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Archive for 10/04/19

Acoso

Acoso

Rafael Pérez Gay

Me preguntan en las redes si no voy a dar mi opinión sobre todo lo que ha desencadenado el asunto #MeToo en las últimas semanas. La pregunta trae algo de curiosidad y de amenaza. Así son las redes y no me asustan. Nomás faltaba, como decía mi padre. Por lo demás, sí tengo una opinión, o varias, sobre las denuncias de acoso que han ocupado al medio cultural mexicano.
Recordé lo que escribió Fitzgerald en El Crack-Up: “la prueba de una inteligencia de primera clase es la capacidad para retener dos ideas opuestas en la mente al mismo tiempo, y seguir conservando la capacidad de funcionar”. No hablo de mí, sino del medio cultural, de las opiniones, de la forma en que hemos acometido este asunto de nuestras vidas públicas y privadas.
No creo que haya una sola postura ante el #MeToo mexicano, sino varias, todas verdaderas y necesarias. Primero, considero que el anonimato a la hora de acusar es inadmisible.
Si algo le da peso a una acusación, es la identidad. Si, por desgracia, debilidad, miedo, duda, no podemos poner nuestro nombre, será mejor guardar nuestra ira y nuestra verdad para mejor ocasión. El anonimato abre la puerta a la infamia, aun cuando pueda ser cierta en algunos casos. Nada como poner el día, la hora, el nombre.
Digo esto: si este zafarrancho, con todos sus defectos, sirve para que se lo piensen dos veces los acosadores, no puedo sino estar de acuerdo. Sé que el acoso existe, el abuso de poder, el maltrato y la chingadera contra las mujeres. Quien lo niegue, miente.
Este #MeToo a la mexicana puede ser útil si se controla y se le exige identidad.
Sé que algunos amigos que aparecen en la lista me van a rementar la madre, pero les digo, los únicos que quedarán al cabo del rato en ella serán los verdaderos acosadores, que los hay, estoy seguro.
Me dice mi hija: no sé cómo una mujer no puede decirle a un hombre que insiste ante varias negativas: quita tu garra de mi pierna o te voy a armar un gran desmadre aquí mismo. Tiene razón, pero no todas las mujeres han sido educadas para rechazar esa amenaza.
Fitzgerald: ideas opuestas en la mente al mismo tiempo, un camino.
rafael.perezgay@milenio.com
@RPerezGay

 

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La disputa por la CRE

La disputa por la CRE

Martí Batres

Despertador

Detrás de las sonoras escaramuzas que rodearon el nombramiento de los integrantes de la Comisión Reguladora de Energía (CRE) existe una disputa de fondo, una disputa por el proyecto nacional.

Los supuestos malos desempeños en las comparecencias, el rechazo de la oposición a las ternas, la descalificación sumaria de todos los aspirantes, las ofensas, las orejas de burro, la presión para incorporar otros nombres, la negativa para los acuerdos, la exigencia de presentar una controversia, el amago del amparo, la acusación de las firmas, en fin, todo eso, no es sino el conjunto de manifestaciones de un intento por evitar un cambio de orientación en las políticas energéticas.

No es casual que estos nombramientos son los únicos de todos los que le ha tocado resolver al Senado que no se concretaron en el órgano legislativo. Grados militares, magistrados electorales locales, magistrados electorales federales, consejeros del INAI, titular de radiodifusión pública, titular de Notimex, consejeras de la CNDH, ministro y ministra de la Corte, fiscal general de la República, secretarios de Estado, subsecretarios de Relaciones Exteriores, embajadores, cónsules, es decir todos los nombramientos y ratificaciones han salido airosos, todos menos unos… los de la CRE.

¿Por qué hubo acuerdos en todos? ¿Por qué se lograron las dos terceras partes en todos? ¿Por qué se llegó a acuerdos hasta en los que parecían imposibles? ¿Por qué en este caso no?

Porque éste es uno de esos casos que quedaría perfectamente encuadrado en lo que se ha llamado economía concentrada. “La política no es otra cosa que economía concentrada”, es una frase que se atribuye a Lenin. La frase es certera, sobre todo en casos como este.

En la CRE se gestionaron durante años enormes negocios energéticos privados entrelazados con intereses políticos.

Mientras las empresas energéticas públicas eran abandonadas, saquedas y endeudadas, crecían importantes redes de inversiones de particulares en las que tenían injerencia directa personajes encumbrados en el poder político.

En la CRE se deciden permisos para instalar gasolineras, construir plantas de gas, comprar vehículos para trasladar el energético, etcétera. De esta comisión dependen muchas autorizaciones para la apertura de negocios.

Todo esto explica por qué en otras épocas fueron nombrados en la CRE, en la Secretaría de Energía y en otras responsabilidades energéticas exsecretarios particulares, hijos de secretarios de Estado, expresidentes de la Coparmex y hasta personajes con nivel de estudios de secundaria.

Sin embargo, los que en otros tiempos tenían el gobierno para proponer nombramientos y la mayoría legislativa para ratificarlos, hoy no tienen ni el uno ni la otra.

La opción que ganó el gobierno ha procedido ahora a realizar los nombramientos correspondientes.

Hay una nueva estrategia para el sector energético. No tiene nada de raro. Hubo discursos opuestos en esta materia durante la campaña electoral y la ciudadanía optó por el cambio. Lo extraño y criticable sería que hoy se avalara a los mismos equipos, perfiles y proyectos de la etapa neoliberal.

El nuevo gobierno tiene el reto de mantener viva la inversión privada ya existente en el sector y de rescatar, al mismo tiempo, a las empresas energéticas públicas que los antiguos integrantes de la CRE buscaron aislar y ahogar.

Y desde luego, los nuevos miembros de la CRE tendrán que poner su esfuerzo y talento en juego para coadyuvar de manera decisiva a erradicar la corrupción que se da en una gran cantidad de contratos, concesiones y permisos.

La disputa por la CRE no es de formas ni de firmas; no es técnica ni de perfiles. Es una disputa por el proyecto de nación, entre las concepciones que no quieren terminar de irse y las que van llegando.

 

https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/marti-batres/la-disputa-por-la-cre

 

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Las fronteras

SERGIO AGUAYO

El gobierno mexicano sigue empeñado en apaciguar, con el silencio y los entendimientos tácitos, los arrebatos de Donald Trump. ¿Resistirá el andamiaje las turbulencias que se avecinan en la frontera norte?

Había una vez un candidato a la presidencia que hablaba de dignidad nacional y calificaba el comportamiento de Trump como ofensa contra “la humanidad, la inteligencia y la historia”. Desde que fue elegido presidente optó por la “prudencia”, el “amor y paz” y el “zafo”. Amacizó la actitud, poniéndola a consideración de una multitud que respondió afirmativamente a la pregunta del presidente. “¡A ver, que levanten la mano quienes piensan que debemos actuar con prudencia!”. Esa postura ha mejorado notablemente lo que pensamos de Estados Unidos. Según encuestas de Laredo y Asociados en 2017, un 30 por ciento opinaba favorablemente de los vecinos del norte y, en marzo de este año, ya era el 56 por ciento.

La humildad franciscana está sometida a una severa prueba. Hace unos días Trump puso obstáculos al cruce; los aflojó cuando México empezó a hacer concesiones. La presión sobre México arreciará; según The New York Times la renovación de la cúspide de la Secretaría de Seguridad Interior (Homeland Security) es el preámbulo para una política migratoria “más fiera”. Se desconoce si en el origen de su obsesión con la frontera están tropiezos empresariales, un recurso electoral muy, pero muy redituable o una preocupación auténtica por el tráfico de personas o narcóticos. Tal vez sea un poco de todo.

En todo caso, ya están en marcha las presidenciales de 2020 y México será zarandeado por Trump para agitar a sus seguidores. ¿Cuántas concesiones tendrá que hacer el gobierno de López Obrador para apaciguar al candidato Trump? Dada la conexión directa entre nuestras dos fronteras terrestres ¿tendrá México que militarizar su frontera sur para sellarla como lo exigen los del norte? ¿cuáles serían las consecuencias? Me parece que ha llegado el momento de que la Cuarta Transformación empiece a buscar alternativas a la política de la prudencia y el silencio heroicos.

Seguramente ya tienen uno o varios grupos elaborando esas propuestas en el discreto anonimato. Me parecería mejor que recuperen la promesa hecha en el Proyecto de Nación lopezobradorista de construir “una política exterior de Estado que cuente con el apoyo de los diferentes poderes de la Unión, así como de la sociedad civil en su conjunto”. Un consenso de ese tipo, sentenciaron, le “dará mayor fortaleza a México”.

Avanzar en esa dirección, pasa por modificar la negación y el aislamiento que están caracterizando la gestión de Marcelo Ebrard en la Secretaría de Relaciones Exteriores. Sería útil que lanzaran una convocatoria amplia para una discusión ordenada sobre las capacidades de México frente a los enormes retos que han surgido en sus fronteras norte y sur.

En esta coyuntura resulta irresponsable la política del silencio. El Instituto Matías Romero de la Secretaría de Relaciones Exteriores hace enormes esfuerzos para no hablar sobre Estados Unidos y Trump. Ejemplo: el Matías Romero tiene un espacio semanal en una radio pública (860 a.m.). La programación de abril está dedicada a “La Agenda 2030” (desarrollo sostenible) al “Panorama electoral en el mundo”, a “La dinámica consular en Montreal, Canadá”, a la “Seguridad en la frontera México-Guatemala” y a la “Perspectiva joven de los escenarios del Brexit”. Sin comentarios.

En este tema, la SRE también se ha esmerado en ponerle trancas a los académicos. Pregunté informalmente a colegas de los departamentos de relaciones internacionales de El Colegio de México, el ITAM, el Tec de Monterrey y la UNAM. La respuesta fue unánime. La Cancillería ha invitado a algunos a dialogar sobre América Latina o Venezuela; a ninguno sobre la política hacia Estados Unidos.

El estilo de gobernar de Trump es un enigma para todo el mundo. Por eso mismo, se discuten con intensidad las alternativas y los planes de contingencia. Dado que México está en las obsesiones de Trump, es absurdo apostarle tanto a la estrategia de hacerse chiquito. Gobierno y sociedad tienen que explorar qué posibilidades tenemos frente a los Estados Unidos de Trump. La negación es suicida.

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1565152.las-fronteras.html

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