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Archive for 22/09/17

El negocio de la especulación inmobiliaria

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CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El negocio de la especulación inmobiliaria en la Ciudad de México ha sido uno de los más redituables desde hace poco más de una década cuando se decidió que la capital debería crecer de manera vertical y no horizontal. A partir de ahí comenzaron a construirse edificios en zonas de alto riesgo sin importar el peligro que representaba para quienes lo habitaban.

La organización ciudadana Suma Urbana denunció hace un par de años que hay alrededor de cuatro mil edificios ilegales construidos en distintos puntos de la Ciudad de México con los beneficios de la norma 26, que favorece a las viviendas de interés social y que generó 200 mil millones de pesos para los desarrolladores de vivienda.

En casi toda la ciudad hemos visto que como hongos han surgido edificios de múltiples viviendas en terrenos donde antes había una sola casa, a precios millonarios. La mayor parte de ellos adquiridos con créditos bancarios y hasta del Infonavit.

En colonias populares como Roma, Santa María La Ribera, San Pedro de Los Pinos, Escandón, Doctores, San Rafael y Portales comenzó a expresarse el fenómeno de la gentrificación con el aumento de los precios de venta y renta de vivienda antes popular, así como el encarecimiento de servicios y hasta de alimentos, generando la expulsión de familias que no podían seguir viviendo en una zona encarecida.

Con tal de dar la impresión de un apogeo económico, el gobierno de Miguel Ángel Mancera dio pie al desarrollo inmobiliario en zonas de alto riesgo. La agrupación civil Obra Chueca elaboró un mapa donde se observa que la mayor parte de los desarrollos inmobiliarios irregulares están precisamente en las delegaciones donde los sismos de 1985 y el reciente tuvieron mayor impacto: Cuauhtémoc, Benito Juárez, Coyoacán, Xochimilco y Centro.

A pesar de esto y de la demanda de ciudadanos, el gobierno de la Ciudad de México se ha negado a entregar el Atlas de Riesgo de la capital del país. Aseguran que dicha información esta “reservada” para quienes tienen “un interés jurídico”.

Es claro que, de conocerse esta información de interés público, el negocio inmobiliario se desplomaría pues tendríamos el dato claro y preciso de cuántas construcciones están edificadas en las zonas de mayor vulnerabilidad y de peligro sísmico.

Y con ello, sabríamos la corrupción en la que han incurrido un buen número de funcionarios que han otorgado permisos para la construcción de enormes complejos como Chapultepec Uno, ubicado en avenida Reforma y que terminará de construirse en noviembre de 2018. Dicho proyecto contempla la edificación de un hotel, oficinas, departamentos habitacionales con una inversión total de 270 millones de dólares.

Es evidente que para Mancera el precio del metro cuadrado es más importante que el precio de una vida. Las leyes de la especulación inmobiliaria son las que están dictando la prioridad de dar permisos de construcción en zonas comprobadas de alto riesgo haciendo a un lado lo principal: la seguridad.

Por cierto… Si alguien se quiere cambiar a lo que antes eran vecindades de las colonias Anáhuac o Granada de la delegación Miguel Hidalgo, que ahora se conoce como “Nuevo Polanco” o “Polanquito”, tendrá que desembolsar algunos miles de dólares porque no se aceptan pesos mexicanos.

http://www.proceso.com.mx/504158/negocio-la-especulacion-inmobiliaria

 

 

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Sismo: el alma también recuerda

Es incuestionable la entereza de sus habitantes y la profunda solidaridad que les ha nacido al paso de las adversidades

Puede ser que la ciudad de México esté prendida de alfileres con una infraestructura pemanentemente desbordada y veinte millones de personas empeñadas en vivir sobre el lecho de un lago. Puede ser que la inseguridad pública haya llegado a sus calles y que sus autoridades, permanentemente rebasadas, simplemente se dediquen a gestionar la emergencia de cada día. Pero es incuestionable la entereza de sus habitantes y la profunda solidaridad que les ha nacido al paso de las adversidades.

El sismo que torpedeó a la ciudad este 19 de septiembre puso a prueba el alma de los capitalinos y mostró al mundo las razones por la cuales esta ciudad ha sobrevivido durante siglos en un valle construido entre lodo y permanentemente agobiada por el desafío de conseguir y trasladar agua a una urbe a 2250 metros de altura. La tragedia mostró, una vez más, que lo mejor de este lugar son sus ciudadanos.

Apenas segundos después de que la tierra dejara de sacudirse surgieron héroes espontáneos para sacar de los edificios a los remisos, para detener el tráfico de las avenidas, mover a las personas a sitios al abrigo de los vidrios y cables sueltos. En las siguientes horas decenas de miles de hombres y mujeres actuaron como un enorme hormiguero al servicio de una misma causa. Largas líneas de brazos para sacar escombros de las ruinas, para sustituir a los semáforos inservibles y dar salida a las ambulancias, para llevar agua y vituallas a los socorristas. Muchos otros ofrecieron ayuda a los miles de vecinos que resultaron daminificados.

Abejas reinas y abejas obreras surgidas de la nada. Líderes espontáneos y voluntarios serviciales. Extrañas escenas en las que un joven veinteañero enfudado en jeans gastados dirigía con gritos aplomados a una docena de hombres maduros de traje y corbata; la anciana empeñada en dar fluidez a un cruce de calle bloqueado y los conductores atentos a sus instrucciones.

En 1985, también un 19 de septiembre, un sismo cambió la historia de la ciudad. No solo porque borró de un plumazo trazos completos del paisaje urbano, también porque, frente a la incapacidad de autoridades absolutamente desbordadas, surgió una sociedad civil dispuesta a rescatar a sus sobrevivientes así fuera con las uñas. A lo largo de las siguientes décadas los recuerdos de aquellas jornadas apocalípticas se convirtieron en leyendas urbanas. Un apocalipsis que no invocó el saqueo o la expoliación desesperada de unos sobre otros, sino la solidaridad más absoluta.

32 años más tarde el cuerpo recuerda; las primeras sacudidas del sismo producen palpitaciones en todos; las últimas echan a andar la generosidad y la entrega incondicional de muchos. El alma también recuerda.

@jorgezepedap

https://elpais.com/internacional/2017/09/20/mexico/1505924672_748187.html

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El puño en alto

Juan Villoro

22 Sep. 2017

 

Eres del lugar donde recoges
la basura.
Donde dos rayos caen
en el mismo sitio.
Porque viste el primero,
esperas el segundo.
Y aquí sigues.
Donde la tierra se abre
y la gente se junta.

Otra vez llegaste tarde:
estás vivo por impuntual,
por no asistir a la cita que
a las 13:14 te había
dado la muerte,
treinta y dos años después
de la otra cita, a la que
tampoco llegaste
a tiempo.
Eres la víctima omitida.
El edificio se cimbró y no
viste pasar la vida ante
tus ojos, como sucede
en las películas.
Te dolió una parte del cuerpo
que no sabías que existía:
La piel de la memoria,
que no traía escenas
de tu vida, sino del
animal que oye crujir
a la materia.
También el agua recordó
lo que fue cuando
era dueña de este sitio.
Tembló en los ríos.
Tembló en las casas
que inventamos en los ríos.
Recogiste los libros de otro
tiempo, el que fuiste
hace mucho ante
esas páginas.

Llovió sobre mojado
después de las fiestas
de la patria,
Más cercanas al jolgorio
que a la grandeza.
¿Queda cupo para los héroes
en septiembre?
Tienes miedo.
Tienes el valor de tener miedo.
No sabes qué hacer,
pero haces algo.
No fundaste la ciudad
ni la defendiste de invasores.
 

Eres, si acaso, un pordiosero
de la historia.
El que recoge desperdicios
después de la tragedia.
El que acomoda ladrillos,
junta piedras,
encuentra un peine,
dos zapatos que no hacen juego,
una cartera con fotografías.
El que ordena partes sueltas,
trozos de trozos,
restos, sólo restos.
Lo que cabe en las manos.

El que no tiene guantes.
El que reparte agua.
El que regala sus medicinas
porque ya se curó de espanto.
El que vio la luna y soñó
cosas raras, pero no
supo interpretarlas.
El que oyó maullar a su gato
media hora antes y sólo
lo entendió con la primera
sacudida, cuando el agua
salía del excusado.
El que rezó en una lengua
extraña porque olvidó
cómo se reza.
El que recordó quién estaba
en qué lugar.
El que fue por sus hijos
a la escuela.
El que pensó en los que
tenían hijos en la escuela.
El que se quedó sin pila.
El que salió a la calle a ofrecer
su celular.
El que entró a robar a un
comercio abandonado
y se arrepintió en
un centro de acopio.
El que supo que salía sobrando.
El que estuvo despierto para
que los demás durmieran.

El que es de aquí.
El que acaba de llegar
y ya es de aquí.
El que dice “ciudad” por decir
tú y yo y Pedro y Marta
y Francisco y Guadalupe.
El que lleva dos días sin luz
ni agua.
El que todavía respira.
El que levantó un puño
para pedir silencio.
Los que le hicieron caso.
Los que levantaron el puño.
Los que levantaron el puño
para escuchar
si alguien vivía.
Los que levantaron el puño para
escuchar si alguien
vivía y oyeron
un murmullo.
Los que no dejan de escuchar.

 

http://www.reforma.com/aplicaciones/editoriales/editorial.aspx?id=120530

 

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