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Posts Tagged ‘Voto nulo’

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El malestar ciudadano contra las políticas neoliberales se expresó en los recientes comicios.

México

¿Por qué las plumas más brillantes de la derecha estarán tan preocupadas por liberar a la izquierda mexicana del Movimiento de Resistencia y de su líder?

El repudio ciudadano a las políticas neoliberales del último cuarto de siglo es contundentemente mayoritario. La gente sabe que son esas políticas públicas, nacionales y globales, las que nos han llevado al actual desastre. Por eso las repudiaron. Este pasado 5 de julio el malestar se manifestó de muy diversas maneras. Cada quien lo hizo como entendió y como pudo.

Unos lo hicieron a través de un escudo partidario o de otro. Muchos optaron soberanamente por anular su voto. Otros se fueron con el candidato de la perrada. Muchos otros más decidieron votar por varios escudos partidarios que simbolizaban su legítima aspiración; y así frustraron involuntariamente (con la perversión de la ley actual) que su voluntad ciudadana fuera contada. Otros se manifestaron absteniéndose, de pura rabia.

La oligarquía logró su propósito de bloquear un conducto unido o integrado para este propósito del pueblo soberano de erradicar la política oligárquica. En Iztapalapa un retruécano audaz logró sacar la vuelta a otro retruécano perverso que, desde el poder, quiso bloquear la voluntad del pueblo con el uso torcido de la ley. La gente tuvo claro por qué votó.

El fracaso electoral de la izquierda es un fracaso condenable de las elites claudicantes que no pudieron o no quisieron reunir ese repudio popular. La aspiración ciudadana sigue firme y es radical. La erradicación total de las políticas neoliberales que nos han llevado al desastre nacional y la devastación del tejido social, no es negociable.

Ser radical es ir a la raíz. Así de claro. No puede ser confundido con violencia. No hace falta romper un solo vidrio. Si los norteamericanos o la COPARMEX no tienen claridad mental y no saben distinguir lo que es ser radical de lo que es ser violento, es problema suyo.

La izquierda moderna no puede ser identificada con la claudicación y el gradualismo. Ya no hay gradualidad que no sea claudicación criminal y traición a las aspiraciones populares.

Hay que erradicar o sea: arrancar de raíz, los regímenes fiscales de excepción para los acaudalados, los impuestos regresivos, el salario de miseria, la subrogación laboral, el desmantelamiento de la seguridad social, el abandono del campo nacional, la terrible corrupción sindical, la satanización de la protesta, la obstrucción partidaria de las aspiraciones populares, la mortalidad infantil y la desnutrición, la reducción y condicionamiento de la educación gratuita, la exclusión social de los indígenas, la destrucción del medio ambiente, la progresiva y tramposa privatización de la electricidad y de los hidrocarburos, el descontrol de la banca, el oligopolio sobre el espectro radioeléctrico.

Con una izquierda unida, y sin bloqueos legales tramposos, la mayoría popular está garantizada. No hará falta ni pintarrajear un muro, ni romper un vidrio o ponchar una llanta.

La única verdadera unidad del partido de la izquierda sólo puede sustentarse en un compromiso expreso de su dirigencia nacional con el Proyecto Alternativo de Nación de 2004, que ella abandonó en 2008. Eso es izquierda moderna: la que necesitamos para 2012. Lo demás es izquierda paraestatal.

Avenida24.com

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He pensado mucho que hacer con esos papelitos que se llaman boletas electorales, tal vez mi punto de vista a muchos les parezca simplista, no importa, muchas personas este día aún están indecisos, se han dado muchos puntos de vista de analistas, politologos y periodistas, este es el punto de vista de una ciudadana como muchos otros que lo han decidido después de leer muchas propuestas.

Yo en realidad no tengo una propuesta para después del 6 de julio, simplemente voto anulando porqué he dejado de creer en los políticos, en los partidos y en el IFE así como en el Instituto Estatal Electoral que me corresponde.

Tengo que emitir tres votos, pero esos tres simples votos llevan tras de si otros votos que pocas personas se detienen a ver.

Voto nulo para presidente municipal, este fue el que me costó más trabajo.

El PAN propone al ex Procurador de Justicia de mi estado, el cuál ha sido acusado de tortura, no logró erradicar los plagios, ni los feminicidios, ni por mucho le creo a su planilla, estoy segura que ganará sin mi voto, las personas que conforman su planilla no me convencen, en verdad los he visto cambiar de un partido a otro.


El PRI y el PRD van juntos, no dudo de la honestidad del candidato, puedo pensar que es un hombre honesto y excelente orador, pero los que están en su planilla son hijos de políticos con más colmillo que yo, si le doy mi voto quedarán en el cabildo una bola de chamacos incompetentes.

El Verde, me cae muy bien la persona que esta como candidato, no tiene chance de ganar, podría votar por él y dejar a una persona trabajadora como parte del cabildo, pero su propuesta de Pena de Muerte, no me gusta, me molesta, y por supuesto se que es un partido familiar, todos conocemos su historia.

No votaré por el menos malo porqué estaría dando votos a los segundos que se que no trabajarán más que para dar saltos.

Diputados locales y Federales, los conozco, el único que se que podría legislar bien es el del partido verde, pero creo que por la misma razón de que no voto por el candidato a la alcaldía no votare por él, además asumo que esto es un fraude cómo en el 2006, por lo que al dar mi voto estaré dando votos a unos desconocidos diputados plurinominales, les he preguntado a todos los que forman parte de esta lista de candidatos por voto directo y nadie me supo decir quienes forman esa lista de plurinominales, esos que llegan por favores, por callar cosas, por llegar a negociar no hacer ruido de fraude después de las elecciones.

Me gustaría que el 5 de julio los indecisos pensarán en no quedarse en su casa, anular el voto y el día 6 exigir que se tomen los votos nulos y las abstenciones, y de acuerdo a eso queden menos plurinominales cómo he leído que puede pasar.

Es tal vez un punto de vista ramplón para muchos, pero es mi punto de vista analizado a conciencia, nunca he dejado de votar, nunca he anulado un voto, y cada día veo que este país no nos respeta como ciudadanos, la política es para los ciudadanos, hagamos un ejercicio personal y tomemos este 5 de julio nuestra decisión personal, secreta y libre.

Por favor no te quedes en tu casa, si sumamos más del 20% de votos nulos es el primer paso para que los partidos escuchen nuestra voz en las urnas.

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El voto en blanco no pretende dinamitar el sistema de partidos sino transformarlo y mejorar su funcionamiento, afirmó Denise Dresser, analista política.

Al poner en marcha los trabajos de la Asamblea Nacional por el Voto en Blanco, la única oradora del evento aseguró que este movimiento es espontáneo y representa el hartazgo hacia los abusos de la clase política y los partidos en México.

Dresser destacó que este movimiento surge en un contexto de desazón hacia la gobernabilidad democrática deficiente que prevalece en el país.

Los ciudadanos en general, dijo, ya no se sienten representados por los partidos políticos y sus principales figuras, además de que la impunidad ha minado las instituciones representativas de México.

La analista citó la encuesta que presentó recientemente la Secretaría de Gobernación en relación a que sólo 4% de la población confía en los partidos políticos, y 10% cree que los diputados legislan a favor de sus representados.

Dresser comentó que el éxito del voto en blanco no residirá en el porcentaje de personas que decida anular su voto el 5 de julio, sino de que las propuestas de este movimiento sean tomadas en cuenta por los actores políticos.

Asimismo destacó que la población considera a los políticos como personas con bajo sentido moral, a quienes no se les puede castigar por sus actos, en virtud de nuestro país, la rendición de cuentas es prácticamente nula.

El movimiento por el voto en blanco, indicó, plantea además la revocación del mandato de funcionarios, servidores públicos y representantes populares, el respeto por las acciones colectivas, las candidaturas ciudadanas y la reelección, entre otras.

En la Asamblea Nacional por el Voto en Blanco representantes de 40 organizaciones ciudadanas, a la que asistieron casi 170 personas de manera individual deliberarán y tomarán decisiones sobre la agenda que este movimiento establecerá para el día de las elecciones y los meses siguientes.

Durante esta reunión se propone la reducción del número de diputados, la disminución en la Cámara de Senadores a uno por estado, la cancelación de los seguros médicos privados para legisladores y funcionarios públicos, la desaparición de plurinominales en todas las legislaturas y limitar a tres las fechas de elección para un sexenio

En su oportunidad, Jacqueline L’Horst, presidenta de Propuesta Ciudadana Cívica, consideró que sí más de dos por ciento de la población opta por anular su voto, el movimiento habrá sido un éxito y los organismos políticos y gubernamentales deberán tomar en cuenta estas propuestas.

El Universal

Organizaciones que promueven el voto nulo realizarán encuesta de salida el domingo.

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Si seguimos así, con 37 por ciento de 40 por ciento de ciudadanos en lista que vaya a votar, o sea con 15 por ciento de los 77 millones y medio de ciudadanos del padrón, unos tendrán el control mayoritario de la Cámara de Diputados.

Si sumamos otro 12 por ciento del partido que quede en segundo lugar, entonces con 27 por ciento sumado de respaldo en votos, podrán tranquilamente y muy legalmente, confabulados clavarnos el IVA en alimentos y medicinas, y podrán seguir consintiendo que los grandes consorcios empresariales eludan el impuesto sobre las ganancias, estilo Banamex. Lo mismo ocurrirá con el patrimonio energético, como ya lo anunció César Nava.

La democracia se está quedando vacía. En formalidades electorales que, de todas maneras llenan los escaños del Congreso, todos, sea poco o mucho el respaldo soberano. Lo harán legalmente, de espaldas a 73 por ciento de los ciudadanos. Mientras tanto, seguirán impunes más de 90 por ciento de los crímenes.

Voten y después a callar y obedecer. Para ellos la soberanía popular se ejerce tres minutos cada tres años. Debidamente educados por los promocionales televisivos, que apelan a los bajos instintos del miedo y el rencor social. Después pasamos a ser súbditos.

Es curioso. En su reciente visita a Guadalajara, el senador Manlio Fabio Beltrones declaró, ahora sí, que sus legisladores van a proponer la ratificación de los secretarios de Estado designados por el titular único del Poder Ejecutivo; también la reducción de senadores a 96 (2 de mayoría y uno de primera minoría por entidad); y la reducción a 100 de los diputados de representación proporcional, es decir a 400 en total en la Cámara. También propondrán, según dijo, la revocación del mandato y la reelección posible de legisladores.

No cabe duda de que se trata de la primera respuesta, implícita, al malestar ciudadano que va cristalizando en la intención de anular el voto, fenómeno ya registrado por las encuestas.

Los anulistas van mucho más allá. Ahora el tema es otro bastante más drástico: que las curules de representación proporcional sean precisamente según la proporción de respaldo en votos, pero dividido entre el listado nominal completo, como 100 por ciento. Y quizá lo más eficaz: que las prerrogativas para cada partido resulten también según el apoyo en votos dividido sobre el listado nominal completo, que en el caso de 2009 sería de 77 millones y medio de electores.

Dicho de otro modo: si un partido obtiene respaldo electoral ciudadano por 7.7 millones de votos, que son 10 por ciento del total del listado nominal de posibles electores, obtendrá 10 por ciento de las 200 curules de representación proporcional; y también 10 por ciento del total de las prerrogativas.

Si el total de votos emitidos por los ciudadanos a favor de los partidos que conservan el registro fuera de 40 por ciento (con 60 por ciento de abstención o de votos expresamente anulados) sólo se ocuparán 40 por ciento de las posibles curules de representación proporcional o sea 80 escaños de los 200 disponibles; los demás quedarían vacantes.

El aliciente para que los ciudadanos acudan a votar estaría a cargo de los candidatos y de los partidos directamente beneficiarios de ese apoyo ciudadano, de ese mandato de los soberanos.

Si yo anulo mi voto, es un punto que se resta de apoyo a las curules de representación proporcional, y que también resta prerrogativas a los partidos. Si los partidos, en conjunto, sólo logran el apoyo expreso de 39 por ciento de los ciudadanos, que reciban sólo 39 por ciento de los dineros y ocupen 39 por ciento de los 200 escaños de representación proporcional. Las curules vacías, vacantes, tendrán el tamaño de la abstención y del repudio anulador de los ciudadanos.

Hay que transferirles a los profesionales de la política la obligación de incentivar el voto de los ciudadanos para que los respalden. De lo contrario podrán cambiar la Constitución, clavarnos el IVA en alimentos y medicinas o vender nuestro patrimonio energético, de espaldas a 70 por ciento de los ciudadanos.

Dice ahora Felipe Calderón que hay que votar por los partidos, que anular el voto no es hacer política. Se le olvidaron las etimologías de la prepa. La política, en griego, es el asunto de la ciudad: de los ciudadanos; y los ciudadanos ya se enfadaron.

egaraiz@gmail.com

http://impreso.milenio.com/node/8600384

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La idea del voto nulo se expandió por contagio entre los ciudadanos comunes, como se expanden los cambios en el lenguaje o como se expanden bajo la tierra los túneles de un hormiguero. Sin un control central, sin un caudillo iluminado, sin un gasto millonario en spots de TV: espontáneamente y sin meta preestablecida, nada más porque es una buena propuesta.
Una buena propuesta: la que más justamente empata con un hartazgo a la oferta de políticos en nuestro país y que, sin embargo, no bota al demonio el sistema electoral, ahí lo deja por si surge una oferta atractiva.
De las reuniones de amigos, la buena idea de anular el voto trepó a internet en un video tomado en Monterrey llamando a votar por el Papanatas. Luego trepó a las columnas de los periódicos; después a los programas de opinión de radio y TV. Simultáneamente, en internet, en esa reunión de millones de usuarios amistosos –friendly users, se dice en inglés–, en ese hormiguero de ideas variopintas, ya convivían nuevos videos firmados por colectivos. Según me parece, fueron apareciendo: Tache a todos, Voto blanco, Dejemosdehacernospendejos.com., y otra decena.
Como para llorar de la risa: Los jeques de la política, encerrados dentro de su viejo pensamiento autoritario, no pudieron reconocer la novedad de un movimiento social sin dueños, algo que parece ser la característica de los movimientos de este siglo que nace, el siglo de internet.
Los jeques políticos reaccionaron en una (para mí) graciosa (para otros indignante) danza de señalarse con el dedo entre sí. El jefe del PAN acusó a los resentidos amloístas de organizar el contagio. AMLO acusó de lo mismo a la derecha, o sea al PAN. La presidenta del PRI acusó también al PAN de provocar con su guerra sucia la enajenación de los votantes. Nada más no les entraba en la cabeza que algo se organizara fuera de su círculo de mandamases.
Por fin los ocho jefes de los partidos grabaron juntos un video para internet contra el voto anulado. Y para dar un acorde furioso (o autista), el jefe del PAN amenazó a los anulistas con la llegada de un dictador que nos vendría a castigar a todos los mexicanos.
O sea, si los de abajo no vamos dócilmente a votar por alguno de los candidatos que nos ofrecen los de arriba, vendrá un ogro a disciplinarnos.
No es que sea ridícula la posibilidad: en la historia de América Latina es bastante común. Los políticos civiles sacan al ejército a las calles para imponer el orden y cualquier día a un general de cinco estrellas se le ocurre que habría más orden, de ese orden simplote impuesto por el terror que provocan las armas, si él “gobernara” directamente –traducción: si él aterrara personalmente.
En fin, el siguiente es el marcador a estas fechas: Si mañana fuese la elección y el voto nulo fuese un partido, sería la tercera o cuarta fuerza política del país. Las encuestas muestran que el 15 % de los votantes anulará su voto, lo que no está nada mal para un movimiento sin dinero, sin publicidad, sin acarreados, nacido haces escasos dos meses.
Mientras tanto, por el lado ciudadano, varios articulistas se han propuesto organizar la ola del voto nulo en exigencias concretas a la clase política. El voto nulo, interpretan, es una petición ciudadana de correcciones al sistema electoral, para volver más dinámica la interacción entre gobernados y gobernantes. Pueden distinguirse algunos puntos en que los articulistas vienen coincidiendo: eliminar los diputados plurinominales; posibilitar las candidaturas de ciudadanos sin partido; y establecer la reelección, la revocación de mandato y el referéndum.
Cierto, estas reformas en efecto “refrescarían” la interacción entre los de arriba y los de abajo, para usar la elegante expresión de José Antonio Crespo; y como lo pidió René Delgado en una columna del periódico Reforma, los legisladores actuales harían bien en proponerlas y aprobarlas todavía en esta legislatura, en un período extraordinario. Sería una respuesta que mostraría que los de arriba son todavía capaces de reaccionar con oportunidad al sentimiento de los de abajo.
De cierto, los senadores anunciaron el lunes 15 que la reforma electoral vigente será revisada, aunque por lo pronto sólo citaron a mesas de discusión, donde se tratará ese y también otros temas.
Así que el jefe del PAN nos amenaza con un autoritarismo peor si no aplaudimos el autoritarismo panista. Los senadores nos prometen que tal vez van a reformar algo algún día que será cuando ellos dispongan. Y el voto nulo sigue creciendo.
Propongo aquí una idea de un grupo de ciudadanos menores de los 30 años. Ellos piensan que el gran suceso de esta elección del 2009 ya ha sucedido y es, precisamente, el movimiento para anular el voto, que está siendo en sí mismo un gran ejercicio de democracia desde abajo y podría saltar a ser una novedad de verdad radical.
Se preguntan: ¿Qué pasaría si el mecanismo que ha logrado la rapidísima propagación del voto nulo se usara para votar las cosas públicas?
Ponen un ejemplo. Digamos la despenalización del aborto que ahora se discute en varios Congresos estatales. Supongamos que luego de la discusión pública en un determinado Congreso, donde se airean los pros y los contras de la despenalización, se pone la ley a juicio del voto popular por internet.
Se dirá que no todos los ciudadanos tienen acceso a internet. Responden: pero fácilmente se podría darles acceso la semana de la votación, a través de los cafés de internet o instalando una computadora con red para cada X miles de ciudadanos. Se dirá: habría que inventar todo un sistema para garantizar la calidad de una elección así. Responden: pues se trata de inventar nuevas formas, precisamente. Y agregan: Si los bancos han ideado cómo un usuario puede mover dinero por internet, con certeza de no ser robado, ¿por qué no podría votarse por internet?
Pongo otro ejemplo, este más peligroso para el sistema autoritario. Supongamos que se discute otra vez la ley de telecomunicaciones en el Congreso federal y luego de la etapa de debate se abre el voto a los ciudadanos por internet.
Se me dirá que eso convertiría a los diputados en meros expertos en debates y redactores de leyes y les quitaría el espacio para negociar sus votos entre sí y con los poderes fácticos. Se me dirá que eso los despojaría de su privilegio actual de actuar de espaldas al bien común y de cobrar para su beneficio personal millones de pesos. Se me dirá que, en suma, eso voltearía la pirámide de la política, pondría a los millones de electores arriba y a los servidores públicos abajo, ahora sí sirviéndolos. Sería espléndido, ¿no es cierto?

http://www.proceso.com.mx/opinion_articulo.php?articulo=69947

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Cada semestre, como requisito del curso, les pido a mis alumnos que le escriban una carta a su diputado. Puede ser una carta solicitando información, o manifestando una queja, o haciendo algún comentario sobre su desempeño. Año tras año, esos jóvenes estudiantes han escrito ya cientos de cartas a la persona por la cual votaron y la cual -en teoría- los representa. Han intentando hacer lo mismo que hacen millones de personas más en democracias que funcionan razonablemente bien: exigir la rendición de cuentas a quienes, políticamente hablando, son sus empleados. Han buscado crear un contexto de exigencia para que el sistema político opere como debería y en su nombre. Pero los resultados del ejercicio revelan lo que está mal con la democracia incompleta en México. Lo que no funciona y urge remodelar. Porque después de tantas cartas, después de tantos semestres, sólo siete diputados han respondido.

Los demás no han contestado porque no es necesario. No es imperativo. No es componente integral del desempeño. No es parte de la descripción del puesto. Porque al Congreso se llega con otros objetivos y con otros fines. Se arriba allí para empujar agendas partidistas antes que atender demandas ciudadanas. Se aterriza allí para perpetuar los privilegios de las cúpulas antes que escuchar las exigencias de los electores. Se instala uno allí para establecer alianzas con los poderes fácticos antes que tender puentes con los votantes. El sistema político que permitió la transición democrática está demostrando sus límites: México rota élites pero no representa ciudadanos. México asegura la competencia entre partidos pero no los obliga a rendir cuentas. México crea mecanismos para repartir el poder pero no para garantizar su representatividad. México cuenta con una democracia, pero todavía con adjetivos: trunca y parcial. Por eso cuando Leonardo Valdés, presidente del IFE, afirma que “anular el voto es quedar al margen de la vida institucional del país que con tanto trabajo hemos logrado construir” le da palmadas en la espalda a una democracia de muy baja calidad.

Y esto es lo que está en el corazón del movimiento por el voto nulo. El problema de la representación ausente; el tema de la rendición de cuentas inalcanzable; el mal funcionamiento de una democracia mal armada. Una democracia incompleta que ha traído consigo numerosas elecciones auténticas, cierto pluralismo ideológico, varios contrapesos institucionales. Pero eso no ha sido suficiente para asegurar una mejor gobernabilidad democrática. Para acabar con las prácticas depredadoras de la clase política. Para obligar a quienes elegimos a obedecer las reglas más elementales del comportamiento democrático. Para evitar que los partidos mantengan candidatos que pactan con el narco -como Mauricio Fernández en Monterrey- o que cederán su puesto -como “Juanito” en Iztapalapa. Para obligar a quienes elegimos a demostrar lo que el politólogo Robert Dahl en su libro Poliarquía llamó “responsiveness”, o sea responsividad ante las exigencias del electorado. Para evitar la captura de los partidos por los intereses atrincherados, evidenciada en la “Ley Televisa” y la colusión actual entre el duopolio y el Partido Verde.

Con demasiada frecuencia la democracia mexicana termina capturada por poderes fácticos porque no cuenta con el contrapeso de la ciudadanía. Como la supervivencia política de un diputado no depende de la reelección en las urnas sino de la disciplina partidista y la buena relación con Televisa y TV Azteca, los partidos acaban embolsados. Este comportamiento condenable existe y persiste pero no porque la clase política mexicana tenga una propensión genética a la corrupción, descubierta al descifrar el genoma mexicano. El problema no es cultural sino institucional; los partidos en México se comportan así porque pueden. Porque no se ven obligados por la reglas a rendir cuentas o a representar a electores como los cientos de mis alumnos que mandaron cartas. Porque no hay suficientes mecanismos institucionales para acotar el poder de los partidos -o sus dueños- y aumentar el poder de quienes, con su voto, los eligieron.

Hace unos días Felipe Calderón reflexionaba sobre la “brecha” entre políticos y ciudadanos, mientras llamaba a cerrarla. Si quiere entender por qué existe y se ahonda le sugiero que voltee a ver a las personas que entienden y simpatizan con en el movimiento para anular el voto. Porque a su manera, están escribiendo una carta a sus representantes. Una carta en la cual insisten en que quieren participar y no tienen cómo. Una carta donde argumentan que tienen derecho a representantes reales y no los encuentran. Una carta con la cual buscan presionar desde afuera a partidos que no tienen incentivos para hacerlo desde adentro, como lo demuestran al descalificar la anulación en lugar de entender qué la motivó. Una carta tal y como las que escribieron mis alumnos y fueron ignoradas. Una carta que en un país llamado “democrático” los partidos tienen la obligación de contestar.

http://www.reforma.com/editoriales/nacional/506/1010214/default.shtm


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Más que un mecanismo de protesta

Porque:

1. Los votos convencionales construirán gobiernos estatales, ayuntamientos, congresos locales, jefaturas delegacionales, asamblea legislativa y una Cámara de Diputados que no tendrán el menor incentivo para rendir cuentas.

2. Los votos nulos cuentan como mecanismo de protesta, sobre todo si se levanta una encuesta de salida —como ha sugerido Federico Reyes Heroles— en la cual se puedan enlistar los motivos de la insatisfacción.

3. Los votos cuentan desde hace muy poco, en efecto, pero esa no es razón suficiente para argumentar que el sistema electoral no puede ser mejorado usando la anulación como presión. Sin duda es mejor que los votos cuenten porque en el pasado no era así, pero sería mejor aún que lograran producir una representación real que actualmente no existe y la anulación busca impulsar.

4. Existen diferentes opciones, pero las diferencias ideológicas entre los partidos —a la hora de gobernar— suelen sucumbir ante la presión de los poderes fácticos, como ocurrió con la Ley Televisa, la ley de “acciones colectivas”, la iniciativa para aumentar las multas que puede cobrar la Comisión Federal de Competencia, la reforma energética que dejó sin tocar al sindicato de Pemex y tantas más. 5. Es una falacia que los partidos se diferencíen notablemente a la hora de llegar al poder, sobre todo cuando la priización —el clientelismo, el corporativismo y la impunidad— afecta a todos.

6. Resulta una elaboración intelectual insostenible argumentar que la democracia electoral mexicana merece ser defendida sin modificaciones sustanciales que asegurarían la representación y la rendición de cuentas.

7. La derivación política de esa construcción intelectual recuerda a los discursos priistas en defensa de la “democracia a la mexicana”, que se reducía a la simple rotación de élites dentro del PRI. Ahora otros partidos participan en la rotación y el mecanismo se ha vuelto más competitivo, pero la falta de representación real, fundacional persiste debido a la inexistencia de la reelección.

8. La anulación cuenta como un instrumento válido para sacudir, presionar, exigir, y empujar a la profundización democrática que los partidos tanto resisten.

9. La anulación o el voto independiente son una forma de participación que se diferencía de la abstención.

10. La anulación se alimenta del humor público ante la persistencia de una democracia mal armada que funciona muy bien para sus partidos, pero funciona muy mal para sus ciudadanos.

11. El voto nulo tendrá tantas vertientes y pulsiones como el voto “normal”; habrá quienes anularán su voto para exigir las candidaturas ciudadanas y quienes votarán por el PRI en busca de “agua y paz”, la promesa difusa de Fausto Zapata en el DF.

12. El voto nulo expresará —en efecto— hartazgo, desencanto y malestar; el primer paso para diagnosticar lo que le falta a la democracia mexicana e impulsar los cambios indispensables.

13. El movimiento nacional en favor del voto nulo sin duda necesita articular una plataforma mínima de demandas consensadas, que traduzcan el agravio en propuesta. Pero el agravio existe y es legítimo; basta con ver la última encuesta del periódico Reforma en la cual el 79 por ciento de los encuestados cree que los partidos actúan siguiendo sus propios intereses. Sólo el 12 por ciento piensa que vigilan los intereses de los ciudadanos que representan.

14. Los padres y las madres del voto nulo sin duda tienen en común eso: malestar. Ese malestar que es componente fundamental de la democracia participativa, en la cual los ciudadanos se organizan para componer algo que no funciona o exigir derechos que han sido negados. Subestimar ese malestar es no entender la realidad del país.

15. Votar construye la punta del iceberg civilizatorio, pero anular el voto también lo hace. Constituye un acto de deliberación tan válido como el voto tradicional, y representa una forma de participación política pacífica, ciudadana, que bien encauzada puede contribuir a ampliar las libertades conquistadas durante las últimas décadas.

16. El mundo de la representación real aún no se logra en un país que no ata a los legisladores a las demandas y preocupaciones de los ciudadanos. Es cierto, hay más pluralidad política, pero eso no es suficiente. Y no queda claro que los ciudadanos puedan mejorar la democracia mexicana tan sólo votando, ya que las demandas pendientes son ignoradas por los partidos una vez que llegan al poder.

17. El voto ha sido un instrumento inmejorable para ampliar el ejercicio de las libertades. Pero no es el único instrumento. La política no puede ni debe transitar exclusivamente por la votación por o la participación en un partido, aunque Felipe Calderón y otros crea que es así. Las democracias funcionales se nutren de muchas fuentes de participación que buscan precisamente obligar a los partidos a hacer suyas demandas que de otra manera ignorarían.

18. Y sí, los que llaman a anular el voto tendrán que organizarse más allá del 5 de julio, pero eso no significa que deberán hacerlo en un partido. Quienes sugieren eso demuestran una visión demasiado estrecha sobre el funcionamiento de la democracia.

19. El voto nulo tiene el tufo del desprecio no a la política como actividad en sí, ya que el movimiento está haciendo política al convocar y organizar como lo hace. Lo que el voto nulo critica es la forma prevaleciente de hacer política partidista en México hoy.

20. El voto nulo no implica un acto de abandono de la plaza; de hecho busca ocuparla en nombre de una ciudadanía a la cual se le han negado derechos que forman parte de las democracias exitosas del mundo; derechos como la capacidad de sancionar a un diputado y removerlo del poder, las candidaturas ciudadanas, el plebiscito, el referéndum, y la revocación del mandato, entre otros.

21. Los preocupados por la vida política del país están obligados a generar diagnósticos y propuestas de reformas, fórmulas de organización, agendas que graviten sobre la toma de decisiones, mecanismos de rendición de cuentas. El problema es que los primeros en asumir esa responsabilidad deberían ser los partidos, pero no lo hacen. No tienen el menor incentivo para modificar la situación política actual. Y precisamente por ello, el voto nulo está intentando crear una trama civil que eleve la presencia de las organizaciones y las propuestas que emergen de la sociedad.

22. Los propios partidos han incorporado a sus listas a ciudadanos no afiliados a ellos, pero es no basta para modificar el andamiaje institucional, ni para permitir las candidaturas ciudadanas independientes que podrían airear al sistema.

23. Porque como escribe Milan Kundera, “todo lo que es puede no ser”. Y ojalá lleguemos al momento en que lo que es deje de ser. Espero que un día nos encontremos con partidos obligados a representar ciudadanos, elecciones que sirvan para algo más que rotar élites o familiares, un Congreso plural que no se doblegue ante los poderes fácticos en cada negociación legislativa, una división de poderes real y súmele usted.

Esperanza marchita
Ahora bien, si usted quiere tachar la boleta en favor de un candidato en vez de anular su voto o votar por “Esperanza Marchita”, hágalo. Está en su derecho. Piense, sin embargo, en que probablemente jamás volverá a ver al diputado por el cual votó porque —en este sistema democrático trunco y parcial— usted no le importa.

Él o ella dirá que lo representa cuando en realidad no podrá hacerlo. ideasypalabras@prodigy.net.mx

http://www.yucatan.com.mx/noticia.asp?cx=9$2900000000$4103414&f=20090628


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