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Denise Dresser: TNT

Denise Dresser

TNT

E Xplosiones, detonaciones, misiles, bombas molotov por todas partes. Cada semana, la clase política intenta dinamitar el Sistema Nacional Anticorrupción. Cada día los corruptos buscan tumbar el edificio ciudadano que se ha ido construyendo, poco a poco, ladrillo encima de ladrillo. El esfuerzo empezó con la Ley3de3, continuó con el diseño de instituciones como la Fiscalía Anticorrupción, prosiguió con la designación de un Comité de Participación Ciudadana y la constitución de un Comité Coordinador, y sigue en construcción, a la espera de nombramientos pendientes y procesos por venir. El objetivo fue y sigue siendo armar un andamiaje que permita identificar, prevenir, castigar lo que en México ha sido una forma de vida. El pillaje patrimonialista, el saqueo sexenal, el conflicto de interés que nunca es conflicto, casos como la Casa Blanca y OHL y Odebrecht y los Panama Papers. La intención fue y sigue siendo lograr que el corrupto en México lo pierda todo.

Y precisamente por ello, quienes podrían perderlo todo han reaccionado con tanta violencia y con tanta virulencia en los últimos tiempos. Pablo Escudero, senador del detestable Partido Verde, cuestionando la transparencia en la designación del Comité de Participación Ciudadana. El Universal, periódico que se ha vuelto panfleto del poder, lanzando acusaciones falsas para desacreditar a sus miembros, incluyendo editorialistas de sus propias planas. Arely Gómez, entre otros funcionarios que se pliegan a lo que les pidan, rechazando el exhorto para investigar el espionaje gubernamental a periodistas, porque “no constituye un acto de corrupción”. El Senado, recinto donde se vota a modo, designando a jueces anticorrupción que no tienen la experiencia para llevar a cabo la tarea que les toca. El procurador Raúl Cervantes, fiscal carnal, cabildeando con todo el que se deje para asegurar un puesto transexenal y que nunca surja una fiscalía independiente que sirva.

Tubo de dinamita tras tubo de dinamita. De lo que se trata es de destruir, derrumbar, acabar con lo que dignos miembros de la sociedad civil están tratando de edificar. De lo que se trata es de desacreditar a personas y a procedimientos que tendrían la capacidad de combatir la corrupción que todo lo corroe. En el Senado, y en la PGR, y en la Presidencia y en el Comité Coordinador del Sistema Nacional Anticorrupción conformado por miembros del gobierno, están ocupados mezclando compuestos químicos para generar materiales explosivos. Quieren destruir políticamente a quienes los van a vigilar; quieren incinerar públicamente a quienes los van a investigar. Sólo así se explica que el Senado arroje materiales inflamables a procesos de designación pulcros de ciudadanos irreprochables. Sólo así se entiende que desde distintos ámbitos gubernamentales y periodísticos se lancen bombas repletas de clavos, cuya intención es hacer el mayor daño posible. ¿Con qué legitimidad puede el senador Pablo Escudero criticar procesos de selección limpios, cuando él tiene las manos sucias y el PVEM también? ¿Con qué credibilidad puede El Universal cuestionar sistemas que combaten la corrupción cuando se ha beneficiado de ella? Avientan explosivos mientras habitan casas de cristal.

Un terrorismo de Estado desplegado de manera activa y concertada busca que el Sistema Nacional Anticorrupción se convierta en una pila de escombros, debajo de los cuales acabe el Comité de Participación Ciudadana. Busca que caigan vigas sobre la posibilidad de un Fiscal Anticorrupción autónomo. Busca que quienes intentan erigir vallas de contención a la corrupción terminen aplastados, muertos, bajo una pila de piedras. Y cada uno de los participantes en esta tarea de destrucción se ha ganado un epíteto bien merecido, puesto por María Elena Morera: traidores. Pablo Escudero, traidor a la patria. El Universal, traidor a la patria. Cada miembro del Comité Coordinador del Sistema Nacional Anticorrupción que desechó el exhorto para investigar el espionaje gubernamental, traidor a la patria. Ellos, caminando con cartuchos y detonadores en mano, lanzándolos cada vez que sienten que el Sistema Nacional Anticorrupción podría funcionar. Va la granada, va la bomba. Ese TNT que contamina, que produce daños ambientales, que tiene efectos carcinogénicos. Ese TNT empleado por los corruptos a quienes no les importa dinamitar al país, con tal de seguirlo gobernando.

https://www.elsiglodedurango.com.mx/noticia/774543.tnt.html

 

La noche de los soles

 

Juan Villoro

Los escépticos que no creen en nada sufren menos que los ilusos que fracasan. La nostalgia ante la dicha perdida duele más que repasar lo que siempre ha sido malo. Con esta melancolía recuerdo que hace veinte años Cuauhtémoc Cárdenas se convirtió en el primer jefe de Gobierno del Distrito Federal. La emoción de entonces es la zozobra de hoy.

¿Qué decir de nuestra democracia? El PRI ha entendido los procesos electorales como una kermés donde hace trampas y se sale con la suya. La “caída del sistema” impidió que Cárdenas llegara a la Presidencia en 1988 y las recientes elecciones en el Estado de México demuestran que la trapacería está en el ADN del antiguo “partido oficial”. Sus tretas ya transformaron la lengua vernácula con expresiones dignas del glosario Picardía mexicana. Gracias al ingenio priista, se practica la “operación tamal”, desayuno que alimenta a los votantes a cambio del sufragio; se usan “urnas embarazadas”, que antes de llegar a la casilla ya pasaron por una inseminación de votos; las “casillas zapato” garantizan que no haya un solo voto de la oposición; también se ejercen la “catafixia” (el votante llega con la boleta marcada por un operador político y sale con una en blanco para que la suplantación se repita) y el truco del “ratón loco”, que permite reunir votos de distintas casillas para concentrarlas en otra donde hacen más falta.

A esto hay que agregar los desvíos de fondos públicos para incidir en la voluntad popular y la incertidumbre que despiertan el padrón electoral y los conteos.

Simone Weil argumentó que los partidos políticos son adversarios de la democracia porque someten la verdad al imperio de la propaganda y la conciencia individual a la tiranía de grupo. “Un partido político es una máquina de fabricar pasión colectiva”, escribió. Tarde o temprano, el partido distorsiona la realidad para beneficiarse de ella y confunde los medios con los fines. Las convicciones se olvidan en aras de conseguir más dinero, más miembros, más puestos de poder.

En su ensayo “Apuntes sobre la supresión general de los partidos políticos”, recientemente publicado en la revista Reporte Sexto Piso, Weil recuerda que la democracia no es un bien en sí mismo. Todo depende de su ejercicio.

A diecisiete años de la alternancia, los partidos son más un obstáculo que un instrumento de la democracia. Gozan de descrédito, pero hacen negocios millonarios. La opinión que se tenga de ellos importa poco porque se asignan recursos sin supervisión ciudadana. En cualquier evaluación, el PRI ganará en dos rubros decisivos: ha sido el partido más corrupto y el más exitoso. La transa rinde.

La autobiografía política del mexicano se parece a la de una sufrida protagonista de telenovela. Vive de esperanza y agoniza de realidad.

Debuté en las urnas en 1976, cuando sólo había un candidato a la Presidencia: José López Portillo. “El domingo son las elecciones. ¡Qué emocionante! ¿Quién ganará?”, escribió con ironía Jorge Ibargüengoitia. Votar ese día era un ritual vacío.

El país del partido único ha cambiado, pero no lo suficiente. Durante un breve lapso el IFE generó confianza en el proceso electoral y en algún domingo decisivo nos encontramos ante la paradoja de tener más ganas de votar por el IFE que por un candidato. Hoy el INE no despierta la misma tentación.

Esta lúgubre evocación no se desprende de una mala noticia, sino de algo que lastima más: una espléndida noticia que no duró. Hace veinte años ganó Cuauhtémoc. En la noche del 6 de julio de 1997 la ciudad se llenó de pancartas con los soles del PRD. Por primera vez, la izquierda conocía la más insólita de las costumbres: el triunfo. Así comenzó una gestión de gobierno que lleva dos décadas. Con altas y bajas, ha sido preferible a la de la mayoría de los estados, pero dista mucho de ser perfecta. Por otro lado, el partido que encumbró a Cárdenas es hoy el organismo repudiable al que él renunció.

Es posible que la certeza de seguir perdiendo elecciones sea menos agria que la de haber triunfado hace veinte años sin que eso sirviera de gran cosa. Con todo, algo se aclara a la distancia: la transformación de la sociedad no pasa por ganar una elección, sino por modificar el sistema de partidos.

Los soles que aparecieron a deshoras se eclipsaron pronto.

La alborada del cambio está en otra parte.

https://www.elsiglodedurango.com.mx/noticia/774394.la-noche-de-los-soles.html

 

Adiós al gato macho, niño terrible del arte mexicano

Primera figura en el mercado del arte, José Luis Cuevas, se volvió de oro y convirtió en oro todo lo que tocaba como el rey Midas

Muy pronto, a los 20 años, José Luis Cuevas avisó que se iba a morir. A la menor provocación, notificaba a la prensa terrenal y celestial que se encamaría en algún hospital porque su corazón estaba fallando. Es cierto, de niño tuvo fiebre reumática y permaneció un año en la cama. Ser noticia se volvió su principal obsesión. En su cama de hospital recibía a reporteros y a fotógrafos. Que todos vean, que todos sepan. Su público tenía que memorizar el escándalo que para él significaba lavarse los dientes. La insistencia en su vida privada elevó el precio de sus autorretratos y dibujos a lápiz, carboncillos y gouaches. Primera figura en el mercado del arte, José Luis Cuevas, se volvió de oro y convirtió en oro todo lo que tocaba como el rey Midas. Muy joven, con sus jeans, sus camisetas, su chamarra y sus pulseras de cuero a la James Dean, empezó a vender y a gritar a voz en cuello su desprecio por el muralismo mexicano panfletario y corriente, ramplón y reiterativo ya que encerraba a México tras una “cortina de nopal” que lo aislaba del resto del mundo y que la ruta de José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros solo llevaría al arte al paredón del provincianismo.

En 1954, cuando el crítico de arte cubano José Gómez Sicre, invitó a José Luis Cuevas a exponer en la Unión Panamericana en Washington lanzó a un joven dibujante que en México se hacía un autorretrato al levantarse todas las mañanas. Después de dibujarse, Cuevas subía a la redacción de los cuatro grandes periódicos mexicanos, pasaba entre los escritorios y dejaba su curriculum completo de 20 años de vida gatuna. En esos trances, lo conocieron Fernando Benítez que habría de dirigir el suplemento “México en la Cultura” y —seducido— escribir sobre él los domingos. Carlos Fuentes, también deslumbrado por su talento y sus desplantes lo llamó “¡Niño genio, prodigio, talento inconmensurable!”. Cuevas se puso a escribir sobre sí mismo en tercera persona como lo hacen los reyes. “José Luis Cuevas se levantó hoy a las siete de la mañana, hizo sus abluciones matutinas, peinó su abundante cabellera y meditó en la muerte al dibujar su autorretrato matutino”. A los tres meses de gestación, la prensa, los amigos, las tiples, los críticos y sobre todo los reporteros lo compararon a Kafka y cuando le dio un pisotón a David Alfaro Siqueiros, uno de los Tres Grandes del muralismo mexicano, se consagró como un héroe, un “Harto”, un “Rupturista”, un “Narcisista”, un “Gato Macho” (como lo llamó su mujer Bertha Riestra fallecida en 2000 y madre de sus tres talentosas y originales hijas Mariana, María José y Ximena) y Siqueiros, amigo de Jackson Pollock, no se quedó callado y le dijo: “Hazte a un lado, escuincle con cara de ratón” pero Cuevas no solo tomó por asalto a La Castañeda, el asilo para locos más pobre de México, sino la calle del Órgano y otras calles miserables en las que las prostitutas de cejas depiladas y bocas moradas se asoman como yeguas en su caballeriza. Entonces, como un poeta maldito, Cuevas forjó un mundo de jorobados, mancos, tuertos, deformes, chimuelos y los echó a andar por las calles de México y el mismo se volvió noticia cotidiana y no cejó jamás en su esfuerzo por ser reconocido y adquirir un poderío que pocos artistas han alcanzado en México.

“Yo voy a internacionalizar a la cultura mexicana” decía con su voz cascada y una sonrisa bella porque en ella estaba su infancia. Ídolo de sí mismo, Cuevas se mantuvo en el candelero toda su vida, salvo a partir del momento en que se casó con Beatriz del Carmen Bazán. Su Cuevario, columna sobre si mismo que escribió para el periódico El Universal dio cuenta de su celebridad en el mundo entero debida no solo a sus exposiciones sino a su capacidad de atraer la atención de políticos, médicos, críticos de arte como Alaide Foppa que escribió un libro sobre él. Su desenfado, su rebeldía sorprendían a los críticos de arte. Marta Traba, gran crítica y gran escritora anunciaba: “Vengo de Colombia exclusivamente a ver a Cuevas”. Luis Cardoza y Aragón quién siguió muy de cerca a la Generación de la Ruptura (Vicente Rojo, Manuel Felguerez, Alberto Gironella, Lilia Carrillo, Pedro Coronel, Fernando García Ponce y otros pintores también hartos del muralismo que giraban en torno a la Galería de Inés Amor como Mathías Goeritz, Carlos Mérida, Guillermo Meza y Luis García Guerrero) se hicieron eco de las críticas de Cuevas y lo aceptaron como su vocero.

Octavio Paz le dedicó un poema, Carlos Fuentes lo acompañó siempre, Francia le dio la orden de Caballero de las Artes y las Letras, un séquito de adoradores lo siguieron hasta los últimos días de su vida. En eso de premiar sus Letras, Francia tuvo toda la razón porque José Luis fue un escritor de talento como lo demuestra su Cuevario que se sostuvo a lo largo de los años.

Para asombro de todos sus últimos años lo aislaron, primero de sus hijas, luego de sus amigos. Recluido, enfermo, triste, se separó de todo. Beatriz del Carmen Bazán su segunda mujer se puso a cubrir sus figuras de azulito y de rosita pero Cuevas no vivió ninguna vida en rosa porque ya no aparecía en ningún lado y no tengo la menor idea de quienes lo visitaban. Lo vi una sola vez con Felipe, mi hijo, quién quería conocerlo y me habló de sus múltiples achaques. Aunque reímos como antes, tuve ganas de buscar a su hermano Alberto, psiquiatra porque lo quiso toda la vida pero la Ciudad de México no propicia los encuentros y una corre el riesgo de morir en el tráfico. José Luis se fue metido en su propio tráfico. Ojalá y lo acompañe el estruendo de los cláxones, el silbido de los globeros, el llanto del carrito del vendedor de camotes y plátanos machos, el grito de tamales, oaxaqueños calientitos, el chirriar de las llantas, la luz de los faroles y lo aplaudan a rabiar porque eso sí le habría gustado.

https://cultura.elpais.com/cultura/2017/07/04/actualidad/1499193732_801629.html?id_externo_rsoc=TW_AM_CM

 

Carmen Aristegui

Delitos de lesa humanidad

La Corte Penal Internacional recibió el pasado 5 de julio otra solicitud –o comunicación, como le llaman– sobre asuntos relacionados con México y su larga noche de violencia, crímenes y violaciones graves a derechos humanos. En esta ocasión, como en las otras, se le pide a este organismo abrir “…un examen preliminar” sobre los graves crímenes cometidos en Coahuila entre 2009 y 2016.

El documento es robusto, riguroso y estremecedor. Un retrato arrancado de las peores cosas que le han pasado a Coahuila y botón de muestra del atroz universo de 200 mil asesinatos violentos y 32 mil desapariciones ocurridas en el país –según cifras conservadoras– en la última década.

De nuevo la Corte Penal Internacional tiene ante sí la posibilidad de hacer algo por México y traer a revisión un pedazo de esa realidad que nos muestra cómo se han trastocado, gravemente, las prácticas y controles democráticos ante poderes fácticos y formales y cómo se ha naufragado en regiones enteras con un Estado de derecho reducido a una mera entelequia.

La CPI quedó instalada en 2002 después de un largo proceso, iniciado en 1948, cuando las Naciones Unidas consideraron por vez primera la posibilidad de “…establecer una corte internacional permanente para enjuiciar el genocidio, los crímenes de lesa humanidad, los crímenes de guerra y la agresión”. En sus 15 años de existencia la CPI ha privilegiado casos que protagonizan, principalmente, los que llevan la piel oscura.

En su página oficial la CPI informa de cinco casos cerrados; dos relacionados con Kenya, dos con República del Congo y uno con Darfur. Tres casos con sentencias con propósitos de reparación y otros en fases diversas. En la lista de países con “examen preliminar” se encuentran Afganistán, Burundi, Colombia, Gabón, Guinea, Iraq, Nigeria, Palestina, Camboya y Ucrania. Es en esta lista en la que se pide incluir a México.

El robusto documento presentado por la FIDH –Movimiento Mundial de los Derechos Humanos y cerca de un centenar de organizaciones mexicanas– está soportado en una impresionante tarea de investigación documental y testimonial de 500 casos de detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas y tortura. Destaca la exposición sobre 73 expedientes y el énfasis en dos episodios escalofriantes: la matanza de Allende cometida por los Zetas en marzo de 2011 y la gestión de la cárcel de Piedras Negras, convertida entre 2008 y 2012 en centro de operaciones también de los Zetas.

El caso de Allende, documentado anteriormente por Jacobo Dayán y Sergio Aguayo, bajo los auspicios de El Colegio de México y, de manera separada, por Diego Enrique Osorno y la premio Pulitzer Ginger Thompson, se refiere a la matanza cometida por los Zetas en la que se arrasó a un número indeterminado de personas (entre 60 y 300, según testimonios diversos) y de paso se destruyeron casas, comercios y edificaciones hasta convertirlo –como diría Dayán– en un Lídice Mexicano. La evidencia indica que “…no sólo el Municipio sino también el gobernador de la época estaba al tanto de lo que se preparaba, y que los Zetas contaron con la pasividad e incluso con la cooperación de las fuerzas de seguridad”. El horror instalado en Allende no sólo es responsabilidad de los criminales.

La cárcel de Piedras Negras fue convertida en centro de operaciones de los sanguinarios Zetas. Se estima que dentro del penal murieron por lo menos 150 personas. Sí, dentro del penal. Los cuerpos fueron disueltos ahí mismo en tambos llenos de ácido. Los testimonios señalan que los restos eran arrojados en un río en cuyas aguas se perdía cualquier tipo de rastro. El caso no sólo muestra cómo se desintegraban carne y huesos dentro de la cárcel, sino en el mismo tambo se diluía la razón misma del Estado.

La Corte Penal Internacional deberá decir si está entre sus atribuciones hacerse cargo o no de estos delitos atroces; delitos de lesa humanidad, para decirlo claro. Delitos sobre los cuales el Estado mexicano ha sido en extremo omiso y por lo cual decenas de organizaciones piden hoy la intervención de esta Corte que tiene, de nuevo, la palabra.

 

La extraña codependencia: Trump y los medios

La víctima real de los ataques del magnate es el derecho de la sociedad para estar informada

Aceptémoslo de una vez, los periodistas y los miles de comentaristas en redes sociales hemos sido cómplices en el espectáculo de pornografía política que ha desplegado Donald Trump, primero como candidato y ahora como presidente. Y pese a lo que digan los medios sobre el ataque muchas veces soez y encarnizado del que son víctimas por parte del matón que ocupa la Casa Blanca, en el fondo están de plácemes, aunque nunca lo vayan a reconocer.

Cuando Trump difunde un video en el que agrede a la CNN y la noquea bajo una arena de boxeo, en realidad está subiendo al ring presidencial a la cadena televisiva. Como dice algún comentarista estadounidense: el hombre anaranjado podrá ser un chiste, pero todo lo que hace, querámoslo o no, es presidencial, literalmente. El veto que impide el acceso de CNN, The New York Times y Politico a las conferencias de prensa de la Casa Blanca formará parte del palmarés histórico de estos medios. Para Politico, un sitio mucho menos conocido en el resto del mundo, equivale prácticamente a sacarse un Pulitzer.

La hostilidad que mostró el entonces candidato contra Jorge Ramos, el prestigiado periodista de Univision, le dio al mexicano una visibilidad aún más amplia entre el público anglosajón y una plataforma mayor para difundir sus argumentos.

El universo se enteró de que existían Joe Scarborough y Mika Brzezinski, presentadores de NBC, a quienes Trump acusó de psicópata y de loca, respectivamente. Los ratings y la circulación en aumento de los medios “distinguidos” por el odio presidencial muestran que en última instancia la confrontación lejos de dañar a los comunicadores ha terminado por incrementar su prestigio y/o su popularidad.

La relación entre Trump y la mayor parte de los medios puede ser agria, pero en el fondo conviene a las dos partes. A lo largo de la campaña el morbo llevó a la prensa y a la televisión a darle una cobertura al neoyorquino muy superior a la de cualquier otro precandidato republicano. En muchas ocasiones esa cobertura fue crítica, pero incluso cuando lo hacían para mofarse de la ocurrencia o la payasada, en realidad, y sin proponérselo, terminaron por convertirlo en una celebridad, en un personaje popular. Por más que Hillary Clinton intentó plantear propuestas de gobierno responsables, sus ideas caían de las portadas de los diarios o de las entradas de los noticieros ante las provocaciones irresistibles de Trump.

En esta relación de amor involuntario y odio intencionado, los medios y el presidente han generado una suerte de codependencia. El público no se cansa de escuchar el último exabrupto de parte de Trump y los medios no desperdician la ocasión de difundirlo. La mitad de las columnas de opinión de los diarios de Washington o de Nueva York están dedicadas al mandatario, aun cuando sea para denostarlo. E incluso si los medios intentan abstraerse de la inercia que los conduce al circo de Donald, las redes sociales terminan por atraparlos de nueva cuenta. Los tuits de Trump tienen la peculiaridad de hacerse virales una y otra vez y los periodistas no pueden darse el lujo de ignorar los temas de los que millones de personas están hablando.

En el fondo, no son los medios los que resultan dañados por esta confrontación, pero sí la sociedad en su conjunto porque el escándalo sustituye a la cobertura de los temas que importan y que carecen de morbo, porque el infoentretenimiento desplaza a la información, porque los ridículos sobre el escenario impiden hablar de lo que está sucediendo tras los reflectores. Y es eso, los que sucede tras bambalinas, lo que terminará afectando la vida de todos.

La verdadera víctima de los ataques de Trump no son los medios, dedicados a defenderse y a cubrirlo obsesivamente, sino el derecho de la comunidad para estar informada de los temas que definen su presente y su futuro. Trump ha logrado frivolizar la conversación pública con la complicidad, involuntaria o no, de los medios de comunicación. Hoy ambas partes viven en una codependencia tan dañina como trabada.

@jorgezepedap

https://internacional.elpais.com/internacional/2017/07/05/mexico/1499290022_079167.html

¿Se puede acabar con
los partidos?

 

Pedro Kumamoto

Hace un par de meses participé en una conferencia donde un asistente me reprochaba que las candidaturas independientes “están acabando con los partidos políticos” y que no era posible organizar al país sólo alrededor de ellas, pues México necesitaba de los partidos.

Sé que a muchas personas les incomoda y molesta hablar sobre partidos políticos; por muchos años han sido señalados como rémoras, como chupa presupuesto, como organismos corruptos y como los culpables del malestar social. A pesar de ello considero que tiene sentido hablar de ellos en estos días. Buena parte de construir un nuevo país descansa en la posibilidad de que reconstruyamos, discutamos y reconceptualicemos a los partidos.

Pero vamos de atrás para adelante con el análisis. ¿México necesita de partidos políticos para construir gobiernos? O dicho de otra manera, ¿podríamos organizarnos exclusivamente sólo a través de candidaturas independientes?

Aunque parezca contradictorio con el origen de mi candidatura, creo en la idea de los partidos políticos porque pueden funcionar como punto de encuentro para quienes piensan de manera similar respecto a temas importantes para el país, como los métodos para acabar con la pobreza, el papel que debe jugar la sociedad civil y el periodismo, los modelos fiscales y la redistribución de la riqueza, el modelo económico o energético, las libertades y la diversidad social y demás temas relevantes.

Los partidos nacen para eso, para discutir nuestros anhelos, para aglutinar nuestros ideales de país en un solo lugar y para que pueda existir un ente colectivo que se encargue de llevar a cabo dichos intereses. ¿Esto podría pasar sólo con candidaturas independientes? Yo creo que no, o en todo caso a través de la unión de muchos independientes que pudieran formar una especie de partido sin registro.

Ciertamente hay pueblos que han hecho cosas maravillosas sin partidos, donde la organización comunitaria ha florecido a través de asambleas, usos y costumbres o concejos; sin embargo, se antoja complicado que un país entero pueda construir una transición hacia dichos modelos en el corto plazo.

Ahora la segunda y más interesante pregunta, ¿las candidaturas independientes estamos acabando con los partidos? Sostengo que no es así. De hecho, creo que la semilla de la destrucción de los partidos descansa en su mismísimo seno, en sus prácticas, sus vicios y sus dirigencias.

Militar en un partido ya no es lo que era antes. Hace cuarenta o cincuenta años era un acto de idealismo, entrega, incluso con riesgo de prisión por el activismo político. ¿Qué dirían los fundadores del Partido Socialista, del Partido Comunista o del PAN sobre los partidos actuales? Yo creo que pocos no sentirían una enorme decepción al ver que la militancia le sirve a la dirigencia y no al revés; se escandalizarían al ver que los programas ya no importan y seguro entristecerían al ver que sus sueños compartidos se convirtieron en negocios para pocos.

El ejemplo más reciente de la descomposición de los partidos se encuentra en el llamado ‘frente amplio’ o ‘frente opositor’ convocado por el PRD, PAN y demás partidos que no son el PRI o Morena. Para algunas personas este frente no debería existir por un tema ideológico, para otras por la poca credibilidad que les generaría la alianza o porque les parece que las cabezas de estos partidos lo que buscan es llegar a cargos públicos a como dé lugar. Para mí la cuestión se encuentra en otro lugar, pues ¿deberíamos discutir sobre la posibilidad de un frente amplio que ni siquiera ha sido consultado a la militancia? Yo creo que no. Esta es una señal más del desprecio que las dirigencias tienen de las bases, de sus representados, de a quienes, teóricamente, juraron representar.

Como podemos ver, los partidos han sido los propios artífices de su desprestigio. Sin embargo, esta enorme crisis no va a mejorar si la sociedad no se involucra en construir un nuevo horizonte para ellos y, por consecuencia, para la sociedad. Por esto es importante que la flojera al pensar en los partidos políticos no nos invada, y que la próxima vez que nos hablen sobre ellos aceptemos la invitación, el país depende de ello.

Twitter: @pkumamoto

 

http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/se-puede-acabar-con-los-partidos.html

¿Hay remedio?

SERGIO AGUAYO Miércoles 5 de jul 2017, 3:53am

Invitado por un consejo ciudadano y un grupo de hoteleros impartí una conferencia en Puerto Vallarta titulada “El México bronco y la sociedad organizada”. Algunos ángulos son de interés general.

Presenté evidencia de que en América Central y México la mayor organización social (organismos de la sociedad civil, medios de comunicación independientes, clubes deportivos, etcétera) provoca menos delitos y viceversa. Uno de los escépticos soltó, en la sesión de preguntas y respuestas, un tajante “México no tiene remedio”. No comparto tanta desesperanza.

Nuestro principal problema es que tenemos más conciencia que organización. Conocemos nuestros derechos, pero no logramos que se respeten por lo tenue y desigual del tejido social. Tomemos una de las maneras más elementales de participación, la firma de una petición a la autoridad. En el México de 1984 lo hacía el 9 %, y en 2010, el 18 %. La diferencia con Suecia es abismal: allá el porcentaje pasó de 53 a 68 (Encuesta Mundial de Valores).

La brecha aparece por doquier. Hay lectores que me comparten sus problemas e inquietudes. Pese a su diversidad tienen tres rasgos comunes: 1) un profundo malestar con el sistema político existente; 2) una claridad sobre lo que quieren y proponen; y, 3) una frustración por no encontrar autoridad que los atienda o les responda. Se advierte el deseo de cambios en la relación sociedad-autoridad. ¿Cómo lograrlos?

Tenemos dos maneras de participar en la vida pública. La primera es la electoral que recibe mucha atención. En estos momentos ya se atisban en el horizonte las hordas de aspirantes a los 3,447 cargos que se disputarán en 2018. Durante el próximo año nos inundarán de anuncios prometiéndonos tiempo compartido en el paraíso, nos abrumarán con encuestas que se contradicen, nos invitarán a reunirnos con candidatos o a firmar desplegados de condena o apoyo.

La experiencia será amenizada por los árbitros electorales que entonarán sentidas odas a las urnas, en cuyos vientres germinan los frutos de una democracia inmaculada. Los cancerberos de lo electoral se harán los desentendidos con la compra del voto pobre, los desvíos de recursos públicos, las intimidaciones del crimen organizado y las tropelías de algunos partidos.

El Partido Verde Ecologista de México, por ejemplo, regresa con promesas de dudosa viabilidad y moralidad. Desde ahora se ha puesto la casaca de patrono de la infancia desprotegida y promete impulsar una ley para que cada partido done 20 % de su financiamiento público anual para combatir el cáncer infantil. ¿Ustedes les creen?, yo tampoco. Una vez más, ese partido político se olvidará de lo ambiental y manipulará una causa noble para seguir jineteando el presupuesto. Puede hacerlo porque cuenta con la protección de los árbitros.

Pese a la mediocridad de la democracia electoral, tendremos que decidir si votamos y, de ser el caso, por quién, aún sabiendo que la urna ha dejado de ser la palanca para los grandes cambios. Es posible que Andrés Manuel López Obrador sea el triunfador, pero ocupará una presidencia profundamente debilitada.

La segunda opción es la democracia participativa; involucrarse de manera constante en asuntos públicos para incrementar el grosor del tejido social. Me resulta una veta más promisoria porque la evidencia demuestra que en la medida en la cual se organiza la sociedad en torno a propuestas concretas, es posible frenar a los simuladores y corruptos y forjar alianzas con los funcionarios y políticos comprometidos. Tengo años dedicado a entender la violencia criminal y a promover la cultura de paz y he confirmado que sí es posible la convergencia en asuntos concretos entre Estado y sociedad.

Nos presentan la democracia electoral como la mejor forma de resolver nuestros problemas. Si les hacemos caso les transferiremos la responsabilidad que tenemos, como ciudadanos, de involucrarnos en la resolución de nuestros problemas inmediatos. Sentarse a esperar que “alguien” resuelva de manera milagrosa las carencias de la vida pública es el camino más corto hacia la frustración. En tanto no mejoren los partidos y los árbitros electorales la urna es un lastre para el involucramiento ciudadano que debe concentrarse en la construcción de islotes de civilidad democrática. Ahí está el remediso.

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1357348.hay-remedio.html