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El PRI y el miedo


El PRI y el miedo

Por Diego Petersen Farah

SinEmbargo

 

Se había tardado el PRI en usar el argumento del miedo en la campaña presidencial. Y digo se había tardado, porque siempre los hace. En una elección en Puebla le dieron la vuelta en una semana esparciendo el rumor de que el PAN terminaría con la educación púbica; en el 2000 el argumento favorito era que si ganaba otro partido se terminarían los programas sociales y ya entrados en miedos en esta campaña incluso no son pocos los medios de comunicación que han comprado la idea de que si se va al PRI se acabarán los chorros de dinero discrecional de la presidencia de la república (esto, por cierto, ojalá y sí suceda).

La campaña de Meade ha sacado a pasear el petate del muerto con dos spots donde el personaje central, una mujer (hay que recordar que el voto duro priista sigue siendo fundamentalmente mujer, de mediana edad y pocos ingresos) dice tener miedo de que López Obrador termine con la reforma educativa y los niños no tengan acceso a estudiar inglés (como si algún día lo hubieran tenido) y otro donde el miedo es que no meta a los malos a la cárcel y se aparezcan por la ventana.

El miedo, lo hemos comentado antes, es junto con la esperanza y el hartazgo uno de los principales motivadores del voto.

Ninguna elección es químicamente pura. Los tres sentimientos estarán presentes en esta campaña. Andrés Manuel se ha apoderado del discurso antisistema, el que capitaliza el hartazgo. Anaya ha tratado de posicionarse en la esperanza de un mejor futuro, lleno de tecnología y aplicaciones que solucionan todo, sin demasiados resultados hasta ahora. Meade comenzó también queriendo vender esperanza, pero resulta muy difícil hacerlo desde un gobierno y un partido tan golpeados como los que él representa, así que el equipo de campaña decidió correrse hacia el miedo, que es lo que mejor les sale, y focalizarlo contra López Obrador.

La pregunta es si en esta elección, marcada fundamentalmente por el rechazo, hay lugar para el miedo. El hartazgo es el voto que llamamos antisistema, esto es, un voto en el que lo que se busca es un cambio radical y donde pesan tanto los agravios que no se miden las consecuencias, n porque un candidato sea peor que otro, sino porque el votante se hace inmune a ese tipo de discursos. En una elección como esta es más claro a quién se repudia que por quién se vota. Así, atacar a Andrés Manuel o de infundir miedo a su posible triunfo resulta de poca utilidad.

Lo único que podría hacer el candidato del PRI para meterse a la pelea es reducir la carga negativa que tienen el gobierno y el partido y eso no se logra con spots ni en unos cuantos meses.

Por Diego Petersen Farah

http://www.sinembargo.mx/13-04-2018/3407109

 

 

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