Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 18/04/18

Expresidentes, opulencia y corrupción

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Los privilegios de la clase gobernante en este país son indignantes en muchos sentidos, especialmente cuando se sabe que éstos trascienden la temporalidad de los cargos para perpetuarse en pensiones, personal y beneficios pagados con dinero público.

En la edición 2163, actualmente en circulación, Álvaro Delgado dio cuenta de los ingresos y beneficios que, conforme a información pública, tienen los expresidentes de México y –retomando datos del libro “Cuánto cuesta a los mexicanos mantener a los expresidentes”, de Hilda Nucci y Ernesto Villanueva– acredita que México es el país con mejores prestaciones para un exmandatario de entre 21 naciones analizadas.

La cifra de 205 mil pesos, correspondía hasta 2017 a lo que percibía un secretario de Estado, apenas cuatro mil pesos menos que el presidente en funciones, Enrique Peña Nieto, que para el ejercicio fiscal 2018, contempló en su proyecto de presupuesto, aumentar la percepción para él y los suyos.

Eran los días de la incertidumbre, de la liberación del precio de gasolina y las condiciones adversas en la relación con Estados Unidos, dada la posición nacionalista asumida por Donald Trump, que disparó el dólar a más de 21 pesos, cuando en su mensaje de Año Nuevo y la tristemente célebre declaración sobre el agotamiento de “la gallina de los huevos de oro”, el 5 de enero de 2017, Peña Nieto prometió bajarse el salario, junto con todos los mandos superiores del gobierno, un 10%. Pero ni eso cumplió.

De hecho, cuando en noviembre se presumió con ahínco que se había conseguido un incremento histórico al salario mínimo, se anunció con días de diferencia el aumento salarial para el presidente Peña Nieto y sus altos funcionarios. No se sabe si ese incremento salarial alcanzó a los expresidentes que cobran pensión vitalicia.

Los incrementos salariales que se ha procurado Peña Nieto, permiten un comparativo, por inmoral, escandaloso: él ha conseguido aumentar su percepción en alrededor de 12 mil pesos mensuales que es más o menos la misma cantidad que gana en promedio una familia mexicana, de acuerdo a la Organización para la Cooperación y del Desarrollo Económico (OCDE).

Un insulto a la desgracia: en las cifras desagregadas de acuerdo con el INEGI en 2017, es posible advertir que, hasta el año pasado, había siete millones 577 mil personas que este año ganan dos mil 650 pesos mensuales; hay 14 millones 119 mil personas que se ubican entre esa cantidad y los cinco mil 300 pesos mensuales. Podríamos seguir.

La opulencia y el despilfarro es patente en muchos aspectos, pero volviendo al caso de los expresidentes, hay información que desconocemos. Y es que, si se tomara en cuenta lo que ganan sería imposible que pudieran mantener el tren de vida que llevan y aquello no declarado que poseen… por ejemplo, obras de arte.

¿Cómo puede un expresidente como Salinas tener la mansión que ocupa en la Ciudad de México y haberse mantenido varios años viviendo en el extranjero? ¿Cómo puede Felipe Calderón llevar una vida lúdica, de eventos vip y viajes internacionales, mientras mantiene a sus hijos en universidades privadas y postula a su esposa, desempleada desde hace tiempo, a la Presidencia? ¿Cómo es que la historia del niño pobre que llegó a presidente, terminó en participaciones accionarias de grandes empresas como en el caso de Ernesto Zedillo y descendientes? y ¿cómo se sostiene el Centro Fox?

Las pensiones son la evidencia oficial del exceso. La vida de lujos patenta su corrupción.

Visita www.notassinpauta.com

https://www.proceso.com.mx/530103/expresidentes-opulencia-y-corrupcion

 

Read Full Post »

El regalo

SERGIO AGUAYO Miércoles 18 de abr 2018, 4:13am

Los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) cercanos al PRI, le obsequiaron la candidatura presidencial a Jaime Rodríguez, el Bronco. En el trasfondo está la cultura de la ilegalidad compartida por algunos políticos y los delincuentes.

Es una convergencia que engloba al planeta. El exdirector del FBI, James Comey, equipara a Donald Trump con un jefe de la mafia que alguna vez combatiera. En ambos casos, dice, “el patrón tiene el control total” y se miente compulsivamente y se hace a un lado “la moralidad, la verdad” y la legalidad.

Algo similar puede apreciarse en la rueda de prensa concedida por seis magistrados del TEPJF el jueves de la semana pasada. Para justificar la candidatura que le regalaron al Bronco, recurrieron a un supuesto no confirmado: le faltaban 16,656 firmas y los magistrados supusieron que las hubiera completado si hubieran revisado las 418,494 inconsistencias. Es un razonamiento absurdo porque también hubieran podido crecer las anomalías. El hecho es que metieron en la boleta a un personaje que también en eso violó la ley.

Solemnes, se justificaron citando las garantías del indefenso Bronco y se regodearon en invocaciones a la legalidad, los derechos humanos y la democracia. De cuando en cuando señalaban, indignados, los errores cometidos por el Instituto Nacional Electoral (INE). Su dolo se evidenció cuando sólo permitieron tres preguntas a los periodistas; les respondieron con lo mismo que habían dicho y luego se escabulleron tras una barrera de personajes mal encarados.

Hay otro ángulo de esa rueda de prensa. La presidenta del tribunal -Janine M. Otálora- había votado en contra del dictamen, pero legitimó el evento al presidirlo. Sin embargo, reveló quién tiene el poder ahí dentro cuando habló 30 segundos y luego entregó la batuta y el protagonismo al magistrado Felipe Fuentes Barrera, quien condujo la reunión a su antojo. Dos magistrados lo secundaban, tres guardaron un silencio resignado o cómplice. Fuentes del Tribunal me confirman que el magistrado Fuentes manejó todos los hilos de este caso y Proceso averiguó que ejerce más presupuesto que la presidenta del TEPJF. El verdadero patrón del Tribunal es Flores quien tiene una gran cercanía con Humberto Castillejos, operador del presidente Enrique Peña Nieto. Puede entonces inferirse, que el obsequio al Bronco es parte de la estrategia priista.

El Tribunal refleja la fuerza de una cultura añeja. En los años noventa, Fernando Gutiérrez Barrios sentenció que era “necesario regresarle la disciplina al partido”. La lealtad y la obediencia al jefe es la doctrina y el dogma del Grupo Atlacomulco que encabeza Peña Nieto. El drama de este grupo es que amplios sectores rechazan su vocación disciplinaria; en buena medida por su fracaso como gobernantes. Pese al desprestigio, preservan reductos de poder entre los que destacan los árbitros electorales.

En octubre de 2017 despidieron a Santiago Nieto como titular de la Fiscalía Especializada para la Atención de los Delitos Electorales (FEPADE). Como les disgustaba su independencia pusieron a un funcionario irrelevante que ha transformado a la FEPADE en testigo mudo de las irregularidades. En el INE, el PRI cuenta con un sólido grupo de cuatro consejeros (de once). Sin embargo, desde hace meses algunos consejeros encabezados por Lorenzo Córdova se sacudieron la pasividad y están mostrando compromiso con la equidad y la limpieza electoral. La carta triunfadora del PRI es el estratégico Tribunal Electoral. El sometimiento se corrobora viendo las votaciones más importantes de este Tribunal; únicamente el magistrado Reyes Rodríguez demuestra su independencia.

¿Qué hacer? En algunos círculos se habla de iniciar un juicio político a la banda de los cuatro. Tendría pocas posibilidades de éxito porque el PRI y sus aliados tienen mayoría en la Cámara Baja. Sería más fructífero que alguna universidad mexicana convoque a una comisión de juristas independientes, mexicanos y extranjeros, para que revisen el actuar del Tribunal y en particular la dádiva hecha al Bronco. Un informe de este tipo sería material indispensable para los observadores internacionales y para la batalla en curso contra esa cultura mafiosa que mantiene en cautiverio a instituciones clave de la vida política mexicana.

Colaboró Mónica Gabriela Maldonado Díaz.

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1452041.el-regalo.html

 

 

Read Full Post »

Expectativas y frustraciones sobre el debate presidencial

Qué ha pasado en México desde los primeros debates televisados hasta ahora

En esta mesa no se habla ni de política ni de religión, decía siempre alguien con la autoridad para hacerlo. Y hoy estamos a unos días de que se celebre el primer debate de 2018 entre candidatos a la presidencia de México. Entonces, ¿qué pasó?

Regresemos al origen. En esta mesa no se habla ni de política ni de religión, decía siempre alguien con autoridad para hacerlo. Luego daba un manotazo sobre la mesa y sanseacabó. Así nos educaron a los mexicanos y yo confieso que me daba una envidia enorme presenciar en otros lugares –España, Argentina, Chile– debates acalorados o apasionados o antagónicos entre quienes una vez terminado el argumento o exhibida la necedad del contrario, se iban al bar a tomar una cerveza, o se aventaban la cerveza en la cara. Pero hablaban. Mientras, en México todo intento de deliberación contrastada se atajaba con un rotundo ¡en esta mesa no!

Hasta que un día nos alcanzó la democracia.

O la narrativa de la democracia.

Resulta, decían los enterados, que en un régimen que busca que los ciudadanos elijan al más capaz, eso de contrastar ideas y propuestas es una buena práctica. Deliberación, formación de opinión, pedagogía pública. Muy bien, hagámoslo pues. Aunque seamos un país que privilegie la oratoria por encima del debate, que celebre los pactos en lo oscurito antes que la rendición de cuentas, que tenga acostumbrada a su gente a decir ¡en esta mesa no se habla de política!

Así las cosas, se organizaron, años ha, los primeros debates presidenciales. La suspicacia imperante llevó a poner reglas sobre reglas hasta terminar con un formato acartonado en que la iluminación era tan pareja, que todos se veían igualmente espantosos; en que la moderación en turno solo servía para ceder la palabra; en que la exposición de ideas nacía rancia; en que unos y otros solo se volteaban a ver para saludarse y despedirse. Por lo tanto, así que ustedes digan debate, debate, debate… pues no. Pero en México no nos hablamos fuerte ni de frente, somos sentidos y parecíamos destinados a cumplir las formas, no a subvertirlas.

Hasta que aparecieron ellos, ilusos torpedeadores de zonas de confort, que comenzaron a exigir que los formatos se volviesen más flexibles, que los debates fuesen de confrontación para poder identificar calidad y sustancia de los candidatos, que los moderadores no se limitasen a ser pasadores de palabra sino tuviesen un papel cuestionador activo.

Y así llegamos finalmente a 2018, año en que vivimos la elección más grande de la historia moderna de México. Solo que 2018 es también el año en que vivimos enojados, el año de la cabalgante desaprobación al desempeño del presidente, el año que sucede al que fue el más violento en las últimas dos décadas, el año en que los partidos políticos esconden sus vergüenzas en apelativos ciudadanos, el año en que las redes sociales rezuman bilis colectiva. Y así llegamos al debate del próximo domingo.

Las expectativas son altas, aunque las frustraciones ya se anticipan. Altas, porque las autoridades electorales lograron modificar apenas el formato del debate, pero algo es algo. Altas, porque estará el puntero en solitario otrora reacio a debatir, Andrés Manuel López Obrador; el destacado fajador de palenques argumentativos, Ricardo Anaya; el técnico desapasionado y poco comunicativo, José Antonio Meade; la abogada de palabra parca e ideas en proceso de diferenciación, Margarita Zavala; el rudo que logró colarse a pesar de sus trampas y de la mano de un polémico fallo del tribunal electoral, Jaime Rodríguez ‘El Bronco’. Y sí, las frustraciones ya se anticipan porque nada será suficiente para abordar todos los agravios de los mexicanos y porque, como dice Soledad Loaeza, tenemos más rabia que susto y eso coloreará necesariamente los alcances de la deliberación pública.

A ver qué pasa el próximo domingo. Pero, como sea, deberíamos aprovechar la oportunidad para que en las mesas de este país se hable más de política, y hasta de religión, y para que los mexicanos maduremos en prácticas públicas de argumentación que permitan construir ciudadanía.

Se vale soñar.

@warkentin

 

Read Full Post »