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AMLO y el derecho a no migrar

Ana María Aragonés

Andrés Manuel López Obrador ha dicho claramente que la migración dejará de ser por necesidad para convertirse en una opción, es decir, el nuevo gobierno hará realidad la famosa frase el derecho a no migrar enarbolada por personalidades como Armando Bartra con la que por supuesto estamos totalmente de acuerdo. Por primera vez un gobierno mexicano se responsabiliza para otorgar a sus ciudadanos lo que por Constitución es un derecho, empleos formales, salarios dignos, vivienda, trabajos decentes, educación, salud, pues su carencia son causas por las que los trabajadores se ven en la necesidad de buscar nuevos horizontes de vida. Pero esos mismos gobiernos se han beneficiado de las altísimas remesas que los migrantes hacen a sus familias, al punto de que se han convertido en un pilar de la economía mexicana, aunque no haya ni el más mínimo reconocimiento para estos trabajadores y una de las razones por la que los gobiernos se hacen de la vista gorda ante las enormes tragedias y vicisitudes por las que transitan esos migrantes, pues las cuantiosas divisas deben continuar engrosando las arcas nacionales.

El derecho a no migrar ha sido la estrategia que algunos de los países ahora altamente desarrollados decidieron en algún momento de su historia, como fue el caso de Suecia. Vale la pena recordarlo ahora. Fue a principio del siglo pasado cuando el gobierno sueco se dio cuenta de que había perdido casi una cuarta parte de su población, sólo después de Irlanda y Noruega, los más importantes exportadores de fuerza de trabajo. El gobierno sueco se alarmó pues esa pérdida impedía su desarrollo económico. Se formó una comisión para investigar por qué se habían ido y una vez finalizada, que consta de más de 20 tomos, el gobierno decidió otorgarles no sólo las mismas condiciones sino mejores para reducir el fenómeno. Por supuesto que hay poco que añadir si pensamos en la Suecia actual, pero vale la pena recordar que entre estas cuestiones centrales y que cambiaron el destino del país fue educación gratuita y obligatoria siete años ¡en 1910!, salud ampliada hasta alcanzar el nivel de universal, viviendas decentes, que debían tener todas la comodidades, de lo contrario los constructores serían sancionados, empleos bien remunerados, la reducción de la desigualdad y de la concentración del ingreso que en esos momentos laceraba a su población, pues la sociedad sueca presentaba una enorme desigualdad entre las clases sociales, era muy jerarquizada e inequitativa. Lo que es un hecho es que después de 1920 ya no se produjo nunca una migración masiva y hay consenso en el sentido de que las recomendaciones de la comisión llevaron a la industrialización y a un conjunto amplísimo de reformas sociales que revirtió la migración y convirtió a Suecia en un país líder en los beneficios sociales para su población y por supuesto en un país altamente desarrollado.

Se puede argumentar que las condiciones actuales del fenómeno migratorio se han complejizado, que hay una serie de conflictos que son de alta atención para el nuevo gobierno, con lo que estamos de acuerdo, pero lo que sigue en la base del fenómeno son las mismas que llevaron a los trabajadores suecos y ahora a los mexicanos a salir de sus países, es decir, inequidades flagrantes, concentración del ingreso a niveles inaceptables, pobreza extendida a casi 50 por ciento de la población, insuficiencia del sector educativo que deja fuera a una enorme cantidad de niños y jóvenes, etcétera. Por eso la propuesta de AMLO es integral, pues hacer realidad la propuesta derecho a no migrar requiere un cambio de sistema económico, político y social, pues el neoliberalismo ha favorecido todas estas inequidades.

Pero por supuesto que el nuevo gobierno debe también encarar con decisión las consecuencias de años de omisiones de los gobiernos mexicanos para con los trabajadores migrantes. Y como señalan García y Gzesh (La Jornada, 10/7/18), hay plantear con toda claridad al gobierno de Donald Trump que si desea una nueva relación con México, es necesario poner los derechos humanos en el centro de la relación. Es decir, parar las inhumanas deportaciones, la separación de los padres de sus hijos, revisar los tristemente célebres programas de trabajadores temporales, los que, como hemos señalado en otras colaboraciones, son una forma legalizada de sobrexplotación de los trabajadores migrantes, pues después de acudir año tras año a trabajar a Estados Unidos no acceden a ningún beneficio laboral; y un planteamiento de enorme importancia es negarse rotundamente a que México siga haciendo el trabajo sucio contra los migrantes centroamericanos que Estados Unidos le ha exigido todo este tiempo.

http://www.jornada.com.mx/2018/07/19/opinion/017a1pol

 

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Vacantes: se busca político honrado

Con las medidas de austeridad de López Obrador los cuadros más competitivos emigrarán a otros trabajos mejor remunerados. A menos, claro, que además de imponer este plan de austeridad logre instalar una nueva cultura sobre el servicio público

 

¿Será posible que el 1 de diciembre los burócratas, los políticos y los empresarios amanezcan infectados por el bacilo de la sobriedad y la honradez que existe en el imaginario de Andrés Manuel López Obrador? Las 50 medidas que el presidente electo acaba de anunciar me hacen recordar las novelas de José Saramago, con sus países inventados en los que súbitamente los habitantes amanecían ciegos o sin ganas de votar, inoculados por un virus que solo existía en la mente del escritor.

No sé si es factible instaurar la República de la Austeridad que el nuevo mandatario tiene en la cabeza (comenzará a gobernar el 1 de diciembre, pero está claro que desde hace algunos días ya es quien verdaderamente manda en México). Y no obstante es imposible estar en desacuerdo con ese país del Nunca Jamás. Algunos se preguntarán si tal utopía existe o tiene posibilidades de existir.

Un México en el que los senadores, diputados y ministros sean de clase media, y los servidores públicos se conformen con sueldos modestos. Y es que las austeras medidas anunciadas parecen extraídas de un cuento de ficción: prácticamente nadie tendrá autos, choferes, guardaespaldas, viáticos, boletos de avión de primera clase, seguro de gastos médicos, bonos o una corte de asesores. La amante de turno no podrá gozar de una plaza de secretaria porque ni siquiera habrá secretaria. Los niños no serán llevados a la escuela privada de postín por el chofer de la oficina, porque no habrá chofer ni el sueldo del funcionario alcanzará para pagar la escuela de postín.

La cosa pública volverá a ser pública y no patrimonio exclusivo de los administradores que la regentan.¿Demasiado bueno para creerlo? Desde luego la clase política está aterrorizada. ¿Para qué convertirse en alcalde o diputado si no se va a salir de pobre? Es un error vivir fuera del presupuesto, suelen decir; pero vivir con el presupuesto que propone el nuevo Gobierno no es vida, murmuran confundidos. Y si los funcionarios están espantados, los empresarios enriquecidos a mansalva por licitaciones y proveedurías amañadas se sienten protagonistas de una pesadilla infernal.

Los más optimistas entre las futuras víctimas de la austeridad juran que el país de López Obrador tan solo es un espejismo y que la realidad seguirá prevaleciendo. Afirman que una sociedad que ha convertido en virtud la consigna “el que no tranza no avanza” no puede renunciar a sus convicciones. Según la doctrina del grupo Atlacomulco, edificada en el lema “político pobre es un pobre político” y sustanciada en la filosofía peñanietista de que la corrupción es cultural, la honestidad no puede instalarse por decreto.

¿Quién tendrá razón? Quiero pensar que las medidas de austeridad pueden imponerse gracias al carro completo que ha conseguido López Obrador y a condición de que ejerza en su grupo político la suficiente disciplina. Debe evitar que los nuevos funcionarios de Morena respeten las nuevas normas en lo formal pero encuentren vías ingeniosas para violarlas en la práctica. Incluso así, el problema está en otro lado. Desprovistos de sus incentivos honestos (sueldos, bonos y prestaciones) y deshonestos (abusos y exacciones indebidas), los cuadros más competitivos del sector público emigrarán a otros mercados de trabajo mejor remunerados.

A menos, claro, que además de imponer este plan de austeridad López Obrador logre instalar una nueva cultura sobre el servicio público. Aquella en la que el funcionario profesional sienta que los bajos salarios quedan compensados por la satisfacción de trabajar por el bien común o, al menos, por el prestigio que un cargo de responsabilidad pueda aportar en beneficio de su carrera.

En todo caso, se trataría de una visión inédita en los usos y costumbres de nuestra burocracia. No sé si las 50 medidas esbozadas sean el principio de la cuarta transformación en la historia nacional que López Obrador ha prometido. Pero el punto de partida, la visión de un Gobierno honesto y frugal, es una apuesta absolutamente revolucionaria. De entrada no me parece mal un presidente que parece hacer suya aquella vieja consigna de Marcuse que marcó el 68: “Seamos realistas, pidamos lo imposible”.

@jorgezepedap

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Un cuento moral

Juan Villoro

Lo llamaré Charly Girón, aunque en el mundo de los hechos gana becas con otro nombre. Cuando lo conocí vestía enteramente de negro. A su lado, quien usara una prenda de color parecía pertenecer al enemigo. Charly quería poner bombas para ser famoso y convertirse en un ícono digno de decorar camisetas, sin pasar por las molestias de la clandestinidad. Su insurrección merecía inmediato reconocimiento de las demás fuerzas beligerantes, es decir, del público.

Trabajaba en una agencia de publicidad donde inventaba motivos para que la gente comprara lo que no le conviene. Esto no le parecía contradictorio con su temperamento radical. Además, necesitaba dinero para ropas negras.

Los fines de semana escribía cuentos sobre su vida interior. Por desgracia, sus anuncios de jarabes para la tos eran más convincentes que sus relatos. Al darse cuenta de esto, decidió promoverse como un jarabe para la tos. Fue a las presentaciones de autores reconocidos y los abordó con voz meliflua, fingiendo que los idolatraba. Les mandó sus manuscritos con dedicatorias obsecuentes, esperando que lo recomendaran a alguna revista.

En México, los logros literarios apenas se distinguen del fracaso. Publicar un libro es tan excepcional que no importa cómo circula (quien vende dos mil ejemplares califica como bestseller en un país con ciento treinta millones de habitantes). El caso es que Charly logró colarse. Era poco conocido, pero “estaba ahí”.

Sus técnicas de autopromoción lo llevaron a cortejar a un célebre novelista afecto a los jóvenes. Así logró publicar en una selecta editorial. La seducción hubiera sido menos aviesa si después de recibir el contrato por mensajería, Charly hubiera cumplido la parte corporal que le correspondía, pero huyó antes de que eso sucediera, con argumentos de orgullo machista que le permitieron sentirse como el Che Guevara.

Su sed de notoriedad se alimentaba de carencias comprensibles (el abandono de la madre, la infancia en un pueblo sin otro estímulo cultural que una cancha de basquetbol, orejas de vampiro, calvicie prematura). En su caso, el arribismo coexistía con la negación de los demás: odiaba a la gente de la que dependía. “Si te detesta, es porque le hiciste un favor”, me dijo alguien que lo había tratado lo suficiente.

No creo perder el tiempo al describirlo, pues representa un ubicuo arquetipo de la época. Su carrera basada en halagos despegó en una sociedad cortesana donde los pajes buscan el favor de príncipes que aspiran a una audiencia con el rey. Pero el problema de la notoriedad es que se nota. Tarde o temprano la gente repararía en lo que sepultaban los libros de Charly. Nuestro autor se vio relegado a una periferia en la que ya sólo era “ése de negro”.

De no ser por Internet, habría caído en el olvido. Fue la primera persona que supe que tenía un blog. Decepcionado, me dijo que la mayoría de los comentarios que recibía eran negativos. Le sugerí que no los leyera o eliminara esa función, pero me dijo que esa nueva forma de comunicación debía ser interactiva. “Si te insultan, te toman en cuenta”, comentó.

Así descubrió que en la red el odio es una forma del proselitismo. La gente lo podía seguir por morbo, desprecio o simple curiosidad en los derrapes de la condición humana, pero lo importante era que lo seguía. En Twitter nada es tan elocuente como la estadística.

Ya inmerso en las aguas digitales, decidió que todas las personas que lo habían ayudado eran canallas, pasó del oportunismo al rencor y asumió uno de los más notorios avatares de la realidad virtual: se transformó en hater de tiempo completo.

Ignoro cómo logra detestar al prójimo desde que desayuna las galletas con chispas de chocolate que tanto le gustan. Lo cierto es que ejerce lo que Rafael Sánchez Ferlosio, Premio Cervantes de Literatura, llama “la moral del pedo”: no soporta la podredumbre ajena mientras disfruta la propia.

Charly Girón despotrica contra el patrocinio oficial a los artistas y luego pide un apoyo. Esto no altera su conciencia porque hace mucho que esa zona de su mente sólo se dedica a darle la razón. Los cambios del mes de julio encontraron en él a un perfecto gesticulador: repudió a quienes apoyaron a López Obrador en 2006 y desde hace unas semanas repudia a quienes no lo apoyan.
Un hombre de su tiempo.

https://www.criteriohidalgo.com/a-criterio/un-cuento-moral

 

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Hablemos de paz

Hablemos de paz

Javier Risco

La Nota Dura

Hablemos de paz. Para eso hay que escuchar a Loretta Ortiz, la responsable de coordinar el proceso de pacificación del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, una abogada de profesión que, de acuerdo con sus propias palabras, “ha estado siempre preocupada por el derecho de acceso a la justicia, por los derechos humanos y conocedora de la justicia transicional”.

Ortiz así define lo que queremos alcanzar: “La paz en este momento es la ausencia de violencia, y, como lo ha dicho Andrés Manuel López Obrador, hay que atender las causas, no tendremos paz sin resolver los problemas de pobreza, de dar un mejor estándar de vida a los mexicanos que no tienen oportunidades de acceder a sus derechos fundamentales”.

La primera etapa de pacificación de este país incluye la realización de Foros Nacionales para escuchar a víctimas, especialistas, autoridades, a todos los actores que forman parte del problema y la solución. Iniciarán el próximo 7 de agosto, en Ciudad Juárez, y terminarán la última semana de octubre. Para participar se creará un portal de Internet donde deberán registrarse los interesados para tener un control del aforo –la página estará lista en tres semanas. Hasta el momento se tienen contemplados 40 puntos distintos del país, 40 ciudades que son consideradas foco rojo en el tema de violencia. Loretta Ortiz señala que “la intención es hacer foros de consulta para que los ciudadanos opinen, las víctimas de desaparición, de ejecución, de delitos sexuales, trata de mujeres y niños, también periodistas violentados, y a raíz de eso obtener los proyectos de ley necesarios para entrar en esa pacificación”.

Tal vez una de las palabras más repetidas en la campaña electoral y a la vez más polémicas fue “amnistía”; al menos en esta etapa de planeación ya hay claridad en cuanto a quiénes podrían aspirar a este instrumento jurídico: “En el caso del crimen organizado no se van a amnistiar, bajo ninguna circunstancia, aquellos delitos en los que haya mediado un acto de violencia. Si algún detenido se encuentra fuera de este ámbito entonces sí podrían ser sujetos de una amnistía, esto si se aprueba la ley por el Congreso de la Unión y así resulte de las consultas que se realicen; el proceso de amnistía también incluye firmar un convenio de no repetición de los actos con los amnistiados, es decir, de no actuar en la ilicitud y además de no realizar ningún acto violento. Un ejemplo de quién podría aspirar a esta amnistía son los muchísimos jóvenes que han sido cooptados por el crimen organizado, que son utilizados como mulitas para transportar droga. Ellos no cometen actos violentos, ellos podrían ser un ejemplo de los que podrían optar por una amnistía”, señala Loretta Ortiz.

Ese es el primer paso del gobierno de transición para llegar a la paz… crear foros, sin embargo, esto ya se ha hecho, lo novedoso son los proyectos de ley que resulten de estas exigencias. Ojalá se les dé un cauce legal y una salida que tenga resultados tangibles. “No lo volvamos un show (el problema de las víctimas); esto del Papa ha sido verdaderamente lamentable (…) utilizar al Papa es un show más. La solución del problema no está en el Papa, no está en los foros, está en poner a trabajar lo que ya hemos construido y a ponernos en serio a tomar esto como la agenda de la Nación”, dijo ayer Javier Sicilia durante un foro en El Colegio de México. Así fue su reacción después de que el propio Vaticano negara las afirmaciones del equipo de López Obrador sobre la presencia del papa Francisco en estos encuentros.

Ojalá no se quede en un show, son 10 años de cientos de miles de víctimas que han sido oídas, pero no escuchadas, que se han sabido organizar y que han ido a decenas de foros que no llegan a ninguna parte; están hartos de soluciones superficiales ante un problema que nos ha rebasado.

Seguimos en el plano del beneficio de la duda. La transición lleva menos de 20 días, habrá que dejar trabajar al equipo cercano de López Obrador, sin embargo, al menos con el proceso de pacificación, la paciencia será algo fundamental.

 

http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/javier-risco/hablemos-de-paz

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Sergio Aguayo

 

Tumor poblano

Puebla ya era la capital del huachicol, ahora quiere convertirse en la catedral del fraude electoral. ¿Se saldrán con la suya?

Las dos semanas que han transcurrido desde la elección han estado llenas de anuncios que confirman, que esta vez, sí va en serio el asalto al viejo régimen. Me ha llamado la atención la mesura en las reacciones de los afectados. Protagonistas de todos los niveles, sectores y colores alzan la voz para declarar su disposición a trabajar con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. ¿Qué tan auténtica es su disposición a sumarse en serio a las transformaciones? Puebla es un barómetro.

Sugeyry Gándara elaboró un reportaje para el portal Sin Embargo. Concluyó que el proceso electoral poblano “se distinguió por su opacidad, endeudamiento, múltiples denuncias por presuntas irregularidades […] altos índices de violencia” y por las “violaciones a derechos humanos cometidas contra manifestantes, activistas y reporteros”. Es una descripción dura que se confirma cuando se revisa la abundante evidencia generada por observadores independientes. Ante el hecho se han conformado tres grandes bandos.

En el primero están los que sostenemos la hipótesis del fraude y exigimos que se investigue y, en su caso, se anule la elección para gobernador. En esta postura coincidimos ciudadanos y observadores independientes preocupados por la limpieza electoral y los perdedores de la elección para gobernador. Es el caso del candidato por MORENA, Miguel Barbosa, quien ya logró que su líder, Andrés Manuel López Obrador declarara que para ellos el “gobernador electo de Puebla es Miguel Barbosa”.

En la esquina contraria están los que defienden la victoria de Martha Érika Alonso (esposa de Rafael Moreno Valle) y se amparan en el fallo de un árbitro electoral local de dudosa imparcialidad. Llama la atención la tibieza mostrada por las dirigencias nacionales del PAN y el PRD. El perredista Manuel Granados Covarrubias pintó una sutil raya cuando aclaró que en Puebla “quien propuso a la candidata fue el albiazul”, que el PRD sólo acompañó la candidatura, que “quien lleva mano es el PAN”. El panista Damián Zepeda se refugió en generalidades tipo “con Martha Erika, Puebla sigue por el camino del desarrollo y progreso”. Es como si la elección solo importara al Morenovallismo.

La tibieza de los dirigentes me recuerda los titubeos de los adictos empedernidos. Son conscientes de que su rehabilitación como fuerza política depende de correcciones a su conducta pero les cuesta un trabajo enorme renunciar a los cargos, incluso los mal habidos. El resultado es que ellos mismos boicotean sus propósitos de enmienda cuando toleran y medran con cacicazgos como el de Mauricio Toledo en Coyoacán o el de los Moreno Valle en Puebla.

La tercera actitud es la evasión y la ejemplifica el presidente del Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Córdova, cuyos empeños se orientan a difundir una doble tesis: el 1o. de julio fue un fiesta cívica y el “fraude está erradicado de nuestro sistema electoral”. Como Puebla lo contradice reconoce que “puede manchar el proceso nacional” para luego desentenderse al decir que “no es una responsabilidad del INE”.

Decidirá el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación inmerso en una situación por demás peculiar. Cuatro de los siete magistrados del Tribunal han defendido en varias ocasiones al PRI. Dada la situación que enfrenta ese partido, ¿buscará su nueva dirigencia negociar con Miguel Barbosa y Morena o iniciarán su renovación aseando los comicios poblanos? Lo mejor sería que los magistrados vivieran una metamorfosis que los convierta en cruzados de las elecciones limpias y confiables.

Puebla es importante porque nos recuerda que México sigue teniendo tres elecciones simultáneamente: la de la verbena de civilidad donde la pulcritud de la urna es la norma; la de los pobres donde se compran, venden y coaccionan los votos; y la del crimen organizado, donde los violentos determinan quién es el que compite y gobierna. Lo sucedido en Puebla es un tumor que puede extirparse. De hacerlo, se daría un paso importante en la puesta al día de unos procesos electorales percudidos y costosos, indignos de un México que busca renovarse.

Twitter: @sergioaguayo

Colaboraron: Manuel Pérez Aguirre y Mónica Gabriela Maldonado Díaz.

https://www.elsiglodedurango.com.mx/noticia/978518.tumor-poblano.html

 

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La danza de los sueldos

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El artículo 127 de la Constitución, reformado totalmente en julio de 2009, comprende las remuneraciones, bajo cualquier denominación, “en efectivo o en especie”, con las únicas excepciones de “los apoyos y los gastos sujetos a comprobación que sean propios del desarrollo del trabajo y los gastos de viaje en actividades oficiales”. El precepto abarca a la totalidad de los servidores públicos del Estado mexicano.

Las reglas concretas al respecto son directas: 1. Nadie puede ganar más que el Presidente de la República; 2. No se puede percibir más que el superior jerárquico; 3. No se conceden ni se cubren jubilaciones, pensiones o haberes de retiro fuera de lo señalado en ley, decreto legislativo, contrato colectivo o condiciones generales de trabajo; 4. Las percepciones son públicas y se establecen exclusivamente en el presupuesto; 5. El Congreso y las legislaturas locales deben expedir leyes ordinarias sobre este tema y prescribir sanciones al “incumplimiento o elusión por simulación de lo establecido en este artículo”.

El contenido de este precepto es algo muy sensato y lógico, lo escandaloso es que no se cumple ni se han emitido leyes reglamentarias, ¡luego de nueve años de vigencia!

López Obrador ha hecho un llamado al próximo Congreso para que expida la legislación derivada, la cual fue aprobada en el Senado desde el 8 de noviembre de 2011. Sí, ¡hace casi siete años!, pero se encuentra congelada desde entonces en la Cámara de Diputados.

El tema de los sueldos de servidores públicos es uno de los más soterrados dentro del sistema político mexicano. Está relacionado con la corrupción porque las remuneraciones arbitrarias, dentro o fuera de presupuesto, al margen de la Constitución, son un mecanismo para gratificar lealtades políticas, complicidades, encubrimientos y demás mecanismos del Estado corrupto vigente hasta ahora en el país.

Esta situación se repite en los gobiernos locales, dentro del Congreso y en las legislaturas de los Estados, muchos ayuntamientos y especialmente en el sector paraestatal.

Como no se aplica la condensación de todos los ingresos, en efectivo o en especie, tal como lo señala la Carta Magna, entonces se reciben conceptos fraudulentamente disímbolos, cuya suma rebasa el sueldo nominal del Presidente de la República, quien también se lleva dinero por fuera.

Hay personas pensionadas por los bancos del Estado sólo por haber pasado por ahí durante poco tiempo, en aplicación de reglas internas de por sí ilegales que han sido inconstitucionales durante los últimos nueve años, pero los pagos han continuado. Lo mismo se puede decir de tantas liquidaciones y pensiones pagadas en otras empresas públicas a favor de altos funcionarios, incluyendo directores generales.

La corrupción es una hidra de muchas cabezas, pero no se trata de ir cortando una por una sino de elaborar una política que acorrale y elimine a ese monstruoso mecanismo de gobierno.

En lo que toca a los sueldos, no se trata sólo de detener gastos ilegítimos e ilegales sino principalmente de dignificar la función pública, de sustraer a los funcionarios de aquello que les obliga a soslayar sus deberes en aras de conseguir prebendas porque los altos jefes reparten todo el tiempo dineros públicos como si fueran de su propiedad.

Fijar con claridad los límites de las remuneraciones conforme a la Constitución es una cuestión política, es decir, un modelo de administración que debe estar basado en la transparencia, el profesionalismo, la probidad y la dignidad de los servidores públicos.

Cuando López Obrador plantea que el Presidente de la República debe ganar la mitad de lo que se le entrega ahora, lo que está diciendo es que a los gobernadores también les han de reducir sus sueldos y cancelar los sobresueldos y gastos que no comprueban, lo mismo que a legisladores y alcaldes de las grandes ciudades que a veces ganan lo indecible.

En México, los altos funcionarios no pueden ganar como en los países ricos, ya sea porque en éstos el costo de la vida es mucho mayor, como porque acá los sueldos de los empleados de base y supernumerarios es demasiado bajo en términos reales.

Alguna vez se consideró que la corrupción tendría que combatirse mediante el aumento de las percepciones de los altos funcionarios. Eso ha sido un fracaso porque ya se ha visto que el robo al erario, la mordida y el tráfico de influencias aumentan a pesar de los altísimos sueldos.

Luego de nueve años de incumplir el mandato de legislar, los estados también tendrán que hacerlo debido a la nueva composición de muchos congresos locales.

Después vendrán algunas otras leyes y decretos que ayuden al gobierno a cerrar los agujeros de la corrupción que tiene ese queso gruyer que se llama Estado mexicano y, ante todo, los presupuestos de egresos de la Federación y de las entidades que han renovado sus legislaturas. En especial, hay que cortar las uñas de los gastos discrecionales con los cuales se financian familias y grupos políticos, además de comprar votos.

No se tienen que dar palos de ciego. Estamos sencillamente en un proceso bajo una nueva fuerza gobernante. Ya se sabe que el tema de la corrupción no es el único, pero casi todos los demás se encuentran de alguna forma enredados en éste.

 

https://www.proceso.com.mx/542800/la-danza-de-los-sueldos

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El ausente

 

Denise Dresser

Enrique Peña Nieto arrogante. Enrique Peña Nieto ausente. Enrique Peña Nieto atlacomulquense. Las tres a’s que definen su sexenio y cuán fallido fue. Un Presidente castigado en las urnas, despreciado por la opinión pública, criticado por la prensa internacional. Tan lejos de aquel hombre que iba a salvar a México y tan cerca de todo aquello que lo empeoró. La corrupción desatada, la violencia desbocada, la impunidad arraigada. En lugar de mover al país, reforzó las prácticas que lo condenan al subdesempeño permanente. En vez de dar un paso a la modernidad, resucitó los usos y costumbres de la rapacidad. El nuevo PRI, que nunca lo fue, regresó para robar y vorazmente. Porque el residente de Los Pinos dijo que era posible hacerlo, sin controles y sin sanción.

Un estilo personal de ejercer, de gobernar, marcado desde el inicio por aquello que los griegos llamaban “hubris”. Orgullo, vanidad, presunción. Revelado desde el inicio del sexenio por el Telepresidente y la cúpula empresarial y las televisoras y los cuates que compraron e impulsaron la narrativa del reformismo modernizador. Las 11 reformas estructurales necesarias, el Pacto por México aplaudido, el consenso político forjado. La sacudida que el peñanietismo prometía darle a un país paralizado. El sentido de superioridad que acompañó al mexiquense y a su equipo. Ellos, inteligentes; ellos, estratégicos; ellos, visionarios, se repetía una y otra vez. Desde el pináculo del poder llegaron para concentrarlo y usarlo a sus anchas. Pero la soberbia que los propulsó también fue su perdición.

Altanería demostrada por Angélica Rivera ante el escándalo de la Casa Blanca; altivez evidenciada por Luis Videgaray ante el escándalo de la casa en Malinalco, engreimiento exhibido por el Presidente ante las críticas, las cuales desdeñó en vez de entender su origen. Así como minimizó los eventos de Ayotzinapa y trivializó el socavón y subestimó los reclamos sobre Odebrecht e ignoró el enojo suscitado por el espionaje gubernamental y la “Estafa Maestra” y la corrupción de catorce gobernadores. Ante cada uno de esos casos, no vimos a un Presidente presente, sino a un Presidente ausente. Lejano, desentendido, justificando en vez de explicar, culpando a los detractores de su gobierno en lugar de cambiar aquello que los motivó a serlo. Rodeado de aduladores que lo protegían, Peña Nieto pasó el sexenio mirándose en el espejo. Vio ahí lo que quería ver y no al país que lo rodeaba y le reclamaba. México desigual, México violento, México inseguro, México enojado.

Pero ni él ni la cofradía mexiquense que lo acompañó fueron capaces de revitalizar el ejercicio del poder priista. No supieron o no quisieron adecuarlo al contexto que la modernización prometida exigía. Más bien importaron sus vicios más acendrados desde Atlacomulco. Como escribe Alfonso Zárate en el libro Un gobierno fallido, trajeron consigo la pulcritud epidérmica debajo de la cual había escrúpulos flexibles y una alta dosis de voracidad en el manejo de los recursos públicos. Ante la incertidumbre de conservar el poder transexenal, optaron por ejercerlo rapazmente. Prometieron rehabilitar al priismo cuando en realidad sólo acentuaron sus vicios. La justicia partidizada, los ministros a modo, los fiscales carnales, la PGR puesta al servicio de los caprichos políticos del Presidente, las instituciones corrompidas por la cuatitud. Un sexenio donde el reformismo acabó saboteado por el clientelismo; donde la transformación terminó minada por la corrupción.

Y los resultados están ahí. Un Presidente desacreditado y un partido diezmado. Peña Nieto calificado como uno de los peores presidentes de la era moderna y el PRI rechazado como una de fuerza política execrable. El salvador de México que fue cavando su propia tumba, acto arrogante tras acto arrogante, ausencia tras ausencia. El Astroboy de Atlacomulco vislumbrando un futuro sin prestigio o pensión, cargando consigo injurios que lo perseguirán por doquier. Quien buscó adueñarse de todos los espacios de poder ahora no aparece en ninguno de ellos. Como si ya no gobernara, como si no quedaran meses antes de pasar la estafeta a su sucesor. Hoy AMLO es el Presidente de facto; el que toma decisiones, anuncia cambios, propones recortes, nombra funcionarios. Actúa como si ya estuviera sentado en la silla del Águila, porque quien debería estar ahí hasta diciembre desapareció.

https://www.elsiglodedurango.com.mx/noticia/978016.el-ausente.html

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