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Twitter para idiotas

Raymundo Riva Palacio

Twitter para idiotas

Las redes sociales transformaron brutalmente la comunicación y la política en el mundo. Facebook logró que la gente se conectara con la política como nunca antes, y que los estrategas de campañas electorales pudieran diseñar modelos para atacar quirúrgicamente grupos para atraer su voto. “Facebook”, escribió la autora de best-sellers Traci Andrighetti, “ha alterado profundamente los procesos políticos no sólo en Estados Unidos, sino en el mundo”. Facebook es la arena pública donde los políticos se promueven. Facebook construye cadenas de personas, mientras Twitter, otra de las monstruosas redes sociales, arma cadenas de ideas y temas en 140 caracteres, que se disparan con la velocidad como se escriben. La brevedad requiere ordenamiento mental sintáctico, pero la rapidez pone a prueba la razón. Produce, señalan provocadora e incendiariamente los expertos, una idiotez colectiva.

Evan Williams es el último, pero el más radical, de los beligerantes. Es uno de los fundadores de Twitter y hoy en día uno de los empresarios más temerarios de Silicon Valley. Este miércoles le dio una entrevista al programa Today de la cadena 4 de radio de la BBC de Londres, donde señaló cómo el ecosistema de los medios se basa en pequeños lapsos de atención que hacen al mundo más estúpido. “Este ecosistema está apoyado y florece a partir de la atención que se le da. Punto. Y esto es lo que nos hace más tontos y no más listos”, agregó. “Donald Trump es el síntoma de esto”.

La elección de Trump como Presidente, dijo, demostró cómo el mayor uso de las plataformas de las redes sociales está embruteciendo a todos, por la forma como se disemina, se usa, se consume y se procesa lo que ahí se afirma. Pero no hay que confundirse. “El mayor problema no es si Donald Trump usó Twitter para ser electo, aunque él lo diga así”, añadió Williams. “Es la calidad de la información que consumimos lo que está reforzando creencias peligrosas y aislando a la gente, limitándola para no tener una mentalidad abierta y un respeto por la verdad”. Como todas las plataformas digitales, como antes los medios convencionales, no son las herramientas y los vehículos perversos o irresponsables, sino quienes así las utilizan.

“Twitter no es lo peor de lo que existe”, dijo Williams, “son los medios impulsados por la publicidad que revuelven cosas minuto a minuto, donde su única medida es si alguien le da un clic o no. Por tanto, citar los tuits de Trump, o la última estupidez que dice cualquier candidato político o cualquier persona, es una forma efectiva de explotar los instintos básicos de la gente. Esto está atontando a todo el mundo”. Se aprovechan de ello los mercenarios del periodismo, quienes inventan episodios que saben que son mentiras, o presumen de repudiar los controles editoriales de los medios de comunicación, porque para sus plataformas matar una persona no es importante, porque la pueden revivir en cualquier momento y volverla a matar y revivir, porque florecen en la estimulación de las emociones, de avivar las pasiones, difamar sin rendición de cuentas y cobrar por los clics. Son exitosos, pero perniciosos.

Es la lucha del momento. “Se necesita información en la que podamos creer, que significa que no tiene que ser financiada únicamente por la publicidad, porque eso distorsiona todo”, indicó Williams. “Una de mis más grandes enseñanzas durante las dos últimas décadas es que el acceso a la información solamente, no nos hace más listos. Las noticias falsas son sólo una parte del problema. Otra es la calidad y la profundidad de la información. ¿Está actualmente construyendo nuestro entendimiento o profundizando nuestra comprensión del mundo, o sólo es ruido?”.

Hay una parte maravillosa de las redes sociales, que convierten a cada persona en guardián contra los abusos y en freno importante a la impunidad. Pero abundan los abusos, proyectados como un Armagedón en una reciente película de Tom Hanks y Emma Watson, The Circle, sobre cómo el puritanismo maniqueo de la transparencia, sin control ni filtros, puede transformar a una sociedad y convertirla en una actora permanente de una realidad que no existe. En las redes sociales, en efecto, hay mucho ruido, como sostiene Williams, que explica de esa manera todo el volumen de información que no sirve ni tiene valor alguno.

Se recurre de manera preponderante a Twitter para hacer todo ese ruido, la red que oscila entre la velocidad para transmitir información de utilidad, provista en su mayor parte por testigos presenciales y responsables de hechos o por medios de información, y lo que el cronista deportivo español Santiago Segurola describió alguna vez en un breve texto, como una “cantina de borrachos”. Hay mucha violencia en las redes y poca información. En Estados Unidos, de acuerdo con el Pew Research Center, el 40% de las personas son agredidas en Twitter, donde se privilegia un discurso ramplón y violento. México es considerado por la Unión Europea como una de las tres naciones donde más agresividad hay en las redes sociales. Y Roy Campos, director de Consulta Mitofsky, afirma que el 40% aproximado de todas las cuentas de Twitter en México, son utilizadas para atacar.

Bill Keller, cuando aún era director ejecutivo en The New York Times, escribió en 2011 La Trampa de Twitter, donde, como conclusión, recordó a la escritora Meg Woitzer, que recién acababa de publicar The Uncopling, y que describía a los jóvenes de esos años como “la generación que tenía información, pero sin contexto. Mantequilla, pero sin pan. Antojo, pero sin anhelo”. Qué tanta razón tenía.

http://www.zocalo.com.mx/opinion/opi-interna/twitter-para-idiotas

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El siglo del miedo

15/Septiembre/2017

Juan Villoro

Con la caída del Muro de Berlín y del “socialismo realmente existente”, el mundo parecía encaminarse a una era dominada por la tecnología y el consumo. No se trataba del mejor de los escenarios, pero prometía la paz de la explotación organizada y del libre mercado, donde las convicciones serían sustituidas por las marcas.

El comunismo y el capitalismo no dirimieron su pugna en una conflagración nuclear, pero la Guerra Fría tampoco desembocó en una sedante concordia de compradores de mercancías. En una entrevista reciente, John Le Carré, máximo novelista del espionaje, define la nueva ideología del siglo XXI: el miedo. El planeta se ha convertido en una oportunidad para ejercer el asesinato y el terror. La inesperada combinación del fanatismo y la realidad virtual ha permitido que la yihad se difunda y organice en cualquier sitio. Los aparatos adquieren otros usos en un clima de amenazas: unas cuantas computadoras bastan para articular células en red; la telefonía celular puede activar bombas a distancia; un avión o un tráiler son armas potenciales, en espera de un piloto suicida.
Toda sociedad tiene una zona gris, una “frontera de reconversión” donde lo ilícito se vuelve aparentemente lícito. Con los paraísos off-shore y las transacciones instantáneas de dinero esa frontera se ha ampliado y en ocasiones supera al plano de la economía formal. La piratería y el narcotráfico avanzan en dos frentes: el digital, donde unos hackean y otros encriptan, y el de los hechos, donde las mafias sustituyen al Estado en el dominio de la violencia.
México es una necrópolis sembrada de fosas comunes; Europa, la meta de migraciones y atentados; Estados Unidos, un bastión de la paranoia donde la megafonía repite en las estaciones del metro: “If you see something, say something”.
Nadie parece estar a salvo. Hace unas semanas, Martín Caparrós viajó al Cairo y entrevistó a Reham, una chica a la que había conocido diez años antes, cuando ella tenía veinticinco. En su estancia anterior, el escritor argentino había encontrado un país donde las costumbres occidentales convivían con el islam. Reham asistía a una escuela laica, veía televisión, usaba blue jeans. Después de ser víctima de acoso sexual y oír que el rector de la Universidad del Cairo criminalizaba a las mujeres por llevar ropas provocadoras, decidió usar abaya, túnica que protege de la mirada masculina. También procuró “acercarse a Dios”. Su caso es emblemático en una generación donde numerosas mujeres asumieron un cosmopolitismo transitorio y regresaron al protector manto de la tradición. Lo significativo es que esto no las libra de temores. A propósito de la reconversión de Reham, Caparrós recuerda que, según Voltaire, las religiones son la más pomposa forma del miedo: “Una religión es, antes que nada, un movimiento defensivo: contra las acechanzas de la vida inmanejable, contra la soledad intolerable, contra la muerte inconcebible”. En forma elocuente, la crónica de Caparrós lleva este título: “El miedo, un Dios”.
Ciertos futurólogos del siglo XX pronosticaron que nuestra era representaría un advenimiento de la ciencia, el progreso y la expansión de las conciencias. La realidad es diferente: interpretarla resulta más difícil que experimentar ante ella una sensación primaria, animal, un miedo de especie.
Se mata en nombre de religiones que no brindan consuelo. El tema aparece en un intrépido momento del cristianismo. Emmanuel Carrère, ganador del Premio FIL de este año, se ocupa en El Reino de un insólito pasaje de los evangelios. En 1995, Carrère participó en un proyecto colectivo para retraducir la Biblia al francés y le tocó en suerte hacerse cargo del evangelio de Marcos. Su asesor fue Hugues Cousin, ex sacerdote, exégeta de las escrituras y asesor del obispo de Auxerre. Hugues le reveló que el último capítulo de Marcos fue añadido por otra mano, ya que no figura en el manuscrito del siglo IV que se conserva en el Codex Vaticanus y en el Codex Sinaiticus. ¿Cuál es el desenlace original? María Magdalena y otras dos mujeres van a la tumba de Jesús y la encuentran vacía. El mesías es un desaparecido. No hay noticia de la resurrección. Desesperadas, las mujeres huyen: “No dijeron nada porque tenían miedo”.
Son las últimas palabras de Marcos. Las que pronunciamos ahora, sin otro Dios que el miedo.

http://www.criteriohidalgo.com/a-criterio/el-siglo-del-miedo

La promoción de Peña, despilfarro criminal

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Si los mexicanos enfurecieron cuando el Instituto Nacional Electoral (INE) destinó casi 7 mil millones de pesos para el gasto de los nueve partidos políticos y los candidatos “independientes” en 2018, más encolerizados estarán al saber que esa cantidad se la gasta Enrique Peña Nieto en hacer publicidad de su gobierno ¡en un solo año!

Así es: Peña acumula 37 mil millones de pesos en gastos de publicidad en cinco años de su gestión, sin incluir el bombardeo que durante dos semanas hemos soportado los mexicanos a través de todos los medios, sobre todo televisión y radio, ni los 60 millones de pesos que costó la producción de los spots.

Se trata de un despilfarro demencial, porque esa cantidad se aproxima al presupuesto que este año ejerce la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), que asciende a 40.9 millones de pesos y que seguramente el próximo año será superada.

Salvo que decida no hacer más gasto de publicidad el próximo año o que modere sus afanes propagandísticos, lo que se antoja remoto para alguien que proyectó su carrera política con base en vastos recursos para medios, Peña superará a Felipe Calderón en la materia.

El panista acumuló en su sexenio prácticamente la misma cantidad que Peña se ha gastado en cinco años: 38 mil 725 millones de pesos, una cifra que también irrita por la magnitud del despilfarro.

Sólo en 2012, cuando se celebraron elecciones presidenciales, el gasto en propaganda de Calderón se disparó a 8 mil 429 millones 511 mil pesos, un incrementó de 205% con respecto al primer año de su gestión.

Uno y otro, Calderón y Peña, han favorecido en sus inmensos gastos publicitarios a las dos principales cadenas de televisión: Televisa y TV Azteca.

En el caso de Calderón, Televisa, propiedad de Emilio Azcárraga Jean, obtuvo 5 mil 649 millones 315 mil pesos, equivalente al 25% del presupuesto a medios electrónicos, que ascendió a 22 mil 553 millones 955 mil pesos en el sexenio.

Y el segundo beneficiario del gasto publicitario de Calderón fue TV Azteca, cuyo dueño es Ricardo Salinas Pliego, con 4 mil 45 millones 463 mil pesos.

Con Peña ocurre algo semejante: Televisa se ha embolsado más de 6 mil millones de pesos y TV Azteca poco más de la mitad, 3 mil 600 millones de pesos.

Pese a tan demencial despilfarro, Peña padece el repudio de más de 80% de los mexicanos. Para la elección presidencial del próximo año, que la ve como su seguro de vida, seguramente la inversión en medios se multiplicará. Ya se verá si los mexicanos se tragan el engaño…

Comentarios en Twitter: alvaro_delgado

http://www.proceso.com.mx/502335/la-promocion-pena-despilfarro-criminal

 

Ricardo Rocha

‘Las cargadas llegaron ya…’

Por supuesto que se canta al ritmo de “Los marcianos…” que cumplen con mi reciente obsesión por recordar los bailes de vecindad de mi añorado Tepito. ¿Se imaginan ustedes a las decenas, centenares o miles de individuos e individuas coreando y bailando este celebérrimo chachachá del maestrísimo Enrique Jorrín, todos felices detrás de su respectivo candidato?

Pero me temo que la cosa no será tan risueña. Si ahorita ya hay codazos y empujones por hacerse ver o tomarse la selfie con el iluminado o iluminada, imaginen cómo serán las embestidas y las puñaladas traperas para estar junto a los elegidos en la batalla final por la Presidencia de la República en el cada vez más cercano julio de 2018.

Así que desde ahora se intensificará el juego de sumas y restas en que se ha convertido la disputa por Los Pinos. Siguiendo con más recuerdos tepiteños, una lucha libre; una batalla campal de todos contra todos incluyendo los golpes bajos y los piquetes de ojos. Donde las alianzas durarán apenas el tiempo suficiente para ir arrojando a los otros fuera del ring, hasta que quede uno solo reinante en el cuadrilátero manchado de sangre.

Así de encarnizada será la lucha entre los partidos, sus candidatos y sus seguidores. Donde desde ahora han sido puestas en el bote de la basura las estorbosas ideologías y doctrinas. Porque lo único que cuentan son los votos que cada aliado temporal pueda aportar para definir cuál será la cuota de pagos en cargos de todo tipo en caso del triunfo.

Por lo pronto, las ansias oportunistas de ser visto por los probables candidatos se han desatado. Y de ello me constan dos ejemplos recientes: después de una entrevista con Ernesto Cordero, nuevo presidente del Senado de la República, se dio la llegada –inédita por cierto– del encarriladísimo José Antonio Meade para la entrega, no obligada, del Paquete Económico a la llamada Cámara alta. Nada más les digo que era tal la cantidad de senadores priistas que querían ver y tocar al multimencionado que tuvieron que formarse tres grupos: los que lo recibieron en el estacionamiento, los del elevador y los del pasillo. ¡Ah! pero déjenme decirles que el senador Cordero esperó al señor secretario en su despacho, mientras se fueron colando senadores de todos los partidos: PAN, PRI, PRD y hasta Morena; todos casualmente pasaban por ahí y se metieron a esperar al gran Pepe Toño.

Algo parecido ocurrió durante el primer Informe de Carlos Joaquín González en Chetumal: primero con el Entrevistómetro, a contar cuántas entrevistas les hicieron a personajes como Rafael Moreno Valle y Silvano Aureoles que deambularon por una veintena de stands de medios locales y nacionales antes del acto convocante. Luego el divertimento estaría en el Aplausómetro en el que estuvieron muy parejos en decibeles y duración Ricardo Anaya y Margarita Zavala que, a propósito, se miraron una al otro como si fueran transparentes o no existieran.

Eso sí, todos con sus respectivas cargaditas y cargadotas que, a decir verdad, no son exclusivas del PRI y sus satélites o del nuevo triatrimonio de PAN-PRD-MC. Ahora también, desde algún lugar del planeta, hasta el autoexiliado Marcelo Ebrard está armando su frente de nombre originalísimo: “Con AMLO Unidos Podemos”. Vuelvo al chachachá: “Vacilón, que rico vacilón…”

 

http://www.zocalo.com.mx/opinion/opi-interna/las-cargadas-llegaron-ya

Sergio Aguayo: El andamiaje

El andamiaje

SERGIO AGUAYO Miércoles 13 de sep 2017

A la memoria de Bernardo García Martínez, historiador del Colmex.

EL gobierno de la Ciudad de México esconde el Atlas de Riesgos impidiendo a los vecinos enfrentar mejor las inundaciones y otras calamidades.

Miguel Ángel Mancera y su gobierno tienen la obligación de elaborar un documento sobre las vulnerabilidades y peligros que amenazan a la capital. El Atlas de Riesgos ha sido solicitado, vía transparencia, por 113 ciudadanos. También lo ha pedido Miguel Ángel Cancino, titular de la Procuraduría Ambiental y de Ordenamiento Territorial (PAOT). La Secretaría de Protección Civil encabezada por Fausto Lugo García responde con el silencio o con negativas montadas sobre tres frases: información “reservada”, “imposible físicamente entregar una copia”, solo tienen “acceso” quienes “acrediten el interés jurídico”.

¿Por qué tanto misterio? Una explicación, benigna, es la ineptitud: lo niegan porque no lo hicieron. Otra, más elaborada, embona con otras piezas del crucigrama citadino. El recientemente fallecido Enrique Fernández del Valle colaboró en su elaboración y cuando preguntó por qué no lo difundían le respondieron que se desplomaría “el mercado inmobiliario”.

Con el “mercado inmobiliario” maquillan el urbanismo salvaje. La Ley General de Protección Civil de 2012 tipifica como delito grave el construir o urbanizar en zonas de riesgo. De conocerlas sabríamos cuantas construcciones incrementan la vulnerabilidad y los peligros y, en el caso de las obras más recientes, tendríamos más detalles sobre la corrupción de funcionarios actuales.

El Atlas de Riesgos es parte de un andamiaje más complejo que tiene como piezas centrales a la Asamblea Legislativa del Distrito Federal y a la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda, SEDUVI. Un síntoma de su relevancia es que en el nombramiento del titular de la SEDUVI sólo interviene el Jefe de Gobierno; entonces colijo que Miguel Ángel Mancera aprueba las irregularidades cometidas por la SEDUVI que se niega, por ejemplo, a entregar la lista de empresas que construyeron ilegalmente utilizando la norma para vivienda de interés social y popular.

Otra dependencia clave es el Tribunal de lo Contencioso Administrativo usualmente parcial hacia las inmobiliarias (la Torre Mitikah es un ejemplo clarísimo). Hasta la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) colabora. Suma Urbana presentó una queja colectiva por 1,200 denuncias presentadas por vecinos e ignoradas por la autoridad; la CDHDF cerró el expediente porque la cantidad y complejidad de los casos rebasaba su capacidad.

La magnitud del andamiaje es proporcional al tamaño del negocio. La construcción de 4,500 edificios ilegales al amparo de la “Norma 26” -ya desaparecida- generó ingresos por 200 mil millones de pesos a los desarrolladores que la violaron. Ahora se utilizan figuras como los Sistemas de Actuación por Cooperación (SACs); con uno de ellos el gobierno de Mancera quiere privatizar 268.81 hectáreas de un Área de Valor Ambiental de Barranca de Tarango. La depredación de los bosques del sur tiene consecuencias que explica Luis Zambrano (Instituto de Biología de la UNAM): el “cambio de uso de suelo” en las “áreas verdes” es determinante para el “aumento de inundaciones y la reducción de infiltración de agua”.

Mancera rara vez habla sobre estos temas. Él inaugura eventos, filma spots firma decretos y tolera -por motivaciones que sólo intuyo- destrozos causados por inmobiliarias. Y sonríe, siempre sonríe. ¿Cómo será un gobierno de MORENA en este tema? Imposible anticiparlo aunque algunos de sus líderes históricos han favorecido o tolerado la especulación urbana. Tampoco tranquilizan los antecedentes de conversos de última hora. La tribu de René Bejarano y Dolores Padierna controló durante años la delegación Álvaro Obregón, una de las más afectadas por construcciones irregulares.

Tema complejo porque en la capital hay construcciones de diferentes épocas y debe seguirse construyendo y remodelando. Transformemos la CDMX respetando el entorno y tomando en cuenta las vulnerabilidades. Secuestrar el Atlas de Riesgos es, a la larga, infantil y contraproducente.

Twitter: @sergioaguayo

Contribuyeron a esta columna Josefina MacGregor de Suma Urbana, Sergio Puente de El Colegio de México y Jorge Yáñez López de Visión Legislativa. Colaboró Zyanya Valeria Hernández Almaguer.

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1379575.el-andamiaje.html

Falso frente ciudadano

Falso frente ciudadano

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El nuevo Frente Ciudadano por México integrado por el PAN, el PRD y MC es falso porque no es una formación ciudadana, si por esta acepción se entiende una participación más o menos espontánea y abierta, en forma de movimiento sin estructura jerarquizada. En este nuevo frente sólo participan partidos políticos, es decir, todo lo contrario a lo que se entiende por algo de carácter ciudadano.

Los políticos profesionales, como los que han creado el nuevo Frente, son ciudadanos y ciudadanas, naturalmente, pero su forma de ser y actuar no corresponde a la manera como se comportan las corrientes ciudadanas.

Mas la falsedad del acuerdo de colaboración y acción conjunta entre esos tres partidos va más lejos. Se habla de un nuevo “sistema político (que) debe construirse, no en función de partidos o candidatos, sino a partir de un proyecto de país…” y bajo una “gobernanza ciudadana.” Sin embargo, se promete formar un “gobierno de coalición del Ejecutivo Federal (sic) al amparo del artículo 89 Constitucional”, pero este precepto señala que, de haberlo, el gobierno de coalición se integraría “con uno (sic) o varios de los partidos políticos representados en el Congreso de la Unión”. ¿Dónde quedaron los “ciudadanos”?

Para seguir en el engaño, al flamante Frente no le importa caer en contradicciones. Se propone “establecer la democracia interna y garantizar la representatividad ciudadana en los partidos políticos para que actúen con responsabilidad y asuman el rol de facilitadores, de instrumentos para que los ciudadanos construyan, promuevan y guíen el cambio de régimen que necesita el país”. O sea, la “nueva” democracia de los partidos ha de servir para que los ciudadanos ingresen a ellos y se conviertan en militantes que, desde su nuevo partido, construyan otro régimen político que no sea de partidos. Si la base del cambio van a ser los “ciudadanos”, pero como integrantes de los partidos, volvemos a lo mismo. Al final, no se está planteando nada.

En esa misma línea de contradicciones, el frente panista-perredista dice buscar “la conformación y consolidación de un nuevo régimen, cuya base sea el empoderamiento ciudadano”. Sin embargo, no se plantean nuevos derechos ciudadanos, tales como crear un recurso popular para objetar leyes y actos de autoridad directamente ante un tribunal constitucional; hacer efectivo el derecho a la consulta popular (recién violado y desconocido) extendiéndolo a todos los niveles políticos del país; la obligatoriedad del plebiscito para tomar ciertas decisiones importantes, entre otros. En el centro de una democracia nueva tendría que estar la construcción de ciudadanía, pero ésa sólo será posible con nuevos derechos políticos. Pero el Frente se enreda en su propia retórica, que no oculta sino realza su pobreza programática.

Como no se planean nuevos derechos, los frentistas entienden “la participación ciudadana” como el ejercicio de las actuales libertades, con el fin de que los ciudadanos “incidan en todos los niveles, procesos y decisiones de gobierno”. Este es el sobado planteamiento abstracto de que los ciudadanos lleguen a “incidir” en el gobierno a través de la libre manifestación de las ideas y el voto, pero ya no estamos en el siglo XIX. De lo que ahora se trata es de que, además, los ciudadanos empiecen a tomar directamente decisiones que hasta hoy han sido reservadas a los gobernantes.

Para culminar su plataforma programática, el falsificado Frente Ciudadano nos plantea la manera en que piensa repartirse el Ejecutivo. Veamos aquí en concreto la proclamada participación ciudadana: “el titular de la Secretaría de Gobernación asumirá, además, la función de líder de gabinete y será propuesto por fuerzas políticas distintas a la del presidente de la República, garantizando la pluralidad indispensable para la puesta en marcha del nuevo régimen”. Con esto se entiende que el “nuevo régimen” son ellos, los líderes frentistas. Al PAN le correspondería la presidencia y el PRD nombraría al secretario de Gobernación (jefe de la policía) como “líder de gabinete”. Pero, a propósito, ¿cuál gabinete? Ése no existe en la Constitución.

Es tan lo mismo el planteamiento del Frente Ciudadano que ni siquiera incluye la creación de un Consejo de Gobierno con facultades constitucionales definidas, a partir de actuales funciones del presidente de la República, es decir, la conversión del Ejecutivo en algo mucho menos personal y con un órgano colegiado, lo que podría hacer real la existencia de un gobierno de coalición, pues ahora éste no es más que una frase suelta en el texto de la Carta Magna de la que se quiere colgar el nuevo Frente ante la falta de propuestas propias.

El documento firmado es un programa electoral aunque carece legalmente de ese significado. Es el anticipo de lo que podría ser una coalición de tres partidos. Acción Nacional ya se ubica desde ahora al frente de la operación.

Dicen los firmantes en referencia a la situación previa al arribo del actual gobierno: “ayer tuvimos la democracia frente a nosotros y la dejamos ir.” Y agregan: “proponemos reanudar juntos la transformación democrática”. Nadie hubiera creído hace unos años que los administradores del PRD llegaran a suscribir la tesis de que, con los sucesivos gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón, habíamos entrado en la transformación democrática que luego “dejamos ir”, la cual, ahora, hay que “reanudar juntos”. ¿Para llegar a lo mismo? ¿No fueron suficientes aquellos fracasos? ¿Quieren más? Así es, por lo visto.

Por más que el nuevo Frente presenta su discurso como algo nuevo, lo que logra es morderse la cola, perseguirse a sí mismo, en simetría con lo que finalmente es: un conjunto de políticos conservadores.

http://www.proceso.com.mx/502245/falso-frente-ciudadano

Jesús Silva-Herzog Márquez

DACA y los parias

U N hombre que es solamente un hombre carece de las cualidades indispensables para ser tratado como hombre. Todos necesitamos pueblo, ley, casa. Hannah Arendt pensaba en eso al reflexionar en el surgimiento del totalitarismo. Lo que quería decir es que el hombre solo es, si es ciudadano. Si pertenece a una ciudad, si sus derechos son reconocidos, si vive con tranquilidad en casa podrá ser persona. Los derechos se tejen en prácticas, en leyes, en instituciones. Quitarle patria a los judíos y a los comunistas, extirparlos de la comunidad a la que pertenecen, confinarlos en jaulas fue el preludio del horror totalitario. El fascismo necesita inventar una categoría de humanos sin derechos. Biológicamente humanos y, políticamente, cosas. Objetos de los que mejor valdría deshacerse. Ese enemigo es indispensable en la imaginación del fascista para encender el fuego del odio. Para fincar las bases del despotismo es necesario señalar a los indeseables, designarlos como peligro y emprender la campaña por la expulsión.

Cuando se describe al presidente de los Estados Unidos como un fascista debe atenderse, ante todo, a este impulso de perseguir y de excluir a los más débiles. Debe hablarse de su concepción de la política como un fermento de hostilidades. Su bautizo político fue un anuncio de odio contra los mexicanos. Violadores, narcotraficantes, delincuentes y, tal vez, una que otra buena persona. Hoy ha convertido su retórica en decisión política. La eliminación de DACA debe entenderse en esos términos: despojar de patria a miles de jóvenes. Convertir a cientos de miles en parias, en personas sin comunidad, sin raíz y sin destino. Quienes llegaron a Estados Unidos por voluntad de sus mayores, quienes ahí han vivido toda su vida, quienes han aprendido en inglés las letras y los números, quienes han hecho amigos y socios en esas tierras, quienes apenas tienen recuerdos de otro país y amasan sus proyectos allá han sido declarados como indeseables por el presidente Trump, un hombre que, para todo efecto, es su presidente. Se les condena por una falta que no cometieron, por acciones por las que no podrían, en modo alguno, ser responsables. ¿Migrantes? No: más bien migrados. Niños que fueron traídos por sus padres y que desde entonces han convertido a su nuevo país en casa.

Expulsarlos del único país que consideran propio es un acto de monstruosa crueldad. La decisión no sólo se sostiene en la impiedad sino en la mentira. Se describe a estos jóvenes como un peligro para la seguridad interior de los Estados Unidos cuando no son, ni remotamente, una amenaza. Se les acusa de robar empleos a los nativos ignorando las razones estructurales del desempleo contemporáneo. Se denuncia con hipocresía la ilegalidad de la medida adoptada por el presidente Obama, mientras la administración Trump ha insistido en las competencias migratorias del Ejecutivo. La medida anunciada por el fiscal general Sessions no es solamente una política inhumana, es también económicamente irracional. Expulsar a miles de jóvenes que son, desde cualquier punto de vista relevante, norteamericanos, que no han hecho nada mal es una obscenidad moral, decía Paul Krugman. Una obscenidad que no puede ocultarse con la absurda racionalidad económica que se ha invocado.

La única lógica que puede invocarse para llamar a la expulsión de jóvenes que trabajan y que estudian en Estados Unidos es la del racismo. La de la identidad amenazada por el Otro. La de una cultura que se siente insegura. Insiste Krugman en advertir que la medida contra DACA no es solamente un golpe a los jóvenes sino a toda la economía norteamericana que podría perder la energía de los nuevos contribuyentes. “No hay un lado positivo en esta crueldad, a menos de que simplemente se quiera menos gente con piel café y apellidos hispanos. Ese es, por supuesto, el fondo de este asunto.”

Atizando los rencores de su base, el presidente Trump sigue antagonizando a demócratas y republicanos de centro. La indignación que ha generado el anuncio es entendible. El presidente de los Estados Unidos pretende convertir a cientos de miles de migrados en parias. Ha decretado el desahucio de su verdadera comunidad. Muchos podrán haber nacido en México pero la mayoría ha perdido ya el lazo que los arraigaba. Arrancarle país a un ser humano, convertirlo en apátrida es arrancarle la piel.

https://www.elsiglodedurango.com.mx/noticia/904272.daca-y-los-parias.html