuesto que también lo saben. En las investigaciones no sólo ven hacia arriba, también ven hacia abajo y a los lados. Quien hoy parece ser un personaje menor en la estructura del cártel mañana mismo puede ser la cabeza de la organización. El mercado hace insaciables a los cárteles, sea quien sea el hegemónico.

Este abc es conocido por todos, pero no por ello se debe pasar por alto, y más cuando ayer se efectuaron detenciones realmente significativas. El Licenciado y El Chómpiras están siendo sustituidos en este momento, en lo que se pronostica como una cruenta batalla que de seguro va a alcanzar a Sinaloa, nos dice José Reveles.

No es nada fácil para el Gobierno mexicano defenderse y atacar a la delincuencia organizada por más que haya la mayor y las más genuina de las voluntades.

La lucha contra el narcotráfico se da hacia el exterior, pero en el caso de nuestro país se da particularmente al interior de los gobiernos. El enemigo está afuera y también adentro.

Dámaso López, El Licenciado, es prueba de la relativa facilidad con que la delincuencia organizada puede cooptar autoridades. Dámaso López trabajaba como funcionario en el penal de alta seguridad de Puente Grande. Ahí conoció al que luego sería su compadre, Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, a quien ayudó a fugarse por primera vez.

Sea la máxima de plomo o plata o sea por cualquier otra razón, las autoridades son abiertamente proclives a la corrupción, no les queda de otra, o de plano son parte de la delincuencia organizada y trabajan infiltrados, o no tan infiltrados, en los gobiernos.

Las aprehensiones de ayer son en sí mismas importantes. Sin embargo adquirirán un valor real y trascendental si se va en contra de las cadenas que han permitido el desarrollo de las actividades de personajes como El Licenciado y El Chómpiras.

De otra manera si bien se reconoce el gran trabajo que se hizo no termina por atacarse la esencia de lo que permite la actividad delincuencial, en la cual están algunas autoridades y empresarios quienes son cómplices y parte del negocio.

Un golpe tan bien dado requiere de un segundo y un tercer golpe. La oportunidad está particularmente dada porque el cártel se tiene que reorganizar, no va a haber otro momento como éste en el corto y el mediano plazos.

Veremos si todo se queda en el primer golpe o ahora sí dan el segundo y el tercero.

RESQUICIOS. Así nos lo dijeron ayer:

  • Todos sobrerreaccionamos en enero entre Trump, los gasolinazos y el dólar. Lo que hoy se ve es que pasó algo que hace tiempo no sucedía: las exportaciones repuntaron, hecho sin duda significativo, y las empresas se dieron cuenta de que las cosas no eran tan graves como se preveía. Se ha recuperado el índice de confianza al consumidor, lo que ha ido permitiendo que la economía se estabilice. No perdamos de vista que parte de la incertidumbre en el país viene de antes de Trump. El consenso ahora del PIB anual es 1.7%, creo que va a estar cerca del 2%: Jonathan Heat, doctor en economía, académico y columnista.

solorzano52mx@yahoo.com.mx
Twitter:
@JavierSolorzano

 

http://www.razon.com.mx/spip.php?page=columnista&id_article=346438

 

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Según las encuestas, el candidato de la izquierda Andrés Manuel López Obrador ganará las elecciones de 2018 y reemplazará a Enrique Peña Nieto como presidente de México. O al menos eso dice la intención de voto en este momento. Sus enemigos dicen otra cosa, por supuesto, y actúan en consecuencia.

Acabamos de ser testigos de la cuidadosa trampa que alguien tejió para debilitar su mayor fortaleza: la reputación de ser un tipo honrado y austero. La puesta en escena fue una obra maestra. Primero, se escogió a la candidata idónea para montar la operación. La veracruzana Eva Cadena fue priista de joven, antes de que la expulsaran por el pago de unas cuotas; luego se relacionó con el PAN, pero no consiguió algún puesto de importancia y se pasó al PRD. Cuando Morena buscaba candidatos a las elecciones locales, ella cambió de camiseta y se presentó como una operadora política con experiencia. Se convirtió en diputada; luego solicitó licencia para dedicarse a la campaña en pos de la presidencia municipal de Las Choapas.

Y en esas andaba cuando distintas personas la buscaron para hacerle propuestas indecorosas, aunque muy bien remuneradas. Los organizadores de la trampa asumieron, con razón, que quien ha cambiado cuatro veces de partido es alguien de convicciones laxas, por decir lo menos.
La celada fue perfecta, pero aun mejor la difusión de los resultados. Primero el video en donde una supuesta empresaria pide a Cadena hacer llegar una cantidad en efectivo a López Obrador. Los organizadores de la trampa hacen un compás de espera tras hacer circular el video para que ella se defienda. Alega desconocimiento, frases fuera de contexto.

Días más tarde se difunde otro video en el que recibe 10.000 dólares y 50.000 pesos en efectivo. Para entonces el partido ha salido en su defensa y, justo lo que estaban esperando, Andrés Manuel López Obrador ha dicho que se trata de un infundio y sostiene que la diputada es uno de los miembros más honestos de Morena. Y entonces, y solo entonces, los organizadores dan el golpe de gracia y sueltan el tercer y definitivo video (pueden haber más, pero serán redundantes): un hombre paga un soborno de un millón de pesos por la intervención de la diputada en la aprobación de una ley al gusto del interesado. Las palabras de Cadena y la manera en que se embolsa el dinero no dejan lugar a dudas.
Habría que preguntarnos las razones para que un hombre con la experiencia de López Obrador caiga de bruces en la trampa. Fue una operación bien orquestada, pero es una piedra con la que el tabasqueño se había tropezado hace 13 años, cuando el empresario Carlos Ahumada difundió un video en el que entregaba dinero a René Bejarano, colaborador del entonces alcalde de la ciudad. También en aquella ocasión defendió a su correligionario, aunque más tarde debió tragarse sus palabras.

Hace tanto tiempo que López Obrador combate a la defensiva, en contra de algo o de alguien, que pareciera no entender la vida pública de otra manera. Cuando se exhibieron los videos con las corruptelas de Bejarano, ni siquiera se planteó una estrategia de evaluación, de contención de daños o de comunicación, me dijo en privado uno de sus asesores, para un perfil que yo preparaba. Respondió como responde un combatiente en el campo de batalla: devolviendo el golpe, contraatacando. Sin plantearse si el enemigo tenía la razón o si las evidencias en contra de su equipo eran ciertas. A López Obrador le bastó creer que tenía la razón moral, que estaba en el bando correcto de la historia. Lo demás salía sobrando. En este espacio aseguré alguna vez que el tabasqueño podría ser presidente, a condición de no darse un disparo al pie. En esta ocasión no supo verlo, aun cuando alguien le puso la pistola en la mano y amartillada.

@jorgezepedap

http://internacional.elpais.com/internacional/2017/05/04/america/1493856416_695065.html

 

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Dependientes ¡y de Trump!

LORENZO MEYER Jueves 4 de may 2017, 7:56am

Agenda ciudadana

 

“Lo que ocurrió el miércoles 26 de abril debería obligarnos a modificar

nuestra relación con Estados Unidos, si es que aspiramos a ser ciudadanos de una nación soberana”— Lorenzo Meyer

Es posible argumentar que, desde su independencia, la economía de México no había estado tan estructuralmente dependiente de otras como lo está ahora de la de su poderoso vecino del norte. Esta situación, de por sí indeseable por poner en entredicho nuestra soberanía, se agrava cuando la política exterior de ese país vecino está dirigida por un personaje tan peculiar, agresivo y poco confiable como Donald Trump y su nacionalismo étnico.

Como si se hubiera decidido someter a México a una prueba de laboratorio para medir el impacto de un choque externo sobre sus variables económicas, en 24 horas, nuestro país experimentó los efectos de su vulnerabilidad en relación con Estados Unidos para luego volver al punto de partida. Hacer esto con un “conejillo de indias” puede ser aceptable en función de algún objetivo científico, pero hacerlo con un país, no lo es.

Como sea, un mero rumor que la Casa Blanca dejó correr por unas horas para luego desmentirlo, afectó la precaria posición del peso y de la bolsa de valores en México. El miércoles 26 de abril, en la mañana, alguien en la oficina presidencial de Donald Trump le hizo saber a algunos medios de prensa que, para presentar a sus bases electorales una muestra tangible y dramática de los avances de su proyecto de gobierno en sus “primeros cien días”, el presidente Trump se proponía hacer uso de su segundo instrumento favorito, el de las órdenes ejecutivas (el tweeter es el primero), para anunciar el sábado 29 que Estados Unidos se retiraba del Tratado de Libre Comercio de la América del Norte (NAFTA).

La idea era dar la espectacular noticia durante el mitin trumpista que tendría lugar en Harrisburg, Pensilvania, una ciudad y una región donde “TLCAN es considerada una mala palabra”, justamente porque como tantas veces lo repitió Trump en su campaña, ese tratado fue un “desastre total y completo” para Estados Unidos pues, según su visión, en sus 23 años de vigencia había sido causa de la pérdida de buenos empleos industriales para los obreros blancos norteamericanos porque varias empresas habían trasladado sus plantas a México para aprovecharse de los bajos salarios que ahí se pagan.

Sin embargo, al caer la noche de ese mismo día 26, Trump anunció que había cambiado de parecer y que, como había dicho en otras ocasiones, simplemente se proponía renegociar el tratado, no denunciarlo, aunque advirtió: si finalmente Estados Unidos no obtiene los términos que desea, entonces sí dejará el TLCAN, (The Washington Post, 28 y 29 de abril). En los círculos del poder en México, el alma volvió al cuerpo… por el momento.

Trump justificó su repentino cambio de posición por las llamadas que le hicieron Enrique Peña Nieto y el primer ministro de Canadá para que reconsiderara su posición. Sin embargo, en Washington la situación se explicó de otra manera: el día en cuestión, y al enterarse de la decisión de abandonar el TLCAN, el secretario de agricultura, Sonny Perdue, de inmediato llevó a la Casa Blanca un mapa que indicaba las zonas agrícolas que exportan maíz y otros productos a México -hoy ¾ de nuestras importaciones agroalimentarias provienen de Estados Unidos. Sólo de maíz y en 2016, México adquirió grano proveniente de regiones trumpistas -Iowa, Dakota del Norte, Kansas, Missouri y Nebraska- por valor de 2, 320 mil millones de dólares.

El Problema de Fondo. En su discurso de celebración de sus “cien días” en el poder Trump insistió en su amenaza de denunciar el TLCAN si no se llega a un “acuerdo justo” y de paso insistió en construir la muralla en la frontera con México. En estas condiciones, el interés nacional mexicano, que requiere de estabilidad en su horizonte económico y de seguridad alimentaria, queda sujeto a lo arbitrario, agresivo e impredecible de la política interna norteamericana.

Al inicio del siglo XIX, la plata era la exportación principal de México a España: 75 % del total. Sin embargo, el grueso de la población novohispana vivía en y de otra economía y su alimentación y naturaleza de su trabajo no dependían del exterior. En contraste, hoy, en el siglo XXI, una suspensión de las importaciones de granos, generaría en México un problema alimentario inmediato y de gran magnitud, pues el país importa el 30 % del maíz, el 86 % de la soya y el 55.6 % del trigo que consume, (El Financiero, 6 de septiembre, 2016). El total de nuestro comercio con el exterior -importaciones más exportaciones- representa el 70 % de nuestro PIB, (Sandra Kuntz, ed., Historia económica general de México, El Colegio de México, 2015, p. 536). Salvo islas de autosuficiencia y marginalidad, el grueso de la actividad económica mexicana legal e ilegal actual está directa o indirectamente relacionada con el mercado externo. Y esta relación es en un 80 % con Estados Unidos en materia de exportaciones y del 50 % en importaciones.

La actual situación de dependencia de México en su relación con el país vecino ha disminuido su capacidad y proyecto como nación soberana. Y si las crisis son, también, oportunidades, esta coyuntura debería llevarnos a rediseñar nuestra relación con un vecino al que no podemos ignorar, pero al que tampoco deberíamos aceptarle los términos en que quiere rediseñar la convivencia, pues eso implica abdicar de un proyecto nacional propio, independiente, digno de nuestra historia y aspiraciones.

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1337428.dependientes-y-de-trump.html

 

 

 

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