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Archive for 10/07/17

Tapando bocas

No se puede borrar la diversidad tapando bocas

Tapar la boca a los homicidios, acosos y prejuicios que genera el discurso de odio y discriminación hacia la población LGBTI no es trabajar por la familia.

Por: Daniel Berezowsky (@danberezowsky)

Hace unos día se difundió un video en el que Juan Dabdoub, líder del Consejo Mexicano de la Familia, tapó la boca a una mujer que buscaba expresarse durante una entrevista que le hicieron en un espacio público. Irónicamente, el hecho sucedió en el marco del recorrido que realiza un camión naranja por la República Mexicana con el impulso del propio Dabdoub, para propagar un discurso de odio y discriminación hacia la población LGBTI, bajo la bandera de “la libertad de expresión”.

Pero ¿qué quiere callar Dabdoub? ¿Qué le interesa que no se sepa cuando censura otras voces? Permítanme arrojar algunas hipótesis:

No quiere, quizás, que se sepa que su movimiento –escudado en la defensa de la familia- alimenta prejuicios y por consecuencia, incita a la violencia. Y permítanme compartir un dato: según informó la CIDH en 2015, México es el segundo lugar a nivel mundial en homicidios por identidad o expresión de género.

De acuerdo con Letra S, entre 2014 y 2016, 202 personas LGBT –o percibidas como tales- fueron asesinadas en México. Es decir, 6 personas al mes durante tres años. Treinta y tres de ellas fueron torturadas. Cabe destacar que como la propia organización señala, estas cifras son subestimaciones debido a que las autoridades no clasifican los casos y las organizaciones de la sociedad civil deben depender de notas periodísticas.

Al mismo tiempo, dos de cada tres estados en México no incluyen en sus códigos penales mención alguna sobre la orientación sexual o la identidad de género como agravante de delito doloso. En muchos casos, se tratan como crímenes pasionales e incluso, se investiga a las parejas afectivas como posibles culpables en lugar de víctimas o testigos.

Y es que no, quizás estos homicidios y feminicidos no ocurrieron porque alguien recibió un tríptico del Frente Nacional, o porque escucharon a alguien que hablaba de “proteger a la familia natural” en un camión naranja una sola vez. Pero sí fueron cometidos por personas que crecieron, día con día, escuchando discursos similares a los que esas campañas difunden: que lo diferente o desconocido no es natural, que aquello que no se constriñe por la visión tradicional es una aberración. Que la familia verdadera solamente puede componerse por una madre, un padre e hijos. Que los hombres no pueden expresar emociones y las mujeres deben ser sumisas. En suma, mensajes que dividen, no que incluyen.

Se trata de discursos que deshumanizan, que perpetúan estigmas, y que convierten a las víctimas –ante los ojos de la sociedad- en culpables de lo que les ocurre. Incluso de su propia muerte.

Pero quizás Dabdoub no quiere que esto se diga. Como quizás no quiere que se sepa que 6 de cada 10 niños o niñas que se quitan la vida, lo hacen tras haber sufrido bullying. Y al mismo tiempo, que las y los estudiantes LGBT sufren desproporcionadamente de acoso escolar, pues dos de cada tres lo ha padecido. De modo que “pensar en nuestras hijas e hijos”, quizás debe comenzar por entender las razones por las que estos fenómenos ocurren en lugar de reforzarlos.

No quiere Dabdoub que se debata, tal vez, qué es lo que le hace más daño a las y los niños en México: lo que él llama “la ideología de género”, que no es más que educar a nuestras hijas e hijos desde una visión de inclusión, respeto, tolerancia y celebración de la diversidad, o bien, la censura y la difusión de una verdad limitada sobre la composición de las sociedades alrededor del mundo. Porque insisto: es esa visión la que en realidad pone en riesgo a la niñez y adolescencia, todos los días, en las escuelas: cuando un niño, por ser “afeminado”, es víctima de acoso escolar. O cuando una niña, por ser estigmatizada, no encuentra alternativa y opta por el suicidio.

No. Tapar la boca a estas cifras y a estas realidades, no es trabajar por la familia. Es perpetuar el odio que genera violencia y muerte. Es difundir una versión tan limitada de la realidad, que termina destruyendo a lo que busca proteger: a las familias. A las que le cierran la puerta a sus hijas e hijos cuando expresan lo que sienten; a las que quedan desprotegidas cuando uno de los padres fallece, porque la ley no les permitió compartir seguridad social o pensión alguna; a las y los niños que de todas maneras viven en hogares homoparentales pero no tienen el amparo de la ley ante una emergencia. Y a las que por ese mismo discurso pasan décadas sin volver a ver a un hijo, a una hija, a un padre o a una madre; orillados a situaciones de calle, de violencia y de pobreza.

Postdata

En el marco de su 163 periodo extraordinario de sesiones, la CIDH lleva a cabo una audiencia pública en la que Letra Ese, Almas Cautivas, El Clóset de Sor Juana, Fundación Arcoíris, entre otras, darán visibilidad a la situación de violencia y de violación de derechos humanos que existe hacia personas LGBTI en nuestro país. Les invito a escucharla y conocer más sobre la realidad que la discriminación institucional y social, tolera, permite o perpetúa.

 

 

* Daniel Berezowsky es politólogo por la Universidad Iberoamericana. Ha trabajado en consultoría privada a Senadores y Diputados, fue asesor del Secretario de Gobernación y cuenta con experiencia en organismos de derechos humanos regionales. Actualmente realiza estudios de posgrado en la Universidad de Columbia en Nueva York y en 2017 creó la campaña Rostros Diversos.

 http://www.animalpolitico.com/blogueros-blog-invitado/2017/07/07/no-se-puede-borrar-la-diversidad-tapando-bocas/

 

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Denise Dresser

TNT

E Xplosiones, detonaciones, misiles, bombas molotov por todas partes. Cada semana, la clase política intenta dinamitar el Sistema Nacional Anticorrupción. Cada día los corruptos buscan tumbar el edificio ciudadano que se ha ido construyendo, poco a poco, ladrillo encima de ladrillo. El esfuerzo empezó con la Ley3de3, continuó con el diseño de instituciones como la Fiscalía Anticorrupción, prosiguió con la designación de un Comité de Participación Ciudadana y la constitución de un Comité Coordinador, y sigue en construcción, a la espera de nombramientos pendientes y procesos por venir. El objetivo fue y sigue siendo armar un andamiaje que permita identificar, prevenir, castigar lo que en México ha sido una forma de vida. El pillaje patrimonialista, el saqueo sexenal, el conflicto de interés que nunca es conflicto, casos como la Casa Blanca y OHL y Odebrecht y los Panama Papers. La intención fue y sigue siendo lograr que el corrupto en México lo pierda todo.

Y precisamente por ello, quienes podrían perderlo todo han reaccionado con tanta violencia y con tanta virulencia en los últimos tiempos. Pablo Escudero, senador del detestable Partido Verde, cuestionando la transparencia en la designación del Comité de Participación Ciudadana. El Universal, periódico que se ha vuelto panfleto del poder, lanzando acusaciones falsas para desacreditar a sus miembros, incluyendo editorialistas de sus propias planas. Arely Gómez, entre otros funcionarios que se pliegan a lo que les pidan, rechazando el exhorto para investigar el espionaje gubernamental a periodistas, porque “no constituye un acto de corrupción”. El Senado, recinto donde se vota a modo, designando a jueces anticorrupción que no tienen la experiencia para llevar a cabo la tarea que les toca. El procurador Raúl Cervantes, fiscal carnal, cabildeando con todo el que se deje para asegurar un puesto transexenal y que nunca surja una fiscalía independiente que sirva.

Tubo de dinamita tras tubo de dinamita. De lo que se trata es de destruir, derrumbar, acabar con lo que dignos miembros de la sociedad civil están tratando de edificar. De lo que se trata es de desacreditar a personas y a procedimientos que tendrían la capacidad de combatir la corrupción que todo lo corroe. En el Senado, y en la PGR, y en la Presidencia y en el Comité Coordinador del Sistema Nacional Anticorrupción conformado por miembros del gobierno, están ocupados mezclando compuestos químicos para generar materiales explosivos. Quieren destruir políticamente a quienes los van a vigilar; quieren incinerar públicamente a quienes los van a investigar. Sólo así se explica que el Senado arroje materiales inflamables a procesos de designación pulcros de ciudadanos irreprochables. Sólo así se entiende que desde distintos ámbitos gubernamentales y periodísticos se lancen bombas repletas de clavos, cuya intención es hacer el mayor daño posible. ¿Con qué legitimidad puede el senador Pablo Escudero criticar procesos de selección limpios, cuando él tiene las manos sucias y el PVEM también? ¿Con qué credibilidad puede El Universal cuestionar sistemas que combaten la corrupción cuando se ha beneficiado de ella? Avientan explosivos mientras habitan casas de cristal.

Un terrorismo de Estado desplegado de manera activa y concertada busca que el Sistema Nacional Anticorrupción se convierta en una pila de escombros, debajo de los cuales acabe el Comité de Participación Ciudadana. Busca que caigan vigas sobre la posibilidad de un Fiscal Anticorrupción autónomo. Busca que quienes intentan erigir vallas de contención a la corrupción terminen aplastados, muertos, bajo una pila de piedras. Y cada uno de los participantes en esta tarea de destrucción se ha ganado un epíteto bien merecido, puesto por María Elena Morera: traidores. Pablo Escudero, traidor a la patria. El Universal, traidor a la patria. Cada miembro del Comité Coordinador del Sistema Nacional Anticorrupción que desechó el exhorto para investigar el espionaje gubernamental, traidor a la patria. Ellos, caminando con cartuchos y detonadores en mano, lanzándolos cada vez que sienten que el Sistema Nacional Anticorrupción podría funcionar. Va la granada, va la bomba. Ese TNT que contamina, que produce daños ambientales, que tiene efectos carcinogénicos. Ese TNT empleado por los corruptos a quienes no les importa dinamitar al país, con tal de seguirlo gobernando.

https://www.elsiglodedurango.com.mx/noticia/774543.tnt.html

 

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La noche de los soles

 

Juan Villoro

Los escépticos que no creen en nada sufren menos que los ilusos que fracasan. La nostalgia ante la dicha perdida duele más que repasar lo que siempre ha sido malo. Con esta melancolía recuerdo que hace veinte años Cuauhtémoc Cárdenas se convirtió en el primer jefe de Gobierno del Distrito Federal. La emoción de entonces es la zozobra de hoy.

¿Qué decir de nuestra democracia? El PRI ha entendido los procesos electorales como una kermés donde hace trampas y se sale con la suya. La “caída del sistema” impidió que Cárdenas llegara a la Presidencia en 1988 y las recientes elecciones en el Estado de México demuestran que la trapacería está en el ADN del antiguo “partido oficial”. Sus tretas ya transformaron la lengua vernácula con expresiones dignas del glosario Picardía mexicana. Gracias al ingenio priista, se practica la “operación tamal”, desayuno que alimenta a los votantes a cambio del sufragio; se usan “urnas embarazadas”, que antes de llegar a la casilla ya pasaron por una inseminación de votos; las “casillas zapato” garantizan que no haya un solo voto de la oposición; también se ejercen la “catafixia” (el votante llega con la boleta marcada por un operador político y sale con una en blanco para que la suplantación se repita) y el truco del “ratón loco”, que permite reunir votos de distintas casillas para concentrarlas en otra donde hacen más falta.

A esto hay que agregar los desvíos de fondos públicos para incidir en la voluntad popular y la incertidumbre que despiertan el padrón electoral y los conteos.

Simone Weil argumentó que los partidos políticos son adversarios de la democracia porque someten la verdad al imperio de la propaganda y la conciencia individual a la tiranía de grupo. “Un partido político es una máquina de fabricar pasión colectiva”, escribió. Tarde o temprano, el partido distorsiona la realidad para beneficiarse de ella y confunde los medios con los fines. Las convicciones se olvidan en aras de conseguir más dinero, más miembros, más puestos de poder.

En su ensayo “Apuntes sobre la supresión general de los partidos políticos”, recientemente publicado en la revista Reporte Sexto Piso, Weil recuerda que la democracia no es un bien en sí mismo. Todo depende de su ejercicio.

A diecisiete años de la alternancia, los partidos son más un obstáculo que un instrumento de la democracia. Gozan de descrédito, pero hacen negocios millonarios. La opinión que se tenga de ellos importa poco porque se asignan recursos sin supervisión ciudadana. En cualquier evaluación, el PRI ganará en dos rubros decisivos: ha sido el partido más corrupto y el más exitoso. La transa rinde.

La autobiografía política del mexicano se parece a la de una sufrida protagonista de telenovela. Vive de esperanza y agoniza de realidad.

Debuté en las urnas en 1976, cuando sólo había un candidato a la Presidencia: José López Portillo. “El domingo son las elecciones. ¡Qué emocionante! ¿Quién ganará?”, escribió con ironía Jorge Ibargüengoitia. Votar ese día era un ritual vacío.

El país del partido único ha cambiado, pero no lo suficiente. Durante un breve lapso el IFE generó confianza en el proceso electoral y en algún domingo decisivo nos encontramos ante la paradoja de tener más ganas de votar por el IFE que por un candidato. Hoy el INE no despierta la misma tentación.

Esta lúgubre evocación no se desprende de una mala noticia, sino de algo que lastima más: una espléndida noticia que no duró. Hace veinte años ganó Cuauhtémoc. En la noche del 6 de julio de 1997 la ciudad se llenó de pancartas con los soles del PRD. Por primera vez, la izquierda conocía la más insólita de las costumbres: el triunfo. Así comenzó una gestión de gobierno que lleva dos décadas. Con altas y bajas, ha sido preferible a la de la mayoría de los estados, pero dista mucho de ser perfecta. Por otro lado, el partido que encumbró a Cárdenas es hoy el organismo repudiable al que él renunció.

Es posible que la certeza de seguir perdiendo elecciones sea menos agria que la de haber triunfado hace veinte años sin que eso sirviera de gran cosa. Con todo, algo se aclara a la distancia: la transformación de la sociedad no pasa por ganar una elección, sino por modificar el sistema de partidos.

Los soles que aparecieron a deshoras se eclipsaron pronto.

La alborada del cambio está en otra parte.

https://www.elsiglodedurango.com.mx/noticia/774394.la-noche-de-los-soles.html

 

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