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Archive for 7/08/17

11 mil niñas embarazadas y contando…

Mónica Garza

 

El jueves pasado (3 de agosto) se conmemoró el día Internacional de la planificación familiar y me resultó inevitable remitirme a aquel celebre eslogan de “la familia pequeña vive mejor”, ¿se acuerdan?, nomás que hoy habría que agregarle “sin adolescentes embarazadas”.

Y es que actualmente la planificación familiar no compete únicamente a parejas, también a esa vergonzosa realidad mexicana a la que nos enfrentan las estridentes cifras de niñas embarazadas que hoy tienen en riesgo su vida en un estado para el que ni su cuerpo ni su mente están preparados.

En 2016 la Escuela Nacional de Enfermería y Obstetricia (ENEO) presentó un informe que asegura que las mujeres que se embarazan antes de los 16 años tienen una probabilidad de morir cuatro veces mayor que quienes lo hacen después de los 20.

Peor resulta si consideramos que el fenómeno ocurre ante la mirada indolente de una sociedad que por sectores ve normal el fenómeno al cobijo de los “usos y costumbres”, particularmente en zonas rurales, entre comunidades indígenas, donde se compromete en matrimonio a niñas antes de cumplir los 13 años de edad y el resto de la tragedia es historia conocida.

Es un hecho que México invierte muy poco en la prevención del embarazo adolescente. Según datos de Unicef en el periodo 2008-2011 la inversión pública promedio en la infancia en nuestro país representó menos del 6% del Producto Interno Bruto y de este, menos del 1% quedó destinado a programas de protección, como podría ser la educación sexual.

Si bien México desarrolló en 2015 la Estrategia Nacional para la Prevención del Embarazo Adolescente, ésta, según expertos, presenta un problema de fondo y es que carece de recursos para ejecutarse.

La idea original era que cada dependencia de gobierno aportaría recursos y programas, y en sinergia darían oxígeno a la estrategia, pero los indicadores actuales revelan que las cifras no se mueven.

En mayo de 2016 el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM reportó 400 mil embarazos en menores de edad, lo que representó el 20% del total de nacimientos.

El embarazo adolescente en nuestro país es además la cuarta causa de deserción escolar entre jóvenes de 15 a 19 años, y hoy se habla de unos 11 mil casos de niñas de 10 a 14 años que se encuentran embarazadas.

Pero cuando el tema nos dirige por fuerza hacia la posibilidad de un aborto voluntario el asunto se vuelve aún más complejo, porque ahí intervienen factores morales, religiosos,políticos y legales, dependiendo de la entidad de la que se trate. En eso nuestro país ejerce un trato injusto, desigual y hasta irresponsable.

En el norte de México el incremento en la violencia sexual contra niñas es alarmante, de la que en muchos casos se desprenden embarazos que son de alto riesgo, que incluso terminan por cobrar la vida de las madres-niñas.

En la Ciudad de México el aborto por decisión de la madre y hasta las doce semanas de gestación quedó despenalizado en 2007, lo que significa que si los padres o tutores de una menor embarazada optaran por ese recurso, podrían hacerlo en la capital sin problema.

Pero prejuicios y otras presiones han obligado a miles de niñas a terminar con un hijo en los brazo a destiempo, fracturando física y psicológicamente su vida de manera irremediable.

Por eso es fundamental luchar por sacar este debate de lo moral y lo ideológico, porque es un asunto de salud y de proyectos de vida.

En la ley general de niños y adolescentes está el acceso a la seguridad reproductiva, pero hay estados como Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Puebla, donde no se reconoce claramente, hay tabúes absurdos que ponen por encima de la ley valoraciones de funcionarios ignorantes que no entienden que tenemos un estado laico, y eso además de ilegal, está poniendo en riesgo la vida de miles de niñas.

De ahí la importancia de generar las políticas públicas que protejan, prevengan e informen, sobre todo a los padres y madres que en estos casos pueden ser quienes tengan la última palabra o la sentencia definitiva para el futuro de sus hijas.

monica.garza@razon.mx
Twitter:
@monicagarzag

http://razon.com.mx/spip.php?page=columnista&id_article=356259

 

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Tropas extranjeras en México

Raymundo Riva Palacio

Después de publicar la transcripción de la conversación entre los presidentes de México y Estados Unidos el 27 de enero pasado, donde Donald Trump le dijo a Enrique Peña Nieto que “al 100%” estaba listo para enviar tropas estadounidenses a México a matar narcotraficantes, el periódico The Washington Post, que reveló la transcripción, se preguntó: “¿Puede enviar Trump tropas a México?” Peter DeShazo, profesor de asuntos latinoamericanos del Colegio Dartmouth, respondió: “Es improbable que el gobierno mexicano permitiría unidades de élite, como las Boinas Verdes o los SEALs, para enfrentar a los cárteles de la droga, o jugar un papel activo en asesorar y apoyar a las unidades mexicanas. No es un tema unilateral. El crimen organizado es un asunto internacional y no un tema doméstico de México”. DeShazo, The Washington Post y el propio Trump están rebasados. Trump no necesita enviar tropas, porque hace tiempo sus militares están en México.

No en la forma como recuerda el Post la invasión estadounidense en 1847-48, o los amagos de la flota estadounidense en Veracruz en 1914. Ese modelo de intervención corresponde a un pasado muy lejano. La presencia tiene distinta cara y existe en México desde hace varios años. Incluso, desde los albores de la Segunda Guerra Mundial, se firmó un oscuro tratado bilateral donde ambos países pueden utilizar, sin necesidad de solicitar autorización, los aeropuertos y las bases militares de cada nación en situaciones extraordinarias.

El Post recuerda el origen de una revigorizada relación militar, cuando el problema común del narcotráfico produjo una alianza táctica para enfrentarlos, pese a la desconfianza del y en el Ejército Mexicano. Esa desconfianza de Washington propició que el apoyo central se fuera a la Marina. Un grupo importante de marinos mexicanos fueron entrenados por el Cuerpo de la Marina de Estados Unidos y los capacitaron al mismo nivel de los SEALs, que es como se conoce a las unidades Mar, Aire y Tierra, de donde viene el acrónimo de las fuerzas de operaciones especiales más sofisticadas que tiene la Armada.

Los estadounidenses los entrenaron en sus instalaciones de Virginia y el sur de California, de donde salieron tres comandos de élite construidos a imagen y semejanza de los estadounidenses, que se encuentran en las bases de la Ciudad de México, Veracruz y Acapulco. Los SEALs estadounidenses figuran en las operaciones más espectaculares y conocidas de la guerra, como las invasiones a Panamá y Afganistán, o la muerte de Osama bin Laden, y condujeron tácticamente a los comandos mexicanos que abatieron a Arturo Beltrán Leyva, el letal capo del narcotráfico, en diciembre de 2009. La CIA también ha trabajado con los comandos mexicanos, a quienes actualizó mediante contratistas privados en instalaciones secretas cerca de la Ciudad de México. La CIA, aunque no es militar, fue clave en la primera captura de Joaquín El Chapo Guzmán en Mazatlán, donde también participaron SEALs estadounidenses encubiertos.

Esta participación estadounidense en México es previa al presidente Trump, y se sigue manteniendo en secreto. Al público sólo se le informa periódicamente de ejercicios conjuntos de las Fuerzas Armadas. De 2014 a 2016, recordó el Post, se incrementaron 20% los programas conjuntos, que van desde compartir inteligencia para atacar por aire, tierra y mar a los cárteles de la droga de Centro a Norteamérica, a asesoría legal de abogados estadounidenses a los militares mexicanos para la observancia de los derechos humanos. En ese periodo, agregó, se han destinado 27 millones de dólares para entrenar a los comandos mexicanos, desde combate cuerpo a cuerpo, a invasiones simuladas en playas. El último ejercicio fue en julio pasado, cuando la Fuerza Aérea Mexicana, en coordinación con el Comando del Norte y el Comando Norteamericano de Defensa Aeroespacial, realizaron el tercer ejercicio conjunto, Amalgam Eagle, en la Base Aérea Militar en Hermosillo.

La forma como se ha entreverado la injerencia, participación y asistencia del Pentágono en las Fuerzas Armadas mexicanas es profunda, aunque no responde a la obsoleta categoría de análisis que planteó Trump a Peña Nieto, ni a la manera como planteó el Post el dilema de la conversación telefónica entre los dos presidentes. El Post, extrañamente, tomó el caso de las unidades militares colombianas que entrenan junto con la Fuerzas Especiales del 7º Batallón del Ejército estadounidense, para asegurar que la política interna en México no permitiría semejante decisión. Error. Eso ya sucede, de manera más profunda, sin que parezca haberle importado a la oposición mexicana la forma como, en particular la Marina, se injertó dentro de los modelos estratégicos de seguridad de la Armada estadounidense.

No habrá tropas marchando sobre territorio mexicano, aún si existiera una autorización del gobierno y el Congreso, porque en realidad no se necesitan. La lucha contra el narcotráfico no llegará a la victoria si sólo se utiliza la fuerza. Se requiere inteligencia e ir desarticulando sus redes financieras y de lavado de dinero para deshidratar a las organizaciones, aparejado no de combates tipo la Segunda Guerra Mundial, con batallones en las trincheras, sino con unidades de élite realizando operaciones quirúrgicas como las de Beltrán Leyva o, más recientemente, contra Felipe de Jesús Pérez Luna, El Ojos, el líder del narcomenudeo abatido hace unos días en Tláhuac de un tiro en la cabeza, dentro del automóvil donde huía. A ello, Trump y quien le haga caso llegaron tarde a la historia. Militares estadounidenses con capacidad operativa y de decisión en México, hace tiempo llegaron para quedarse.

Twitter: @rivapa

http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/tropas-extranjeras-en-mexico.html

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Denise Dresser

¿El inevitable?

 A Ndrés Manuel López Obrador, el inevitable. El elegido. El que le toca el turno. El que merece la oportunidad. El que responde a las expectativas de los hastiados con el panismo ineficaz y el priismo corrupto. Ha llegado la hora del Peje dicen las encuestas, al menos una tercera parte de la opinión pública, inversionistas que ya piensan cómo lidiar con la impredecibilidad de su Presidencia. AMLO ayudado por la victoria de Donald Trump y la satanización de un país que el tabasqueño defiende envuelto en la bandera nacional. AMLO impulsado por los ánimos nacionalistas que resucita ante una globalización cuestionada. AMLO potenciado por su defensa del petróleo ante una reforma petrolera exitosa, pero quizá sólo para los mismos de siempre. Ante el bully estadounidense resurge el mesías tropical; ante reformas estructurales viciadas resurge la prédica nacionalista y populista; ante la corrupción extendida resurge el adalid de la austeridad. Para unos, lobo en piel de cordero. Para otros, la salvación.

Retratado escrupulosamente en el libro editado por Jorge Zepeda Patterson, Los Suspirantes, vía un perfil que ayuda a desentrañar el fenómeno político y social que pretende modificar el rumbo de México. El niño de Macuspana que creció en un ambiente bucólico y paradisiaco, nadando, pescando. El adolescente que vio morir a su hermano en un accidente. El estudiante de la UNAM y el delegado del Instituto Nacional Indigenista. El que desde joven mostró una clara fascinación por los actos públicos de pueblo en pueblo. El priista reconvertido en perredista y luego en morenista. El activista, organizador social, esposo, padre, viudo, auténticamente frugal. El político a veces sagaz, a veces torpe, a menudo obcecado, siempre aguerrido. Siempre peleando, siempre creyéndose poseedor de una moralidad superior. Siempre enarbolando tesis nacionalistas y banderas populistas. Siempre febril e hiperactivo. Tomando decisiones sin explicar, rijoso para discutir, inflexible con sus propuestas, poco sensible a las ideas de otros. Y sin embargo, puntero.

¿Qué podría parar al inevitable? ¿Qué podría descarrilar al tren imparable? Sus propios errores, su arrogancia, su propensión histórica a la radicalización cuando se siente atacado, su descuido a los votantes moderados, su desprecio por “los pequeño-burgueses”, su capacidad para ignorar el comportamiento delictivo de miembros de su propio equipo. O la consolidación de un frente amplio con un candidato independiente creíble. O que Margarita Zavala lograra construir un polo PAN-PRI cuyo único fin fuera frenar al Peje. La elección del 2018 va a ser un referéndum: AMLO sí o AMLO no. Hoy cuenta con un voto duro y leal de casi un tercio de los votantes, pero con eso no le alcanza para ganar.

Un candidato progresista pero selectivamente; con una visión del mundo y unos códigos personales “más cerca de sus antecedentes campiranos que de las agendas de la nueva izquierda urbana”. Lejos de la izquierda civilista y democrática que no se siente representada por él y desconfía de sus tintes populistas. Lejos de políticas públicas que busquen el rescate o la maduración de instituciones democráticas. Lejos de las luchas cívicas que han marcado los últimos años como la Ley 3de3, la construcción del Sistema Nacional Anticorrupción, el establecimiento de una Fiscalía General independiente del poder político, el cuestionamiento a una Ley de Seguridad Interior que perpetuaría al Ejército en las calles sin controles democráticos.

Y a la vez demasiado cerca de personajes y prácticas que alguna vez cuestionó: oligarcas y empresarios rentistas y televisos y expriistas recién morenizados. Antes despreciados, hoy amados; antes satanizados, hoy perdonados. La República amorosa ahora poblada por miembros de la mafia en el poder. Sólo que han sido purificados para participar en un proyecto construido sobre una decena de ideas básicas, algunas aplaudibles, otras cuestionables; algunas viables, otras pueriles. “El pueblo”. La injusticia social. La austeridad, la perversidad de los poderosos. El Estado benefactor. La honradez personal. El nacionalismo. Ni más, ni menos. AMLO amado y a la vez tan limitado. AMLO fascinate y a la vez terrible. Con el nivel más alto de intención de voto y el nivel más alto de reprobación. El inevitable que podría mejorar a México o regresarlo a lo peor de su pasado.

 

https://www.elsiglodedurango.com.mx/noticia/780588.el-inevitable.html

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