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Tapando bocas

No se puede borrar la diversidad tapando bocas

Tapar la boca a los homicidios, acosos y prejuicios que genera el discurso de odio y discriminación hacia la población LGBTI no es trabajar por la familia.

Por: Daniel Berezowsky (@danberezowsky)

Hace unos día se difundió un video en el que Juan Dabdoub, líder del Consejo Mexicano de la Familia, tapó la boca a una mujer que buscaba expresarse durante una entrevista que le hicieron en un espacio público. Irónicamente, el hecho sucedió en el marco del recorrido que realiza un camión naranja por la República Mexicana con el impulso del propio Dabdoub, para propagar un discurso de odio y discriminación hacia la población LGBTI, bajo la bandera de “la libertad de expresión”.

Pero ¿qué quiere callar Dabdoub? ¿Qué le interesa que no se sepa cuando censura otras voces? Permítanme arrojar algunas hipótesis:

No quiere, quizás, que se sepa que su movimiento –escudado en la defensa de la familia- alimenta prejuicios y por consecuencia, incita a la violencia. Y permítanme compartir un dato: según informó la CIDH en 2015, México es el segundo lugar a nivel mundial en homicidios por identidad o expresión de género.

De acuerdo con Letra S, entre 2014 y 2016, 202 personas LGBT –o percibidas como tales- fueron asesinadas en México. Es decir, 6 personas al mes durante tres años. Treinta y tres de ellas fueron torturadas. Cabe destacar que como la propia organización señala, estas cifras son subestimaciones debido a que las autoridades no clasifican los casos y las organizaciones de la sociedad civil deben depender de notas periodísticas.

Al mismo tiempo, dos de cada tres estados en México no incluyen en sus códigos penales mención alguna sobre la orientación sexual o la identidad de género como agravante de delito doloso. En muchos casos, se tratan como crímenes pasionales e incluso, se investiga a las parejas afectivas como posibles culpables en lugar de víctimas o testigos.

Y es que no, quizás estos homicidios y feminicidos no ocurrieron porque alguien recibió un tríptico del Frente Nacional, o porque escucharon a alguien que hablaba de “proteger a la familia natural” en un camión naranja una sola vez. Pero sí fueron cometidos por personas que crecieron, día con día, escuchando discursos similares a los que esas campañas difunden: que lo diferente o desconocido no es natural, que aquello que no se constriñe por la visión tradicional es una aberración. Que la familia verdadera solamente puede componerse por una madre, un padre e hijos. Que los hombres no pueden expresar emociones y las mujeres deben ser sumisas. En suma, mensajes que dividen, no que incluyen.

Se trata de discursos que deshumanizan, que perpetúan estigmas, y que convierten a las víctimas –ante los ojos de la sociedad- en culpables de lo que les ocurre. Incluso de su propia muerte.

Pero quizás Dabdoub no quiere que esto se diga. Como quizás no quiere que se sepa que 6 de cada 10 niños o niñas que se quitan la vida, lo hacen tras haber sufrido bullying. Y al mismo tiempo, que las y los estudiantes LGBT sufren desproporcionadamente de acoso escolar, pues dos de cada tres lo ha padecido. De modo que “pensar en nuestras hijas e hijos”, quizás debe comenzar por entender las razones por las que estos fenómenos ocurren en lugar de reforzarlos.

No quiere Dabdoub que se debata, tal vez, qué es lo que le hace más daño a las y los niños en México: lo que él llama “la ideología de género”, que no es más que educar a nuestras hijas e hijos desde una visión de inclusión, respeto, tolerancia y celebración de la diversidad, o bien, la censura y la difusión de una verdad limitada sobre la composición de las sociedades alrededor del mundo. Porque insisto: es esa visión la que en realidad pone en riesgo a la niñez y adolescencia, todos los días, en las escuelas: cuando un niño, por ser “afeminado”, es víctima de acoso escolar. O cuando una niña, por ser estigmatizada, no encuentra alternativa y opta por el suicidio.

No. Tapar la boca a estas cifras y a estas realidades, no es trabajar por la familia. Es perpetuar el odio que genera violencia y muerte. Es difundir una versión tan limitada de la realidad, que termina destruyendo a lo que busca proteger: a las familias. A las que le cierran la puerta a sus hijas e hijos cuando expresan lo que sienten; a las que quedan desprotegidas cuando uno de los padres fallece, porque la ley no les permitió compartir seguridad social o pensión alguna; a las y los niños que de todas maneras viven en hogares homoparentales pero no tienen el amparo de la ley ante una emergencia. Y a las que por ese mismo discurso pasan décadas sin volver a ver a un hijo, a una hija, a un padre o a una madre; orillados a situaciones de calle, de violencia y de pobreza.

Postdata

En el marco de su 163 periodo extraordinario de sesiones, la CIDH lleva a cabo una audiencia pública en la que Letra Ese, Almas Cautivas, El Clóset de Sor Juana, Fundación Arcoíris, entre otras, darán visibilidad a la situación de violencia y de violación de derechos humanos que existe hacia personas LGBTI en nuestro país. Les invito a escucharla y conocer más sobre la realidad que la discriminación institucional y social, tolera, permite o perpetúa.

 

 

* Daniel Berezowsky es politólogo por la Universidad Iberoamericana. Ha trabajado en consultoría privada a Senadores y Diputados, fue asesor del Secretario de Gobernación y cuenta con experiencia en organismos de derechos humanos regionales. Actualmente realiza estudios de posgrado en la Universidad de Columbia en Nueva York y en 2017 creó la campaña Rostros Diversos.

 http://www.animalpolitico.com/blogueros-blog-invitado/2017/07/07/no-se-puede-borrar-la-diversidad-tapando-bocas/

 

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