Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 13/04/18

Hace mucho tiempo

La impresionante obra de Sergio Pitol corrió al parejo de su gusto por divertirse a expensas de unos y en sintonía con otros.

Sergio Pitol hizo de la amistad una religión. A contrapelo del escritor que requiere de aislamiento, buscó a los demás con insólita vocación gregaria. Recuerdo el entusiasmo con que leyó el primer libro de Mario Bellatin publicado en México, Salón de belleza, y el orgullo con que comentó que ya era su amigo. En un oficio plagado de recelos y competencias, jamás pensó en desmarcarse de los otros. Y no sólo eso: escribió convencido de que la literatura se produce en densidad. Su sostenida tarea como traductor deriva de su convicción de que no hay literaturas individuales. Todo autor, por original que sea, se inscribe en la tradición que lo explica.

Nacido en 1933, en un ingenio azucarero de Veracruz dominado por italianos, Pitol conoció desde niño la ambivalencia de vivir entre dos culturas. Sus mayores añoraban la ópera y los salones de Venecia y el entorno ofrecía los estímulos sensuales del trópico. Esta tensión aflora en los cuentos de Los climas y en cierta forma explica su deseo de entender el mundo como un horizonte sin fronteras.

Durante veintiocho años vivió en China, Polonia, Yugoslavia, Inglaterra, España, Hungría, la Unión Soviética y Checoslovaquia. Esta errancia lo llevó a traducir cerca de cien libros de cinco lenguas diferentes. Por un tiempo vivió en barcos cargueros; alquilaba un camarote sin preguntar cuál sería la ruta y se dedicaba a traducir en su oficina náutica. A esa etapa se deben sus versiones de Cosmos y Transatlántico, de Witold Gombrowicz, que deberían formar parte de la Enciclopedia biográfica de traductores inmortales propuesta por Ricardo Piglia.

La generosidad con que Pitol se ocupó de obras ajenas demoró la valoración de su propio trabajo. En 1969 publicó una novela excepcional, El tañido de una flauta, sobre el fracaso artístico y la dificultad de pertenecer a la cultura mexicana. De manera previsible, esta obra no tuvo los lectores que merecía y Carlos Monsiváis señaló que estaba destinada a convertirse en un “clásico secreto” de la literatura mexicana.

Durante casi una década, Pitol se concentró en traducir y prologar obras ajenas. A partir de su estancia en Moscú, a principios de los años ochenta, recuperó la fibra narrativa con Nocturno de Bujara, volumen de cuentos cuyo tema esencial es el misterioso origen de los cuentos. En uno de sus regresos a México, advirtió que la historia del país sólo podía ser contada en clave novelesca y concibió El desfile del amor, donde un historiador busca desentrañar sucesos de 1942 y advierte que la única manera de llegar a ellos son las conjeturas de la ficción.

En la cuerda de Sebald y Magris, escribió libros sin género preciso, mezcla de ensayo, crónica, fabulación y autobiografía. A esta etapa pertenecen El arte de la fuga, El mago de Viena y El viaje.

Su casa de Xalapa era un monumento a su pasión por la escritura ajena. Atrás de su escritorio, la pared estaba decorada con fotos de sus autores favoritos. Ahí, los clásicos alternaban con los amigos. Al revisar su biblioteca, me sorprendió que diera especial importancia a la estadística de la lectura. Al final de cada libro anotaba las veces que lo había leído, como una prueba de que la pasión mejora al reincidir.

Pero ninguna lealtad superó en él al trato con los amigos. Durante casi toda su vida se benefició del afecto y el humor de Carlos Monsiváis, Luis Prieto y Margo Glantz. En España, esta devoción se extendió a Lali Gubern, Jorge Herralde y Enrique Vila-Matas. Sabía, como Choderlos de Laclos, que toda relación es peligrosa, y por eso mismo la cortejaba, convencido de que el entusiasmo derrota las más complejas neurosis: “No hay quien se resista a un disco de Toña la Negra”, decía. Sin pedir auxilio a la sabiduría química, aconsejaba beber licores cada vez más fuertes para no sucumbir a una instantánea borrachera. Este manual de comportamiento no dio grandes resultados en el terreno de la salud, pero le permitió explorar el carnaval de la existencia. Como Gógol, entendió que el ser humano es un sujeto que se considera estupendo y de pronto sufre un retortijón. Los dispositivos teatrales que generaba en vida le permitieron ser testigo de situaciones intensamente ridículas que recreó en Domar a la divina garza y La vida conyugal.

Lo conocí en 1980 cuando participamos en el ciclo “Encuentro de generaciones”, donde un autor consagrado leía junto a un principiante. Me trató como si nos hubiéramos visto desde siempre. Después de la lectura, fuimos a casa de unos amigos suyos. Uno de los asistentes era Augusto Monterroso, mi maestro de taller de cuento. Afectado por la magia de Pitol, que borraba las generaciones, dije que conocía a alguien desde hacía mucho tiempo. Monterroso me reconvino en broma: “A tu edad, no tienes derecho a usar la expresión ‘hace mucho tiempo’”.

Cuarenta años después puedo decir con agraviante naturalidad: hace mucho tiempo conocí a Sergio Pitol. Mi opera omnia constaba entonces de un cuadernillo con tres relatos, pero él me trató como un colega. Cuando le dije que tenía problemas para escribir una novela, me dio a leer Los orígenes del Doctor Faustus. Le comenté que mi circunstancia era muy distinta a la de ese egregio autor. Entonces me palmeó la nuca y dijo: “Nadie es distinto a Thomas Mann”.

Sergio Pitol creía en los demás con una “fe de carbonero”, como él decía. Su impresionante obra corrió al parejo de su gusto por divertirse a expensas de unos y en sintonía con otros. La comedia humana alimentó su escritura y le brindó, en las más arduas circunstancias, el imbatible remedio de la risa.

Anuncios

Read Full Post »

Carmen Aristegui

¿Quién investiga a la PGR?

Desde que se fueron de México los expertos internacionales del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) para el caso Ayotzinapa, quedó abierta la exigencia de que la PGR iniciara líneas de investigación sobre la conexión entre el tráfico internacional de drogas, la colusión con autoridades mexicanas y lo sucedido con los jóvenes estudiantes de Ayotzinapa en Iguala en septiembre de 2014. El GIEI pidió expresamente al Estado mexicano que pidiera información a Estados Unidos sobre una investigación en curso por tráfico de heroína y cocaína a gran escala transportada en autobuses de pasajeros de Guerrero a Chicago. La PGR hizo oídos sordos y mantuvo la cada vez más insostenible “verdad histórica”.

Reforma dio a conocer, en un reportaje de Roberto Zamarripa, información trascendental del caso Ayotzinapa. Revela la intensa comunicación sostenida, desde Chicago, entre jefes criminales del grupo Guerreros Unidos y sus operadores en Guerrero durante las horas en que ocurrían los hechos en Iguala y en los días subsecuentes. Son los mensajes intervenidos a 11 teléfonos entre fines de 2013 y octubre de 2014. Entre estos quedaron en el expediente los mensajes relacionados con Ayotzinapa. La investigación transcurría meses atrás y, en el camino, ocurrió ese evento inesperado. Los 8 criminales procesados en Estados Unidos por trasiego de droga no fueron interrogados sobre la desaparición de los estudiantes, la investigación se centraba en el trasiego de drogas.

¿Cuánto tiempo se perdió por la negligencia o complicidad desde las más altas esferas que no atendieron el llamado expreso de los expertos del GIEI y el de los familiares, en 2016, para solicitar información de esa investigación de la que los alertó el grupo de especialistas? ¿Cómo explica la PGR no haber centrado sus investigaciones en esa conexión México-Chicago para traficar droga en los autobuses de línea? ¿Con qué explica el Gobierno mexicano la gravísima omisión que ahora queda recrudecida con las informaciones reveladas? En el expediente quedaron registradas comunicaciones en las que se muestra la manera en que coordinaron, desde allá, la intervención de policías en Guerrero para frenar el presunto avance para tomar la plaza de otro grupo delictivo conocido como Los Rojos. En una trágica confusión, dieron por hecho que los jóvenes estudiantes formaban parte de una operación comandada por Los Rojos que pretendía tomar la plaza. Estas comunicaciones muestran de qué manera se ordenó la actuación de policías para atacar con armas de fuego a los estudiantes.

Las transcripciones también muestran que, por lo menos una semana después de ocurridas las desapariciones, los operadores en Chicago no parecían tener idea de qué fue lo que se hizo con los estudiantes. Uno de los líderes en Chicago, Pablo Vega, intercambia con “Covra” este mensaje: “… hay 50 chavos desaparecidos”, a lo que el otro responde: “…en la madre. Tantos… ps dónde los metieron? Tantos”.

Lo revelado por Reforma provocó una reacción inmediata de los familiares y organizaciones que representan a los muchachos desaparecidos. Grave les parece, y les asiste la razón, que la PGR se haya demorado en solicitar información de la investigación en EU a pesar de que el GIEI planteó la necesidad de abrir y agotar una línea de investigación. Es evidente, ahora, la grave falta de la PGR al no haber solicitado de inmediato información sobre aquella investigación en Estados Unidos.

Lo revelado ayer muestra crudamente que la investigación debió cruzar por ahí desde el primer momento. ¿Por qué se resistió la PGR y las autoridades mexicanas a solicitar lo que el GIEI había alertado que existía como investigación en Estados Unidos? ¿Cuánto tiempo han dejado pasar de manera injustificada? La inacción de la PGR sobre esta línea siempre resultó sospechosa. Con las revelaciones de ayer, se vuelve escandalosa. Hoy más que nunca es urgente y obligado abrir una investigación sobre la investigación del caso. Hay que decirlo sin rodeos: la actuación de la PGR sobre el caso Ayotzinapa raya en los linderos de lo criminal.

http://www.zocalo.com.mx/opinion/opi-interna/quien-investiga-a-la-pgr

 

Read Full Post »

¿Hasta dónde llegará Peña Nieto para ganar?

En su desesperación las infamias han comenzado a escalar hasta alcanzar cuotas que no habíamos visto desde hace décadas

José Antonio Meade, el candidato oficial no va a ganar. La pregunta que todo el país se hace es ¿cuándo se va a dar cuenta la Presidencia y qué va hacer cuando lo asimile? Durante meses el equipo gobernante se había consolado con la idea de que una vez destapado su delfín, los recursos políticos, la maquinaria de Estado y la buena imagen del candidato elegido, compensarían la impopularidad actual del PRI y el rezago con el que arrancaba su abanderado. Pero eso fue hace unos meses. Al pasar las semanas ha quedado en claro que Meade no sólo no avanza en las encuestas de intención de voto, tampoco parecen estar haciendo mella las duras campañas diseñadas para enlodar a los dos candidatos de oposición que le aventajan.

En cifras redondeadas, Andrés Manuel López Obrador concentra poco más de 40% de la intención de voto, Ricardo Anaya supera un 30%, y Meade se encuentra estancando con un lejano 20%. El único cambio de los últimos meses es que el candidato del PRI ha perdido dos o tres puntos adicionales.

A 85 días de la elección el grupo en el poder contempla la cuenta regresiva sin saber qué otra cosa hacer para insuflar un soplo de esperanza a las posibilidades de Meade. Pero ya han dejado en claro que están dispuestos a recurrir a lo indecible antes de darse por derrotados. En su desesperación las infamias han comenzado a escalar hasta alcanzar cuotas que no habíamos visto desde hace décadas. El grupo en el poder, todo indica, se dispone a vender su alma al diablo con tal de generar otros 20 puntos a su candidato y/o tumbar a sus rivales. Y las posibilidades asustan.

Inflar el voto era algo que se esperaba. Los financiamientos ilegales y las prácticas clientelares son peccata minuta; prácticas habituales utilizadas incluso en 2012, cuando el PRI ni siquiera las necesitaba.

Lo que no esperábamos era el uso faccioso para descabezar fiscalías (entre otras la de Delitos Electorales) y deshacerse así de funcionarios incómodos, la utilización de la Procuraduría para perseguir a un rival de Meade (Ricardo Anaya) y, más recientemente, imponer desde el Trife (el máximo tribunal en materia de elecciones) a un candidato independiente que falsificó buena parte de las firmas exigidas para estar en la boleta electoral.

Bajo el supuesto de que este candidato, Jaime Ramírez El Bronco, será capaz de quitar algunos puntos a López Obrador, el grupo en el poder prefirió liquidar toda legitimidad de las autoridades electorales con tal de dar un raspón al líder de la oposición. Por lo pronto, ha quedado en claro que la mayoría de los ministros del Tribunal son operadores del partido en el poder. Sabíamos que eran filo priístas, desconocíamos que eran empleados dispuestos a cometer cualquier ignominia que se les ordenase.

Se supone que incluso en materia de manipulación electoral había límites. Pero la presidencia parece estar dispuesta a romperlos sin que importe acabar con el débil tinglado que el país venía construyendo trabajosamente en materia de instituciones.

El código de vestir de la fiesta admitía cuchillos, el PRI ha llegado con bazuca. ¿Qué va a pasar cuando asuma que tampoco la bazuca alcanza para que su campeón resulte vencedor? ¿Qué sigue? ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar Peña Nieto?

@jorgezepedap

https://elpais.com/internacional/2018/04/11/mexico/1523462587_073909.html

Read Full Post »