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Archive for 26 junio 2017

La inmaculada percepción

Vianey Esquinca

Las palabras vetadas en Los Pinos

25 de Junio de 2017

Urgencia: necesidad o falta apremiante de lo que es menester para algún negocio / inmediata obligación de cumplir una ley o un precepto; Seriedad / serio: importante, de consideración; Oportunidad: momento o circunstancia oportunos o convenientes para algo. Estas son las definiciones que la Real Academia Española da a tres palabras que no son conocidas en Los Pinos, e incluso parecen estar vetadas permanentemente.

En términos generales, la comunicación de la administración del presidente Enrique Peña Nieto es todo menos asertiva. El esfuerzo permanente de minimizar los acontecimientos o justificar los errores es casi conmovedor, darían ternurita si no fuera tan grave su arrogancia. En estos días esa tendencia ha quedado más que evidenciada.

Ante la muerte de varios periodistas, se han exigido y clamado garantías para que estos puedan hacer su trabajo. Frente a eso, el subsecretario de Gobernación para Derechos Humanos, Roberto Campa, dio una entrevista en la que señala que realmente ésta no es la peor época para los comunicadores, pues en los primeros años de la administración de Felipe Calderón más periodistas perdieron la vida. Se supone que ¿ese argumento debería servir como prueba de descargo? ¿Los reporteros deben sentirse aliviados de no romper el récord de muertes todavía?

Cuando salieron las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública señalando que el mes de mayo pasado había sido el más violento desde 1997, de inmediato el comisionado nacional de Seguridad, Renato Sales Heredia, salió a culpar al Nuevo Sistema de Justicia Penal (Mancera dixit). A su juicio, que la violencia haya aumentado es porque se quitó la detención preventiva a delitos cometidos con arma de fuego.

En su lógica, si se modifican unos cuantos artículos de algunas leyes de este nuevo sistema, la situación mejoraría sustancialmente. Sólo un detalle, ¿por qué si el Sistema de Justicia Penal se implementó tal y como está en junio de 2018, es hasta mayo de este año que el homicidio repunta?

Pero el gobierno federal se superó a sí mismo con el caso del presunto espionaje a periodistas y activistas sociales. En este caso se han equivocado hasta el cansancio. De entrada, la respuesta que dio Presidencia al reportaje de The New York Times a través de una carta sin membrete, con faltas de ortografía y en español —a pesar de ser dirigido a un medio estadunidense— fue de antología. Además, en esa carta no negaban el hecho, sino que señalaban que no había pruebas de la acusación.

No responder oportunamente a esta crisis y dejar que el problema creciera, obligó al propio presidente Enrique Peña a tener que salir al paso a fijar la posición de su gobierno, pero ojalá y mejor no hubiera salido.

El mandatario pidió aplicar todo el rigor de la ley a quienes hayan levantado falsos señalamientos contra su gobierno. Además señaló que él también se había sentido espiado y que incluso no dudaría que saliera alguna de sus conversaciones. Si estas palabras pretendían crear alguna empatía, lograron todo lo contrario. Si el hombre que lleva las riendas de este país, la seguridad y la inteligencia de México, teme a ser espiado ¡que corran a sus oficiales de seguridad!

Después se tuvo que retractar, diciendo que no dijo lo que dijo, o al menos que eso no fue lo que quiso decir, porque conforme dice una cosa, dice otra, y pues haiga sido como haiga sido, esas cosas suceden. Sin embargo, el daño ya estaba hecho.

El gobierno federal perdió su capacidad de distinguir la seriedad, urgencia y oportunidad con lo que requiere ser tratado un caso. Cuando una crisis les explota en la cara piensan que son juegos artificiales.

 

http://www.excelsior.com.mx/opinion/vianey-esquinca/2017/06/25/1171780

 

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La felicidad interrumpida

 

La realidad está a punto de acabarse. La especie humana se ha convertido en un pretexto para que existan pantallas. Representar los sucesos ya es más importante que vivirlos. Un gesto caracteriza la Copa Confederaciones que se celebra bajo el insólito calor de Rusia: de pronto, el árbitro suspende el juego y traza un cuadrado en el aire. El ademán quiere decir “pantalla” y marca el fin de una época.

Con retórica insistencia, los comentaristas de la televisión han pedido que las jugadas dudosas se revisen en video. Esto daría aún más poder al medio que decide los horarios de trabajo y las ganancias de los equipos.

Las transmisiones satelitales nos han permitido seguir las más diversas ligas del planeta y disfrutar del placer obsesivo de contemplar repeticiones. Pero la televisión también ha distorsionado la percepción del futbol. Las cámaras son esclavas de la pelota; registran lo que acontece en sus inmediaciones sin reparar en los recorridos que preparan lo que aún no ocurre pero ocurrirá y sólo puede ser visto en el estadio.

El futbol se parece cada vez más a un videojuego y ahora los céspedes de Rusia atestiguan otra invención mediática: la videojusticia.

La discusión del tema no puede sustraerse a una pregunta ontológica: ¿vale la pena prescindir de los errores? Una de las cosas más divertidas del futbol es que el árbitro puede equivocarse. Sin otro equipamiento que sus ojos y su mudable criterio, dispone de unos segundos para soplar un veredicto en su silbato. A diferencia del fanático que grita en las tribunas, trata de ser objetivo, pero no siempre lo logra. A veces nos arruina el domingo y otras nos regala un error en favor del Necaxa. Lo cierto es que la contienda se anima por la fragilidad de su justicia.

Después de tantos escándalos de evasión fiscal y corrupción en la FIFA, la Copa Confederaciones propone un rostro más puritano para el futbol, el de la objetividad tecnológica. El sistema VAR, o videoarbitraje, puede emplearse en cuatro situaciones: un gol dudoso, un posible penalti, una tarjeta roja o la dificultad de distinguir qué jugador cometió una falta meritoria de tarjeta. Esto no elimina del todo el factor humano. El árbitro tiene la facultad de pedir la revisión, pero puede prescindir de ella aunque su error sea flagrante.

Por otro lado, también las cámaras discrepan entre sí: en una perspectiva, el delantero está en fuera de lugar; en otra, en posición legítima. La prensa discutió las primeras cuatro videosanciones de Rusia con la seriedad con que en Bizancio se discutió el sexo de los ángeles. Aunque el saldo no parece malo (tres veredictos acertados y otro en tela de juicio), resulta inadmisible que con tanto lío ronde la sombra del error. Si el sudoroso juez llega tarde a la jugada y comete una pifia, nos acordamos de su madre y de la falible condición humana. Si un invisible tribunal electrónico hace lo mismo, pensamos en la mafia rusa.

Lo peor del VAR es que interrumpe el juego. No hay nada más exultante que la celebración de los goles. Ahora, ante una duda, el virtual anotador debe esperar a que se repase la jugada. ¿Tiene sentido correr como un poseso después de ese fúnebre minuto de silencio? Los videojuristas prometieron que el trance duraría quince segundos, pero ha durado entre cincuenta y setenta. El futbol, que se asemejaba a la vida, busca acercarse a la burocracia llevando un trámite a una oficina que puede estar lejos del estadio.

Es muy raro que en el tenis gane el peor y es imposible que gane en natación. El futbol no fomenta, pero permite esas rarezas. El accidente, la chiripa y el equívoco pertenecen a su repertorio. Los grandes jugadores han tenido que sobreponerse a esos imponderables tanto como a los rivales. La idolatría que despiertan no es la del atleta perfecto, sino la del genio que burló a la fortuna.

Tal y como estaba, el futbol era la forma de entretenimiento más popular del planeta. ¿Necesitaba una “mejoría”? ¿La era virtual provoca que sólo confiemos en lo que sucede en la pantalla?

Aunque los tiempos de revisión se ajusten, el recurso es desastroso. Andy Warhol prometió un paraíso de la celebridad donde cada quien sería famoso durante quince minutos. El futbol avanza hacia un infierno donde, de tanto en tanto, la felicidad se suspenderá quince segundos.

 

https://www.elsiglodedurango.com.mx/noticia/771057.la-felicidad-interrumpida.html

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Denise Dresser

 

Bebé y bañera

Más delincuentes en la calle, acusa Miguel Mancera. Más homicidas sueltos, fustiga Renato Sales. Más violencia a lo largo del país y la culpa es del nuevo sistema de justicia penal, argumentan sus detractores. Los que después de tan solo ocho años de su instrumentación dicen que no funciona; que no produce resultados; que en lugar de castigar a criminales termina por soltarlos. Y entonces proponen tirar al bebé con todo y la bañera. Aumentar las penas, aumentar la prisión preventiva, recurrir a lo que Edna Jaime llama “populismo penal”, que en realidad equivale a un retroceso civilizatorio. A un ojo por ojo, diente por diente, pedrada tras pedrada. A un lugar antidemocrático donde se exige venganza en vez de justicia. Donde se argumenta tramposamente que la oralidad incrementa la criminalidad, cuando el problema no es el sistema adversarial sino las fallas en su instrumentación.

No es que sea imposible limpiar al bebé -nuestro maloliente sistema de justicia- pero para ello habría que reconocer la bañera defectuosa y el agua sucia con la cual intentan desinfectarlo. El andamiaje agrietado y la capacidad institucional débil. La falta de coordinación y evaluación. La ausencia de sistemas de registro, procesamiento y reporte de la información. La desigualdad de recursos a nivel estatal para la implementación de la reforma. La ausencia de transparencia, rendición de cuentas y participación ciudadana. La persistencia de la impunidad. La cifra negra que revela la desconfianza de ciudadanos que solo denuncian 13 de cada 100 delitos cometidos. Todo lo que detalla CIDAC meticulosamente en su reporte “Hallazgos 2016”.

Muchos mexicanos no comprenden el sistema adversarial ni sus méritos y por ello lo descalifican, azuzados por políticos que prefieren ofrecer mano dura en lugar de mano eficaz. Critican al bebé en vez de componer la bañera; increpan al infante en vez de volver potable el agua que lo rodea. Se burlan del debido proceso, desdeñan la presunción de inocencia, niegan los derechos de los presuntos culpables. Culpan al recién nacido por no tener la piel reluciente al mismo tiempo que ignoran lo que debería hacerse para mejorar su aspecto y garantizar su salud. Y ello transita por temas que muchos miembros de la clase política y el poder judicial preferirían no tocar. Lo incómodo. Lo urgente. Cómo entrenar y financiar y crear policías capaces de ser buenos primeros respondientes en la escena de un crimen. Cómo mejorar la calidad de la investigación de los ministerios públicos. Cómo asegurar que los inculpados reciban una defensa adecuada. Cómo profesionalizar peritos para recabar evidencia. Cómo educar jueces que sepan valorar pruebas y dictar sentencias justas basadas en ellas.

El nuevo sistema de justicia penal todavía está en pañales. El niño gatea, no camina. El pequeño no sabe limpiarse solo todavía. Su crecimiento está lleno de obstáculos como la corrupción del poder judicial, la pobreza de nuestros policías, la falta de preparación de jueces que aún no comprenden el sistema adversarial. Sin embargo hay estados en donde ya comienza a dar sus primeros pasos tambaleantes, pero aplaudibles. Baja California, Chihuahua, Guanajuato son progenitores de un chico que empieza a caminar en la dirección correcta. De ahí habría que tomar lecciones; de esas latitudes deben provenir las pistas pedagógicas.

Y en este proceso de aprendizaje habrá que defender el nuevo sistema de justicia penal y no echarlo por la ventana ante las fallas que aún presenta. Habrá que resanar la bañera y no solo patearla. Ese es el reto, ese es el exhorto. La solución no se encuentra en más prisión preventiva, más arraigo, más cárcel, más ejecuciones justificadas. Esa es la tina tóxica de la cual venimos y lo que engendró monstruos: inocentes encarcelados, inculpados entambados, penales atiborrados, justicia fársica e inalcanzable. México transitó a los juicios orales precisamente para eliminar la podredumbre vía la transparencia. Una coalición reformista fue progenitora del infante hoy insultado, y a ese habrá que cuidarlo, ducharlo, enjabonarlo. No caigamos en el error de tirar lo que será bueno porque todavía no lo es del todo; no rechacemos lo esencial -la vida del bebé- porque aún no logramos limpiar la mugre que lo rodea. La tarea que toca no es tirar al niño con el agua de la tina, sino asearla.

https://www.elsiglodedurango.com.mx/noticia/771208.bebe-y-banera.html

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Color de piel, riqueza y poder

Por Jorge Javier Romero Vadillo

SinEmbargo

junio 22, 2017

12:04 am

Que México es un país racista debería ser una verdad de Perogrullo. La ideología oficial de la época clásica del PRI, empero, se encargó de encubrir esa realidad palmaria bajo un manto de supuesta integración mestiza, y acabó por convertir en casi un tabú el hablar del racismo nacional. Los libros de texto gratuitos originales, en la década de 1960, pintaban a unos mexicanos casi homogéneos, con excepción de las representaciones de los campesinos, de rasgos más indios. La versión oficial, influida por la idea de raza cósmica vasconceliana, ha sido que el país es mestizo de indígena y español, orgulloso de su pasado prehispánico e integrador. No existía en ese crisol racial ideal lugar para la herencia negra africana, mientras que el evidente sesgo de riqueza a favor de los blancos era soslayado.

Sin embargo, aquella visión idealizada de una sociedad homogénea urbana mestiza, con indios en el campo y sin oligarquía blanca, no resistía el menor atisbo de los observadores externos o el análisis acucioso sin sesgo ideológico. Ramón J. Sender, el escritor español exiliado en México después de su guerra civil, describió la estratificación económica y social de su país de adopción a partir del calzado de cada grupo al principio de su extraordinaria novela El epitalamio del Prieto Trinidad. Desde los pies descalzos de los campesinos indios, a los huaraches de los de los comerciantes del mercado, a las botas de los militares devenidos en políticos y los zapatos elegantes de los blancos ricos.

La estratificación social mexicana ha estado tradicionalmente vinculada al color de la piel: entre menos moreno, más alto el nivel socioeconómico. Los indios en la base de la pirámide; después todas las mezclas entre indios y negros, con alguna presencia asiática, más arriba los mestizos con ascendencia europea y en la cúspide de la riqueza los blancos. Heredera del sistema de castas del virreinato, la jerarquización relacionada al color de la piel sobrevivió a las guerras de independencia, con su movilización social igualadora, al triunfo liberal, pretendidamente antirracista y a la revolución plebeya del siglo XX. Si bien la guerra, primero, y la política, después, han servido en México como mecanismos de movilidad social, la persistencia de la segmentación de la riqueza y el estatus social de acuerdo al color de la piel ha sido pertinaz.

El color de piel determina las oportunidades en este país, como se constata cuando se ve las ventajas que tuvieron para hacer riqueza los inmigrantes centroeuropeos, muchos de ellos judíos, o los libaneses llegados a principio del siglo pasado, rápidamente absorbidos por las elites de origen español con la misma facilidad con la que se integraron a los estratos sociales superiores los llegados de España en el siglo XX, ya fuera por motivos económicos o políticos.

La publicación del Módulo de Movilidad Social Intergeneracional (MMSI) de la Encuesta Nacional de Hogares 2016 realizada por INEGI, permite establecer correlaciones evidentes, como lo mostró Julio Santaella, entre la percepción personal de los encuestados respecto a su color de piel y sus ocupaciones. No faltó el comentarista estulto que calificó como racista la exposición de esa información, o quien consideró que no se debió haber preguntado sobre el color de piel que cada uno considera que tiene, como si no fuera sociológicamente relevante el hecho en las perspectivas laborales y sociales de los mexicanos.

Cualquier recorrido por los diferentes barrios de la Ciudad de México hace evidente la segmentación social con base en el origen: en las zonas de mayor ingreso, los habitantes son blancos, mientras los proveedores de servicios son mestizos y los trabajadores del hogar son de ascendencia indígena, y mientras más a la periferia pobre se mueve uno, más rasgos de la población originaria de América se encuentran. El campo del país es indio, sobre todos hacia el sur, donde mayor marginación social se halla, mientras que el norte próspero es mestizo y blanco.

Una segregación racial no declarada se reproduce en todos los ámbitos sociales. Las escuelas, los hospitales, los restaurantes, están segregados, aunque se calle. La movilidad es reducida y la política es casi la única vía de ascenso social para los mestizos y, en mucho menor medida, los indios. Los partidos también están segregados. El PAN es tendencialmente más blanco, el PRI mestizo en sus cuadros, indígena en sus clientelas. El PRD y Morena son más morenos que el PRI, con algunos cuadros dirigentes provenientes de la intelectualidad blanca. No puede ser más evidente la correlación entre color de piel y la riqueza o la pobreza de la población y en sus niveles educativos.

Un país fragmentado que, además, prácticamente no tiene conciencia de su raíz africana. Durante el virreinato llegaron a la Nueva España más esclavos africanos, inmigrantes forzados, que europeos. La herencia genética negra es, así, más grande que la blanca. Sin embargo, en el imaginario colectivo, el mapa mental compartido por la sociedad mexicana, se desdeña ese legado biológico y cultural, por más que sus trazas se hallen a primera vista o a primera escucha en los ritmos también mezclados de la música popular.

La homogeneidad mestiza imaginaria de la ideología oficial del nacionalismo revolucionario no coincide con otra imagen idealizada todavía más chocante, la del México blanco cuasi argentino que presentan las telenovelas, forma exacerbada de la idealización de la época de oro del cine mexicano, donde los indios son decorado folclórico y costumbrista, trasfondo de la sociedad mestiza pero más bien blanquita, que se pretende general.

El racismo mexicano es memético, para usar el término de sociología pop acuñado por Richard Dawkins. Se trata de una muestra evidente de la persistencia de la trayectoria institucional informal heredada. No han bastado las declaraciones formales, desde la del Plan de Iguala, para desaparecerlo. Ni el voto universal, decretado para los varones desde la constitución de 1857, ni la revolución plebeya ni la irrupción de la pluralidad lo han logrado revertir de fondo. Es, en buena medida, la muestra más evidente del fracaso en la construcción de una comunidad política de ciudadanos iguales pretendida desde la independencia. Es, también, la constatación gráfica de la brutal desigualdad que lacera a esta sociedad.

http://www.sinembargo.mx/22-06-2017/3245807

 

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Vivir en vitrina

Vivir en vitrina

Por vez primera se puede investigar la procedencia de las escuchas ilegales en México

 

Lo sorprendente no es que se espíe a periodistas, activistas, miembros de la oposición, políticos y empresarios. Buena parte de los escándalos de los últimos años tienen que ver con grabaciones clandestinas que salen a la luz sin procedencia clara, pero frecuencia alarmante. Desde aquellas entre el “gober precioso” Mario Marín y Kamel Nacif para escarmentar a Lydia Cacho, hasta la pesadilla que significó para la constructora española OHL la difusión de conversaciones telefónicas de algunos de sus altos funcionarios en México. Pasando por un largo etcétera que incluye a Josefina Vázquez Mota durante la campaña presidencial de 2012; Lorenzo Córdova, el presidente del instituto electoral, en una referencia despectiva a pueblos indígenas; el conductor Pedro Ferriz en un asunto de faldas; Purificación Carpinteyro, como diputada del PRD, haciendo propuestas de negocios a un exfuncionario de Telefónica.

Hace 19 años, cuando yo era director de un diario en Guadalajara, el reportero que cubría la fuente policiaca me mostró un casete con grabaciones de mis llamadas telefónicas de las últimas semanas. Se lo había pasado una mano anónima de la Procuraduría del Estado de Jalisco.

Los que participamos de una u otra manera en la vida pública damos por sentado que estamos sujetos a la madeja de espionaje que unos y otros han montado para enterarse de lo que hacen aliados y enemigos. Peor aún, sabemos que todo lo que allí se documenta tiene también el propósito potencial de lastimar y descalificar cuando así se considere oportuno. El presunto insulto de Lorenzo Córdova a los indígenas surgió de una frase sacada de contexto en una llamada privada, pero una vez que circula en redes sociales no hay contención de daños que valga.

Así pues, lo sorprendente no es que el New York Times publique un reportaje resultado de la investigación de Citizen Lab de la Universidad de Toronto (con la ayuda de organizaciones civiles que operan en México) sobre la utilización de Pegasus, un software israelí, para espiar a una docena de periodistas. Un carísimo y sofisticado programa vendido por los israelíes a Gobiernos con la condición expresa de ser empleado solo en contra de criminales y terroristas; un software que la actual Administración compró en varios millones de dólares (15 documentados, 80 podría ser la suma a lo largo de varios años).

Lo nuevo es que por vez primera se tiene un hilo conductor para investigar la procedencia de este enorme universo clandestino de escuchas ilegales. Dentro del Gobierno existiría la documentación del pago de esta compra, un rastro de las oficinas y funcionarios que en concreto que recibieron los equipos y programas vinculados a Pegasus, los cursos y talleres de capacitación correspondientes. Hasta ahora está documentado que cuatro instituciones recibieron la herramienta: la PGR, el Cisen y las secretarías de Gobernación y de la Defensa Nacional. La publicación del diario neoyorquino deja en claro que el programa israelí fue encontrado en los teléfonos de los periodistas y activistas mencionados (Carmen Aristegui, Mario Patrón, Juan Pardinas, entre otros), unir las dos puntas de la madeja no requeriría de un Sherlock Holmes.

Pero requeriría de un mínimo de dignidad. La oficina de la presidencia envío una carta al New York Times en la que sostiene que el Gobierno mexicano no espía periodistas y sugiere a los afectados poner una denuncia ante las autoridades correspondientes. Como estrategia de control de daños, fue una respuesta desafortunada, por decir lo menos. Ni siquiera se hizo el intento de proferir un tibio “vamos a investigar”, como en el caso de los asesinatos de periodistas, si Pegasus en efecto está sembrado en los aparatos de estas personas y si ese programa solo ha sido vendido en México al Gobierno. La responsabilidad de certificar estos hechos y luego actuar en consecuencia es obvia. Horas después nos enteramos que los datos correspondientes a la compra de software de espionaje había sido clasificada por las autoridades para no ser develada hasta dentro de cinco años. Al buen entendedor.

@jorgezepedap

http://internacional.elpais.com/internacional/2017/06/22/mexico/1498087081_641227.html

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Carmen Aristegui

#GobiernoEspía

Después de casi una semana de reacciones y pronunciamientos públicos de decenas de organizaciones y personas en México y otras partes del mundo condenando el espionaje a periodistas, defensores de derechos humanos y activistas anticorrupción en México, Enrique Peña Nieto se decidió, finalmente, a hablar públicamente sobre el tema.

Lejos de atemperar la tormenta, Peña Nieto lució enojado y amenazante e hizo gala de una torpeza política notable. Después tuvo que rectificar pero, dejó de manifiesto el talante que acompaña hoy al Presidente.

El Presidente se echó la soga al cuello al anunciar dos cosas al mismo tiempo que se anulan mutuamente: que ha ordenado a la PGR investigar el caso de presunto espionaje ilegal desde el Gobierno y, acto seguido, negar categóricamente que el Gobierno que encabeza sea un gobierno que espía a ciudadanos ilegalmente. De esa manera nos está anunciando, por anticipado, el resultado de las investigaciones en torno a la actuación de la agencia del Estado que representa. Con una sola declaración el Presidente nulificó la credibilidad –de por sí escasa– que pudiera tener una investigación realizada por una Procuraduría que depende de él, que recibe instrucciones de él y que, se supone, realizará una investigación sobre hechos que aluden al Gobierno de él.

Lo único que logró Peña Nieto ayer, con su mensaje en Lagos de Moreno, fue elevar la exigencia de que se realice una investigación independiente sobre hechos que lo comprometen gravemente. Cuánto nos recordó ayer Peña Nieto la investigación oficial sobre la Casa Blanca encomendada por él mismo al Sr. Virgilio Andrade. Una investigación sobre hechos que involucran al Presidente realizada por un subalterno y amigo del Mandatario. ¿Qué se puede esperar de la investigación sobre el espionaje en condiciones prácticamente idénticas?

No conforme con condenar al fracaso la investigación anunciada, Peña Nieto fue más lejos y, en algo insólito en la figura de un Presidente, amenazó directamente a quienes se han atrevido a denunciar pública y formalmente los hechos contenidos en el informe conocido ya como “Gobierno Espía”. Peña Nieto dijo que ha dado indicaciones a la PGR para determinar si las denuncias del espionaje gubernamental “tienen sustento” y, segundo, para determinar “cuál es el origen y el sustento de la fuente de esos señalamientos”. Esta última parte de la declaración causó de inmediato revuelo en las redes sociales y en los medios de comunicación, además de una respuesta de las organizaciones que realizaron la investigación de “Gobierno Espía”, quienes acusaron recibo de la amenaza presidencial. El despropósito fue tan grande que tuvo que salir de nuevo Peña Nieto para decir que no había querido decir lo que dijo en Lagos de Moreno. Tuvo que rectificar su propio dicho y señalar que no tuvo intención de decir que actuaría legalmente en contra de críticos y denunciantes. Insistió en que encabeza un Gobierno democrático y respetuoso de la libertad de expresión. Después del efecto que causó su exabrupto autoritario y amenazante, tuvo que recular y reconocer que se había manifestado de forma inapropiada.

El Presidente, por cierto, confirma cosas que abonan a favor de la investigación publicada. Peña reconoció que: “todo el equipamiento, toda la tecnología que efectivamente tiene el Gobierno y que ha adquirido es para mantener la seguridad interna del país”. Es decir la tecnología referida en la investigación fue adquirida por el Gobierno de la República. ¿Quién es el responsable final del uso que se le dé?

Al participar el lunes pasado en la conferencia de prensa en la que se presentó el informe que dio pie al #GobiernoEspía, me permití formular algunas preguntas:

“¿Qué más, Presidente.. qué sigue… si es capaz de llegar al extremo de espiar a un adolescente?”, y agregué: “¿No le parece, Presidente, siniestro?”. Sigo pensando lo mismo y siguen esas y otras preguntas abiertas.

http://www.zocalo.com.mx/opinion/opi-interna/gobiernoespia

 

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Espían a los críticos

Raymundo Riva Palacio

Un amplio reportaje en The New York Times este lunes da cuenta del espionaje político en México. “Los más prominentes abogados de derechos humanos, periodistas y activistas anticorrupción han sido objetivo de un spyware sofisticado que se vendió al gobierno de México con la condición de que sólo se utilizara para investigar criminales y terroristas”, comienza el texto. “Los objetivos incluyen abogados involucrados con la desaparición masiva de 43 estudiantes, un académico altamente respetado que ayudó a escribir la legislación anticorrupción, dos de los periodistas más influyentes de México y un estadounidense que representa víctimas de abuso sexual por parte de la policía”.

El Times llegó a esta historia del México contemporáneo muy tarde, pero al ser el diario de mayor influencia en el mundo y que suele asustar a los funcionarios mexicanos con bastante facilidad, su interés por el tema debe ser agradecido por la posibilidad de que finalmente provoque una reacción en el presidente Enrique Peña Nieto, que al soslayar lo que durante su gobierno se ha publicado sobre el espionaje político, no sólo avaló lo que sus servicios de inteligencia hacían, sino que, en la negligencia de no obligarlos a que se mantuvieran dentro de los márgenes de la ley, llevará la penitencia de que ahora la responsabilidad de las ilegalidades se le carguen a su gestión.

En octubre de 2015 se dio a conocer en este espacio la existencia del programa mediante el cual el CISEN –el reportaje del Times no identifica a las instituciones que utilizaron el spyware– realizaba espionaje político. En la segunda de tres entregas sobre “¿Para qué sirve el CISEN?”, se mencionó directamente dos listas de teléfonos que habían sido infectadas por el programa. “No se sabe cuántos teléfonos de actores políticos y sociales, de agentes económicos o periodistas, tiene interceptado el CISEN, pero la sábana con los números, que corresponde a un periodo específico este verano, muestra un enorme abanico de intervenciones”, se apuntó en ese entonces.

“De acuerdo con el documento, hubo 729 intervenciones telefónicas, aunque una decena de personas espiadas aparece con números adicionales. Hay una serie de nombres de personas que no son públicas o empresas de seguridad, comercializadoras, de asistencia pública e inclusive de una televisora. Pero también, sin saberse el nombre pero sí en dónde se contrató la línea, un teléfono registrado por el Consejo de la Judicatura Federal. En cuestión de nombres, hay varias líneas intervenidas que fueron contratadas por Alfonso Navarrete Prida, secretario del Trabajo, y los teléfonos celulares de la afamada conductora de radio Carmen Aristegui, y de quien esto escribe.

“La forma como buscaron entrar en esos teléfonos, de acuerdo con expertos consultados, es a través de un software malware, que es un código maligno que se infiltra en los dispositivos mediante el cual se pueden emitir mensajes de texto. Un modelo clásico de estos mensajes puede decir, con un lenguaje que parecería el de una persona con quien se tiene amistad, que “unas personas extrañas se presentaron en su casa”, por lo que le envían un enlace para ver la fotografía. Lo que permite ese enlace, que nunca abre, es que el virus se meta al teléfono y permita dos objetivos: la escucha y el análisis de la red de vínculos que se encuentra en el aparato, a fin de poder determinar su abanico de amigos y conocidos que permita construir sus relaciones”.

El Times reiteró que el programa se llama “Pegaso”, del Grupo NSO, un fabricante israelí de armas cibernéticas al cual, desde 2011, cuando menos tres dependencias federales mexicanas le han comprado software por 80 millones de dólares. La existencia de estos programas surgió en noviembre de 2011 durante una entrevista con David Vincenzetti, socio fundador de Hacking Team, una empresa italiana fundada en 2003, con el periódico inglés The Guardian, quien reveló que habían vendido sus dispositivos en 30 países en cinco continentes. Su principal producto era un programa llamado Da Vinci, dentro de su Sistema de Control Remoto, bautizado como Galileo.

En este espacio, bajo el título de “Espionaje a Mexicanos”, publicado a mediados de 2015, se señaló: “El Ejército, la Marina, la Policía Federal, el CISEN y 11 gobiernos estatales, han espiado masivamente a mexicanos, a través de un sistema que interviene a control remoto dispositivos móviles, copia mensajes de texto, conversaciones de Google, Yahoo, MSN y Skype, y extrae todos los datos y el historial de las computadoras, sus audios e imágenes de la webcam, que les permiten, además, grabarlos mientras trabajan. Esta es la más grande revelación que se haya dado de cómo en México los gobiernos espían a sus gobernados, y el mayor descubrimiento de cómo la vida privada en este país es inexistente”. A la fecha, varios de esos contratos ya expiraron.

Cuando todo esto emergió a la opinión pública en 2015, nada pasó. Cuando se revelaron detalles del spyware contra personas que tenían discrepancias con las políticas del gobierno, tampoco. Desde hace 15 años, el espionaje político como herramienta de la política, es el mejor vehículo para alcanzar objetivos políticos. El reportaje del Times, aunque tardío, es vital por la colonización de ese periódico sobre la vida pública mexicana. Si ahora que ventila estas violaciones ayuda a que se ponga fin a las ilegalidades, habrá que celebrarlo. Lo más importante es llegar al fin de estos abusos y que quienes los cometieron, paguen por sus delitos.

Twitter: @rivapa

http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/espian-a-los-criticos.html

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