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Rius, el más leído, el entrañable

Por , 8 agosto, 2017

 

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- En enero de este año, Eduardo Del Río, Rius, acudió a su homenaje en el museo El Estanquillo. Sabía que su cáncer había avanzado. Estaba triste, pero consciente del tránsito. Preocupado por el país, por la debacle del peñismo, por los desaparecidos, por el periodismo.

Sin tapujos, ahí anunció que estaba a punto de morir, que estaba cansado, pero emocionado por tener a tantos herederos y seguidores. El Estanquillo estaba abarrotado. Jóvenes y jóvenes seguidores que aún leen más a Rius que a Marx, que han conocido de historia de México, de América Latina y de Estados Unidos gracias a sus libros, que abandonaron el catolicismo por su influencia, que se burlan del autoritarismo encopetado y tricolor.

Sin perder el humor ácido que caracterizó al autor de historietas como Los Agachados y Los Supermachos, Rius dio “gracias a Dios, por si existía”. Él, uno de los ateos más célebres, de los primeros en defender la dieta vegetariana, y uno de los críticos más insistentes del poder de la Iglesia, de las jerarquías y los inamovibles.

Rius nació en la cuna del sinarquismo, en Zamora, Michoacán, hace 83 años, y desde ahí emprendió su propia “guerra” por la cultura y no por el fanatismo. Sus últimos años vivió en Tepoztlán, Morelos, con sus libros, su hija y su esposa, siempre atento a lo que ocurría.

Sus trazos sencillos, sus personajes entrañables como Caltzonzin, sus señoras con rebozo, sus caciques panzones, los burócratas arribistas, los políticos mentirosos, se convirtieron en un referente para varias generaciones porque Rius se transformó en uno de los autores más leídos por libros de historietas.

Por ejemplo, La Panza es Primero lleva 1 millón de ejemplares vendidos, Marx para Principiantes (quizá más leído en México que el propio El Capital del economista y filósofo alemán) tiene 400 mil ejemplares vendidos, Filosofía para Principiantes se convirtió en un texto de preparatoria con 150 mil ejemplares vendidos, Manual del Perfecto Ateo, El Mito Guadalupano, La Biblia, esa Linda Tontería, entre decenas de otros, también han sido reeditados una y otra vez.

Ariel Rosales, editor de Penguin Random House, conoció a Rius desde sus primeros trabajos. “Nadie ha vendido tanto como él en la historia de la historieta política”, me dijo un día. Sus libros tienen hasta más de 20 reediciones. Su serie de Los Agachados y Los Supermachos se venden aún en los tianguis de libros, en las librerías de viejos, en los puestos de periódicos.

Su último libro, editado en abril de este año por Penguin Random House, se llama Los Presidentes dan Pena, una compilación de los excesos, desfiguros y corrupción desde Guadalupe Victoria hasta Enrique Peña Nieto.

Una de sus obras autobiográficas indispensables es Mis Confusiones. Ahí relató Rius el episodio de cuando lo detuvieron los agentes de la Secretaría de Gobernación, en el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, en pleno movimiento del 68. Lo querían asesinar. Gracias a la intervención del general Lázaro Cárdenas, paisano de Rius, expresidente, dejaron libre al monero.

Rius participó en prácticamente todos los medios impresos críticos de la época: desde Proceso a La Jornada, en El Universal y La Prensa.

Fundador y animador de revistas de moneros como La Gallina, Marca Diablo, La Garrapata, El Chahuistle, El Chamuco y Los Hijos del Averno.

Al confirmarse su fallecimiento, recordé lo que Rafael Barajas, El Fisgón, me dijo hace unos días apenas: “Rius ya está mal, en cualquier momento se nos va”, para quedarse por siempre, pensé.

Rius dejó una escuela no de imitadores en sus trazos sino de alumnos en el compromiso político y periodístico por la crítica, el humor ácido contra los poderosos, la generosidad con los humildes, la obsesión por la divulgación.

Entre esos herederos de la escuela Rius está el propio Barajas, José Hernández y Antonio Helguera (los MonoSappiens de la revista Proceso), Helioflores, Rappé, el actual director de El Chamuco, Rocha, Riuste, entre muchos otros más que se volvieron sus escuderos imprescindibles.

En las redes sociales, el nombre de Rius se convirtió en Trending Tópic en Twitter, mientras Facebook e Instagram se inundaron de sus cartones, sus tiras, su imagen, su sonrisa.

“Rius alfabetizó políticamente a una generación convencida de la necesidad del cambio. Su labor como educador popular fue inmensa”, redactó Luis Hernández en su cuenta @lhan55.

Helioflores, quizá el mejor de los moneros y cartonistas vivos de la generación de Rius y Naranjo, escribió también en su cuenta de Twitter:

“Inmenso dolor por la partid de mi gran amigo y maestro RIUS. El más grande de todos”.

Paco Calderón, el cartonista del periódico Reforma, en las antípodas ideológicas de Rius, escribió con innegable sentido del humor:
“Me entero que falleció Rius. Requiem eternam dona eis Domine, et lux perpetua luceat eis. Requiescat in pacem. Aunque él no lo crea”.

Con Rius y Naranjo se mueren dos de los grandes referentes del cartonismo en México. Rius estaba consciente que nunca como ahora se vive un momento tan intenso, tan crítico e importante para los moneros, para los caricaturistas, para los cientos de autores de memes que recuperan el estandarte del humor y la crítica.

Larga vida a Rius que nos acompañará siempre, cada vez que digamos: la panza es primero.

www.homozapping.com.mx

 

http://www.proceso.com.mx/498038/rius-leido-entranable

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Adiós, monero en jefe

Dos pérdidas irreparables: Rius y Avilés

Elena Poniatowska

 

Hace dos días, el sábado, hablé con Rius en su casa de Cuernavaca. Su voz lenta era la de un enfermo cansado y ya un poco harto, pero su cabeza estaba lúcida, centrada. Lo acompañaban Micaela, su mujer, y Citlali, su hija. Por cierto, los tres vivían en el Paseo de Citlali (en honor a Citlali), a la sombra de un árbol maravilloso. Los muros de la recámara de Rius cubiertos de libros también le hacían buena compañía. Es a lo que me dedico ahora, a leer –me dijo en alguna visita con El Fisgón y con Jesusa Rodríguez: Mira, alcánzame a Marx para criticarlo.

No sólo hemos perdido a Rius, también a Jaime Avilés, espléndido cronista, notable editorialista y autor de Desfiladero, posiblemente el hombre más libre que haya conocido, a quien quise mucho y siempre me encantó leer por su soberbia y su capacidad de transgresión. Monsiváis lo consideraba un genio.

Hace años, en El Hábito, Jaime escribió muchos de los guiones de las obras de Jesusa Rodríguez y Liliana Felipe, y era fácil verlo a la una de la madrugada en el cabaret. Los tres eran cómplices y se reían felices de las miles de funciones en las que deshicieron a nuestros sucesivos gobernantes y se pitorrearon de toda nuestra cursilería.

Jaime se enojó con el subcomandante Marcos y escribió un libro: Adiós cara de trapo, y sus crónicas fulminantes en La Jornada quedarán para siempre como la memoria del gran periodismo. Traducido al italiano y al francés, sus obras Manicomio del poder y Nosotros estamos muertos lo convirtieron en uno de los críticos más ácidos de los poderosos. Lo que más me duele es la desaparición de Jaime Avilés antes del triunfo de López Obrador, porque Jaime le apostó a AMLO desde el primer momento.

En el hospital de Cancerología en Tlalpan el trato a Jaime era común y corriente y un poco a la ahí te vas, pero apenas se apersonó Andrés Manuel en una visita imprevista, médicos y enfermeras lo cubrieron de atenciones, porque Avilés lo merecía todo.

Nos llueve en nuestra milpita, dice El Fisgón. En un solo día se nos van dos guerreros, dos inteligencias, dos críticos indispensables. La muerte de Eduardo del Río, Rius, es irreparable. Michoacano como José María Morelos, Lázaro Cárdenas, el cardiólogo Ignacio Chávez, el pintor Alfredo Zalce, el caricaturista Rogelio Naranjo, el Premio Nobel de la Paz Alfonso García Robles y los hermanos Gabriel y Alfonso Méndez Plancarte, y Melchor Ocampo, Rius fue uno de nuestros grandes pedagogos, el más amado, el más celebrado.

En 1954 lo acogió la revista Ja-já, pero fueron Los Supermachos y luego Los Agachados, publicados a finales de los años 60, los que lo convirtieron en el Rius que nos guió.

Rius fue nuestro Piaget, nuestro Freinet de la escuela activa, Ivan Illich su vecino en Cuernavaca, Skinner el padre del conductismo, Pestalozzi, Montaigne y Federico Froebel, todos hechos croqueta. Rius fue, sin proponérselo, uno de los grandes educadores de México del siglo XX.

Él me educó, él me enseñó, por él soy la luchadora que soy, declaró Jesusa Rodríguez en un gran homenaje en El Estanquillo, y confirmó que lo devoró desde niña. “Cuando estaba en sexto de primaria me dejaron una tarea de civismo sobre los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, y se me ocurrió hacer precisamente una historieta a la manera de Rius. Los copié uno a uno, casi los calqué y me saqué 10. Los monos dibujos de Rius convirtieron a la caricatura en escuela.

“Nadie más creativo y sobre todo más mexicano con sus Supermachos y sus Agachados. Me hacía reír a carcajadas con sus comentarios en boca de algún personaje popular y eso aligeraba la lección que nos daba en cada número. Rius siempre dio en el blanco. También leía yo a Germán Butze y devoré La familia Burrón, de Gabriel Vargas, pero quien más me enseñó y más sigue enseñándome es Rius. Soy su fan incondicional y le rindo pleitesía”.

Aunque tendríamos que preguntarnos qué caricaturista es de derecha, los libros de Rius fueron mucho más que los de un gran caricaturista. Rius nos enseñó, informó y politizó a millones de mexicanos. Después de su libro Cuba para principiantes, en defensa de la revolución castrista, Fidel, Fidel, ¿qué tiene Fidel, que los americanos no pueden con él?, publicado en 1965, Rius le puso agua a su vino y se echó para atrás. Casi 30 años más tarde, en 1994, Rius, honrado a carta cabal, hizo pública su decepción en Lástima de Cuba, y aclaró que su Cuba para principiantes era la obra de un novato.

Todos los moneros amaron a Rius por su capacidad, pero también por su modestia. Secuestrado en 1968, fue uno de los santos de Rafael Barajas, El Fisgón, que creyó más en él que en la Virgen de Guadalupe. Y yo creo más en El Fisgón que en Dios padre.

Todo lo que sé y sabré jamás de marxismo se lo debo al Marx para principiantes. Las historietas de Rius sobre la divinidad de Jesús, Cristo de carne y hueso, Jesús alias el Cristo, El católico preguntón, La Iglesia y otros cuentos, Puré de papas, Cada quien su Dios y La Biblia, esa linda tontería, que asegura que Moisés no existió, me quitan el sueño pero hago todos los esfuerzos del mundo para ya no ser tan babosa.

Durante años tuve sobre mi máquina de escribir Olivetti una calcomanía de Los Supermachos, que luego se convirtieron en Los Agachados, así es que pensé en Rius a mañana, tarde y noche. “¡Ah, trae usted a Los Supermachos!” me decían hasta en Estados Unidos, porque de esa historieta se vendieron 250 mil ejemplares semanales.

Rius fue el más entrañable de los caricaturistas y su vastísima obra no sólo es la educación política de los mexicanos sino su educación sentimental. Qué bueno que Los Supermachos se encuentren ahora en una enorme exposición en los pasillos del Metro Zapata, al lado de La familia Burrón, de Gabriel Vargas. Qué bueno que su esposa Mica y su hija Citlali, que lo han acompañado, puedan visitarla porque se sentirán arropadas por Calzonzin y Doña Eme, y seguro sonreirán ahora que todos necesitamos un motivo para sonreír.

http://www.jornada.unam.mx/2017/08/09/politica/005a1pol

 

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Buenos deseos

SERGIO AGUAYO Miércoles 9 de ago 2017, 3:53am

 

A la memoria del Gran Rius, forjador de conciencias

En materia de seguridad Morena ofrece un listado de buenos deseos. Falta que los transformen en una estrategia integral y regional.

Si las elecciones fueran el próximo domingo, Morena ganaría la presidencia de la República y arrasaría en la Ciudad de México. Tiene sentido revisar la calidad de sus propuestas sobre el tema que más inquieta a los mexicanos. Los “Lineamientos básicos del proyecto alternativo de nación, 2018-2024” fueron presentados por Andrés Manuel López Obrador el 20 de noviembre de 2016. Son impecables porque ¿quién puede oponerse a una verdadera “coordinación entre las corporaciones policiales”, a evitar el “contubernio entre autoridades y delincuentes”, a respetar la “legalidad y a los derechos humanos”? Son enunciados generosos que carecen de concreción.

En busca del rigor ausente me acerqué a las propuestas de tres de los aspirantes de Morena a gobernar la capital: Martí Batres, Ricardo Monreal y Claudia Sheinbaum. Monreal tiene el documento mejor elaborado. Una visión metropolitana. Proyecto 2.5, está repleto de información útil y enumera con precisión los factores que causan la inseguridad. Sus objetivos son tan ambiciosos como los “Lineamientos básicos” ya mencionados: “disminuir los delitos”, “abatir la inseguridad asociada” con la movilidad, “establecer una relación de confianza entre la sociedad, la policía y la procuración de justicia”, etcétera. En las 45 líneas de acción se desinfla la propuesta: falta visión de conjunto y evade temas cruciales.

Fundamento mi crítica con lo superficial del tratamiento dado al “espacio público”. En una entrevista concedida el 30 de julio a Enrique Hernández de El Weso, Martí Batres prometió un “espacio público con actividad cultural, cívica, deportiva, artística” para lo cual contrataría a “miles de artistas y promotores culturales” que invadirían “todas las plazas y espacios públicos” de la capital. Claudia Sheinbaum añadió que “parte de lo que está diciendo Martí lo hacemos en Tlalpan”. Monreal no estuvo en la cabina de El Weso, pero en su libro ofrece “rescatar y mejorar la calidad del espacio público” como parte de la “estrategia de seguridad”.

Los tres precandidatos de Morena evaden un espinoso ángulo. Como argumenta Rodrigo Peña González, un buen número de espacios públicos de la capital y el país están siendo disputados por una multiplicidad de actores, entre ellos el Estado y el crimen organizado. Hipótesis que estamos verificando en investigaciones realizadas en El Colegio de México.

Entre los ejemplos estarían los huachicoleros y empleados de Pemex que se apropian de la zona federal por donde pasan los ductos, los ambulantes que invaden banquetas y parques, los franeleros que monopolizan lugares de estacionamientos, los mototaxis que vigilan mientras transportan personas y drogas, el microbusero que impone su ley en las vialidades, las inmobiliarias que construyen más de lo debido, los restauranteros que ponen mesas sobre las banquetas, los vecinos que bloquean las calles y avenidas como el único recurso que tienen para ser atendidos, etcétera. Todos ellos transforman el espacio público en privado aprovechándose de un Estado que titubea o se ausenta.

En esos polígonos de penumbra se ha ido infiltrando y asentando el crimen organizado. Por medio de la violencia o del convencimiento construye bases de apoyo social, político y económico aprovechándose, para ello, de la complicidad o la omisión de un buen número de funcionarios. Ignoramos el grado de penetración que han alcanzado en los barrios y delegaciones de la capital, pero ahí están. Por ello resulta irresponsable y frívolo que quienes desean gobernar la capital guarden silencio sobre lo que pasa en los espacios públicos que deberían ser uno de los ejes conceptuales y programáticos para enfrentar la inseguridad.

Batres, Monreal y Sheinbaum forman parte de un partido, Morena, que quiere ser diferente. México necesita mejores gobernantes. Para que lo sean, tienen que abordar con más seriedad temas tan centrales como el de la seguridad. Si no lo hacen, podrán ganar las elecciones pero terminarán emulando los fiascos del PRD en la capital o del PAN en Los Pinos. Los buenos deseos, entiéndanlo, son insuficientes para enfrentar al monstruo de la inseguridad.

 

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1368392.buenos-deseos.html

 

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