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Archive for 8/06/18

Corruptos en el IMSS

Javier Risco

La Nota Dura

¿Cómo contar otra historia de corrupción sin que se diluya en la normalidad? Desde hace meses cada mañana publico en mi Twitter una historia con un saludo matutino: “Buenos días, corruptos”, aunque al inicio varios me respondían que esos funcionarios públicos no necesitaban buenas intenciones, después se dieron cuenta que tan sólo era una forma de decirles que no pasarían inadvertidos, por lo menos ante un grupo de tuiteros indignados.

La dinámica matutina de denuncia se ha convertido en un altavoz de distintos trabajos periodísticos, casos como: #LaEstafaMaestra, las triangulaciones de Duarte, la voracidad de Borge, los excesos en cámara de diputados y senadores, el desvío en los partidos políticos, o el robo burdo de un político cínico, ya son cientos, así que sería imposible nombrarlos; sin embargo –y lo repito– el problema no son los corruptos, sino esta maldita impunidad. Lo siguen haciendo porque ser corrupto en este país no tiene consecuencias, para muestra este sexenio que acumula casos inolvidables.

Los esfuerzos de exponer la corrupción no se limitan a las redes, ¿se acuerdan del famoso “Corruptour”? Era una ruta en la Ciudad de México que llevaba a un grupo de mexicanos que querían hacer coraje o memoria a algunos de los lugares más icónicos de la corrupción capitalina. Ayer leía a uno de los creadores de esta idea, el investigador Miguel Pulido: “Cuando Paty de Obeso, Ixchel Cisneros y yo hicimos la ruta del #Corruptour pusimos una parada en el IMSS. En el paseo, la gente se prendía al oír transas en compras de medicamentos. Eran nada contra esto. En salud el daño es directo y la corrupción puede MATAR” ¿A qué se refiere con “esto”? A la investigación más reciente de Animal Político, hecha por los periodistas Claudia Altamirano, Ernesto Aroche y Francisco Sandoval, sobre cómo el Instituto Mexicano del Seguro Social otorgó contratos millonarios a una red de empresas propiedad de una misma familia.

La historia es la siguiente: el IMSS otorgó 248 contratos equivalentes a más de 764 millones en licitaciones con simulación de competencia, todos favoreciendo a miembros de una misma familia. Familia que, por supuesto, dio regales y dio favores a funcionarios del instituto de salud. Una historia tristemente familiar. Una red de empresas fantasma que han servido para desfalcar al estado… al sector salud.

Estas empresas mantuvieron sus contratos aun cuando según la propia Cofepris detectó registros sanitarios falsos en los equipos que proporcionaron como servicio. ¿En manos de quién están dejando la salud de miles de mexicanos?

“Dacega Corporation, DCG Technology, Carimed Equipos, MED Prime, International Equipment JCB e Innovación MEC forman la red que administra María Isabel Camacho; y en la que participan sus hijos, una hermana, sobrina, empleados y exempleados, según consta en actas del Registro Público de la Propiedad y del Comercio.

“Estas empresas, que fueron fundadas apenas unos meses antes de que empezaran a ganar contratos, obtuvieron 489 millones de pesos sin competir con nadie, ya sea con procedimientos de adjudicación directa o por invitación a tres proveedores, en los que participaban las mismas integrantes de la red”, dice la investigación.

Todo esto al tiempo en que el IMSS era dirigido por el hoy candidato a la Jefatura de Gobierno por el PRI, Mikel Arriola, puesto ahí por su cercanía y amistad con el abanderado presidencial José Antonio Meade y también en tiempos del hoy Secretario de Hacienda, José Antonio González Anaya, quien, por cierto, sustituyó a Meade cuando éste se volvió candidato.

Al respecto, Mikel mintió diciendo que durante la licitación no estaba en el IMSS, aun cuando la red de otorgamientos de contratos se extendió del 2012 a los años en que Mikel estuvo al frente.

Hay una segunda parte, hoy se contará la historia de cómo las empresas incluso “engañaron” al IMSS certificando aparatos que no existían, falsificando aparatos que le vendieron al Instituto y que seguramente fueron usados en pacientes.

¿Cómo evitar que se diluya esta historia? Ya es tiempo de atrevernos a que haya consecuencias.

 

http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/javier-risco/corruptos-en-el-imss

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Carmen Aristegui

Lo que viene

La sentencia del Primer Tribunal Colegiado del Décimo Noveno Circuito que resolvió, por unanimidad, los amparos en revisión que promovieron cuatro inculpados del caso Ayotzinapa es, simple y sencillamente, extraordinaria.

Para muchos, como quien esto escribe, se trata de un vuelco histórico positivo que trasciende, por mucho, a la situación de los cuatro amparados y al propio caso Ayotzinapa. Para muchos otros es un escándalo y una extralimitación de los magistrados Mauricio Fernández de la Mora, Héctor Gálvez y Juan Antonio Trejo Espinoza que suscriben la sentencia de más de 700 hojas. En lo que sí hay coincidencia es en que se trata de una sentencia histórica y un punto de quiebre en la historia de la justicia mexicana.

A tres semanas de las elecciones, el caso de los 43 estudiantes ha dado un vuelco de proporciones insospechadas. No sólo se ordena reponer el procedimiento, sino que determina que –a reserva de que se practiquen peritajes independientes que cumplan con el protocolo de Estambul– “…hay indicios suficientes para presumir que las confesiones e imputaciones en contra de los coinculpados fueron obtenidas bajo tortura”, cosa que ya se sabía, nada más que ahora se trata de una sentencia judicial sobre la cual ya no hay recurso que valga.

La nota informativa publicada por el Poder Judicial de la Federación reproduce los graves señalamientos que los tres magistrados hacen a la investigación de la PGR: “no fue pronta, efectiva, independiente ni imparcial”. No cumplió con la jurisprudencia y protocolos de la Corte Interamericana y Naciones Unidas y –ojo– dado que “…se ordenó investigar la participación de autoridades de los tres niveles de gobierno” y aunado a que en México “no se cuenta con una Fiscalía Independiente”, luego entonces se ordena crear algo insólito en México: una Comisión de Investigación para la Verdad y la Justicia del Caso Ayotzinapa que no se parece a las Comisiones de la Verdad que se han creado en diferentes partes del mundo.

Esta Comisión de Investigación para la Verdad parece aún más sui generis de lo que, de por sí, son las Comisiones de la Verdad, creadas como mecanismos extraordinarios cuando los grados de violaciones a derechos humanos, crímenes e impunidad rebasan los límites, capacidades e involucramiento de autoridades y/o gobiernos.

Lo que ordena el Tribunal no sólo involucra –como es obligado– a las víctimas del suceso, sino que las coloca a través de sus representantes como parte formal de las tareas del Ministerio Público que, queda obligado no sólo a compartir sus tareas, sino que queda relegado a lo que determinen dichos representantes; la CNDH –que parece aún no salir de su sorpresa– y eventualmente organizaciones tanto nacionales e internacionales de derechos humanos.

La orden de los magistrados cambia radicalmente la ecuación y ordena que sean los representantes de las víctimas y la CNDH, y no el MP, quienes determinen qué líneas de investigación seguirán y hasta qué pruebas son las que se van a desahogar. El Ministerio Público podrá “proponer”, pero la determinación de la materia de investigación, ni más ni menos, correrá a cargo de víctimas, CNDH y organismos nacionales o internacionales que –sin asomo de duda– serán convocados por lo menos por la representación de las víctimas.

De inmediato aparecieron los nombres de Ángela Buitrago, Claudia Paz y Paz, Carlos Beristáin, Alejandro Valencia y Francisco Cox como los indicados para incorporarse a una tarea en la que ya han estado involucrados con su participación en el GIEI pero, ahora de una manera totalmente diferente.

La Comisión que ordena el Tribual parece estar hecha exprofeso para que figuras de esta talla regresen a México y tomen el control de las investigaciones junto a quienes han representado a las víctimas. Claramente esto dará un vuelco a la historia.

Es evidente que algo está pasando en México, empujado desde los circuitos internacionales. En la misma semana en que se dio a conocer la sentencia del Tribunal en Tamaulipas se presentó también el primer informe del mecanismo de seguimiento del caso patrocinado por la CIDH y días antes se dio a conocer el informe del Alto Comisionado sobre la tortura en el caso Ayotzinapa, además del informe sobre las gravísimas desapariciones en Nuevo Laredo de este año –que puso a girar a medio gabinete. Todo en una misma quincena.

El Gobierno de la República ya no ve lo duro sino lo tupido. No hay vuelta de hoja. Estamos, apenas, en el inicio del fin de quien gobernó México de la manera en que lo hizo Enrique Peña Nieto.

http://www.zocalo.com.mx/opinion/opi-interna/lo-que-viene

 

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2 de julio: el resto de nuestras vidas

Me temo que la culminación de estas estridentes campañas electorales será el anticlímax. Con todo, 2019 puede ser un buen año

El 1 de julio los mexicanos acudiremos a las urnas a elegir presidente para los siguientes seis años. Todo indica que vencerá Andrés Manuel López Obrador un viejo opositor de izquierda, un hombre que despierta pasiones encontradas. Ha jurado que cambiará el régimen y erradicará la corrupción y la inseguridad pública. Sus adversarios creen que es un peligro para las instituciones y la estabilidad económica y política. La mitad de la población está fascinada con la posibilidad de un cambio, la otra mitad se encuentra simple y sencillamente espantada.

¿Rayo de esperanza o un peligro para México? Algunos esperan el arribo de López Obrador como el momento de cobrar facturas contra los corruptos y los ricos; otros simplemente como la esperanza de un cambio ante un estado de cosas insoportable. Pero la polarización es extrema; entre los sectores conservadores se teme que México se deslice en un tobogán de inestabilidad, de fuga de capitales y de atonía económica por medidas proteccionistas, intervención gubernamental y planteamientos anacrónicos y trasnochados.

¿Cuál de estas versiones prevalecerá? Francamente creo que ninguna de las dos. Primero, porque López Obrador dista de ser el hombre radical que sus adversarios intentan dibujar. Su experiencia como jefe de Gobierno de la Ciudad de México (2000-2006) lo pinta más bien como un político progresista, favorable a las políticas asistenciales pero muy dispuesto a negociar con el sector privado la obra pública que considera necesaria. Los proyectos de remodelación del centro histórico de la Capital y los segundos pisos para automóviles fueron ejemplos puntuales de un espíritu práctico y emprendedor. Segundo porque su corpus ideológico personal es también de naturaleza práctica; abreva más en temas de ética social que en alguna ideología socialista, ya no digamos comunista. Más allá de una preocupación genuina por la pobreza y la desigualdad, sus referentes ideológicos se alimentan de la noción de un pasado histórico idealizado, cuando el Estado mexicano presumiblemente estableció un verdadero pacto con los sectores populares en algunos momentos del siglo XIX y XX.

Pero dentro de esta vaga concepción todo cabe y sus alianzas dan cuenta de su laxitud ideológica, una verdadera arca de Noé. Dos ex presidentes del PAN, empresarios, líderes de nuevos movimientos cristianos de derecha (PES), cabezas del sindicalismo corporativo priista (mineros y maestros) y una multitud de ex priistas de toda índole. Todo ello aunado a un grupo variopinto de activistas sociales y luchadores civiles procedentes de la izquierda.

Pero no proceden de la izquierda la mayor parte de los protagonistas en posiciones decisivas actuales o futuras del candidato. Ni Tatiana Clouthier, su coordinadora de campaña y ex panista distinguida, ni Yeidckol Polevnsky cabeza de Morena, ex líder empresarial, y tampoco Olga Sánchez Cordero ex ministro de la Corte y futura secretaria de Gobernación, por menciona algunos. No son precisamente los antecedentes para imaginar una administración come curas, “rojilla” y expropiadora del patrimonio de los ricos, como algunos han temido.

López Obrador intentará detener los excesos de la corrupción y la expoliación del patrimonio en la que se ha cebado la clase política y reorientar recursos públicos para apoyar a los grupos sociales más desfavorecidos. Tareas urgentes ambas. Logrará algunos avances, probablemente, pero tampoco esperemos demasiado. Las inercias estructurales y el escaso margen de operación del ejecutivo, acotarán el impacto de sus intenciones.

¿Y qué pasará con la otra mitad de los votantes, los que alucinan a El Peje? ¿o con los empresarios que alertan del riesgo de una emigración masiva de capitales y el desfonde de la economía? Nada. Más allá de aumentar los recursos que ya tienen en Nueva York o Miami, los negocios de los capitanes mexicanos del dinero están aquí y seguirán estando en condiciones de rentabilidad que no obtienen en Estados Unidos. Simplemente negociarán. Ya lo están haciendo. Las actitudes de Televisa y de TV Azteca, cabezas mediáticas de la red de intereses del sistema, son ilustrativas. La élite otorgará al nuevo presidente algunas victorias rápidas y apoyará algunos de sus proyectos; cederá espacios para conservar lo sustantivo. Y punto. Habrá quizá reyertas verbales con algún empresario satanizado, pero muy probablemente más de forma que de fondo.

El 2 de julio no se desplomará el peso ni el 1 de diciembre emprenderemos el camino con destino a Venezuela. Por desgracia tampoco se abrirán las avenidas para acceder a una sociedad más justa y una administración más honesta. Me temo que la culminación de estas estridentes campañas electorales será el anticlímax. Con todo, 2019 puede ser un buen año. Los pueblos suelen conceder una luna de miel al triunfador. Una rendija por la cual colar una esperanza. Esperemos que López Obrador la aproveche; que la aprovechemos todos.

@jorgezepedap

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