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Archive for 30 junio 2017

“¡Malditos vegetarianos!”

Entre el exceso y la privación, estamos divididos en dos polos de alimentación que parecen relegar al olvido la cocina normal

“¡Malditos vegetarianos!”. Solía decirlo en un aparte, como en el teatro, plenamente consciente de que mi madre y yo podíamos oírla. A la abuela le encantaba que fuéramos a pasar unos días con ella, pero desde luego no le gustaban nada nuestros requisitos a la hora de comer. Mi padre y mi hermano Max no tenían ningún problema en devorar con fruición sus asados dominicales y sus espesos guisos llenos de carne, pero mi madre y yo le causábamos más molestias. El hecho de que no quisiéramos comer carne la obligaba a cambiar los ritmos y los rituales por los que siempre se había regido en la cocina, por no hablar de su autonomía culinaria.

En realidad, la abuela tenía montones de recetas sin carnedahl de lentejas con arroz, coliflor con queso, pisto—, pero no le gustaban las restricciones que suponía cocinar para unas vegetarianas. Lo irónico es que, si hoy estuviera viva, los vegetarianos serían la menor de sus preocupaciones. Y más irónico aún es que, con todas las molestias culinarias que le causé cuando era niña, hoy me veo haciendo apartes teatrales como ella cuando tengo que cocinar para gente que me impone límites similares.

Y sucede muy a menudo.

En los últimos años, se han introducido numerosos requisitos y hábitos alimentarios en busca de una vida más sana. Hay gente que asegura que la exclusión de un determinado grupo de alimentos —en especial, los que contienen gluten, lactosa o azúcar— es la respuesta a sus problemas, una solución para algún vago malestar que sienten desde hace mucho tiempo. Algunos crean su propio cóctel de prohibiciones (sin azúcar ni alcohol, por supuesto) y, con la excusa de querer estar bien, eliminan una serie de alimentos perfectamente saludables.

Mi abuela —mujer que llenaba fuentes enteras con abundantes raciones de alimentos cocinados con mantequilla y nata y servía montañas de pan, que hacía una tarta de manzana de morir, llena de crema, y que siempre nos enviaba de vuelta a Londres con algún tipo de bizcocho— estaría asombrada. Ella creció en una época en la que se consideraba que lo más sano era comer mucho, servirse una segunda ración y acabar llena. No solo tendría problemas con la costumbre de quitarse cosas, sino que no sabría qué cocinar. ¿Un pastel sin harina, mantequilla ni azúcar, e incluso sin huevos? ¿Con qué lo haría entonces, con aire?

Antes de seguir, debo decir que sé muy bien que alguna gente no puede de verdad ingerir alimentos con lactosa o con gluten. Pero para hablar de esas personas tenemos términos específicos: son intolerantes a la lactosa o, en el caso del gluten, celiacas. Que quede claro que mi escepticismo no va dirigido a ellas. Tampoco me refiero a quienes deciden no comer carne o productos animales en general (vegetarianos y veganos) por motivos éticos. Mi preocupación son los que deciden prescindir de grupos enteros de alimentos en nombre del “bienestar”.

Se ha escrito mucho sobre el movimiento del wellness (bienestar) y el clean eating (dieta limpia). Para empezar, el principio de que un plato que no tiene una serie de ingredientes básicos (que han sido fundamentales para alimentar a la humanidad durante siglos, como la harina y la leche) es comida limpia, mientras que todo lo demás es “sucio”, es una idea equivocada. Sus mayores símbolos (casi exclusivamente mujeres que se dirigen a otras mujeres) son escritoras y blogueras como Deliciously Ella y Madeleine Shaw, de aspecto atractivo, envidiable y juvenil (porque son jóvenes), que, entre otras cosas, debe mucho a la buena suerte genética.

Hablar de buena suerte es importante, porque, en un principio, la dieta limpia era privilegio de urbanitas con dinero. Los ingredientes fundamentales de este grupo, como las semillas de chía, las bayas de goji y las virutas de cacao, no son baratos y, por tanto, nada fáciles de incluir en una dieta cuando hay que atenerse a un presupuesto. Por ejemplo, el precio de una bolsa de medio kilo de semillas de chía ronda los nueve euros.

Pese a ello, el mundo de los alimentos sin gluten y sin lactosa está convirtiéndose en un gran negocio. En Reino Unido, donde resido, el sector de los alimentos exentos de estos elementos alcanzó un valor de 470 millones de libras (557 millones de euros) en 2015, y un estudio de la empresa Mintel prevé que en 2020 llegue a los 673 millones de libras (798 millones de euros). Se calcula que, en 2015, al menos el 12% de los nuevos productos alimenticios salidos al mercado en el país llevaba la etiqueta “sin gluten”. Las empresas alimentarias se están haciendo de oro.

Cada uno es muy libre de escoger qué quiere comer, pero este fenómeno me parece inquietante. Renunciar a alimentos que son beneficiosos y que los seres humanos consumen desde hace generaciones, debido a unos consejos de salud más bien dudosos, indica algo más que el simple deseo de ponerse en forma. La rotundidad con la que veo a gente de mi edad prescindir de grupos enteros de alimentos me hace pensar que sienten una necesidad de directrices, tal vez de control, en un entorno que, en muchos aspectos, resulta difícil de comprender e imposible de dominar. Históricamente se ha recurrido a limitar el acceso a la comida como forma de intentar controlar una situación de caos. Si bien no me atrevo a decir que el movimiento de la dieta limpia quiera maquillar los trastornos alimentarios para hacerlos más aceptables, sí creo que el deseo de estar sanos es más complejo de lo que parece.

Prescindir de grupos de alimentos para estar sanos es un método demasiado radical que tiene muchos inconvenientes. La dieta limpia se ha asentado en un extremo de las costumbres alimentarias, de la misma forma que, en el otro, está la “comida de tíos”, el tipo de alimentación que mi padre llamaba “un infarto servido en un plato”, esa que aparece en libros y programas de televisión dedicados a pedazos de carne cruda, casi viva, costillas a la barbacoa goteando salsa, fritos rebosantes de grasa. A veces me da la impresión de que estamos divididos entre dos polos igual de poco saludables, y que la cocina normal y la dieta equilibrada — todo lo bueno que está entre esos dos extremos— han caído en el olvido.

En este contexto, hoy en día, mi abuela seguramente estaría agradecida de no tener que cocinar más que para unos vegetarianos normales y corrientes. Nos comeríamos las lentejas con arroz, con yogur natural y cebollas fritas, y de postre tomaríamos la tarta de manzana con crema, susurrando como ella contra los “malditos enemigos del gluten” que vendrían a comer al día siguiente.

Mina Holland, editora de ‘Cook’, el suplemento gastronómico de ‘The Guardian’, acaba de publicar ‘Mamá, tu historia empieza en la cocina’ (Malpaso).

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

http://elpais.com/elpais/2017/05/12/ciencia/1494591713_538449.html

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El ojo de Pegaso

 

Juan Villoro

Enrico Martínez, cosmógrafo, tipógrafo e ingeniero de la Nueva España, juzgó que la mayor amenaza de la Ciudad de México era el agua (a él se debe el Tajo de Nochistongo, antecedente de las principales obras de desagüe de la capital) y que la esperanza dependía de las estrellas. En su condición de astrónomo y astrólogo, determinó que la constelación de Pegaso tutelaba a la Nueva España. Nada más lógico que un país mestizo dependiera de una criatura híbrida, mitad caballo, mitad ave.
El propio Enrique Martínez era una suerte de Pegaso. Nacido como Heinrich Martin, posiblemente en Hamburgo, españolizó su nombre y se consagró a la mezcla de saberes y culturas. Un monumento lo recuerda junto a la Catedral.
En 1606 publicó su Repertorio de los tiempos. Ahí señala que “de una patada [de Pegaso] en el monte Parnaso se hizo la fuente Castalia, donde habitan las musas, cuya agua tiene la virtud de hacer a los hombres sabios”. Guillermo Tovar de Teresa refiere la historia en El Pegaso o El mundo barroco novohispano en el siglo XVII. El caballo alado se convirtió en símbolo de la identidad nacional; los libros de Sor Juana Inés de la Cruz y Carlos de Sigüenza y Góngora solían llevarlo en sus portadas para anunciar a los lectores españoles que se trataba de autores del nuevo mundo: “Pegaso significa México y es la constelación que rige a la zona tórrida, Nueva España y la capital, lo cual hace suponer que por eso se puso en la fuente del Palacio Virreinal”, escribe Tovar de Teresa.
En Inundación castálida, Sor Juana alude a la fuente de Pegaso. El agua que llegó a anegar la ciudad durante cinco años también podía ser vista como el arriesgado bautizo que fraguaba otro destino.
Por desgracia, en México los símbolos se degradan tanto como la realidad. El animal mitológico que servía a los propósitos criollos de vincular el cielo con la tierra y unir el mundo prehispánico con el español, hoy nombra al sistema que espía a quienes cuestionan el régimen de Enrique Peña Nieto. Lo que antes protegía ahora vigila.
El gobierno federal pagó casi 80 millones de dólares a la empresa israelí NSO Group (que sólo negocia con representantes de jefes de Estado) para obtener el programa de espionaje electrónico “Pegasus”. El pretexto para la compra era el combate al crimen organizado, pero -como se ha documentado ampliamente- el sistema también se utilizó para intervenir llamadas y mensajes de activistas, periodistas y miembros de instituciones no gubernamentales. De este modo, Peña Nieto prosigue la tradición de los priístas del Estado de México de espiar desde el gobierno a posibles opositores. En 2001 trascendió que el gobernador Arturo Montiel espiaba a sus adversarios y en 2008 Manlio Fabio Beltrones, quien aspiraba a ser candidato a la Presidencia por el PRI, denunció la existencia de un centro de espionaje en Naucalpan, operado por antiguos miembros del Cisen.
A los escándalos de la Casa Blanca y Ayotzinapa se suma el expediente de “Pegasus”. Una y otra vez, el presidente ha prometido respaldar a los periodistas, pero eso no ha pasado de ser retórica. ¿Dónde están los asesinos de Regina Martínez, Javier Valdez Cárdenas y tantos otros? En forma preocupante, Reporteros sin Fronteras ha vuelto a señalar a México como el país más peligroso para ejercer el periodismo. Las agresiones al gremio (más de 400 en 2016, según informó la ONG Artículo 19) no se indagan cabalmente, entre otras cosas, porque muchas de ellas son cometidas por representantes del gobierno coludidos con el crimen organizado. John Gibler, autor de Una historia oral de la infamia, testimonio coral del caso Ayotzinapa, señaló en una entrevista en El País: “En México, investigar el asesinato de un periodista es más peligroso que cometerlo”.
La Ciudad de México no se ha librado de las inundaciones que combatió Enrico Martínez, pero difícilmente podemos ver en ellas el bautismo de sabiduría que aportaba la fuente pateada por Pegaso.
En su documental Nostalgia de la luz, el cineasta chileno Patricio Guzmán viaja al desierto de Atacama donde se encuentra uno de los principales observatorios del mundo. Al alzar la mirada, se ven las estrellas; al bajarla, se ven las dunas donde fueron enterradas numerosas víctimas de la dictadura.
En el cielo de México, la constelación de Pegaso no deja de brillar. En la tierra, se ha convertido en el ojo que nos condena.

http://www.criteriohidalgo.com/a-criterio/el-ojo-de-pegaso

 

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EN CONCRETO

La legalización de la marihuana en México

El legislador federal pasó de una prohibición absoluta a un esquema en el que algunos usos están permitidos

La regulación de los estupefacientes y psicotrópicos en el orden jurídico mexicano se realiza en tres grandes bloques. En la Ley General de Salud se listan los nombres y denominaciones químicas de todas las sustancias que para el legislador federal satisfacen tal condición. En el mismo ordenamiento se establecen prohibiciones absolutas o relativas para la siembra, cultivo, cosecha, elaboración, preparación, acondicionamiento, adquisición, posesión, comercio, transporte, prescripción médica, suministro, empleo, uso y consumo de cada una de esas sustancias, así como las penas por posesión, comercio y suministro en cantidades menores. Finalmente, en el Código Penal Federal se indican las penas que corresponden a quienes actualicen las modalidades de disposición de las sustancias prohibidas en los términos previstos en la Ley General de Salud.

Así, por ejemplo, en el amplio listado general de los estupefacientes, durante varios años estuvo prohibida cualquier modalidad de uso de opio preparado para fumar; diacetomorfina o heroína; cannabis sativa, ahora bajíndica y americana; adormidera y diversos derivados de la coca. El resto de los estupefacientes podían ser comercializados previo permiso de la Secretaría de Salud. Con los psicotrópicos acontecía algo semejante. Aquellos que se consideraban con escaso o nulo valor terapéutico y susceptibles de uso indebido o abuso estaban prohibidos en general (salvo para investigación científica), mientras que el resto podía ser utilizado previa autorización de la propia Secretaría.

Debido a que la manera de regular la materia se hace en una combinación de, por decirlo así, sustancias y usos, la modificación legal de uno u otro llevaría a legalizar la sustancia en su integridad o ciertos usos de ella. Si, por ejemplo, el legislador se convenciera de que una de ellas no es dañina, la supresión del nombre del listado permitiría cualquier uso. Si, por el contrario, el propio legislador asumiera que la sustancia continúa siendo dañina, pero que ciertos usos no lo son o no implican un riesgo grave, mantendría a la sustancia como prohibida, pero permitiría que con ella se hagan algunas cosas, más allá de la intervención que decidiera darle a las autoridades sanitarias.

Esta introducción explica la forma en la que, a partir del pasado martes, 20 de junio, ciertos usos de la marihuana quedaron autorizados en México. El legislador federal pasó de una prohibición absoluta a un esquema en el que algunos usos están permitidos. Ello se hizo de dos maneras. La primera, mediante la supresión del nombre de la sustancia del listado de los estupefacientes absolutamente prohibidos, lo que implica que, aun cuando sigue teniendo esa naturaleza, puede utilizarse médica y científicamente. Por lo que hace a los psicotrópicos, los derivados de la marihuana (cannabinoides sintéticos y tetrahidrocannabinol) quedaron incorporados en tres, con lo cual se permiten diversos usos terapéuticos en las condiciones fijadas por la Secretaría de Salud.
La importancia de la reforma, con independencia de si se piensa que debió referir usos adicionales al científico y terapéutico, no solo implica legalizaciones, sino que conlleva realizar las políticas públicas necesarias para ordenar el uso medicinal de los derivados de la marihuana, normar la investigación y producción de los mismos, permitir la importación y reforzar los programas para la prevención, tratamiento, rehabilitación y reinserción social.

Con motivo de la resolución dictada por la Suprema Corte sobre el uso lúdico de este estupefaciente, señalé que con una sentencia judicial era complicado ordenar los diversos aspectos del tema. Decía que, por todo lo que la legalización implica, mucho de lo que debía hacerse únicamente podía determinarse por el legislador. Las modificaciones legales en comentario así lo demuestran. Espero que para casos futuros, el legislador no solo actúe, sino que lo haga a tiempo y con ciencia. Con ello evitará que mediante fallos judiciales se alcancen unos objetivos y otros queden desplazados, ello en perjuicio de una sociedad de por sí lastimada.

José Ramón Cossío Díaz es ministro de la Suprema Corte de Justicia de México.

@JRCossio

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País devaluado

Pedro Miguel

 

Hace unos días, en la inauguración de un parque industrial en Lagos de Moreno, Jalisco, Enrique Peña Nieto se jactaba de los éxitos del modelo maquilador impuesto al país a partir del salinato. En ese acto, en el que amenazó a las víctimas del espionaje gubernamental con aplicarles la ley por haber presentado falsos señalamientos –un amago grotesco del que se retractó como pudo unas horas después–, dijo, con su sintaxis característica, que México se proyecta ante el mundo como un destino confiable, preparado, capacitado, con infraestructura que haga posible que siga llegando más inversión que detone empleos. Y abundó: “Las condiciones del país, la infraestructura que hemos desarrollado, las reformas estructurales (…) han permitido que lleguen esas inversiones”, las cuales se han traducido en una generación de empleos como no la había habido nunca en la historia, gracias a los empresarios, a los emprendedores que tienen puesta su confianza en México.

El crecimiento de las ensambladoras automotrices en el país en décadas recientes es característico de ese desarrollo y de esa generación de empleos a los que hizo referencia el priísta. Sí, en estos años de neoliberalismo salvaje se han instalado diversas plantas de armado de automóviles en el centro y el norte del país, y sí, con ello se han creado fuentes de trabajo. Pero ello no se debe a la confianza en México de las empresas extranjeras, sino a que aquí tienen asegurado un abasto inagotable de mano de obra a precios irrisorios: de acuerdo con la nota de Patricia Muñoz Ríos publicada ayer en estas páginas (https://is.gd/XoFCKV), el ingreso de un obrero mexicano de la industria automotriz es, en promedio, 3.3 veces inferior que el de un coreano, 4.5 veces menor que el de un japonés y 7.6 veces más pequeño que el de un alemán. En contraste, las armadoras en Estados Unidos tienen un costo laboral 4.8 veces más alto que en México y en Canadá es 4.7 veces mayor; incluso en Brasil es 2.4 veces más elevado.

El dato retrata en toda su crudeza el proceso de devaluación de la fuerza de trabajo nacional que subyace en la inserción supeditada de la economía nacional en la globalidad y que, al interior del país, ha implicado una severa y sostenida ofensiva gubernamental en contra de todos los derechos de la población, empezando por la asalariada. Como se cita en la nota de referencia, que reseña un análisis del Centro de Investigación Laboral y Asesoría Sindical (Cilas) y la UAM, el correlato de esa mano de obra barata es un perverso modelo sindical y contractual de absoluta simulación y de control de los trabajadores al servicio de las trasnacionales por medio de sindicatos “subordinados a las empresas, corporativos o charros de la CTM”.

En cuanto a la infraestructura que presumía Peña Nieto en su discurso de Lagos de Moreno, es el filón del negocio que le toca al grupo gobernante y a sus operadores: otorgar terrenos y negociar exenciones fiscales, dar concesiones para autopistas y vías de comunicación a corporativos como Grupo Higa, OHL y Odebrecht, todo ello a cambio de moches, residencias, mordidas millonarias, cargos futuros en los consejos de administración.

La estrategia de atraer inversiones extranjeras con la oferta de carne humana barata y controlada se aplica, desde luego, a todo el modelo maquilador, a las agroindustrias y al sector de servicios. De la economía formal el proceso de devaluación de la gente se extiende al conjunto de la población y se articula, junto con la corrupción, en el incremento de la delincuencia y la violencia descontrolada que vive el país desde hace más de una década. En un entorno en el que la vida de millones no vale casi nada, el homicidio tiene una alta probabilidad de quedar impune, e incluso es dable utilizar las vidas humanas como insumo en los procesos de agregación de valor de mercancías como las drogas.

Si en la industria, el comercio y los servicios la devaluación de la población ha tenido como principales mecanismos las políticas de contención salarial y de destrucción de las organizaciones sindicales y gremiales, en el ámbito rural los instrumentos principales han sido la apertura comercial, la demolición de los sistemas de apoyo al campo, la otorgación de concesiones a explotaciones mineras, energéticas, carreteras y a otros proyectos de muerte que conllevan devastación ambiental y despojo a comunidades, ejidos y pueblos.

El saldo y la obra de los gobiernos neoliberales están a la vista de quien quiera verlos y pueden resumirse en tres expresiones: devaluar el trabajo, devaluar a la gente y devaluar la vida.

navegaciones.blogspot.com

Twitter: @Navegaciones

http://www.jornada.unam.mx/2017/06/27/opinion/021a1mun#texto

 

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Los bultos

SERGIO AGUAYO Miércoles 28 de jun 2017, 3:53am

Es imperativo, urgente y necesario dirigir la mirada a los organismos públicos federales que tutelan derechos. Su reacción en el caso de los periodistas y defensores espiados me permitirá hacer una diferenciación con la cual propongo una agenda.

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) reaccionó como debía. A los dos días de la noticia sacó un pronunciamiento a la altura del problema. Por reunirse los “requisitos de riesgo, urgencia e irreparabilidad del daño”, dictó medidas cautelares y anunció una investigación exhaustiva. Sigue demostrando estar decidida a remontar la mediocridad de los 15 años que fueron presidentes José Luis Soberanes y Raúl Plascencia.

El Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI) confirmó su vocación de emular al Instituto Nacional Electoral, el mejor ejemplo de un bulto burocrático. Se tardó una semana en sacar un boletín anunciando que investigará el asunto.

Antes de ese boletín, el comisionado presidente, Francisco Javier Acuña Llamas, evitó el compromiso. Arropándose en el espíritu de Cantinflas y Tin-Tán declaró al Economista que “será difícil, como autoridad, tomar decisiones” y que la institución a su cargo debía ser “juiciosa y cautelosa al momento de emitir consideraciones sobre este tema”. Prefirió ignorar el boletín difundido con anterioridad por los diez integrantes del Consejo Consultivo del INAI: es “atribución del INAI vigilar y verificar […] garantiza[r] la protección de los datos personales de las y los mexicanos”.

El INAI debe frenar su proclividad a la mediocridad. Es un crimen que tire al basurero de la historia el anhelo de transparencia pública. Un transitorio del pliego petitorio del Movimiento del 68 ya exigía un diálogo público entre autoridades y estudiantes y poco después de que la aternancia llegara a Los Pinos, se unieron 19 organismos públicos y 37 medios impresos para aprobar, en 2001, la Declaración de Oaxaca que condujo, un año después, a que el Congreso aprobara por ¡unanimidad! la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental.

Con Juan Pablo Guerrero, María Marván y Jacqueline Peschard, entre otros, el IFAI (predecesor del INAI) tuvo un muy buen arranque. Al correr de los años se fue convirtiendo en testigo inerte y mudo de la opacidad. Haciendo un uso mañoso de la protección de datos personales ha sido cómplice del cierre de los archivos de las policías políticas del priismo. Y según nota de SinEmbargo validó que el Cisen reservara hasta 2027 los contratos que hizo con las empresas que le vendieron los programas de espionaje.

La claudicación del INAI, del INE y fardos similares son una carga adicional al difícil futuro que enfrenta nuestro país. Como argumenta David Brooks en una reciente columna para The New York Times vivimos en un mundo sin estructuras e identidades claras en el cual las instituciones de Estado son entes invertebrados que agravan la incertidumbre y la ansiedad, porque se despreocupan del interés de las mayorías. En México, su falta de compromiso aumenta el desamparo de los millones de víctimas reales o potenciales.

Para la protección de derechos, México ha creado uno de los sistemas burocráticos e ineficientes más grandes del mundo. Los miles de millones de pesos que consumen cada año sirven de bastante poco. Esta realidad redefine la agenda de la ciudadanía consciente. Sin obsequiar cheques en blanco tenemos que empezar a diferenciar entre las instituciones. Algunas, como la CNDH o el Consejo Consultivo del INAI, deben ser respaldadas y apoyadas para que profundicen en su compromiso a favor de las víctimas.

Están luego los bultos burocráticos que son candidatos a su refundación para que cumplan con su mandato. Las elecciones de Coahuila y el Estado de México muestran la urgencia de una cirugía mayor en los árbitros electorales. El Consejo General del INE ya hizo suficientes méritos para ser sustituido antes de la elección de 2018. Pese a su actual ofensiva de relaciones públicas es un peligro para la democracia; es un instrumento de la elección de Estado. Los siete comisionados del INAI tienen, en la investigación sobre espionaje, la oportunidad de iniciar su reconversión o confirmar su vocación de bulto.

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1355036.los-bultos.html

 

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La inmaculada percepción

Vianey Esquinca

Las palabras vetadas en Los Pinos

25 de Junio de 2017

Urgencia: necesidad o falta apremiante de lo que es menester para algún negocio / inmediata obligación de cumplir una ley o un precepto; Seriedad / serio: importante, de consideración; Oportunidad: momento o circunstancia oportunos o convenientes para algo. Estas son las definiciones que la Real Academia Española da a tres palabras que no son conocidas en Los Pinos, e incluso parecen estar vetadas permanentemente.

En términos generales, la comunicación de la administración del presidente Enrique Peña Nieto es todo menos asertiva. El esfuerzo permanente de minimizar los acontecimientos o justificar los errores es casi conmovedor, darían ternurita si no fuera tan grave su arrogancia. En estos días esa tendencia ha quedado más que evidenciada.

Ante la muerte de varios periodistas, se han exigido y clamado garantías para que estos puedan hacer su trabajo. Frente a eso, el subsecretario de Gobernación para Derechos Humanos, Roberto Campa, dio una entrevista en la que señala que realmente ésta no es la peor época para los comunicadores, pues en los primeros años de la administración de Felipe Calderón más periodistas perdieron la vida. Se supone que ¿ese argumento debería servir como prueba de descargo? ¿Los reporteros deben sentirse aliviados de no romper el récord de muertes todavía?

Cuando salieron las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública señalando que el mes de mayo pasado había sido el más violento desde 1997, de inmediato el comisionado nacional de Seguridad, Renato Sales Heredia, salió a culpar al Nuevo Sistema de Justicia Penal (Mancera dixit). A su juicio, que la violencia haya aumentado es porque se quitó la detención preventiva a delitos cometidos con arma de fuego.

En su lógica, si se modifican unos cuantos artículos de algunas leyes de este nuevo sistema, la situación mejoraría sustancialmente. Sólo un detalle, ¿por qué si el Sistema de Justicia Penal se implementó tal y como está en junio de 2018, es hasta mayo de este año que el homicidio repunta?

Pero el gobierno federal se superó a sí mismo con el caso del presunto espionaje a periodistas y activistas sociales. En este caso se han equivocado hasta el cansancio. De entrada, la respuesta que dio Presidencia al reportaje de The New York Times a través de una carta sin membrete, con faltas de ortografía y en español —a pesar de ser dirigido a un medio estadunidense— fue de antología. Además, en esa carta no negaban el hecho, sino que señalaban que no había pruebas de la acusación.

No responder oportunamente a esta crisis y dejar que el problema creciera, obligó al propio presidente Enrique Peña a tener que salir al paso a fijar la posición de su gobierno, pero ojalá y mejor no hubiera salido.

El mandatario pidió aplicar todo el rigor de la ley a quienes hayan levantado falsos señalamientos contra su gobierno. Además señaló que él también se había sentido espiado y que incluso no dudaría que saliera alguna de sus conversaciones. Si estas palabras pretendían crear alguna empatía, lograron todo lo contrario. Si el hombre que lleva las riendas de este país, la seguridad y la inteligencia de México, teme a ser espiado ¡que corran a sus oficiales de seguridad!

Después se tuvo que retractar, diciendo que no dijo lo que dijo, o al menos que eso no fue lo que quiso decir, porque conforme dice una cosa, dice otra, y pues haiga sido como haiga sido, esas cosas suceden. Sin embargo, el daño ya estaba hecho.

El gobierno federal perdió su capacidad de distinguir la seriedad, urgencia y oportunidad con lo que requiere ser tratado un caso. Cuando una crisis les explota en la cara piensan que son juegos artificiales.

 

http://www.excelsior.com.mx/opinion/vianey-esquinca/2017/06/25/1171780

 

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La felicidad interrumpida

 

La realidad está a punto de acabarse. La especie humana se ha convertido en un pretexto para que existan pantallas. Representar los sucesos ya es más importante que vivirlos. Un gesto caracteriza la Copa Confederaciones que se celebra bajo el insólito calor de Rusia: de pronto, el árbitro suspende el juego y traza un cuadrado en el aire. El ademán quiere decir “pantalla” y marca el fin de una época.

Con retórica insistencia, los comentaristas de la televisión han pedido que las jugadas dudosas se revisen en video. Esto daría aún más poder al medio que decide los horarios de trabajo y las ganancias de los equipos.

Las transmisiones satelitales nos han permitido seguir las más diversas ligas del planeta y disfrutar del placer obsesivo de contemplar repeticiones. Pero la televisión también ha distorsionado la percepción del futbol. Las cámaras son esclavas de la pelota; registran lo que acontece en sus inmediaciones sin reparar en los recorridos que preparan lo que aún no ocurre pero ocurrirá y sólo puede ser visto en el estadio.

El futbol se parece cada vez más a un videojuego y ahora los céspedes de Rusia atestiguan otra invención mediática: la videojusticia.

La discusión del tema no puede sustraerse a una pregunta ontológica: ¿vale la pena prescindir de los errores? Una de las cosas más divertidas del futbol es que el árbitro puede equivocarse. Sin otro equipamiento que sus ojos y su mudable criterio, dispone de unos segundos para soplar un veredicto en su silbato. A diferencia del fanático que grita en las tribunas, trata de ser objetivo, pero no siempre lo logra. A veces nos arruina el domingo y otras nos regala un error en favor del Necaxa. Lo cierto es que la contienda se anima por la fragilidad de su justicia.

Después de tantos escándalos de evasión fiscal y corrupción en la FIFA, la Copa Confederaciones propone un rostro más puritano para el futbol, el de la objetividad tecnológica. El sistema VAR, o videoarbitraje, puede emplearse en cuatro situaciones: un gol dudoso, un posible penalti, una tarjeta roja o la dificultad de distinguir qué jugador cometió una falta meritoria de tarjeta. Esto no elimina del todo el factor humano. El árbitro tiene la facultad de pedir la revisión, pero puede prescindir de ella aunque su error sea flagrante.

Por otro lado, también las cámaras discrepan entre sí: en una perspectiva, el delantero está en fuera de lugar; en otra, en posición legítima. La prensa discutió las primeras cuatro videosanciones de Rusia con la seriedad con que en Bizancio se discutió el sexo de los ángeles. Aunque el saldo no parece malo (tres veredictos acertados y otro en tela de juicio), resulta inadmisible que con tanto lío ronde la sombra del error. Si el sudoroso juez llega tarde a la jugada y comete una pifia, nos acordamos de su madre y de la falible condición humana. Si un invisible tribunal electrónico hace lo mismo, pensamos en la mafia rusa.

Lo peor del VAR es que interrumpe el juego. No hay nada más exultante que la celebración de los goles. Ahora, ante una duda, el virtual anotador debe esperar a que se repase la jugada. ¿Tiene sentido correr como un poseso después de ese fúnebre minuto de silencio? Los videojuristas prometieron que el trance duraría quince segundos, pero ha durado entre cincuenta y setenta. El futbol, que se asemejaba a la vida, busca acercarse a la burocracia llevando un trámite a una oficina que puede estar lejos del estadio.

Es muy raro que en el tenis gane el peor y es imposible que gane en natación. El futbol no fomenta, pero permite esas rarezas. El accidente, la chiripa y el equívoco pertenecen a su repertorio. Los grandes jugadores han tenido que sobreponerse a esos imponderables tanto como a los rivales. La idolatría que despiertan no es la del atleta perfecto, sino la del genio que burló a la fortuna.

Tal y como estaba, el futbol era la forma de entretenimiento más popular del planeta. ¿Necesitaba una “mejoría”? ¿La era virtual provoca que sólo confiemos en lo que sucede en la pantalla?

Aunque los tiempos de revisión se ajusten, el recurso es desastroso. Andy Warhol prometió un paraíso de la celebridad donde cada quien sería famoso durante quince minutos. El futbol avanza hacia un infierno donde, de tanto en tanto, la felicidad se suspenderá quince segundos.

 

https://www.elsiglodedurango.com.mx/noticia/771057.la-felicidad-interrumpida.html

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