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Archive for 29 marzo 2019

Los cuentos de las energías limpias

Esteban Garaiz

Sol y agua fuentes de vida. Sol y agua las fuentes de la vida. Sol y agua perdurables. El día que acabe el sol, habrá acabado la vida, habrá acabado la civilización, habrá acabado la especie humana. Sol democrático. El sol sale para todos. El sol bendición de este país privilegiado. Sol fuente de toda la energía: toda, ¿Qué son los hidrocarburos sino el sol acumulado por millones de años? ¿Qué es la leña sino energía solar? ¿Qué son las mareas sino energía solar, reflejada en la luna, jugando con el agua?
El agua corre, va al mar, se evapora, llueve, riega, rueda de nuevo, se conserva en el subsuelo, vuelve a evaporarse, rueda por las nubes en un ciclo inacabable. ¿Qué son las cascadas, las caídas de agua que mueven turbinas, sino agua evaporada por el sol, llovida y rodada rumbo al mar? Sólo Larrea y otros la ofenden. Pero siempre regresa limpia, fuente de vida: la fuente de vida. Perdurable. Sol inacabable y omnipresente: para todos. Bendición de estas tierras siempre asoleados. “Sol: tú que eres tan parejo Para repartir tu luz Habrías de enseñar al amo A ser lo mismo que tú”. Hay otra pregunta que hacerse: ¿Cuántos hogares por estas tierras tienen calentador solar? Energía limpia. Porque el sol sale para todos. El agua llueve sin distinciones sociales.
Pero los intentos de apropiarse, de acaparar sol y agua son persistentes. El agua ahí está. No escasea. Lo complejo, técnica y socialmente, es contar con el agua limpia y disponible para todas las familias: ahí. En aquellos tiempos de la Secretaría de Recursos Hidráulicos y de las Comisiones de desarrollo integral de las grandes cuencas nacionales, circulaba un dicho: “el agua la manda Dios, pero no la entuba”. A la entrada de Pátzcuaro hay un gran anuncio, “No te cobramos el agua. Lo que pagas es el servicio”. En efecto, lo costoso es hacerla llegar limpia a cada hogar; y después de usarla, volverla a limpiar. De todos es conocido que hay centros urbanos de mucho sol y agua dulce escasa, como el Golfo Pérsico, donde los servicios públicos de agua doméstica se surten de plantas desaladoras de agua del mar cercano. Ahí el agua abunda, pero llueve escasamente. Las aguas del mar, por lo mismo, tienen alta concentración salina. Así que el agua doméstica es cara y resulta costoso ponerla a disposición de los hogares. Por más que sea inagotable. Hoy por hoy la movilidad vehicular a escala mundial se realiza con combustibles derivados de los hidrocarburos. O sea: energía fósil generada por millones de años de vida vegetal derivada del sol y acumulada en yacimientos que se están consumiendo gradualmente. De dichos hidrocarburos, el ingenio humano está derivando no sólo energéticos combustibles vehiculares. De esa materia, que fue viva, derivada de la interacción de sol y agua, hoy se obtienen toda clase de productos desde medicamentos, hasta tejidos y calzado; de tal manera que hoy están omnipresentes en la vida cotidiana. La petroquímica, según todo indica, seguirá siendo por decenios una actividad económica primordial en la vida de las sociedades civilizadas. Privilegiados los países que cuentan con la materia prima suficiente para ellos. Prudente será que no la acaparen ajenos. La estrategia de desarrollo económico propio debe sustentarse en la tecnología petroquímica propia “sin hostilidades ni exclusivismos”. Durará largo tiempo. Es verdaderamente absurdo que una sociedad nacional, como la nuestra, malvenda, a precios que no controla, los hidrocarburos en crudo, para luego importar gasolinas y otros combustibles, que con seguridad, de manera económicamente inevitable, serán utilizados por largos decenios: con el cuento increíble de que “no es negocio”. Es absolutamente inaceptable que se haga a un lado la conveniencia social. Más ante un parque vehicular de millones de unidades con un periodo útil de decenios. Las metas internacionales establecidas en el seno de las Naciones Unidas: en la Agencia Internacional de Energía se han fijado un 10 por ciento de autos eléctricos para 2030. Es una falacia para bobos que quieran hacernos creer que, para darle toda la prioridad al desarrollo de las energías limpias, debemos seguir importando gasolinas que dependen de decisiones ajenas a nuestro desarrollo y a nuestra seguridad nacional. Recientemente el desabasto temporal y parcial de gasolina, por las razones conocidas, nos puso ante la cruda realidad: el combustible seguirá por al menos 20 años siendo estratégico para la vida económica nacional. Obligación del Estado es garantizarlo mientras tanto, a precio asequible.
estebangaraiz.org

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Bomba yucateca

Bomba yucateca

La carta de López Obrador habría tenido una connotación distinta si se hubiera explorado, a través de mediadores del servicio exterior de ambos países, la posibilidad de que España hiciera un gesto simbólico a favor de los pueblos indígenas

 

Primero pensé que era una especie de meme de los muchos que circulan en contra de Andrés Manuel López Obrador, algunos de ellos distorsionándolo o de plano atribuyéndole frases y acciones que nunca existieron. En esta ocasión en los SMS que recibí ahora se hacían burlas porque el presidente había exigido disculpas al Gobierno español y al Vaticano por delitos cometidos durante la conquista. Me encuentro de viaje en Asia en sitios con precaria conectividad y husos horarios a contra natura, por lo cual asumí que se trataba de una broma. Pero en algún momento me entró el mensaje de un querido periodista barcelonés, felicitándome con ironía porque catalanes y mexicanos estábamos hermanados, por fin, en la lucha en contra de la Corona española.
Intrigado me puse a buscar una conexión confiable. Cuando la encontré pude constatar que todo surgía de un planteamiento del propio presidente durante una gira por la península yucateca. Confiriéndole el beneficio de la duda, todavía en ese momento quise pensar que se trataba de una expresión tirada al paso o de plano de una “bomba yucateca”, la típica frase entre irónica y pícara que se suelta en una fiesta. Luego resultó que López Obrador había enviado las ahora famosas cartas al Rey de España y al Papa.

No quisiera detenerme en el debate de argumentos éticos e históricos que se ha desatado en los últimos días. En México y en España ha corrido mucha tinta física y digital sobre la pertinencia o no de solicitar una disculpa por algo que ocurrió hace varios siglos. Me parece tanto o más importante abordar lo que ese planteamiento dice sobre López Obrador como político.

Primero, porque el envío de cartas elaboradas personalmente por el presidente a las cabezas de España y el Vaticano, sin pasar por una gestión diplomática profesional, habla de una concepción política voluntarista y personal, además de un desconocimiento de los protocolos internacionales. Todo habría tenido una connotación distinta si se hubiera explorado, a través de mediadores del servicio exterior de ambos países, la posibilidad de que España hiciera un gesto simbólico a favor de los pueblos indígenas, de cara a la conmemoración que se planea en 2021 al cumplirse 500 años de la caída de Tenochtitlán. Eso le habría permitido al Gobierno español la búsqueda de una fórmula y un texto conciliador para ese propósito. Una gestión discreta por parte de México para exhortar a España a apuntarse un logro diplomático y político en América Latina (la conquista de la región andina o del Caribe no fue menos violenta que la mexicana).

Segundo, el hecho de que López Obrador haya decidido en esta gira informar a la opinión pública de esas cartas, convierte a una acción poco diplomática en un acto hostil. La misiva es una petición, dura, sí, pero se mantiene en los márgenes de una gestión; la difusión pública de su contenido de manera unilateral, en cambio, la convierte en una acusación. El presidente puede tener poca experiencia en temas internacionales, y lo está demostrando, pero conoce a la perfección el mundo de la política. Aquí y en China una acusación pública en contra de un actor que se precie solo puede provocar una reacción negativa. Políticamente el Gobierno español no puede darse el lujo parecer débil y ceder ante una acusación pública y tan poco ortodoxa, más allá de los argumentos históricos o éticos que la sustenten.

Y justamente esa es la parte que preocupa. El exabrupto ya no tenía ningún sentido salvo para la galera. El presidente sienta un mal precedente al dejarse llevar por impulsos justicieros aislados, absolutamente desproporcionados en términos de costo beneficio para su propia causa. En la reparación simbólica del daño por parte de España había poca utilidad real y podía haberse conseguido con una gestión diplomática pertinente. En el pleito gratuito, en cambio, hay daños visibles porque se dificulta la construcción de confianzas mutuas con un Gobierno socialista y potencial aliado en las confrontaciones internacionales en las que México podría verse envuelto en los próximos años. Peor aún, acrecienta la incertidumbre en la comunidad internacional, mercados de inversión incluidos, pues se constata que los impulsos personales pueden dinamitar usos y costumbres internacionales o que carecen de una lógica desde cualquier punto que se le mire (por ejemplo, ¿por qué se recibió al yerno de Trump en los mismos días sin hacer un reclamo a Estados Unidos por la mitad del territorio perdido?).

Sigo pensando que México necesitaba rectificar los derroteros por los cuales nos habían conducido los Gobiernos del PRI y el PAN en los últimos lustros, y atender las causas de la pobreza, la injusticia social, la desigualdad y la inseguridad, temas todos de la agenda de López Obrador. Pero va a conseguir muy poco si sigue enajenando voluntades, perdiendo el tiempo en infiernillos y abriendo frentes donde no los hay.

@jorgezepedap

 

https://elpais.com/internacional/2019/03/27/mexico/1553726265_687743.html

 

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Podemos evitar 247 mil muertes

Pedro Kumamoto

Plaza Viva

 

Cada año, millones de personas en México asisten a un funeral que pudo haberse evitado. Todos los días se lloran esas muertes prematuras, que calan por saber que pudimos haber hecho algo para detenerlas. Según el Inegi, cada año se nos van 247 mil personas por enfermedades relacionadas con sobrepeso y obesidad. Cada año muere un cuarto de millón de personas por fallas cardiacas o por diabetes mellitus en nuestro país.

Estas muertes, que pueden detenerse, deberían ser una prioridad para los gobiernos de todos los niveles. En primer lugar, debería ser un asunto de mayor atención por un principio humano, pues esta problemática genera sufrimiento y muerte. En segundo lugar, por sus consecuencias económicas para el país, pues México gasta el 2.25 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB) en tratamientos, medicinas, prótesis, operaciones y demás medidas que se toman frente a estos padecimientos. Finalmente, se vuelve urgente atender este mal por sus repercusiones sociales, ya que no puede existir una sociedad justa y libre si dentro de sí hay personas que sufren una enfermedad o no pueden hacerse del derecho a la salud.

Aunque las causas de la obesidad son diversas, los estudios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) apuntan a que la dieta es el factor principal. Dicho de otra manera, lo que estamos comiendo nos está matando. Los expertos señalan que esto se debe a que cada vez son más accesibles los alimentos procesados y con un bajo contenido nutricional. Basta ir a la tienda más cercana para identificar que casi siempre es más fácil conseguir un refresco, frituras o dulces que comprar fruta o semillas.

México no es el único país con este gran problema. Estamos hablando de una pandemia con escala global y, por lo tanto, también las posibilidades para poder lograr alternativas y soluciones se pueden compartir entre distintos países. Revisemos algunas propuestas que podrían ayudarnos a hacerle frente a este terrible problema.

Chile, Reino Unido y Francia son pioneros en impulsar que las etiquetas de comidas y bebidas sean claras para que los consumidores conozcan el contenido de lo que están ingiriendo. En algunos casos se usan semáforos que alertan de las altas cantidades de grasa o azúcar en un producto, en otros se impulsan gráficos que señalan su aporte al consumo diario recomendado. Imaginemos que en el envoltorio de tu postre favorito te indicara con claridad qué consecuencias tendrías al ingerirlo. Probablemente moderaríamos más las porciones en nuestra alimentación.

En México se ha impulsado un etiquetado informativo que lamentablemente presenta muchos problemas metodológicos y no es claro, pues sólo el 13.8 por ciento de la población mexicana la entiende, según datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición. ¿Por qué si sabemos que el etiquetado no está funcionando para informar y modificar hábitos en la alimentación no se ha cambiado? Porque lamentablemente los intereses de las industrias refresqueras y de alimentos procesados han prevalecido sobre el acceso a la información. Pero vale la pena seguir esta lucha.

Los países que han implementado estas medidas informativas efectivas han demostrado, año con año, que la población ha usado la información y ha decrecido su consumo de azúcares y grasas. Esto es una gran noticia, pues demuestra que si existe la información adecuada, las personas son capaces de tomar mejores decisiones.

Hay más ideas ejecutadas en otras latitudes. Normas oficiales que permiten hacer más accesibles productos saludables en tiendas, huertos comunitarios que impulsan el conocimiento nutricional y prácticas agroecológicas, la instalación masiva de bebederos en instalaciones y espacios públicos, así como los impuestos especiales a las bebidas azucaradas, una estrategia que debe revisarse.

Podemos ver cómo esta pandemia es enfrentada en otras partes del mundo y llenarnos de ideas para lograr el cometido: que nuestro país deje atrás tantas muertes prematuras. Por la vida de miles de personas, por la salud, por una sociedad justa y por los ahorros en el gasto público que esto significaría, esta agenda se vuelve una prioridad para el país. Empecemos ya la discusión sobre qué podemos hacer.

https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/pedro-kumamoto/podemos-evitar-247-mil-muertes

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Las tres fases

SERGIO AGUAYO miércoles 27 de marzo 2019

A la memoria de Virgilio Caballero, colega y amigo.

El Plan Nacional de Seguridad Pública puede dividirse en tres partes claramente diferenciadas por sus resultados.

En el informe de sus primeros 100 días, Andrés Manuel López Obrador mencionó varias dependencias, pero solo elogió por nombre a Alfonso Durazo quien, dijo, coordina al gabinete de seguridad “con mucha eficacia y eficiencia”. Un elogio merecido. Cuando el candidato de Morena anunció en enero de 2018 quién sería su secretario de Seguridad y Protección Ciudadana se criticó la falta de experiencia de Durazo. En el tiempo transcurrido, he dialogado con él en tres ocasiones (la última hace unos días) y es notable la mejoría en su comprensión de la violencia criminal en México.

Ese conocimiento se refleja en el Plan Nacional de Seguridad Pública presentado el pasado 31 de enero. El diagnóstico es brutal pero irrefutable: “seguridad en ruinas […] país convertido en panteón”. Para enfrentar la devastación elaboraron un plan muy, pero muy ambicioso. Discuto tres de sus fases.

La primera fue el ataque al huachicol. En lo inmediato, fue una maniobra con una pinza policiaco-militar y otra, enderezada hacia las finanzas criminales por medio de la Unidad de Inteligencia Financiera. Pese a tropiezos con el abasto, el balance es muy positivo. Cuando empezó la ofensiva el 20 de diciembre de 2018, el saqueo rondaba los 74 mil barriles por día. El 12 de marzo, sólo estaban robándose 5 mil barriles diarios.

El éxito se debe a un espíritu de cuerpo inédito atribuible, en buena medida, a que el presidente encabeza las reuniones del Gabinete de Seguridad Nacional (de lunes a viernes entre 6 y 7 a. m.). Eso facilita la coordinación entre instituciones celosas de su autonomía y “su” información. Es igualmente importante la capacidad que ha tenido la secretaría encabezada por Durazo para generar inteligencia diaria con la información que recibe de todas las instituciones.

Al crimen organizado le bloquearon el acceso al combustible, pero sigue atrincherado en sus enclaves que están siendo asediados con otra fase, la segunda del Plan: la inyección de enormes cantidades de recursos en las comunidades donde se asienta el huachicol. La meta es fortalecer el capital social positivo para contrarrestar al negativo (i. e. las bases sociales de los cárteles). Tardaremos en conocer los resultados, porque es lenta la construcción de valores y está muy condicionada por la colaboración de los municipios (uno de los flancos débiles del Plan).

La tercera fase está rezagada y desbalagada. Gobernación es la encargada de coordinar la atención a víctimas y hace esfuerzos enormes por mantener el tema en la agenda, pero carece de los recursos y de un programa maestro aceptado por las dependencias involucradas. Los derechos humanos no se merecen una reunión diaria encabezada por el presidente. Por ahora, la atención a las víctimas heredadas se ha centrado en un trato “VIP” a unos cuantos grupos y desatención a las mayorías; eso ha generado rupturas con colectivos y organismos de la sociedad civil.

Tampoco se presta atención a las víctimas que sucumbirán el día de hoy, mañana, las próximas semanas, meses y años. Se entiende que la Cuarta Transformación quiera aplacar la ira tuitera de Donald Trump, pero su silencio hacia el contrabando de armas, los convierte en espectadores de los asesinatos perpretados con esos rifles de asalto, comprados por docena en algún supermercado tejano.

La mayor contradicción está en el trato dado a los periodistas independientes y críticos. Este lunes el presidente volvió a lanzarse doce veces contra los periodistas que critican sus proyectos; los tachó de “fifís” y reaccionarios. El mismo día, Alejandro Encinas, subsecretario de Gobernación, anunció mejoras al programa para apoyar a los periodistas agredidos, pero guardó silencio sobre las andanadas presidenciales que legitiman los linchamientos en redes sociales y los exabruptos, como el de la senadora de Morena, Eva Galaz, que calificó a los periodistas de “retrasados mentales” (luego se disculpó con los aludidos).

Así andamos en el terreno del combate a la violencia. En algunas fases, la nueva estrategia permite abrigar el optimismo. En otras, lo destacable son las contradicciones absurdas e inaceptables.

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1560382.las-tres-fases.html

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El ajedrez de Andrés

Raymundo Riva Palacio

Estrictamente Personal

En el ajedrez, los jugadores tienen que combinar jugadas. En la partida más famosa de la historia, el ruso Garry Kasparov derrotó al búlgaro Vaselin Topalov, en 1999, con una estrategia donde visualizó 15 movimientos consecutivos, de un total de 44, para ganar. En esa partida, calificada como “inmortal”, Kasparov ejecutó una de las combinaciones más espectaculares que se habían jugado hasta entonces, para ir acotando y encerrando a Topalov. El ajedrez es un juego de estrategias, donde la inteligencia y la paciencia trabajan coordinadamente; y este jueves, el presidente Andrés Manuel López Obrador mostró sus dotes intuitivas de ajedrecista.

En la víspera, la Coordinadora, la beligerante e insaciable disidencia magisterial, bloqueó los accesos a la Cámara de Diputados, donde se iba a discutir y eventualmente aprobar en comisiones el dictamen de la reforma educativa, para sabotear la sesión. Los diputados se movieron al Senado para realizar su trabajo, pero los maestros volvieron a tomar sus instalaciones para impedirlo. Los diputados tuvieron que aplazar la discusión mientras los maestros, instalados con sus tiendas de campaña afuera de los recintos, se preparaban para su larga protesta. Desde el miércoles por la noche los diputados temían que no se pudiera sesionar ante todo lo que se preparaba. López Obrador también se preparó.

Al iniciar su comparecencia pública en Palacio Nacional, rechazó la acusación de la Coordinadora, de que su reforma educativa fuera una simulación y mantuviera la esencia de la reforma promulgada por el presidente Enrique Peña Nieto. “No hay razón para sostener que estamos incumpliendo con nuestra palabra y compromiso”, dijo López Obrador al urgir que se debatiera de manera abierta, al interior del movimiento disidente y de todos los trabajadores de la educación, para definir su postura con claridad y provocar a los líderes magisteriales. “Suele pasar que grupos que en apariencia son radicales, demuestran más (con sus actitudes) su adhesión al conservadurismo”, los desafió. “Este es otro de los casos”.

López Obrador estaba en movimiento. Primero confrontó su liderazgo, pero no tratando de persuadirlos o cooptarlos, sino llevándolos a debatir la iniciativa entre los jefes de la disidencia y de todos los interesados, con lo cual les arrebató el papel de interlocutores únicos y los empujó a que lo discutieran con sus pares en el sector educativo. El resultado no sería una respuesta común a su iniciativa, sino propuestas para incorporarlas.

Es decir, en lugar de chocar con ellos, desvió su embestida y los obligó a ser constructivos, algo que no hacen. Acusarlos de conservadores no fue un señalamiento a partir de un cliché –si se analiza cuidadosamente–, sino para estigmatizarlos y forzarlos a dialogar para evitar que les quedara la mancha de intransigencia, y de paso, que escucharan su iniciativa. Encaró y acotó, como en el ajedrez.

El segundo movimiento fue político y moral. En primera instancia, dudó de la autenticidad de su protesta –“no sé qué motiva este movimiento”, dijo–, pero sin condicionar nada, aseguró que no utilizaría la fuerza para romper el bloqueo. Su gobierno no era autoritario ni los reprimiría, señaló López Obrador para dejar abierta la posibilidad de que si se mantenían los maestros en las calles, violentando las libertades constitucionales de movimiento de la gente, serían ellos los únicos responsables, sin darles motivos o justificación para alimentar su protesta. Como demostración de su interés para que la protesta no escalara, López Obrador sugirió al Congreso suspender la sesión reprogramada para el jueves. En minutos, el presidente de la Cámara de Diputados, Porfirio Muñoz Ledo, anunció que se pospondría la sesión. López Obrador se mostró como conciliador y presidente pacífico. De esta forma establecía un contraste con Peña Nieto. ¿Después de estas frases, podrían seguir los maestros bloqueando las calles del centro de la ciudad? El costo de hacerlo subió de manera significativa tras el posicionamiento presidencial.

Pero López Obrador no se quedó en ello. El tercer movimiento fue astuto. En la comparecencia apareció acompañado de la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, y del titular de Educación, Esteban Moctezuma, quien mostró las comparaciones entre las reformas de Peña Nieto y la de López Obrador. Tras ello, el presidente se dijo abierto al diálogo y que instalaría hoy mismo una mesa para el diálogo con los maestros disidentes. Minutos después, ya tenía la respuesta. La dirigencia disidente se sentaría con Sánchez Cordero y Moctezuma. No les dejó espacio.

Al reconocerlos como interlocutores, los comprometió públicamente. Al mismo tiempo desactivó su demanda de verlo personalmente para discutir la reforma y los dirigió con su gabinete. Peña Nieto nunca los reconoció como interlocutores y su gabinete estaba dividido: la Secretaría de Gobernación hablaba con la Coordinadora, y la de Educación con el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. Entre las dos siempre hubo conflicto y mala articulación estratégica.

En 24 horas, López Obrador había desactivado un conflicto. Sus reflejos políticos fueron claros para no perder tiempo ignorando al movimiento disidente, ni regalarles espacios o reflectores para moverse públicamente. Le llevó menos de 120 minutos desarrollar su combinación de jugadas para llevar a la Coordinadora a la mesa de diálogo, no para que negociaran dinero, plazas y cotos de poder, como exigieron y obtuvieron del gobierno de Peña Nieto, sino para discutir los puntos controvertidos de la reforma educativa.

En esta primera partida de ajedrez, los doblegó. ¿Cómo explicarlo? Una primera aproximación es que la disidencia magisterial, como muchos actores políticos, agentes económicos y periodistas, lidian con López Obrador con categorías de análisis obsoletas. Así no podrán ser interlocutores o adversarios eficaces y útiles. Tampoco quitarle una sola pluma al ganso. Urge cambiarlas.

 

https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/raymundo-riva-palacio/el-ajedrez-de-andres

 

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Jetty, la batalla por el presente

Salvador Camarena

La Feria

Los modelos (es un decir) de transporte público de nuestras ciudades llevan décadas de rezago. Además, constituyen feudos de poder que atemorizan a cualquier gobernador. Los ejemplos de cómo la autoridad es incapaz de imponer orden son múltiples. Desde taxistas en aeropuertos que cobran tarifas europeas por sacarte de la terminal, hasta parvadas de vehículos irregulares que dan servicio en colonias periféricas. Pasando, por supuesto, por el reino salvaje de los microbuseros y, en el caso de la Ciudad de México, de un Metro desbordado.

El éxito de plataformas como Uber se puede explicar, al menos en parte, a que en países como México han ido rompiendo el abusivo grillete que ponía al ciudadano sin auto propio (o con ganas de no usarlo) ante la disyuntiva de jugársela en un pesero donde te asaltan, o ceder al chantaje de taxistas que sangran al pasajero con lo que les viene en gana.

Pero así como Uber (con todos sus defectos) ha padecido agresiones en la capital y otras entidades, otros servicios que proponen soluciones a la maraña de la movilidad enfrentan la resistencia de quienes medran con ese caos.

Si las cosas no cambian de último minuto, este lunes en la Ciudad de México cientos de personas que se trasladan a Santa Fe irán con el Jesús en la boca. Son los clientes de Jetty, una plataforma que conecta a pasajeros que buscan viajar de manera programada, cómoda y segura.

Desde hace más de un año, Jetty se asoció con transportistas que, entre otras rutas, llevan a capitalinos a su trabajo a Santa Fe, siempre un punto de muy complicado acceso.

Si viajas con la ayuda de Jetty pagas un poco más que en el camión ordinario, pero sin la duda sobre si pasará o no a tiempo, sin temor a ser asaltado, y sin riesgo de perder el lugar que reservaste. Eso es lo que hacen cada semana doce mil personas distintas que viajan a Santa Fe desde la plataforma de Jetty.

Son doce mil personas que prefieren un transporte colectivo a usar un auto (propio o alquilado) para cada uno de esos viajes. Más vagonetas o camiones de Jetty significan calles con menos autos. Ya sólo por eso debería ser digna de atención de las autoridades.

No era de extrañar que si el secretario de Transporte se llamaba Héctor Serrano y el jefe de Gobierno (es un decir) era Mancera, una idea innovadora fuera desdeñada e incluso bloqueada desde el palacio del Ayuntamiento. Lo preocupante es que con el cambio de administración Jetty viva, a pesar de contar con permisos similares a los de Uber, el mismo abandono gubernamental.

La semana pasada, trogloditas de la Ruta 5 del transporte chilango atentaron contra unidades, choferes y pasajeros que usan Jetty. Y el gobierno de Sheinbaum y la Secretaría de Movilidad, a cargo de Andrés Lajous, nada hicieron para, primero, detener las agresiones ni para, segundo, garantizar que quienes opten por Jetty puedan seguir trasladándose en unidades afiliadas a esa plataforma.

Si Jetty es impedido de nueva a cuenta a dar su servicio a Santa Fe (la semana pasada paró operaciones), lo que está en juego es mucho más que el traslado de un par de miles de personas al día.

Un gobierno con legitimidad como es el de Sheinbaum no tiene pretexto para seguir condenando a los capitalinos a vivir bajo el yugo de las mafias de peseros y microbuseros.

Jetty es una oportunidad para que muestren liderazgo y hagan buena su promesa de que esta sería un gobierno de innovación. Deberían promover que hubiera más servicios como el de Jetty, no lavarse las manos y mirar a otra parte cuando a punta de golpes los transportistas quieren imponer sus reglas.

Es una batalla por el presente, ni siquiera por el futuro. Ya veremos de qué lado se ponen Sheinbaum y Lajous.

https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/salvador-camarena/jetty-la-batalla-por-el-presente

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Jesús Silva-Herzog Márquez

El fin de la (otra) hegemonía

 

 L A economía parece negada a la autocrítica. Parece negarse también a discutir con legos, pero su condición de autoridad tiene que ser analizada críticamente. Desde hace décadas ha ocupado un lugar privilegiado en la discusión pública y se ha instalado como la única vía racional de intervención en la realidad. Por eso nos corresponde a todos examinar sus pretensiones de supremacía intelectual. Fernando Escalante publicó en el 2016 un libro breve en el que examina su estatuto. Se supone que es ciencia. Reflexiones sobre la nueva economía, es su título. Lo publicó El Colegio de México. Ahí resalta la arrogancia profesional y el aislamiento de una disciplina. Por esa estrecha altanería ha sido incapaz de percibir sus miopías, sus cegueras, sus obsesiones. Ha resultado incapaz de reconocer, por ejemplo, su responsabilidad en la devastadora crisis del 2008. “La crisis de 2008 tendría que haber tenido consecuencias serias, no sé si catastróficas, para la economía como disciplina académica (para la versión dominante, al menos). No ha tenido prácticamente ninguna. Poco sucedió después de la crisis. Tal vez algún remordimiento, alguna confesión. Pero la prédica se mantiene intacta: se enseña lo mismo, se publica lo mismo, se hacen las mismas recomendaciones. Como si el 2008 no hubiera pasado. Es que la crisis no fue solamente una crisis económica sino una crisis de la ciencia económica. La crisis de una disciplina académica. Una crisis que apenas algunos reconocieron como tal. Paul Krugman, unos meses después de haber ganado el Premio “Nobel”, se preguntaba en un ensayo en la revista dominical del New York Times, ¿cómo era posible que los economistas se hubieran equivocado tanto? La crisis era oportunidad para repensar los fundamentos de una disciplina. Se trataba del momento propicio para hacer una profunda reflexión intelectual. “Según lo veo, decía ahí, la profesión económica erró el camino porque los economistas, en conjunto, confundieron la belleza-vestida con unas matemáticas impresionantes-con la verdad.” Fareed Zakaria, el acreditado internacionalista, escribe en la edición más reciente de Foreign Policy que la economía había ejercido una especie de hegemonía intelectual (“The End of Economics?”, invierno de 2019). Si durante la guerra fría las tensiones eran esencialmente ideológicas y geopolíticas, el conocimiento más apreciado era histórico, cultural, político. Eran los diplomáticos con una larga perspectiva histórica quienes ofrecían claves para entender los conflictos del día. Al terminar la guerra fría, esas consideraciones pasaron a un segundo plano. La economía parecía la herramienta racional de la integración. Una ciencia rigurosa abriría los caminos del progreso. De ahí nacía su autoridad pública. Era una hermana de la física. Ahí estaba la llave de la prosperidad. Lo notable es que se presentaba como un conocimiento al que solamente algunos podían acceder. Una ciencia, pues, que no podía ser moneda común. Por ello en la economía se deja entrever una utopía antiilustrada. Su saber nos hará prósperos, pero no todos tendremos acceso a ese saber. Habremos de confiar en los expertos, aquellos iniciados que han podido descifrar sus secretos.

La autoridad indisputada de la disciplina marcó una era. En la cuenta de Zakaria son tres décadas de imperio intelectual. En sus fórmulas y modelos se quiso ver el lente más preciso para observar el mundo. En sus herramientas, el saber más útil y más confiable. Esa hegemonía, dice Zakaria, ha muerto. La voz de la disciplina no es la más atendida ni la más persuasiva. Sobre los asuntos más candentes del mundo (las identidades y las nostalgias, las ansiedades colectivas, la fe política, las pasiones públicas) simplemente, tiene poco que decir. Si seguimos pensando que la lógica económica es la única prueba de racionalidad, seguiremos tachando a medio mundo de imbécil. Hay razones humanas que la razón económica desprecia. Cuando un ministro británico gritó su hartazgo de los expertos quiso ponerle un hasta aquí a esa racionalidad que se pretende única.

Que la economía haya caído del pedestal no significa, desde luego, que resulte irrelevante. Frente a la demagogia, la plomada del economista será siempre valiosa. Lo que advierte el fin de esa hegemonía es que la complejidad requiere de más enfoques y menos encierros.

https://www.elsiglodedurango.com.mx/noticia/1037762.el-fin-de-la-otra-hegemonia.html

 

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