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Archive for the ‘Familia’ Category

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#BastadeGóngoras

Duda Razonable

Carlos Puig

Hay muchos Genaros Góngoras en México.

Todos conocemos a uno de ellos: son esos padres que contravienen la ley al no cumplir con las obligaciones que tienen con los hijos e hijas que procrearon. No nos confundamos. No son padres “irresponsables”, como a veces son llamados. Son infractores de la ley.

Muchos de esos padres —porque casi siempre son hombres los que caen en esa conducta— usan a su favor leyes poco efectivas en su aplicación, o se aprovechan de que la ex cónyuge no podrá cuidar y mantener a los hijos al tiempo de que emprende el engorroso juicio para demandar el cumplimiento de lo que un juez ya había establecido. Por si fuera poco, hay padres que llegan al extremo de mover influencias económicas, políticas o, incluso, judiciales para no pagar lo que les corresponde por ley, mermar los recursos de la madre e, inclusive, marginar a ésta del contacto con sus hijos, dejándolos desprotegidos. El ejemplo perfecto, ya se sabe, es el ex ministro de la Suprema Corte, Genaro Góngora Pimentel. Pero como él hay muchos. Si hacemos un poco de memoria, comprobaremos que todos hemos sabido de al menos un “Góngora” en nuestro entorno.

Esta violación a los derechos de los infantes es un asunto común en nuestra sociedad. Y peor aún: pasa, además, con alarmante frecuencia cuando alguno de estos niños tienen algún tipo de discapacidad. Como en el caso de Ulises y David, quienes tienen autismo, hijos de Góngora y su ex pareja, Ana María Orozco.

Más allá de este caso, hay estadísticas que nos hablan de que hay una violación cotidiana y grave a los derechos niños y niñas de México: hay quien dice que tres de cada cuatro hijos de padres separados no reciben la pensión alimenticia adecuada.

Junto con l@s niñ@s, las mujeres siempre son las más afectadas.

En el caso en particular de niños y niñas con discapacidad, no hay ninguna salvaguarda en la ley (Código Civil Federal, del DF o de los estados) que dejen en claro, cuando los padres se separan, que para que estos niños puedan acceder a sus derechos, como los demás niños, necesitan de muchos más apoyos: monetarios y de todo tipo. Los distintos códigos civiles no han sido armonizados con respecto a la Convención de los Derechos Humanos de las personas con Discapacidad de la ONU, que México firmó y ¡ratificó hace 5 años! Tampoco han sido capacitados al respecto los jueces de lo familiar.

Un grupo de periodistas hemos decidido publicar esto de manera simultánea. Buscamos, sobre todo, alentar la discusión de este tema a profundidad. Y sin minimizar la tragedia de la familia víctima del ex presidente de la Suprema Corte Genaro Góngora, queremos llamar la atención sobre lo común que es este tipo de violaciones a las leyes y los derechos, y lo mucho que las toleramos como algo “normal”.

Invitamos a los lectores a visitar la página de FB http://www.facebook.com/BastaDeGongorasEnMexico y enviar sus correos a bastadegongoras@gmail.com. Ahí podrán compartir historias sobre “otros Góngoras”. Para participar hay dos condiciones: la identidad de quien propone la historia a publicarse tiene que ser verificable. Y el testimonio será editado para preservar los nombres completos de los niños y de los presuntos irresponsables.

Quizá con la enumeración de diversas historias, que seguramente competirán en un catálogo de horrores, una más increíble que la otra, podamos empezar a discutir como sociedad qué hacemos para que sea menos “normal” que alguien viole la ley en contra, ni más ni menos, de los niños en primera instancia. Ojalá nuestros lectores encuentren este ejercicio interesante y pertinente.

http://www.milenio.com/cdb/doc/impreso/9184582

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AGUINALDO: ANTES PARA FIESTAS, HOY PARA DEUDAS

Por:  Andrea Vega – diciembre 12 de 2012 – 0:00

Hubo un tiempo, en México, en que esta prestación decembrina se utilizaba para las celebraciones. O el ahorro. Ahora es para los acreedores. Este fin de año, casi la mitad de este pago tendrá tal destino

Verónica González espera su aguinaldo sin emoción. Al escuchar la palabra incluso hace un gesto de fastidio. Es comprensible. Con eso no le comprará juguetes a su hija, ni ropa a su esposo, mucho menos se irá de vacaciones y ni siquiera pagará los gastos de la cena de navidad o de año nuevo. “Yo no lo disfruto. No me doy con eso ni un gustito personal. Lo guardo íntegro para pagar en enero, una parte del predial y del agua”, me dice detrás del mostrador de la panadería donde trabaja.

Son las 3:30 de la tarde de un martes de noviembre y no hay ningún cliente en esta sucursal de una cadena de panaderías; así que Verónica se da un tiempo para contarme en qué planea utilizar su pago extra de fin de año. A ella le dan mil 800 de aguinaldo; es decir, lo de una quincena. Lo mínimo marcado por la Ley Federal del Trabajo en el Artículo 87.

Tiene 13 años trabajando en esta panadería. Labora de 3:30 de la tarde a 11 de la noche y descansa sólo un día a la semana. El aumento de sueldo que recibe cada año es muy bajo. “Ganaba 128 pesos y me aumentaron a 135. Es un incremento de risa que no alcanza para nada y mi aguinaldo sube en esa misma proporción”.

Lo que sí se incrementa a un ritmo más acelerado es el costo de los servicios. “Cada año nos vamos para atrás con los saldos de agua y predial. El año pasado, por ejemplo, pagamos tres mil pesos de esas dos cosas. Necesité poner mi aguinaldo, mi esposo puso parte del suyo y hasta se nos fue un poco de los sueldos en eso. Este año a ver cómo nos va”.

La cena de Navidad, Verónica y su esposo la pagan con sus salarios. Ella tiene seis hermanos y todos se reúnen con sus familias para celebrar la fecha, así que el convivio funciona más bien como una gran cooperación: unos llevan los refrescos, otros la ensalada, otros compran el pollo. Eso aligera los gastos.

A sus 46 años, esta mujer tiene dos hijas. Una de 28 años, ya casada y con hijos y una pequeña de ocho. “A mi hija menor le llegan regalos de Reyes porque su hermana mayor salda ese gasto; si no, no sé qué haríamos”.

Las cosas no siempre han sido así. Verónica dice que antes no destinaban todo el aguinaldo para pagar servicios. “Fue a raíz de que nació mi hija pequeña y aumentaron los gastos. Además, me quitan mucho de Infonavit, porque yo soy la titular del crédito. Así que ya no alcanza el dinero. Antes nos dábamos hasta el lujito de hacer intercambio de regalos y todo, pero ahora ya no”.

El caso de esta empleada de panadería rebasa a las estadísticas, ya de por sí desalentadoras.

David Lozano, investigador del Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM) de la Facultad de Economía (FE) de la UNAM, explica que 36 millones de trabajadores deben recibir aguinaldo o una compensación, pero en los hechos, sólo la mitad de esa cifra obtiene tal pago.

Según el investigador, muchos empleados no lo reciben u obtienen menos. A veces, las compañías lo dan en pagos y lo saldan en mayo. Para evitar problemas, muchas declaran que ya lo dieron cuando no es así o todavía no lo dan completo, y si los trabajadores se quejan, no pasa nada.

El CAM reporta que en realidad sólo 18 millones 180 mil trabajadores recibirán la gratificación de fin de año y lo distribuirán de la siguiente manera: 31 por ciento para pagos de servicios como renta, gas, salud, ropa y arreglos del hogar; 25 por ciento para compra de alimentos y 44 por ciento para pago de deudas.

ENTRE SALDOS Y GASTOS

José Gutiérrez le pone nombre e historia a esos porcentajes. Él trabaja como guardia en un edificio de oficinas de Polanco. Labora ahí desde hace 13 años. El horario que cubre es de siete de la mañana a tres de la tarde, de lunes a sábado. Su aguinaldo se lo dan en dos partes: la primera el 20 de diciembre y la segunda en enero. En total recibe seis mil pesos por este concepto, lo cual equivale a un mes de su sueldo. “Los primeros tres mil pesos los usó para comprarle ropa a la familia y unos juguetes modestos a mis hijos pequeños”.

El guardia de 56 años tiene cinco hijos, de 15, 12, nueve, siete y cinco. A los tres menores todavía los visitan los Reyes Magos, así que José aparta un poco de esos primeros tres mil para cubrir ese gasto. “Pero la verdad es que cada vez alcanza menos. La libramos porque mi esposa también trabaja y más o menos recibe lo mismo de aguinaldo, así que nos cooperamos para comprarles la ropa y los juguetes”.

Además, José tiene un problema. Este año deberá destinar dos mil pesos de su segundo pago de bonificación navideña para cubrir deudas personales. “Hemos tenido que pedir prestado para pagar, a veces servicios, a veces cosas de la escuela de los hijos y ahora hay que solventar eso. Ya sólo me quedarán mil pesos para llevar a la familia a Chapultepec o a Six Flags. Antes toda esa parte era para salir a dar la vuelta, ahora ya no”.

En el mismo caso está Gloria Preciado, quien trabaja como orientadora en una secundaria oficial. A ella le dan nueve mil pesos de aguinaldo, también en dos partes. Ese monto corresponde a 40 días de su salario.

Sara Barajas Cortés, profesora de Contabilidad y Finanzas de la Escuela de Negocios del Tecnológico de Monterrey, Campus Ciudad de México, explica que las variaciones en los montos de este pago se deben a que la ley fija como mínimo 15 días de salario, menos el respectivo Impuesto sobre la Renta; pero las empresas están en libertad de dar más. En cuanto a los empleados de gobierno, ellos tienen asegurada una bonificación de este tipo de 40 días, la cual se les otorga, a veces, en dos partes.

Jorge Ponga, socio de Consultoría en Capital Humano de Deloitte, afirma que la mayoría de las empresas medianas y grandes están dando entre 28 y 30 días de aguinaldo. La proporción, dice, es igual en una posición operativa a la de un director general.

Los empleados de gobierno recibieron su primer pago de fin de año o todo el monto en noviembre, para alinearlo con el Buen Fin. Pero no todos mordieron el anzuelo. Gloria, por ejemplo, califica como falsas las ofertas de esos días. “Sólo es una forma de endeudarnos más. Casi todo hay que pagarlo con tarjeta de crédito y yo ya tengo suficientes deudas”.

Antes, ella destinaba la primera parte de su aguinaldo para comprarle ropa a sus dos hijos, y despensa. Este año tuvo que invertir la mitad de ese pago en comestibles para el mes y la otra para pagar deudas personales. “Mi esposo hace trabajos de diseño, pero está como independiente y su ingreso es muy variable. No tiene prestaciones. Debemos pagar lo de nuestro departamento. La vida se ha encarecido mucho y hemos necesitado pedir prestado”.

Con los otros cuatro mil 500 que recibe de aguinaldo en enero, Gloria paga una parte de los juguetes para el regalo de Reyes de sus hijos (lo otro lo paga con tarjeta de crédito) y el resto lo usa para gastos corrientes. “Como me dan las dos quincenas de diciembre juntas y con eso costeo los gastos para la cena de Navidad y de fin de año, tengo que tomar del aguinaldo para reemplazar lo gastado”.

Sin embargo, Gloria dice que por lo menos todavía puede comprarle algo de ropa a sus hijos y disponer de un poco de efectivo para los Reyes. Así no da un tarjetazo mayor y no se endeuda más.

Los casos anteriores, lo mismo que el estudio del CAM muestran dos conflictos socioeconómicos, uno consecuencia del otro. Primero: la sociedad mexicana está cada vez más endeudada; segundo: el aguinaldo se ha depreciado porque el salario, al cual está ligado, también lo ha hecho.

David Lozano desmenuza esa situación de endeudamiento. El año pasado 90 por ciento de las familias mexicanas que recibieron aguinaldo destinaron 41 por ciento de ese monto para el pago de deudas. Este año, ese porcentaje vuelve a aumentar, como lo ha hecho desde 2009, cuando se ubicó en 31 por ciento, para llegar en este 2012 a 44 por ciento, un incremento de tres por ciento con respecto al año anterior.

Esas deudas se dividen en cuatro rubros: la mayoría son con instituciones crediticias; otras son de tipo personal, contraídas con algún familiar o algún amigo para solventar gastos de la casa; el tercer rubro son préstamos nuevos solicitados para pagar préstamos viejos y el cuarto son deudas de servicios, ya sea predial, agua o con Telmex, por ejemplo.

Para solventarlas, los trabajadores están sacrificando la compra de ropa, calzado y la atención en salud. De hecho, el tres por ciento que se ha aumentado para los adeudos sale de recortarle a estos rubros.

LA SOCIEDAD DE LA DEUDA

Le digo a David Lozano que en Internet encontré un reporte de Profeco sobre Hábitos de Utilización del Aguinaldo en

2009, en el que, de acuerdo con los resultados de un sondeo telefónico realizado en Monterrey, Guadalajara, Ciudad de México y su área conurbada, por la Dirección General de Estudios sobre Consumo (DGEC), del 24 de noviembre al 1 de diciembre de ese año, quienes iban a recibir aguinaldo planeaban destinar sólo 16 por ciento de éste para pagar deudas, en tanto que 21 por ciento lo utilizarían para ropa y calzado, y 26 por ciento para las fiestas de fin de año.

CAM reporta que en 2009, los trabajadores usaron 31 por ciento de esa prestación para pagar deudas, ¿cómo puede haber cifras tan dispares entre Profeco y ustedes?

Porque cuando haces un sondeo telefónico no puedes abarcar una muestra muy grande, sólo tomas unas cuantas regiones y sólo a las personas con teléfono.

Después me explica la metodología del CAM para su reporte de aguinaldos. El centro toma como base  la encuesta de ingreso-gasto desarrollada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y el estudio de distribución de ingreso-gasto de las familias elaborado de manera trimestral por el Banco de México.

A partir de esos indicadores, el CAM hace una proyección partiendo de cómo fue el gasto durante el último trimestre del año y cómo ha sido su variación. Además, los investigadores del centro levantan encuestas en establecimientos de consumo, como: supermercados, tiendas, mercados, etcétera, para corroborar la tendencia en el gasto de las personas. Con todos esos datos calculan la distribución del aguinaldo.

“La encuesta de Profeco de 2009 – me dice Lozano – tuvo grandes cuestionamientos, por eso ya no la volvieron a sacar”. Tiene razón. Cuando pregunto en el área de comunicación de la dependencia, me confirman que los dos años pasados no se emitió ese estudio y este año tampoco se hará.

Me queda la duda si las cifras de Profeco para 2009 fueron un simple error al momento de levantar la muestra o un intento de cubrir el nivel de endeudamiento de la sociedad mexicana.  Lo cierto es que si se toman como válidos los datos del CAM, estamos llegando a un escenario donde los trabajadores usan casi la mitad de su aguinaldo para pagar deudas.

Eso dice mucho de cómo están las condiciones económicas del país, señala Lozano, lo cual contrasta con lo dicho al final del sexenio pasado respecto a las mejoras en las condiciones de vida. “Yo preguntaría, ¿mejoras? ¿Cuáles? El resultado del Buen Fin, por ejemplo, es una sobreutilización de la deuda por medio del crédito. Es sacrificar consumo futuro por inmediato. Eso se está viendo también reflejado en la forma de distribución del aguinaldo. Ese tres por ciento de aumento en pago de deudas se debe, en parte, al fomento del modelo consuma ahora y pague después”.

YA NO ALCANZA

En cuanto a la depreciación del monto de fin de año, Sara Barajas, del Tecnológico de Monterrey, subraya que como pago no ha bajado ni puede bajar. Por ley son mínimo 15 días de salario, pero el poder adquisitivo de las personas es el que ha disminuido

Para determinar cuánto se ha depreciado el salario, basta con ligarlo a la inflación. Si en un año ésta es de cuatro por ciento, en ese mismo porcentaje se deprecia la capacidad de compra y, por lo tanto, el aguinaldo.

En su reporte Queda pulverizado el poder adquisitivo de los trabajadores en México durante el Calderonato, el CAM entra en detalles. Entre 2006 y 2012, el valor del salario mínimo cayó 43.1 por ciento, para registrar una pérdida acumulada, en 25 años, de 79.11 por ciento. Si se pretendiera recuperar su capacidad, y mantener el incremento promedio de cada año –entre cuatro y cinco por ciento- deberían congelarse los precios de diversos productos durante 47 años.

Más aún, para adquirir los alimentos nutricionalmente recomendados, el salario mínimo diario general tendría que ser de 183.59 pesos, sin considerar gastos en vivienda, salud, transporte, educación, entre otros rubros. En 1987, las familias mexicanas sólo requerían del ingreso de un integrante; hace 12 años, la tendencia para aminorar las carencias, cada vez mayores, obligó a los jefes de familia a tener dos empleos, o bien, a que trabajara otro integrante. Actualmente se requiere el ingreso de hasta tres personas.

Por eso Gloria y José tienen que pedir prestado para cubrir los gastos de la casa, aunque sus parejas también trabajen. Luego, usar su aguinaldo para pagar una parte de esas deudas. Por eso Verónica necesita guardar esa gratificación para saldar los costos del agua y el predial.

Sin embargo, el problema de estirar el salario y capotear el endeudamiento no es cuestión ya sólo de quienes perciben un sueldo reducido, incluso quienes obtienen un ingreso entre medio y alto están en una situación parecida, claro, por otro tipo de gastos, pero a fin de cuentas en las mismas.

Fernando Hernández es gerente de Comunicación Interna de una gran empresa transnacional. Él recibió 64 mil pesos entre aguinaldo y fondo de ahorro este diciembre. Ponga, de Deloitte, explica que algunas empresas buscan dar un monto mayor a sus empleados para solventar los gastos de fin de año, por eso incluyen este fondo.

Pero Fernando asegura que 80 por ciento de su aguinaldo y de esa bolsa de ahorro se le irán en cubrir deudas. “Tengo tanto deudas por préstamos viejos, como en tarjetas de crédito, porque con ellas pago la colegiatura de la escuela de mi hija (que es de casi 10 mil pesos mensuales). También pago otro tipo de consumibles con las tarjetas, aunque trato de cubrir el monto total de eso a fin de mes, pero la situación se puso difícil a partir del año pasado porque mi esposa se quedó sin trabajo y entonces tenemos los mismos gastos, pero la mitad del ingreso”.

El 20 por ciento de sus 64 mil pesos, Fernando lo utilizará para las fiestas de fin de año, sobre todo para pagar el viaje que hacen cada diciembre a Córdoba, Veracruz, de donde son los familiares de su esposa, y con quienes pasan las celebraciones.

LOS PRIVILEGIADOS

Los únicos que escapan a las preocupaciones económicas son quienes tienen altos salarios o son altos funcionarios de gobierno. Un director de sistemas, de una gran empresa de consumo, quien me pide omitir su nombre, me cuenta que obtendrá 140 mil pesos de aguinaldo. “No pienso gastar nada de eso, desde hace unos tres años lo he estado ahorrando en un fondo de inversiones”.

La cúpula de la administración pública tampoco se preocupa por gastos pequeños.  Entre aguinaldo y gratificaciones, 669 altos funcionarios del gobierno federal recibirán este año más de 140 millones de pesos, de acuerdo al presupuesto de egresos de la federación 2011.

El ex Presidente Felipe Calderón recibió un aguinaldo de 76 mil 880 pesos y gratificación de fin de año por 319 mil 628 pesos, lo que suma 396 mil 508 pesos. El titular de la Auditoría Superior de la Federación (ASF), Juan Manuel Portal, recibirá 69 mil 215 pesos de aguinaldo y 306 mil 512 pesos por gratificación.

Otro de los altos funcionarios que recibirá una bonificación navideña superior al de la mayoría de los mexicanos es el titular del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), Eduardo Sojo, para él están destinados 44 mil 351 pesos y una gratificación de 344 mil 966 pesos.

El presidente del Tribunal Federal de Justicia Fiscal y Administrativa (TFJFA), Juan Manuel Illescas, obtendrá 323 mil

978 pesos. El titular de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), Raúl Plascencia, se llevará 369 mil 211 pesos de gratificación de fin de año.

Los consejeros del IFE disponen de una bolsa de tres millones 557 mil 223 para esa misma bonificación, según el acuerdo de la Junta General Ejecutiva. Esta cifra dividida entre nueve consejeros da un total para cada uno de 395 mil 247 pesos.

Los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación cobrarán 329 mil pesos de aguinaldos, según información del tribunal. El manual de percepciones de los senadores y servidores públicos de mando, publicado el 25 de febrero en el Diario Oficial de la Federación, señala que los legisladores recibirán un aguinaldo de 169 mil 033 pesos, junto con su salario mensual. Los 128 senadores se embolsaran 296 mil 055 pesos.

En tanto que los diputados obtendrán, entre su dieta mensual, diversos apoyos y aguinaldo, 300 mil 479 pesos.

PARA COLMO

Como sea, quienes reciben aguinaldo, aunque se vaya al pago de deudas, tienen una ventaja. En peor situación están aquellos que no lo obtienen. Según el CAM, la tasa de empleo informal es de 54.5 por ciento; es decir, abarca a  26 millones 574 mil personas, 3 millones 411 mil más que a finales de 2006, lo que significa  un repunte de 14.7 por ciento. Quienes están en la informalidad no reciben ningún tipo de prestación, como el aguinaldo o seguro social.

La ocupación en general, a lo largo de todo el sexenio pasado, sólo creció 13.7 por ciento, menos que el aumento del sector informal y mucho menos que el aumento del empleo, por lo que ningún programa del gobierno contribuyó significativamente a resolver el problema de la falta de puestos de trabajo.

Y aún falta ver el impacto de la reforma laboral. El informe del CAM, Una nueva crisis para los trabajadores mexicanos, asegura que ésta genera inestabilidad e inseguridad laboral; facilita los despidos, disminuye las responsabilidades del patrón y legaliza la sobrexplotación del trabajo impulsando su flexibilización y la pérdida de prestaciones.

De por sí, remarca Lozano, el número de trabajadores con derecho a aguinaldo ya estaba disminuyendo: en los últimos cuatro años se redujo en 25 por ciento en parte porque muchos han sido despedidos de alguna empresa y contratados por honorarios en otra o porque sí tienen prestaciones, pero no todas las de la ley.

Es el caso de Pablo Reynoso, quien trabajaba como diseñador en un despacho de este giro, donde ganaba 24 mil pesos al mes. “Me daban 15 días de aguinaldo; es decir, 12 mil pesos. Los utilizaba para comprarle ropa a mi hija, juguetes y para pagar las cenas y los regalos de diciembre”.

Sin embargo, Pablo se quedó sin empleo en febrero y no encontró otro hasta junio. “Entré por honorarios y sin prestaciones. La verdad no quería aceptar ese esquema, pero me desesperé. Me dio miedo no encontrar otra cosa pronto y ahora no habrá aguinaldo. Con mi sueldo y el de mi esposa, quien también trabaja por honorarios, deberemos saldar los gastos de fin de año. Probablemente daremos tarjetazos”.

Ante este escenario, Lozano se atreve a hacer una proyección: en los próximos tres años es posible que dos millones de trabajadores se queden sin aguinaldo, es decir, de los 18 millones que hoy realmente lo reciben, ya sólo lo obtendrán 16 millones. En tanto, el nivel de endeudamiento de la sociedad mexicana continuará subiendo.

Este contenido ha sido publicado originalmente por SINEMBARGO.MX en la siguiente dirección: http://www.sinembargo.mx/12-12-2012/456594. Si está pensando en usarlo, debe considerar que está protegido por la Ley. Si lo cita, diga la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. SINEMBARGO.MX

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El riesgo de creer que el porno es sexo normal

¿Visión distorsionada sobre las relaciones sexuales?

noviembre 6, 2012Vanessa Barford y Nomia Iqbal BBC

Muchos adolescentes miran pornografía. Ocurrió en el pasado, sucede en el presente y seguirá pasando en el futuro. Pero ¿este material les da una visión distorsionada sobre las relaciones sexuales? ¿Hay algo que se pueda hacer al respecto?Para muchos padres, la idea de que sus hijos observan o están expuestos a pornografía en internet es una pesadilla.Pero con el acceso a la tecnología y la proliferación de teléfonos inteligentes, tabletas u otros dispositivos, son muchos los que han decidido mirar hacia al lado y aceptar lo inevitable.No hay una estadística clara sobre cuántos jóvenes acceden a pornografía en la red, o qué frecuente lo hacen.

En 2011, un estudio impulsado por la Unión Europea reveló que un cuarto de los niños y adolescentes entre 9 y 16 años de edad han visto imágenes sexuales y sólo un 11% lo ha hecho en páginas web.

La cifra aumenta a medida que van creciendo y un tercio de los jóvenes de 16 a 18 años han visto fotos sexuales en sus celulares en la escuela, varias veces al mes.

Objeto de estudio

La Asociación Nacional de Directores de Colegios en Reino Unido está haciendo un llamado para que los niños sean enseñados, “de una forma apropiada a su edad”, sobre el impacto de la pornografía como parte del programa de estudios nacional. Así, desde los 10 años, los niños podrán aprender sobre la seguridad en internet y serán prevenidos sobre el contenido, mientras que los adolescentes tendrán una explicación más detallada.

“Los niños están creciendo en un mundo claramente sexualizado y parte de ello se debe al fácil acceso que tienen a pornografía en internet. Ellos necesitan la habilidad para lidiar con eso”, advirtió el asesor de la policía Sion Humphreys.

Lo que más preocupa es que los jóvenes conducirán sus vidas personales, y en especial sus vidas sexuales de adultos, de acuerdo a lo que ellos han visto. En otras palabras, que la pornografía no muestra un sexo “normal”.

Cindy Gallop, una ejecutiva de la industria de la publicidad que se convirtió en una empresaria de la web, creó una página en la que compara el sexo en el “mundo pornográfico” con el “mundo real”.

Gallop, quien habló sobre este tema en la conferencia TED en 2009, se refirió a que la “omnipresencia, la libertad de acceso a la pornografía online, combinado con la renuencia de la sociedad de hablar de sexo”, ha derivado en que “el porno se ha convertido en la educación sexual por defecto”.

Algunos analistas han resaltado como la apariencia y el estilo del mundo de la pornografía se ha popularizado, como sucede con “el estilo brasileño de depilación, que ahora es considerado normal por muchos en Estados Unidos y en el Reino Unido”.

Un informe del Ministerio del Interior del Reino Unido en 2010 advirtió sobre la lenta, pero constante exposición de los jóvenes a imágenes sexuales, incluyendo pornografía, lo que distorsiona su percepción sobre ellos mismos, alentando a los hombres a ser más machistas y dominantes y a las mujeres a mostrarse más “permisivas y disponibles”.

Puntos de vista

Rebecca, de 17 años, dice que la pornografía le cambia las expectativas a los chicos de cómo deben lucir las chicas. “Pelo largo, grandes tetas, culo grande. Si yo tuviera el pelo corto, los chicos preguntarían ¿por qué el pelo corto? Deberías dejarlo crecer”.

Una experiencia similar fue la de Karen, de 20 años. Ella cuenta que a los 16 años, su novio y sus amigos veían pornografía en internet “como si fuera un pasatiempo”. Ella dice que su novio solía verlo delante de ella, copiando lo que veía.

“Pensé que había algo malo en mí por no disfrutarlo”, dice ella.

Una encuesta de personas entre 16-24 años de edad, llevada a cabo por la Universidad de Plymouth y el Centro por un Internet más Seguro en el Reino Unido encontró que uno de cada tres admitió que la pornografía había afectado sus relaciones.

Pero encontrar una prueba concluyente sobre el cambio que produce en el comportamiento sexual entre los adolescentes es difícil de conseguir.

Por el momento, la enseñanza sobre el sexo y las relaciones no es obligatoria en Inglaterra, a diferencia de otras partes del Reino Unido, aunque forma parte del programa de estudios nacional.

Las escuelas secundarias dan clases de biología, pero depende de cada una de ellas como imparten la parte del sexo y los padres tienen el derecho de retirar a sus hijos de cualquier educación sexual.

Hodge Leonie, de la organización de caridad Family Lives, ha enseñado a más de 7.000 estudiantes sobre el tema. Leonie es una firme creyente de que los niños tienen que aprender la diferencia entre la pornografía y la realidad y que ya no es pertinente hablar nada más de “cómo se hace un bebé”.

“Los adolescentes son bombardeados con pornografía desde una edad temprana y no pueden escapar de ella. Es condescendiente pretender que ellos no puede hacer frente a las clases porque está claro que pueden.”

Sin embargo, la Unión Nacional de Profesores considera que las clases sobre pornografía es un paso demasiado grande y que sólo se debe hablar si el estudiante lo pide.

Pero, además de enseñar a los niños sobre el impacto de la pornografía, Gallop piensa que también que los padres deben tener un diálogo más abierto con sus hijos.

“La clave es no avergonzarse o decir algo así como ‘las chicas buenas no hacen eso’, y no importa si el niño no quiere escuchar, lo crucial es mantener la línea de comunicación abierta”, dice ella.

Siobhan Freegard, co-fundadora de Netmums, una página dedica al cuidado de los hijos, dice que el tema de la pornografía en internet aparece regularmente en los foros, y hay una creencia generalizada entre las madres que proteger a sus hijos del contenido sexual, o educarlos al respecto, es responsabilidad de los padres.

“Puede ser un campo minado ya que muchos no saben qué hacer ni qué decir. Por ejemplo, una madre soltera tal vez tenga problemas con hijos adolescentes, mientras un padre soltero no sabría cómo abordar el tema con su hija. En hogares muy tradicionales podría, sencillamente, no hablarse del tema”.

“La solución ideal sería que las escuelas y los padres trabajen juntos”, es su conclusión.

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Vieja el que cuide a sus hijos

 

Mala Madre

A los diputados no les gustó eso de que los hombres tuvieran una licencia de paternidad con 10 días de goce de sueldo y decidieron dejarla en cinco. Para superar el estrés de ser papás son suficientes, ni que ellos se fueran a hacer cargo de los escuincles, ¿qué no?

9 octubre, 2012

Cuando el papá de mis hijas tuvo a su primer hijo, hace 22 años, apenas tuvo oportunidad de pasar sus primeras horas con él porque al día siguiente trabajó. Su jefe de entonces consideró que no había motivo para que se tomara unos días de “asueto”, así fueran sin goce de sueldo.

Cuando nuestras hijas nacieron, nueve y 11 años después, la situación mejoró. En ambos casos, mi marido pudo negociar con su jefe inmediato (distinto al anterior) para estar con nosotras los tres días que pasamos en el hospital y luego la primera semana en casa. No obstante, tenemos claro que se trató de un acuerdo especial por la relación personal que llevaba con su jefe y que estos permisos no se otorgaban ni se otorgan hoy en día a los empleados de esa empresa como parte de sus prestaciones laborales.

Hasta donde sabemos, como ya lo han documentado Geraldina González de la Vega y GIRE en este mismo espacio, son contadas las empresas que en México conceden a sus empleados una licencia de paternidad con goce de sueldo, como sucede en otros países (Estados Unidos, Alemania, Bulgaria, Suecia, con permisos que van de las seis semanas a los tres años).  En el sector público se encuentran la Secretaría de Relaciones Exteriores, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, el Instituto Nacional de las Mujeres y la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Según recuerdo, el periódico La Jornada es el único medio de comunicación que otorga una licencia parecida en su contrato colectivo de trabajo. Y tan tan. Quisiera creer que hay empresas privadas preocupadas por el bienestar de sus trabajadores que ya dan esta prestación, sin necesidad de que los obligue la Constitución o la Ley Federal del Trabajo, pero no me hago muchas ilusiones.

A pesar de estos obstáculos laborales, puedo congratularme de pertenecer a una generación en la cual un número importante de padres está empeñado en ejercer su paternidad. En muchos casos incluso a pesar de las propias madres de sus hijos.

Son hombres que cambian pañales, bañan a las criaturas, les dan de comer, los llevan a la escuela, asisten a las juntas, revisan tareas y organizan fiestas. Son ésos que se desvelan por una fiebre alta y se levantan en las madrugadas para arrullar al bebé mientras le cantan una canción de Chavela Vargas para que la madre pueda descansar. Que saben perfecto qué vacuna les toca y cuándo su chilpayate tiene que presentar la próxima conferencia escolar. Que están dispuestos, incluso, a viajar horas de ida y vuelta el mismo día para escapar del trabajo y no perderse el festival de fin de cursos en el que su chamaco participará. Son esos padres que incluso y cada vez con más frecuencia, le disputan a sus ex parejas el derecho a seguir siendo parte de la vida de sus hijos y no sólo los proveedores económicos.

Father and son, Cat Stevens

Me queda claro también que en el Congreso hay muy pocos legisladores de esta generación, a pesar de que muchos de ellos tienen la edad. Así lo demostraron al modificar la propuesta original del presidente Felipe Calderón, incluida en la iniciativa de reforma a la Ley Federal del Trabajo, para conceder una licencia de paternidad por 10 días con goce de sueldo (modificación al artículo 132 bis).

A los diputados les pareció un exceso y lo dejaron en cinco. Para qué tanto, pues, ni que los hombres fueran a hacerse cargo de los escuincles, ¿no? Eso es de viejas. Para que el señor descanse del estrés de ser papá con esos días le basta. Así que enviaron el texto modificado a los senadores, quienes, de tener algo qué decir, deberán regresar el dictamen a la Cámara de Diputados. Lo cual podemos estar seguros que no sucederá. Por lo menos no por esta razón.

Muy pocas cosas podemos esperar de hombres (y mujeres) que se oponen a que haya transparencia en los dineros que manejan los sindicatos, por mencionar sólo una de las principales propuestas que fueron rechazadas. Después de ese NO rotundo por avanzar en la senda de la transparencia y la rendición de cuentas, el reconocimiento a la igualdad de oportunidades entre ambos géneros parece de risa loca.

Ya tendrán oportunidad de reclamárselos esos hijos de los que seguro no se ocupan y a los que no ven. Mientras tanto, sigamos identificando a los padres que no piden nada a las atareadas y solidarias madres, y busquemos que de esa madera esté provista la próxima legislatura del Congreso. Si hemos podido con rotavirus, varicelas y el primer desamor de los retoños, que nos dura la necedad de nuestros representantes populares.

http://www.animalpolitico.com/blogueros-la-sarten-por-el-mango/2012/10/09/vieja-el-que-cuide-a-sus-hijos/

 

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No doy permiso para que mis hijas tengan sexo

 

Mala Madre

2 octubre, 2012

A mediados del 2006, cuando mis hijas contaban con 6 y 4 años de edad, el pediatra me informó que agregaría la vacuna contra el virus del Papiloma Humano (VPH) al esquema alterno que llevábamos de la Cartilla Nacional de Vacunación.

La nueva vacuna sería aplicada tres años más tarde, cuando la big sister cumpliera 9. Y dos años después, a la peque. O sea, quedaba yo avisada con suficiente anticipación de la oportunidad de proteger a mis hijas antes de que empezaran a tener relaciones sexuales, la única forma en que funciona la vacuna contra un virus precursor del cáncer cérvico-uterino. Llegado el momento me hice la loca y bateé todos los intentos del doctor por vacunarlas, básicamente porque me dolía el codo: las tres dosis costaban en total 6 mil pesos por chamaca, toda vez que no era una vacuna proporcionada por el sistema nacional de salud.

A mi codez se agregaba el hecho de que unos meses antes, el Gobierno del Distrito Federal había emprendido una campaña para vacunar a niñas de 11 a 13 años que no contaran con seguridad social, lo que permitió que en 12 meses, más de 100 mil adolescentes quedaran protegidas por los siguientes 10 años. Luego hay que aplicar refuerzos.

Por ser derechohabientes del IMSS, mis hijas no se hacían acreedoras al beneficio. Pero una sobrina mía, sí. Así que la oronda de mi hermana fue, pidió la vacuna para su hija y se la dieron. Comprenderán entonces por qué no estaba yo dispuesta a soltar 12 mil pesos así como así.

Hace un año cambiamos de médico y el nuevo pediatra me recordó la vacuna. Ahora la suma se había incrementado a 7 mil 500 pesos por escuincla y yo al punto del soponcio. Ya había asimilado que tendría que pagar las consecuencias de andar regateando con la salud de mis hijas, hasta este lunes cuando la Secretaría de Salud iluminó mi día. A partir de ahora, la vacuna contra el VPH será incluida en la Cartilla Nacional de Vacunación y se empezará a aplicar directamente en las escuelas a todas las niñas que cursen quinto año de primaria y a las chiquillas de 11 que no estén estudiando, por las razones que sean.

Ya no hay pretexto para que mis hijas (hoy de 11 y 13 años) y las hijas de todos ustedes queden protegidas contra ese virus que se transmite por contacto sexual y que causa cáncer cérvico-uterino, la segunda causa de muerte en mujeres de todo el mundo, después del cáncer de mama. De acuerdo con datos de la Secretaría de Salud, del 50 al 80 por ciento de las mujeres con vida sexual activa presentan o presentarán en algún momento una infección provocada por el VPH. Al año, alrededor de 500 mil mujeres mueren por esta razón, así de grave y recurrente es el problema.

Pues a pesar de estos datos, hay padres en todo el país que niegan el permiso para que vacunen a sus hijas, como reportan medios de Veracruz y Guerrero, por citar un par de ejemplos. Dar su autorización sería tanto como aceptar que tengan relaciones sexuales desde los 9 años, léase algo así como que la información sobre métodos anticonceptivos y enfermedades de transmisión sexual los conduce a la promiscuidad desde chiquitos. Ningún argumento novedoso bajo el sol.

Cuando mi hermana llevó a su hija por la vacuna, hubo mamás y compañeritas de su escuela que cuestionaron la decisión. Le advirtieron que la estaba exponiendo por el mal camino, que no había necesidad. Y ni hablar de la reputación. En la escuela se conocería que la niña ya contaba prácticamente con permiso de los padres para portarse mal. Y le pedían que se imaginara el “tipo” de chico que se acercaría a su hija.

La posición de estos padres me recuerda a la de los jóvenes que conducen motocicleta sin casco o a exceso de velocidad sin cinturón de seguridad. Lamento informarles que lo único que puede darle uno a los hijos es justamente información. Luego sólo queda confiar en que no les ganen las hormonas y tengan la cabeza fría para no nutrir la estadística que dice que, hoy, chicos y chicas inician relaciones sexuales a los 13 años de edad.

Ya estará uno al pendiente, pero si andan con la chincualera no habrá forma de impedirlo así se los prohibamos. Se impone, pues, la sensatez de aceptar que puede ocurrir nuestra peor pesadilla y es mejor que estén protegidos e informados, en lugar de desarmados. Nunca habrá mayor vergüenza para nuestra condición de padres que haber tenido la oportunidad de protegerlos contra una enfermedad mortal y haberla dejado pasar.

 

http://www.animalpolitico.com/blogueros-la-sarten-por-el-mango/2012/10/02/no-doy-permiso-para-que-mis-hijas-tengan-sexo/

 

 

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Con los huevos alzados

 El Duende Preguntón

¡Qué barbaridad, pajaritos, esto es un atraco! Ayer que salí a comprar huevos, a petición de la Mafufa, me encontré con la sorpresa de que el kilo de superbásico alimento ya estaba ¡a 50 pesos!.

Casi me infarto cuando el jovencito de la tienda de conveniencia me dijo el precio que tenía que pagar si quería desayunarme mi acostumbrado omelet. “¿50 pesos? —le dije—, pero si eso es casi un día de salario mínimo”. El jovencito despachador ni se inmutó y haciendo a un lado la canastilla de blanquillos, simplemente gritó: “¡El que sigue!”.

La verdad es que salí de la tienda sin huevos. No tuve huevos para decirle a la Mafufa que no los había comprado en protesta por su elevado precio y simplemente le dije que no encontré. La bruja se improvisó unos chilaquiles que le quedaron de rechupete y acá entre nos, fue mejor que esa mañana no me hubiera desayunado huevos porque justo cuando me tomaba mi cafecito escuché una declaración en el radio que me hizo hacer un entripado que, de haber comido blanquillos, habría acabado con tremendo retortijón.

Resulta que en el radio, funcionarios de la Secretaría de Hacienda, que encabeza el joven junior José Antonio Meade, decían que era falso eso de que hubiera inflación en el país por aquello del alza de diversos productos básicos, entre ellos los huevos. “No hay ningún elemento para afirmar, en la actualidad, que exista un alza generada de precios o que la inflación se encuentre en niveles preocupantes”, decía Hacienda.

“¡Qué huevos tan… caros!” exclamó la Mafufa y yo le di la razón. “Cómo se ve que esos señoritos perfumados de Hacienda no van al súper ni al mercado y no pagan su gasolina. ¿Y el pan, y la tortilla, y el pollo?, ¿en qué país viven esos señores?, ¡claro que hay alza de precios!”, gritaba enojada la bruja, que para entonces había aventado las cucharas y los sartenes mientras en el radio seguían hablando del país de fantasía que ven desde el gobierno, con términos que sólo ellos entienden.

“El Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) superó 4.0%, límite superior del intervalo de variabilidad previsto por Banco de México, al alcanzar 4.4% en julio pasado. Aunque el dato más reciente apunta a que el indicador se vio afectado de manera notable por un alza en los precios agrícolas (subíndice no subyacente), es importante mencionar que no se han observado efectos de segundo orden en el proceso de formación de precios. Es así que, se considera que el referido aumento es un fenómeno transitorio y sólo de corto plazo sobre la inflación general anual”, argumentó la Secretaría de Hacienda en el Informe Semanal de su vocería.

No les quiero decir cómo estaba para entonces de descompuesta la Mafufa. “Bola de tecnócratas, la gente no entiende de sus terminajos económicos, que salgan a la calle, que vayan a comprar los alimentos para que sepan y entiendan a la gente ¡que no hay inflación… mis polainas!”, vociferaba alterada la bruja.

Yo por si las dudas me escabullí de la cocina y busqué un rincón más tranquilo del Castillo para terminar mi café y leer el periódico. Si de por sí en este país ya nos hacían falta huevos, pensé, con lo caro que se están poniendo ya nadie va a tener huevos en sus casas. Y tal vez de éso se valen el gobierno y los comerciantes para decir que aquí no hay inflación ni ha subido nada, total en este pueblo sin huevos nunca pasa nada y la gente aguanta lo que sea. Ni hablar, pajaritos, a desayunar puros chilaquiles.

http://www.ngpuebla.com/node/36476#.UDN1EaMn3Z8

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¡Adiós a los días de campo!

 El Duende Preguntón

19 de julio 2012

¿Quién no recuerda, pajaritos, un domingo por la mañana con la familia en el campo? Una pelota, unas tortas y unos refrescos bastaban para disfrutar de la naturaleza, ya fuera en un paraje arbolado, a las orillas de un laguito o de plano en un parque público. Lo importante era que ahí estaban, con nosotros y junto a nosotros, jugando, conviviendo, viviendo, la familia, ese grupo que nos forma y nos explica como individuos y como parte de una tribu.

La verdad yo sí siento nostalgia por aquellos paseos al aire libre donde no se necesitaba dinero para disfrutar, para correr, para divertirse. Pero esa sana costumbre, pajaritos, se ha ido perdiendo y por desgracia se ha convertido, en buena parte del país, en una actividad de alto riesgo ante la realidad de la violencia y la criminalidad que vivimos: salir al campo y distraerse puede significar ser atacado por maleantes que roban, agreden y hasta matan por el simple valor que les da la impunidad.

El caso reciente de las niñas atacadas en un parque natural del estado de México, en Chalco, mientras acampaban con sus compañeros en un retiro espiritual nos confirma que este crimen desbordado que tenemos, sumado a la incapacidad de nuestras autoridades, sean municipales, estatales o federales, nos sigue arrebatando a los ciudadanos la tranquilidad, la libertad y ahora también la posibilidad de disfrutar de esa maravillosa naturaleza que tenemos como país.

Poco a poco el miedo y los criminales nos han ido arrebatando los gustos de una vida libre y normal. Primero fue en algunas ciudades del norte del país como Monterrey, Torreón, Reynosa, Tampico, Saltillo, Juárez —donde antes se disfrutaba la vida nocturna—, en que muchos mexicanos decidieron renunciar a salir por las noches ante el hecho evidente de que podían morir en un fuego cruzado en un bar o un restaurante. El fenómeno se repitió en otras ciudades como Morelia, Tepic, Acapulco y luego vinieron los cierres de negocios y atentados también en centros comerciales y otros lugares de esparcimiento.

La vida y la diversión de muchos mexicanos ya ha sido secuestrada por los criminales y ahora se suma esta modalidad en la que, cualquiera que busque disfrutar de campismo al aire libre, sean niños exploradores, familias, grupos estudiantiles y hasta retiros religiosos, como el de Chalco, corren el peligro de vivir una aterradora experiencia como la de esas niñas violadas y sus compañeros asaltados y sometidos por un comando armado.

¿Qué tan incapaces han resultado las autoridades para garantizar nuestra seguridad que ahora hasta proponen, como lo hizo el gobernador del estado de México, que se establezcan “protocolos de seguridad” para quienes quieran salir a pasear o a acampar a un parque o paraje natural? Es lo mismo que cuando a los niños les empezaron a enseñar en las escuelas cómo reaccionar y autoprotegerse en caso de una balacera. Como no podían las autoridades evitar que llegaran las balas a los niños, pues mejor que sepan cómo protegerse solos.

En esa lógica de nuestros gobernantes los ciudadanos estamos solos, sin protección ni garantías, ante criminales desalmados, violentos y que se saben protegidos por dos cosas: la ineficiencia policiaca y gubernamental y la impunidad que les da un podrido sistema de justicia. Tan solos estamos como esas pobres niñas que, buscando una experiencia espiritual para sus vidas, conocieron más bien el rostro del horror y vivieron la experiencia más cruel e inhumana.

http://www.ngpuebla.com/node/32206#.UAf5vKO-WR8

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